lunes, 16 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON RECUERDOS ALTERADOS
Querida Mariana: todos tenemos recuerdos falsos. El otro día te envié una carta y cometí un dislate. No me asombró, a cada rato me equivoco, porque, vos sabés, tengo memoria pichancha. Un querido amigo escritor me hizo ver que había cometido un error. Según yo cité a Sabines y había citado a Rosario Castellanos. ¿Mirás? Mi mente me hizo la travesura de poner en labios de Sabines algo que había dicho la Chayo. Mi amigo, hábil, genial, no se fue por el camino que yo había señalado.
Hace días recibí un mensaje de mi primo Manolo Díaz Molinari, me dijo que no recordaba algo que yo sostengo vivimos él y yo en los ya lejanos años setenta, en San Cristóbal y, por el contrario, me dijo que tiempo después nos habíamos saludado en la facultad de ingeniería, de la UNAM, donde ambos estudiábamos, bueno, estudiaba él, porque yo, ya te dije, me la pasaba en la Biblioteca Central Universitaria. Él sí se tituló como ingeniero. Justifiqué el olvido diciendo que tal vez en algún momento desvié mi ruta cotidiana y fui a dar a los corredores de la facultad de ingeniería y ahí nos vimos. Esa mañana equivoqué mi vocación, fui a ingeniería en lugar de ir a la biblioteca ¿Mirás? Él recuerda algo que yo no y viceversa. ¿Cómo se arma la vida personal? Con trazos de qué líneas, con qué desechos de los naufragios.
Digo que me gustan los libros, porque ahí no hay error. Lo que ahí escribió Cervantes de El Quijote ha permanecido inalterable durante siglos. Si alguien duda tantito existe la posibilidad de abrir el libro y corroborar lo dicho. Algo así sucedió con lo que mi amigo me dijo, bastó que yo fuera al librero, a sacar un libro de poemas de Rosario para constatar que el verso era de ella y no de Jaime como yo había sostenido. ¡Mentiroso!, podés decirme y no te equivocarás. Pero, en mi descargo, miento sin dolo, miento porque soy de memoria pichancha.
En las cartas que te envío cometo errores de fechas, nombres y lugares en forma frecuente. No me preocupa demasiado, porque estas cartas son sólo para vos, me daría pena si llegaran a otros ojos. ¡Qué vergüenza! Por ahí, los críticos severos de El Quijote dicen que Cervantes cometió un gazapo tremendo, en alguna parte del relato desaparece el burro de Sancho y luego, sin decir ¡agua va!, aparece de nuevo. Muchos sostienen que ya había matado al burro y luego le dijo: “levantate y andá”. Esto quiere decir que Cervantes olvidó qué había hecho con el burro. ¡Ah, qué burro!, dicen los críticos severos.
Yo agradezco las anotaciones que algunos lectores hacen a mis textillos, cuando puedo enmendar lo hago, a veces ya no es posible por la premura. Me hago la promesa de ser más cuidadoso para la otra. ¡Mentira! Cuando vengo a ver ya resbalé de nuevo. Así como Sabines dijo: “¡Maldito el que crea que esto es un poema!”, yo, sin maldecir digo: “que nadie crea que lo escrito es cierto y preciso”. Como justificación boba de mi parte digo que mis escritos son un simple reflejo de mi mente desordenada. Lo que acabo de citar de Sabines sí es correcto, acabo de revisar el libro.
La mente tiene muchos vericuetos, nos hace muchas travesuras. Nadie puede tirar la famosa piedra bíblica, porque nadie está libre de tener recuerdos equivocados. Quién sabe cómo funciona la mente, porque, incluso los sabios que han dedicado su vida a investigar esos meandros, se quedan en la orilla, porque no podemos saber con precisión los senderos por donde camina el recuerdo.
Posdata: recuerdo que en 1971, en San Cristóbal de Las Casas, Manolo y yo fuimos a una cueva que existe cerca del templo de San Felipe, por la salida hacia Tuxtla. Manolo me llevó, él conocía la cueva, yo era un simple advenedizo, él era intrépido, mi recuerdo me obliga a pensar que Manolo llevó cuerdas y una lámpara, porque fuimos en la tarde, ¡en la tarde, Dios mío!, llegamos a la entrada y bajamos un poco. ¿De dónde saqué valor para seguirlo adentrándonos en aquella penumbra, en aquella boca húmeda, solitaria? Seguro que no lo pensé, porque un instante de reflexión me hubiese inyectado el temor que, como ángel de la guarda, me acompaña desde siempre. Manolo me dijo que no recuerda tal acto. Yo lo aseguro. ¡Cómo no! Llegamos ya noche a su casa, que era una casona monumental que mi tía Lolita destinaba como casa de huéspedes. Ya te conté que ahí se hospedó durante algún tiempo el gran artista plástico guatemalteco Carlos Mérida. ¿A poco también esto lo he inventado? Uf, ya no sé qué es un recuerdo cierto y un recuerdo falso, la línea es tan vaporosa.
¡Tzatz Comitán!
