lunes, 22 de junio de 2026

CARTA A MARIANA, A MANERA DE DIARIO

Querida Mariana: busqué una lámpara de mano en el buró, eran las tres y media de la mañana, oré y leí. El libro es “La miel derramada”, de José Agustín, cuentos que el texto de contraportada señala como “algunos de los textos más significativos de la vena erótica…”, el relato que leí “Transportarán un cadáver por exprés” es casi pornográfico, tanto como el más reciente libro de Guillermo Montalvo. Me bañé, desayuné y con mi Paty fuimos al mercado primero de mayo, ella compró dos vasos de jocoatol (uno para Fer y otro para ella), luego fuimos a comprar soya a “San Luis”, bajamos por la avenida que va al templo de Jesusito, con lajas muy resbalosas. “Mis zapatos resbalan mucho”, dijo Paty, así que regresamos al estacionamiento Ulises por la calle del Museo Rosario Castellanos y doblamos por la avenida del correo, donde las banquetas no tienen laja. Mi Paty dijo que estaba mucho mejor esa ruta. Pensé que, los de acá, debemos establecer rutas para evitar muchas pendientes cuando vamos en auto (sobre todo en tiempo de lluvias) y buscar banquetas donde las lajas no estén muy resbaladizas, hay unas que son como piel de babosa. Al volver a casa, guardé el tsurito y caminé al parque, para dar unas vueltitas ahí, encontré un gran amontonamiento de corredores que participaron en el Medio Maratón de San Juan, vi que muchos ya habían cruzado la meta y otros todavía venían por la ruta establecida. Los campeones, me explicaron, deberían esperar hasta el final para la repartición de premios, paguita. Como mi parque estaba ocupado (en buena hora por tanta gente deportista) busqué un espacio donde pudiera caminar un rato, ¡ya!, dije, iré al corredor del Centro Cultural. Pasé por donde el sacerdote oficiaba la misa al aire libre, donde los fieles escuchan sentados el protocolo religioso y descansan la mirada en las personas que por ahí caminan. Llegué al corredor y caminé de ida y de vuelta, varios minutos, pasaba frente a la puerta de la librería Porrúa, pensé que estaba abierta por ser Día del Padre, ah, qué optimistas, dije. Pero no, la librería abre también los domingos, me dio gusto saberlo. Abajo del corredor está estacionada una combi que vende hamburguesas, el carrito se llama “Don Chayas”, vi que una señora echaba agua en la banqueta y lavaba, de pronto, ella dijo: “Tomi, ¿qué milagro?”. El causante del milagro fue un agente de vialidad, que llevaba una botella de agua en su mano. La señora preguntó “¿Ya lo bajaron de la patrulla?” y completó: “Qué bueno, así camina”. El agente se despidió y caminó, caminó porque, me enteré, ya lo habían bajado de una patrulla. Yo, igual que él, seguí caminando, hasta que la alarma del celular avisó que debía ir ya a la oficina. De regreso escuché dos grandes altoparlantes, uno era el del templo, el otro era el de la premiación de la carrera: “Vamos a ponernos de pie, hermanos y hermanas…” “Fuertes los aplausos para Mariela Aguilar López, número 160, en la carrera de cinco kilómetros libre femenil, quien con un tiempo de 21.59 obtuvo el…” En un pasillo del parque, el que está frente a la Farmacia del Ahorro, había una serie de camastros donde los deportistas recibían masajes por expertos de Cencatem. Me acerqué al templete de premiación, instalado frente al edificio municipal. Ah, qué alegría, pasaban los campeones, a la hora que escuchaban sus nombres (dictados por Julio Altuzar, el Muñeco). Entregaban los sobres con paguita, el director del deporte municipal; la diputada Luz María Castillo; la señora María Natividad Guillén, directora del Dif comiteco; y el presidente, el señor Fox. Al final, la fotografía del recuerdo, muchos corredores pasaron al frente y se colocaron al lado de las autoridades, con eso se firmó el final de una carrera muy concurrida. Escuché que alguien comentó que participaron más de mil corredores, porque, aunque el registro para medallas fue limitado a mil participantes, muchos más corrieron sólo por el gusto de incluirse en esa marabunta maravillosa de deportistas. Posdata: al final me acerqué a saludar al presidente municipal, platicamos un ratito, porque él se dirigía a sus oficinas en el palacio, donde lo esperaba otro nutrido grupo de personas. Llegué a la oficina, me puse la bata azul que empleo cuando pinto y, al lado del balcón, di fondo al cuadrito que está en turno. Por primera vez sólo utilizo blanco y los colores básicos (azul, rojo y amarillo) Con ellos estoy haciendo las mezclas. Bien dijo la maestra de dibujo en la Universidad del Valle de México, campus San Rafael, en los años setenta: “con los básicos ustedes pueden hacer mil y más tonos”. Con los básicos, siempre es así la vida. ¡Tzatz Comitán!