lunes, 15 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON GUILLERMO
Querida Mariana: estuvimos con Guillermo Montalvo. Ahora que escribí el título pensé en Guillermo Tell. Asociaciones que se dan en forma automática. Cada persona y cada pueblo tiene un Guillermo relevante. En el Comitán actual vive Guillermo Montalvo (yo le digo Memo, afectuosamente). Digo que apareció el nombre de Guillermo Tell sin saber bien a bien el porqué. Los que saben dicen que Tell encarna el símbolo de libertad. ¿Recordás el mito de la manzana sobre la cabeza de su hijo? Guillermo Tell tomó la ballesta y disparó una flecha, misma que dio en el blanco sin tocar un cabello de la cabeza del hijo. ¿Mirás? Este mito tiene mucha tela para cortar, muchos motivos para reflexión. De principio diré que alude a la confianza, tanto del padre como del hijo. No cualquiera se atreve a hacer esta dramática acción. Sólo de pensar en el fallo hace que uno sienta una especie de repeluzno. Pero, la moraleja es: la vida consiste en atreverse.
En el pueblo vive Guillermo Montalvo (quien llegó hace tiempo a Comitán), el otro día, Dora Patricia y yo estuvimos en la residencia que Memo habita (una señora residencia, en el mero centro del pueblo. Una casa, propiedad de una familia comiteca, que es un verdadero prodigio, porque mantiene su forma tradicional. Acá en la foto mirás parte del corredor de un patio trasero, enladrillado y los pilares que son de inicios del siglo XX). Pasamos a saludarlo y a pedir que nos vendiera su más reciente libro: “A toda velocidad”. Memo es un escritor talentoso y disciplinado. En su celular tiene un archivo con todas las colaboraciones que ha publicado (actualmente leemos sus artículos en el Diario Al Faro, que dirige el gran cartonista de Chiapas, el más grande: Enrique Alfaro). ¿Sabés cuántos textos tiene en su archivo? ¡Cerca de los seis mil! ¿Mirás qué prodigio, qué obra tan prolífica, tan generosa? Uno imagina el caudal de talento, de horas invertidas. Acá, como en el mito de su tocayo Tell hay muchos motivos de reflexión. Uno es el de la constancia y el otro es el de su prima hermana, la disciplina. Memo contó que su abuela era una mujer meticulosa, pulcra. Desde niño aprendió que todo debía estar en su lugar. Memo no sólo escribe a diario sus colaboraciones periodísticas, también escribe en forma precisa un diario. Casi estoy seguro que Dora Patricia y yo aparecimos en su diario al día siguiente de la visita. Este diario no lo publica, parece que es como un homenaje permanente a la vida y a su mamá, porque su mamá también practicaba el ejercicio de la diaria redacción. De hecho, Memo conserva en una caja de madera todos los diarios que su mamá escribió, fue su herencia, él declinó el derecho de recibir casas o menajes, cuando llegó su turno en la repartición, él dijo a los hermanos que no quería más que los escritos de su mamá. Acá, como en el mito de Guillermo Tell, también hay otro motivo de reflexión, uno que cuenta la personalidad del Memo comiteco.
Su más reciente libro: “A toda velocidad” fue impreso en los talleres de Alma de Letras Editorial, que es una empresa chiapaneca que nació en pandemia con un objetivo preciso: “fomentar la lectura a través de la expresión artística de cada individuo. Porque creemos firmemente que toda historia merece un lugar, que toda voz merece ser escuchada y que los libros tienen el poder de transformar, acompañar y sanar”. ¿Qué más se puede decir frente a esta exposición brillante de la magia del libro y de la lectura?
Posdata: en la foto Memo me dedica su libro, con una letra precisa, fina. Su dedicatoria fue cariñosa. Llamó mi atención que al cierre de la nota escribió: “Comitán, Chis. 13 enero, 2026”. En realidad, el día fue el 13 de junio del veinte veintiséis. ¿Por qué ese lapsus? Andá a saber. Su casa es un prodigio de arquitectura comiteca, con un patio central hermosísimo que tiene una especie de jardín japonés, con estanque con peces, dos caídas de agua y una vegetación pródiga, con nenúfares sobre el agua; al entrar uno tiene la sensación de acceder a un tiempo diverso, alejado del presente, es el centro histórico del Comitán bullicioso de ahora, pero su casa es una burbuja del tiempo, al entrar al zaguán y pasar por el arco que tiene la fecha de construcción, de principios del siglo XX, uno sabe que en la calle se quedó el mes de junio e ingresó al mes de enero de la historia, tal sensación fue confirmada por la mano, la mente y el espíritu de Memo quien, como su tocayo, todas las mañanas apunta con su pluma y da en el blanco.
Hoy comenzaré a leer el libro de Memo, sé que lo terminaré en una sentada, es una novela breve, que escribió en Tapachula, en 1997 y fue publicada en 2026. Digo pues que todo es un juego en el tiempo, todo está en una gran burbuja, donde la manzana del pecado original se convierte en la manzana de Guillermo Tell, pero sigue siendo la del deseo.
¡Tzatz Comitán!
