sábado, 16 de mayo de 2026
CARTA A MARIANA, CON UNA FOTO HISTÓRICA
Querida Mariana: esta foto me la compartió Socorro Trejo, poeta chiapaneca, Premio Chiapas, amiga de muchísimos años.
Me dijo que está modificada con IA. Están modificadas las caritas, porque la IA todo lo transforma. Por ahí está la foto original, pero quise conservar esta fotografía porque habla de estos tiempos. En 1992 no preveíamos lo que iba a transformar nuestras vidas los chunches tecnológicos. Y digo 1992 porque la foto es precisamente de ese año. ¿Mirás? Tiene más de treinta años. La foto fue tomada en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Las escritoras que aparecen acá participaron en el II Encuentro Nacional de Escritoras Rosario Castellanos, donde se brindó homenaje a la poeta Enriqueta Ochoa. La organizadora de estos encuentros fue, precisamente, Socorrito Trejo.
Cuando Socorrito me la compartió dijo que en esta fotografía aparecen varias escritoras comitecas. ¡Es cierto! Socorrito era muy inclusiva, invitaba a creadoras de todo el estado. Digo esto, porque a veces los tuxtlecos son muy centralistas, se creen moneditas de oro. Socorrito siempre ha reconocido que en todo Chiapas se cuecen habas, granos de oro, que en todos lados existe la creación. Y no me quiero meter en broncas que no me corresponden, pero hay varios casos del “interior” del estado de Chiapas donde superan con creces la creación literaria que se realiza en la capital chiapaneca.
Vi la foto y hallé muchas caritas conocidas. Conviví con varias de ellas. Pensá que la foto tiene más de treinta años, hemos cambiado.
Fijate que estos encuentros hablan bien de Socorrito. Recordá que en fotos de los años cincuenta, la Rosario aparecía como única mujer, en medio de un hombrerío. Socorrito honró a Rosario en estos encuentros con la participación de pura mujer creadora (ya te conté que ella me invitaba a moderar mesas de estos encuentros, sólo moderarlas. ¿Por qué me invitaba? Yo aceptaba, pero me daba ganas de decir, como famoso comediante mexicano: no soy niña, ¡no soy niña!)
Cuando vi la foto me dio ganas de hablar de todas mis conocidas, pero son muchas, la carta sería interminable. Sólo diré, porque no puedo quedarme con el nombre trabado en la garganta, que la segunda mujer de la fila de atrás (donde están paradas) es Ethel Beutelpeacher, narradora que vivió en Chiapa de Corzo. Una vez estuve en su casa, nos invitó a tomar un pozol de cacao, vi que había un librero al lado de una hamaca. Ella participó para ser becaria del Centro Chiapaneco, pero no obtuvo la beca, como ya tenía un trabajo consolidado, las autoridades del Instituto Chiapaneco de Cultura decidieron publicar un libro de cuentos, un libro simpático, delicioso. La que sigue de Doña Ethel es Socorrito Trejo, al lado de nuestra querida poeta Dolores Castro, la gran amiga de Rosario, quien estuvo en Comitán varias veces, con Rosario y luego ya ella sola, porque Rosario ya había fallecido. Y al lado de Lolita, la poeta homenajeada, Enriqueta Ochoa, que era de Coahuila. ¿Sabés quién es hija de Enriqueta? La Marianne Toussaint Ochoa, quien, igual que su madre, es poeta.
Recuerdo a todas las asistentes, a unas más, a otras menos. Escribo en el mes de mayo de 2026, en este tiempo veo que ya hay varias escritoras fallecidas. De hecho, de las cuatro escritoras mencionadas sólo Socorrito sigue viva, gracias a Dios. Ethel, Lolita y Enriqueta ya fallecieron, hace tiempo, en diferentes tiempos.
Pasaré entonces a enumerar a las creadoras comitecas que participaron en este II encuentro literario, dedicado a nuestra pichita amada, Rosario Castellanos. Precisamente después de Enriqueta está la gran Lupita Alfonzo, poeta y narradora, además de actriz y directora de teatro. Ella escribió cuentos breves, ingeniosos, donde la palabra fue como pajarito travieso y vivaz. A continuación, está nuestra querida cronista vitalicia, Lolita Albores, con su par de muletas. Ella escribió crónicas y anécdotas que tenían la picardía que la caracterizó, no por algo, algunos comitecos le decían Lola Albures. En seguida está otra comiteca valiosa, Lety Román de Becerril, quien escribió novela histórica, biografía (una del padre Carlos), anécdotas y libros de ensayos, ella fue una gran pianista, siempre se sintió orgullosa (así me lo contó) que el prólogo de su primera novela fue escrito, nada más y nada menos, que por Jaime Sabines, poeta que en este año es celebrado con motivo del centenario de su nacimiento.
Al final de la segunda fila, sentadita, muy modosita, está la admirada Marirrós Bonifaz (María del Rosario Bonifaz Alfonzo), poeta que mereció el Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines, en 1990. En el momento de la fotografía ya era una poeta con reconocimiento nacional. Ella es arquitecta de profesión, egresada de la gloriosa UNAM, la máxima casa de estudios profesionales del país.
¿Quién más de Comitán? Pues en primera fila, muy coqueta, con vestido negro y cabello güero, está Clarita del Carmen Guillén, poeta, dibujante, narradora e investigadora, gran promotora del reconocimiento a una escritora comiteca que fue pionera en literatura infantil: Blanca Lydia Trejo.
Al final de esta primera fila está la tuxtleca Marisa Trejo, hermana de Socorrito. Marisa también es mi gran amiga, ella y yo cursamos literatura en la Benemérita UNACH, durante la carrera ella fue mi maestra de francés, por dos semestres, muy poco aprendí de ese maravilloso idioma, porque yo llegaba al salón de pisa y corre, porque trabajaba en una chamba que demandaba que siempre anduviera fuera del estado de Chiapas, ganaba buena paga, con viáticos generosos, me trepaba a aviones y viajaba, por ejemplo, a Oaxaca y a la península yucateca. Buenos tiempos.
Posdata: ya dije que las caritas están un poco cambiadas, pero son los tiempos, tal vez la IA sabe que las chicas desean tener cutis planchaditos, como de quinceañeras. Dije que hay varias fallecidas, una que recuerdo mucho es la poeta Blanca Margarita, quien siempre fue muy generosa conmigo, cuando ella fue directora del Centro Cultural Jaime Sabines me dio un espacio privilegiado para firma de mi novela “Yo también me llamo Vincent”. Buenos tiempos.
No puedo dejar de mencionar a Malú Morales, quien ya no vive en Chiapas, pero fue mi compañera en el taller de cuento del gran Rafael Ramírez Heredia, el famoso “Rayo Macoy”
¡Tzatz Comitán!
