miércoles, 24 de junio de 2026
CARTA A MARIANA, CON NUEVE ESTRELLAS
Querida Mariana: Mario Escobar me invitó a conducir un programa en Radio Imer Comitán, La voz de Balún Canán. Pienso que fue en 2010. Yo dirigía el Centro Comiteco de Creación Literaria, que fue una iniciativa apoyada por la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar y el Honorable Ayuntamiento de Comitán, cuyo presidente era el contador público José Antonio Aguilar Meza. Hablo del Centro Comiteco de Creación Literaria porque ahí conocí a Dora Patricia Espinosa, quien en ese momento conducía un programa en la Radio Cristiana. Cuando la escuché hablar supe que era una chica con gran talento, con una manera especial de expresarse, luego supe que la habían reconocido con el Premio Estatal de la Juventud, en el área de oratoria. La invité a acompañarme como conductora del programa (autoridades de IMER, de la Ciudad de México, opinaron en 2017 que el programa era tan exitoso que sugerían tardara una hora más -tenía una hora de duración- y que el conductor dejara que la coconductora participara más. ¡Ups!)
Desde 2011 hasta 2017 Dora Patricia y yo acudimos puntualmente a la cita radiofónica. El programa se llamó: “Crónicas de adobe”, un título genial que creó Mario Escobar, quien ahora es el mero chipocludo del Sistema de Radio, Televisión y Cinematografía de Chiapas. El programa inicio con la presencia de cronistas de Comitán y de la región, pero cuando sugerí mi estilo para que el programa fuera más ágil, ellos se retiraron, fue cuando llegó Dora Patricia. La principal diferencia se suscitó cuando, con todo respeto, planteé a los cronistas que, si iban a hablar del proceso de hechura del pan, por ejemplo, sería más interesante invitar a una panadera para que diera su testimonio. Al final, la aceptación de la audiencia me dio la razón y tuvimos un programa que fue escuchado por mucha gente del pueblo y de la región, hasta donde llegan las ondas de la emisora.
Todo iba muy bien, hasta que apareció un detalle. Un amigo de Tuxtla, hombre talentosísimo de Chiapas, me llamó y dijo que estaba empecinado en crear una escuela diferente en la ciudad de Tuxtla, ¿podía tener un espacio en la radio comiteca para que comentara su proyecto? Lo comenté con las autoridades de la radio local. Me dijeron que podían darle un espacio en el noticiario que se transmitía en las mañanas. Has de comprender que la intención del maestro era muy noble, sin afán de lucro (al final no logró concretar el proyecto). Perfecto. Pero (ah, la vida), la tarde del 27 de junio de 2017 al llegar con Dora Patricia para la transmisión del programa apareció el recién nombrado subdirector de la radio, me llamó y dijo que el noticiario se abriría para mi amigo siempre y cuando yo pagara una cierta cantidad. ¡Qué! Traté de explicar que llevaba años y años llegando puntualmente al programa, comiendo antes de la hora y gastando mi gasolina, sin recibir un pinche quinto a cambio. ¿Ese era el trato que merecía? El señor, desde su posición de mínimo poder, me dijo que así eran las disposiciones y que pagaba o no había espacio para la entrevista. Ya nada dije. Fui a la dirección y le comenté al director que estaba en ese momento (ya no estaba Mario) el trato que me estaban dando, por lo que decidí cumplir con el último programa y no volver. La radio no me necesitaba ni yo necesitaba a la radio. Nosotros habíamos cumplido con responsabilidad y gusto para dar espacio a mucha gente que dio testimonios valiosos de vida. Lo hicimos al estilo que nos identifica, sin solemnidades, con humor, con respeto para los oficios, profesiones, servicios y vocaciones de nuestra gente. Tuvimos grandes invitados, ¡todos!, desde el modesto talabartero hasta el encumbrado científico.
Así, el 27 de junio de 2017 hicimos el último “Crónicas de Adobe”, llegó el doctor Hugo Humberto Morales Zúñiga, quien compartió sus experiencias profesionales en Cuba. Todo el mes de junio lo dedicamos a reconocer al escritor comiteco Javier Omar Ruiz Gordillo, así que antes de platicar con el entrevistado, leíamos y comentábamos algo acerca de la obra del talentoso narrador e investigador. Todo iba bien, hasta que apareció la clásica batuta del que se cree director de orquesta y echa a perder los acordes armoniosos de los ejecutantes. Fue un trato indigno. No se valía. Cómo no, ya sabemos que la vida así es. Dora Patricia y yo seguimos con los proyectos para servir a la patria desde nuestra modesta trinchera. Ahora estamos a punto de cumplir los nueve años de la revista impresa Arenilla. Hace nueve años dejamos la radio, tiempo que ha servido para seguir usando la palabra en beneficio de la sociedad. Tuve razón: la radio no nos necesitaba ni nosotros necesitábamos a la radio. Polo Borrás era sabio, decía: que con su pan se lo coman.
¡Tzatz Comitán!
