jueves, 27 de agosto de 2026
CARTA A MARIANA, CON JUEVES DE CHISME SABROSO
Querida Mariana: para que no pensés que soy como algunos que conocemos, que andan en el puro chisme sin sustancia, comenzaré la carta con un poema de Octavio Paz:
LA RAMA
Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.
Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.
El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.
Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada.
Ah, qué belleza. Y ahora sí, vamos a lo prometido, que para eso somos comitecos y seres humanos que caemos en el vértigo del morbo.
¿Por qué Octavio Paz jamás escribió algo acerca de la obra plástica de Francisco Toledo, a pesar de haber escrito ensayos sublimes acerca de la plástica mexicana? Muy sencillo, porque Panchito Toledo le bajó a una de sus chicas. No sé qué pensés vos, pero veo que Paz era fino, en cambio, el otro era un poco como hebra de costal. Hay mujeres que caen rendidas ante la fuerza y el aroma de cobre. Pues eso sucedió con Octavio y Francisco.
Acá va el chisme: mi paisana, Bona Tibertelli, pintora surrealista, estuvo muchos años al lado de Octavio. Ella era muy bella. Habrá que decir que Don Octavio no pudo llamarse engañado, porque cuando Bona lo conoció ella estaba casada con otro compa; es decir, Bona que come huevo, aunque le quemen la huevera. Bona dejó a su marido y se fue a vivir con Octavio, varios años vivieron juntos, pero un buen día, lo que Bona le hizo a su esposo, luego se lo hizo también al poeta mexicano. ¿Con quién? ¿Con quién más? Con Toledo, el pintor oaxaqueño. Francisco sí jodió a Octavio, porque éste lo recibió en su casa, pero cuando Toledo vio a Bona pensó: sí, está bona, bien bene. Paz, de igual manera, ya había dejado a la madre de su hija: Elena Garro.
Octavio ya se iba a casar con Bona, se llevaban bien, pero resulta que Bona ya había conocido a Toledo y, bueno. Resulta que Toledo llegó a París al lado de Rufino Tamayo, Toledo era un chavo de veinte años, vigoroso, ¿se puede decir ardiente, porque era como camarón de la costa oaxaqueña? En ese momento, Bona tenía treinta y cinco años. Cualquiera diría que agarró pichito. No, al final, Toledo resulta un verdadero macho mexicano y golpeaba a Bona. Tamayo pidió al gran poeta Paz que ayudara a Toledo, el poeta lo hizo y el pago que Toledo le dio fue acostarse con la que pronto sería su esposa. Así que un buen día, Bona y Toledo dicen adiós y Paz se queda en santa ídem, ni tanto, debió encanijarse, por eso, Paz jamás hizo alguna reseña de la obra de Toledo, ahora sí que no podía verlo ni en pintura.
¿Cómo terminó la historia? Bona regresó con su anterior esposo, Paz se topó con Marie José, quien, a la postre se convirtió en la mujer que vivió con él hasta su muerte. ¿Y Toledo? Ay, Panchito. Eso, como diría nana Goya ¡es otra historia! Estuvo bueno el chisme de jueves, ¿verdad?
Posdata: por ahí hay un cuadro que Toledo pintó de Bona y los críticos dicen que Paz escribió una obra de teatro inspirado en ella. Es que dicen que era bellísima, casi inolvidable. ¡Bendito Dios!
¡Tzatz Comitán!
