lunes, 7 de septiembre de 2026
CARTA A MARIANA, CON GRUPO QUE FORMA UN BOSQUE
Querida Mariana: foto de jardín alegre. ¿Ya miraste la alegría de todos y cada uno? Sí, puro hombre, ni una mujer.
Perdón, no recuerdo quién me envió esta fotografía. ¿Qué celebran? No lo sé. Tal vez, digo sólo que tal vez, un cumpleaños. No es foto de una generación, porque es un tachilgüil de edades, hay jóvenes, mayores y un poco mayores. Es una reunión de vida.
Diría en primer lugar que siguen la tradición donde las reuniones son exclusivamente de hombres. Un día, alguien me dijo que le había llamado la atención la costumbre de ir a un festejo y que las mujeres se sentaran en mesas aparte de las mesas de los hombres. Hoy, entiendo, esa costumbre ya no se aplica siempre. Sin embargo, he visto, como en esta foto, grupos donde sólo hay hombres, basta como ejemplo: la mesa de la Esquina de Belisario, donde, cada día, se reúne un grupo de varones y le entran con todo al galano arte de platicar. Una vez pregunté a un compa el porqué de tal costumbre y me dijo: “ve, compa, si hay mujeres uno, como caballo antes de la carrera, está refrenado, no puede uno vomitar todo lo que tiene, porque alguna señora se puede ofender. Puro hombre, te soltás como venado”. Ah, dije, está bien.
Digo que no recuerdo cómo me llegó esta fotografía, pero cuando la vi me sentí pleno, contento, porque la alegría de ellos se contagia, vuela como una primavera sin equivocación.
¿Y las mujeres, ‘apá? Ni te preocupés, ellas también se reúnen para la chorcha sabrosa, porque la amistad es un sentimiento de navegación inconmensurable. Todos y cada uno de los seres humanos somos pequeñas y frágiles barcas, pero hay momentos en que las orillas del mar permiten la convivencia, los barcos, antes de zarpar, convocan a las gaviotas y reciben el suave rumor de las olas chocando contra sus corazas, corazones.
Vi la fotografía y la risa de unos y la sonrisa de la mayoría me llenó de vida. Llenos de vida, sin duda estuvieron ellos. Me atreveré a decir que la foto fue tomada en la entrada del salón del Club Campestre, si me equivoco me disculpan, total de esta foto no sé más que vos. Así como vos la estás mirando, así la admiré. Primero fue el jolgorio de tiucas lo que llenó mi espíritu, porque sé que en ese instante brotó la carcajada y, tal vez, algún chascarrillo. La vida se muestra a veces en plenitud. Esto es ejemplo de ello. Ah, cuántas fotografías donde un grupo de académicos posa, con sus fracs, con sus corbatas casi ahorcándolos del cuello, con sus caras serias, de piedra, como la que siempre tengo yo. En cambio, acá, Julio Cortázar diría que es una foto en mangas de camisa, porque todo fluye de manera suave, etérea. Acá está un instante pleno, los cuerpos, por un proceso de ósmosis relevante, confluyen en espíritus y son éstos los que se manifiestan. Tengo dos o tres amigos, cuatro o cinco, que podrían darme datos de este guateque, el motivo de la celebración, pero amarro mi inquietud y me quedo con que nada sé, porque nada importa saber, basta ver la fotografía, saber que es un testimonio de vida, de muchas vidas, del año 2026. Acá, en forma discreta hay señales de qué calzábamos, cómo vestíamos, qué bebíamos (porque en el piso hay dos botes. Jorge, en la mano derecha, sostiene un teléfono celular. Hay tres compas que portan gorras (cachuchas les llamábamos antes, pero luego dejamos de hacerlo, porque apareció la palabra cachuchazo y esto ya era otra cosa). Hubo un tiempo que dejó de usarse reloj de pulso, ahora hay una tendencia de regreso, porque esos chunches, que antes sólo servían para lo que fueron inventados: dar la hora, ahora también registran cuántos pasos caminamos, cuántas brazadas dan los que nadan, cuántas horas de sueño efectivo, sirven para mil cosas y también para dar la hora.
Posdata: ¿a qué hora tomaron la foto? Tal vez después de las tres de la tarde, tal vez ya comieron una botana comiteca, tal vez hubo chicharrón de hebra, que es el más seguido de los antojos del pueblo, tal vez ya tomaron una cerveza o un tequila puesto. Todos tienen cara de que hicieron su gusto, de que bebieron lo preferido, porque hay gente que vive por el tequila, otros les gusta el ron cubano, unos más toman güisqui. En mis tiempos sólo los mayores tomaban esta bebida, era algo muy caro. En estos tiempos todo mundo bebe güisqui. Los economistas hablan de carestía y de devaluaciones, pero en el Comitán de estos tiempos el güisqui es bebida recurrente. Tal vez ya todos hicieron chilín chilín los vasos, ritual maravilloso que confirma la amistad, tal vez ya apareció la palabra ¡salud!, como saludo antes de beber y como conjuro para evitar la enfermedad. Todos los de esta fotografía se ven plenos, saludables. Algunos ya no tienen el cabello que tuvieron de jóvenes, se les ha caído, otros han recibido el milagro de ver plateado lo que fue de color oscuro. Es costumbre decir: ¡güisqui!, a la hora de la foto, a veces no falta el comiteco que propone la palabra ¡cotz!, para que los músculos de la cara se distiendan y los labios se vuelvan hamacas que celebran la vida. ¡Ya descubrí el motivo del encuentro! Uf, después de tanta palabrería, claro, bobo de mí, el guateque fue para celebrar ¡la alegría, la amistad, la vida!
¡Tzatz Comitán!
