sábado, 11 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON LA CULTURA POPULAR
Querida Mariana: comparto con vos un cuadro pintado por Abel Quezada. Sí, tenés razón, Abel fue más conocido como cartonista del periódico Excélsior, pero también pintó cuadros, incluso murales. Fue un gran artista, completo.
Yo pinto, lo sabés. Pinto cuadros en acrílico y unas cajitas bien bonitas. Esas cajitas las vendí muy bien en la galería La mano Mágica, en Oaxaca. Ah, qué disfrute saber que mi obra era reconocida por gente que llega a comprar arte en esa ciudad artística por excelencia.
Pinto siguiendo el lema de Abel Quezada: la pintura es la libertad total. Pienso que así se debe crear siempre, teniendo como punta de lanza de la creación ¡la libertad! Dejo que fluya el lápiz para el boceto y luego que fluya la pintura. Ahora, te he platicado (por primera vez) estoy usando sólo los tres colores primarios y el blanco, hago las mezclas y consigo (como me dijo la maestra de dibujo en la universidad) todos los demás colores. Es un juego maravilloso. Me divierto. Pinto con total libertad. No conocí en persona a Abel, pero si hubiera estado frente a él sólo le habría dicho cuatro palabras: gracias por la libertad.
Sus personajes de los cuadros tienen mucho de caricaturescos. Tal vez él nos dice que los seres humanos somos caricaturas de algo más sublime, pero en el día a día nos volvemos una caricatura de nosotros mismos. ¿Recordás que Abel dijo de nuestra Rosario Castellanos que tenía más pantalones que muchos pantalonudos? Fue un gran reconocimiento a quien también buscó la libertad, pero al final terminó agobiada, a veces era una caricatura, apenas una brizna de la gran mujer que fue y que pudo ser más.
Los cuadros de Abel tienen mucho de una mirada niña, de una mirada Naif, que quiere decir que son cuadros sencillos e ingenuos.
Los niños, lo sabés, pintan con total libertad. Cuando un maestro exige que “no se salgan de la rayita” los comienzan a joder, los limitan, les quitan su natural libertad y ahí pierden la gracia artística. Vos, como yo, como todo mundo, has visto cuadros pintados por niños y niñas que son la belleza total, la gracia inmaculada. Cuando estos niños crecen se malogran, porque algún pinche maestro los tuerce. Siempre recuerdo la anécdota cuando el maestro del taller de pintura le dijo al niño oaxaqueño Rodolfo Morales que nunca sería un buen artista, porque no dominaba el trazo de las manos. Casi casi lo corrió del taller, pero Rodolfito creyó en él y al final llegó a ser uno de los más grandes artistas de artes plásticas del país. Sus manos son como manoplas, como racimos de plátanos, son manos únicas, sus colores también (en el pueblo tenemos el grandísimo privilegio de contar con dos óleos originales del maestro Rodolfo, en el Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos).
¿Ya viste qué belleza de cuadro el que anexo? Es sencillo, pero sublime. Jamás en el mundo se ha dado una escena semejante, salvo en este cuadro. La imaginación de Abel corrió como corre el balón de fútbol en las jugadas llaneras. Acá hay varios planos sin mayor perspectiva, pero todo está tan logrado que el cuadro tiene mucho movimiento, tanto que no logro ver en dónde está el balón. Con la posición de los jugadores deduje que la pelota la tiene el portero del calzoncillo negro. La perspectiva está en el fondo, es lo que da profundidad. La calle donde avanzan los autos, el ciclista y los peatones, está en el mismo plano de las franjas amarillas, donde están los espectadores y los árbitros auxiliares, así como la cancha en donde juegan los futbolistas.
¿Verdad que Abel jugaba, era como niño bonito? Todos sus cuadros tienen esa belleza de lo sencillo, incluso en temas tan importantes como la historia de México, sus personajes tienen un lado humano que los hace más cercanos. No se trata de restar el lado negativo de personajes que hicieron algunos actos no elogiosos, no, Abel nos los muestra en ese lado caricaturesco que tiene todo ser humano, con una fina ironía, con la cual podemos reír o, al contrario, hallarle el lado oscuro del mundo. Somos caricaturas, Abel nos lo refregó en la cara, en sus maravillosos cartones o en sus cuadros.
Posdata: Abel Quezada, igual que cientos de artistas plásticos, volvió su mirada hacia lo popular, hacia lo que nos hace humanos envueltos en las cosas sencillas de todos los días, nos refrescó la mirada y nos dio elementos para reflexionar sobre la vida sin afeites ni baratijas. Con él digo: ¡viva la libertad!
¡Tzatz Comitán!
