miércoles, 18 de marzo de 2026

CARTA A MARIANA, CON RIMAS DE LA NATURALEZA

Querida Mariana: como de primaria, asomó la rima: chayote, elote. La vendedora pregunta si el chayote irá pelado (para eso usa la pinza). La vendedora está en una banqueta ancha, no interfiere con el paso de los peatones. Está cerca del edificio que ocupó el Banamex, en el centro, donde antes estuvo La Popular, del señor Pulido, que, cuentan los mayores, vendía de todo y era el lugar donde llegaba El Frisón, el mayor pone apodos del pueblo. El Frisón se ponía a ver el paso de la gente y, con alevosía y ventaja, encontraba algún rasgo en el peatón y ¡le trababa un apodo que se popularizaba! En el pueblo hay personas que tienen el apodo de chayote y otras que tienen el apodo de pelo de elote. Son apodos gráciles. Un compa me dijo que todos los apodos son tolerables, menos el de Diarrea, que le trabaron a un muchacho. En el pueblo sigue pendiente el libro que dé cuenta precisa del tema del apodo, que es todo un caso en Comitán. Se dice que en el pueblo se conoce más la gente por el apodo que por el nombre. Te he contado el caso del Ventarrón y del Avión que, un día en un programa de radio que conducíamos con Dora Patricia Espinosa, exigieron que dijéramos sus apodos, porque si no nadie los reconocería. Los pone apodos son personas cabroncillas, porque se apropian de un derecho que, por esencia, no les corresponde, pero debemos aceptar que hay algunos que son muy ingeniosos y precisos porque, digo yo, ponerle a alguien el apodo de Cagaleche no tiene gracia alguna. Me contaron que en una escuela, de cuyo nombre no quiero acordarme, hubo un maestro que no tenía una oreja y le decían Tacita. En el pueblo (que en cuestión de apodos siempre ha contemplado la equidad de género) también hubo una Chayotona. La señora que vende los chayotes, para cautivar al cliente, asegura que “están bien secos”. Dicen los expertos come chayotes que, en efecto, no es agradable comer un chayote lleno de agua. La señora continúa con la tradición. Los elotes hervidos que vende (parte uno en tres o cuatro pedazos y lo mete en una bolsa de plástico) no llevan más que sal, limón y polvo juan (en cambio, los que ofrecen por las tardes, en la banqueta del Centro Cultural Rosario Castellanos ya tienen muchos agregados: mayonesa, queso y salsa rojísima). De igual manera, el chayote puede pedirse con sal, limón y polvo juan. A propósito, tuve un compañero en la primaria que le decíamos El chile, cuentan que se casó con una chica que le decían La Tostada, así que cuando nació el primer hijo, a la criatura le trabaron el apodo de Polvo Juan (vos sabés que el polvo juan está hecho de polvo fino de tostada con chile). A mi compadre Miguel, que en paz descanse, no le gustaba comer chayote, porque, decía: es hacer caca de balde. Su razonamiento era falso. Busco en el Internet y encuentro que el chayote tiene muchas propiedades, vitamina C y fibra. Y ahora en el Internet encontré mil apodos, como digo, unos ingeniosos otros crueles. En realidad no hay un apodo que no sea ofensivo, todos, en diferentes grados, agreden al otro. Vos sabés que el número de La Bestia es el seis, seis, seis, bueno, dicen que a un compa le decían el tres, tres, tres, porque era medio bestia. Agresivo, pero ingenioso es el apodo de El Machacas, porque sólo era pura carne seca con huevos. Me da pena escribir esto. Por lo regular, no me gusta hacer uso de apodos. Ni siquiera a mis cercanos, que por la confianza podría llamarlos por el sobrenombre, con cariño (esto de “con cariño” no cabe acá). Posdata: a mí, a diferencia de mi compa Miguel, me gusta comer chayotes hervidos, secos. Le pido a la señora que lo haga en pedazos con el cuchillo y le ponga tantita sal. Me encanta caminar con mi bolsa de plástico, llegar al parque (mi parque, el central), sentarme en una banca y comer el chayote, mientras miro cómo la vida pasa frente a mí. Es una de las formas de felicidad. La gente come Sabritas, nieves (el nevero que está en el parque, frente a La esquina de Belisario, prepara unas exquisitas nieves artesanales, las de mamey son deliciosas). Roberto me dijo que a un compa del gimnasio le pusieron de apodo el Mamey y él muy orgulloso porque así les dicen a los que tienen grandes músculos, lo que no supo es que a él le decían así porque estaba mamado y era muy buey. ¡Tzatz Comitán!