domingo, 12 de julio de 2026

CARTA A MARIANA, CON JUEGOS DE PELOTA

Querida Mariana: la mitad del mundo está fascinada con el juego de pelota. El juego de pelota ha sido desde siempre. Una vez, en los años setenta, vi un cortometraje en la UNAM, comenzaba con la prehistoria, un grupo de hombres nómadas, vestidos con pieles, camina por una zona donde casi no hay árboles, sólo polvo y piedras. El grupo pasa frente a la cámara, el último hombre camina con la vista hacia abajo, se topa con una piedra y, con el pie desnudo, patea la piedra. Esta piedra vuela y, por la magia del cine, se convierte en un balón de fútbol. ¿Así comenzó el juego de la patada? No lo sé, pero la imagen quedó grabada en mi mente. Ayer, bobeando en el Internet me topé con esta noticia en el periódico Milenio: “Hernán Cortés habría visto un juego de pelota al lado de Moctezuma”. No apareció como pregunta, sino como una aseveración, claro, no dijeron “Hernán Cortés vio”, porque esto sí ya sería una verdadera afirmación. De todos modos, quien dijo lo que copié (Raúl Barrera), comentó que el cronista Fray Juan de Torquemada menciona tal encuentro y no se queda ahí, dice que Moctezuma invitó a Hernán Cortés a presenciar un juego de pelota, juego donde Moctezuma jugó. No diré más, porque es materia de especialistas, pero advierto lo que todo mundo ve: Moctezuma trata como invitado de honor al conquistador español. Digo que esto es materia de expertos en historia, pero parece que al principio (recordá la leyenda de Quetzalcóatl) los nativos de esta tierra pensaron que los hombres barbados y blancos eran emisarios de dioses, y éstos, los españoles, también llegaron con pasos titubeantes, pero con las espadas en el cinto. Acá advierto dos formas de pensamiento, quienes llegaron venían con el espíritu de conquista, de apropiación; y los nuestros tenían un afán de ofrecer cierta pleitesía. Fueron dos formas diferentes de ver el mundo, uno traía la violencia en su mano, mientras la otra tenía una ofrenda, de oro, para terminar de acabarla. El oro generó violencia por codicia y ya sabemos el resultado, pero el encuentro inicial fue entre dos humanos que hicieron una pausa en sus mentes distorsionadas y se unieron en lo que puede unir al mundo (en teoría) ¡el juego! Mientras el mundo disfruta y padece los juegos de la patada del balón la guerra se desarrolla. Nuestra civilización está rebanada en mitades blancas y negras. Los cronistas deportivos siempre mencionan que al inicio de los Juegos Olímpicos el mundo hacía una pausa si había algún conflicto bélico, para demostrar al mundo la bendición pacífica del deporte, ¡el juego! Ahora, el mundo ha olvidado estos mínimos detalles de diplomacia. El mundo es violento y la violencia se traslada al mismo campo deportivo, donde algunos jugadores olvidan su capacidad deportiva y andan dándose de golpes, asimismo en las tribunas esta violencia se trepa y vemos a fanáticos mentándose la madre y pasando a los jicamazos. ¡Sí, tenés razón! Ya no sólo en el estadio, sino en calles de ciudades mexicanas la fiesta y la algarabía se convierten en excesos que provocan, incluso, fallecimientos. Posdata: ¿podés imaginar a Moctezuma en la cancha? ¿Podés imaginar a Hernán Cortés en la tribuna? Ambos unidos por esa cinta de luz. Ahora pienso en la cinta que también tenía algunas espinas, porque, entiendo, los juegos de pelota no eran simple atracción, tenían un simbolismo que terminaba con el sacrificio del perdedor. Moctezuma no perdió en la cancha, porque Hernán tenía otros ideales. ¡Tzatz Comitán!