miércoles, 16 de septiembre de 2026

CARTA A MARIANA, CON MÚSICA

Querida Mariana: no recuerdo el nombre de ella. De vez en vez llegaba al departamento en la Ciudad de México. Era amiga de los compas de la palomilla, no sé si de los Robles o de los Román. Al final nos hicimos amigos. Ella disfrutaba mucho cuando estábamos reunidos, tomando la copa y yo estornudaba, cuando ella decía ¡salud!, yo decía ¡salud! y brindábamos. Lamento no recordar su nombre, lo que sí recuerdo es que en una ocasión, mientras yo servía unas papitas en un plato donde ya había cacahuates, ella me tomó de la mano, me vio y preguntó: “¿a qué te suena la vida?”, yo, como siempre, no supe qué responder, ella sacó un casete, lo puso en el aparato y comenzó a sonar Barry White. Todos aplaudimos y Jorge la sacó a bailar (tal vez, ahora lo pienso, su primer amigo fue Jorge). En la casa de Jorge, en Comitán, frente al templo de El Calvario, escuché, cuando estudiábamos la prepa, a Barry White por primera vez, las hermanas de Jorge ponían el disco con frecuencia, la música del negro genial se extendía por todo el patio central de la casa, iluminado, lleno de aire, con pocas plantas. Digo esto, porque, a pesar de que no he sido un gran amante de la música, un apasionado escucha, tengo en mi espíritu algunas notas musicales que me han marcado. Ahora está de moda hacer playlist, yo nunca lo he hecho, tal vez no lo haré, pero me he dado cuenta que si la hiciera, mi playlist estaría conformada, en su mayoría, por canciones de los años setenta, sobre todo, en inglés, a pesar de que no sé hablar inglés. Entiendo que hay gente que no se quedó encerrada en un tiempo, mi Paty, por ejemplo, escucha de vez en vez a los Bee Gees, que fue un grupo que amó en su juventud, pero ella, todas las mañanas, le pide a Alexa que le ponga música de Keshi (que, entiendo, es un grupo coreano, de estos tiempos), nunca he escuchado que ella le pida a Alexa música de los Bee Gees; es decir, ella no se quedó encerrada en la burbuja musical de su juventud, sigue escuchando la música de ese tiempo, pero también la de los tiempos actuales. ¿Yo? No, mi niña amada, ¡no! Si hiciera una playlist nada habría de estos tiempos. ¿De veras? De veras, porque nada escucho de estos tiempos. A veces, en el TikTok me aparecen unos segmentos musicales contemporáneos, paso mi dedo y digo ¡next!, nada hay que llame mi atención. Me quedé encerrado en los setentas. Algún psicólogo podrá decir qué clase de complejo llevo arrastrando. Mi playlist tendría, por supuesto, a Barry White; también incluiría algo de Gladys Night and the Pips; no podría faltar Neil Diamond. ¿Alguien más? Probablemente, pero, en término estricto me quedaría con estos tres, tres grandes, para mí. Una vez vi una película que narraba la historia de Neil (la he buscado y el Internet me dice que no existe alguna película con la vida de Neil. Pucha, ni que yo estuviera loco). Vi la película que contaba gran parte del gran autor y cantante, recuerdo que fue una historia que se ha repetido infinidad de veces, hay una chica que lo apoya en sus inicios, que lo impulsa a lanzarse a otros lugares en busca de la fama, esta chica se queda en casa del papá de Neil. Lo de siempre, la novedad aparece, Neil conoce a otra chica que, de igual manera lo conduce al éxito y Neil olvida a su chica que le permanece leal. Cuando Neil llega a la casa paterna, el papá que es judío repudia al hijo, siguiendo la tradición, se rasga las vestiduras frente al hijo cabrón. Es lo que recuerdo. El Internet asegura que la película no existe. Yo digo ¡cotz!, y sigo la vida. Posdata: playlist, qué bonita expresión. Ahora todo mundo hace sus listas de canciones favoritas. En los tiempos de bachillerato, mis compas y yo escuchábamos la radio y cuando sonaba alguna canción de nuestro gusto apretábamos el play de la grabadora y nos molestaba que cuando la canción sonaba intercalaran una firma sonora de la estación de radio. Para nosotros fue una gran ventaja poseer una grabadora con casetes porque nos permitía grabar música de preferencia y porque, mis amigos con inclinaciones al teatro o a la declamación, grababan sus voces para corregir algunos errores. Perdón, no, en realidad ¡no!, no ofrezco disculpas, soy feliz con estas pocas joyas del mundo de la música. No soy un melómano, es algo que me ha hecho falta en la vida, pero sí tengo mis cantantes predilectos y los disfruto a mares. ¡Tzatz Comitán!