lunes, 23 de marzo de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN DIÁLOGO INTERESTELAR

Querida Mariana: ¿qué significa la palabra interestelar? No sé bien, pero alude a algo espacial, algo que está más allá de lo cercano, que pertenece al terreno de los planetas. ¿De verdad es así? Una vez, no recuerdo el porqué, David me invitó a tomar un café para “sostener un diálogo interestelar”. El David siempre habla así, un poco en forma rebuscada. A mí me dio risa ese término. Fuimos al café, nos sentamos en una mesa al aire libre y platicamos. Mientras él me contaba anécdotas simpáticas yo ponía atención, pero no dejaba de pensar que estábamos realizando un “diálogo interestelar”, estábamos muy cerca, con los pies bien puestos en la tierra, pero él y yo viajábamos como si fuéramos astronautas. Hubo un instante en que lo vi con su escafandra, no de buzo, sino de viajante en el espacio. Casi al final de la plática estuve ya seguro que, en efecto, habíamos sostenido un diálogo interestelar, porque él estaba frente a mí, pero distante a la vez, tan distante como pueden estar dos seres humanos. El doctor Hernán León Velasco me lee desde Tuxtla, una galaxia chiapaneca cercana a Comitán, pero a la vez, distante, tan distante como descubrir que nosotros estamos de un lado de la orilla del Cañón del Sumidero y ellos en la otra orilla. Basta hacer un viaje en balsa por el río Grijalva, basta levantar la vista ante los enormísimos taludes del cañón para descubrir que lo interestelar está más cerca de lo que creemos. El doctor Hernán, de vez en vez, lee mis textillos y, como es escritor, se ve casi obligado a sostener un diálogo conmigo, un diálogo interestelar, como lo hicimos con David. Yo, buen escucha, oigo la palabra del doctor Hernán, palabra que cruza el cañón, trepa sobre los taludes, camina por los Altos de Chiapas y desciende hasta mi valle, el valle del pueblo de las nueve estrellas. Hace días, el doctor me envió por WhatsApp una reflexión motivada por una carta donde te conté de un ejercicio que hice, busqué una canción famosa cuando cumplí diez años, luego una al cumplir los veinte, así hasta llegar a los sesenta años de vida y realicé un sencillo razonamiento para hablar acerca de la volatilidad del tiempo. ¿Qué reflexión hizo el doctor Hernán ante este ejercicio? Te paso copia de lo que él escribió: “Amigo Alejandro: “Hay en tu Carta a Mariana con Decenios, una conciencia que no se impone, sino que respira: el tiempo no como cifra, sino como una lenta revelación que nos alcanza sin pedir permiso. Lo dices y nos arrastras contigo: la vida no pasa, se desliza entre los dedos como arena tibia, como esa “arenilla” que no hiere pero tampoco se detiene. En tus recuerdos —la canción que vuelve como un eco, la calle de la infancia, el rostro de un amigo que es también un espejo— el tiempo no es una línea, es una herida suave que se abre en cada memoria. Y entonces comprendemos, contigo, que no envejecemos de golpe: nos vamos dejando atrás, instante por instante, como quien abandona habitaciones encendidas sin saber que ya no volverá a ellas. “Pero hay algo más hondo: no es sólo el paso del tiempo, es su misterio. En ese ejercicio —que en realidad es profundamente humano— reconstruyes una vida a través de canciones que no elegiste del todo, como si la existencia también fuera eso: una música que nos sucede. En ese tránsito, entre el hijo que escucha “Adoro” y el hombre que duda frente a “Ni Freud ni tu mamá”, aparece la pregunta esencial, la que Paz habría llamado “la otra orilla”: ¿qué hicimos con el tiempo que nos fue dado? Tu carta no responde, pero ilumina. Porque en cada duda, en cada insatisfacción, en cada amor y en cada pérdida, hay una fidelidad secreta a la vida misma. Quizás eso sea lo único que nos salva: no haber comprendido del todo, pero haber sentido intensamente el vértigo de estar vivos mientras el tiempo —ese animal invisible— nos atraviesa sin detenerse”. Posdata: ¿mirás qué dice el doctor Hernán? “No envejecemos de golpe, nos vamos dejando atrás”. Pucha, es como para ir al bosque, sentarse en el suelo, recargarse en un enorme pino y darle vuelta al molino de la mente. Nos vamos dejando atrás. Uf. Sí, lo que se da entre el doctor Hernán y yo es un diálogo interestelar. ¡Tzatz Comitán!