viernes, 10 de julio de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL SEGURO

Querida Mariana: iba con rumbo al botanero Tío Javi, enfrente del estacionamiento Ulises, espacios icónicos de Comitán, pasé frente a este edificio, que tiene unas almenas como si fueran de un castillo europeo. Llamó mi atención este nicho. Como si fuera yo Carlitos Navarrete me pregunté para qué habían construido este hueco bien diseñado. Por lo regular, este tipo de hendiduras sirve para colocar una imagen. ¿Hubo un tiempo que se utilizó para resguardar una imagen? No lo sé. Tal vez los vecinos mayores saben qué uso tuvo. Los grafitis de abajo son muestra de que vivimos en un pueblo sucio. En el portón hay una lona que indica que actualmente este edificio sirve como estacionamiento del Hotel y Restaurante Lunada, que está a media cuadra, también frente al estacionamiento Ulises. Estos tres espacios los identifico plenamente. Donde ahora está el Restaurante Tío Javi, que es propiedad de mi ahijado Javier Aguilar, estuvo en los años sesenta la casa y el estudio del gran fotógrafo Don Enrique Cancino. Todos los estudiantes de secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz íbamos con él para tomarnos la fotografía que acompañaría el certificado del nivel. Nada de esas indicaciones bobas de hoy, donde las chicas deben presentarse con el cabello recogido (relamido), sin pizca de maquillaje, sin aretes; es decir, como si fueran rostros robóticos, irreconocibles. Las compañeras y nosotros debíamos presentarnos con el traje de gala del colegio, nada de camisas blancas. Con la pericia de Don Enrique todos salíamos presentables en las fotos, casi bonitos. ¿Ahora? Donde ahora está el estacionamiento Ulises, Don Ulises tenía un expendio de gasolina (todavía hay un letrero viejo, casi despintado, que es testigo de ese tiempo), además, Don Ulises tenía una refaccionaria, mi papá de vez en vez iba a saludarlo y aprovechaba a comprar alguna refacción para el camión repartidor de Coca Cola. Y el edificio de la foto que anexo servía como la clínica del Seguro Social. Esto lo sé, porque los Poo eran mis amigos y el papá de ellos fue el director del Seguro Social en los años sesenta. En una o dos ocasiones fui con Pepe para que le pidiera paga a su papá, ahí conocí el generoso patio que estaba (está) al frente, pues las oficinas estaban al fondo. En el patio casi siempre estaba estacionada una ambulancia que era manejada por Don Chuma (que falleció hace poco). El Seguro Social ahora está enfrente de Aurrerá. Los terrenos donde está Aurrerá fueron propiedad de Don Ulises, quien gracias a su esfuerzo y a su trabajo logró hacerse de varias propiedades en el pueblo. Te he platicado que Don Ulises logró fama cuando regresó de un viaje al África. Pocos comitecos habían logrado esta hazaña, comparable a los viajes que realizó Marco Polo siglos antes. Tal vez invento pero tengo la impresión de que un día vi una fotografía donde Don Ulises estaba trepado sobre un elefante, tal vez deliro, donde no deliro es que yo trepaba a veces en el “Tostonero”, que fue un servicio de transporte público que también fue iniciativa de Don Ulises. Mi amado Gutmita cuenta que su papá, el hombre que vino de Polonia, tuvo un autobús urbano antes que Don Ulises, pero con tan mala suerte que un día el camión se quedó sin frenos en la bajada del mercado. Ya no cuento más. El edificio donde estuvo el Seguro Social debería tener una placa para consignar la historia. Durante muchos años estuvo olvidado. Ahora, como digo, funciona como estacionamiento del Lunada. El portón sólo se abre cuando algún huésped llega al hotel con auto y el valet parking lo lleva a guardar. De ahí en fuera, el portón sigue como ha permanecido durante muchos años. Así como ha permanecido vacío el nicho que está en una parte superior de la barda lateral. El constructor utilizó la esquina para hacer una escuadra para la entrada y salida de carros. Posdata: caminé sólo por una parte de la cuadra y muchos recuerdos llegaron a mi mente. En esa calle también está la residencia de mi tía Maty, de mi tío Gilberto y de mis primos. Ahí también tengo muchos gratos recuerdos. Ya conté que el primer partido del Mundial del 70 lo escuchamos por radio con Mario, Miguel y Gil, en su casa. ¡Tzatz Comitán!