sábado, 15 de noviembre de 2008

Sólo por compartir

Paso copia del textillo que leí la noche de la presentación de mi libro: "Un sitio ll-amado Comitán". En el texto hallarán la mención de imágenes, sucede que apoyé la lectura con la presentación de algunas imágenes de este maravilloso pueblo.


Buenas noches.

Agradezco la asistencia de ustedes. El libro que presento es una recopilación de Arenillas publicadas en El Heraldo de Chiapas. La contraportada de este libro señala que cada una de estas Arenillas tiene que ver con Comitán; es decir, tiene que ver con los cielos que nos iluminan todos los días.

¿Por qué en esta ocasión mi palabra se apoya en la imagen? Porque estas imágenes están muy cercanas al corazón de nosotros.

El otro día, varios amigos nos preguntábamos por qué Comitán produce una especie de encantamiento en sus habitantes y en las personas que llegan de otros lados. Alguien comentó que su antiguo nombre resume todo: Comitán de las Flores. Pero ¿de veras tiene sustento esta versión? Nadie puede negar la belleza de las mujeres comitecas ni negar la belleza de sus jardínes, pero, hablando en plata, existen ciudades que poseen mujeres más bellas y jardines más bellos, basta mencionar ahora el nombre de Guadalajara. Esto indica que su encanto no se sustenta en esas flores ¡No! El encanto de este pueblo se sustenta en otras enredaderas, en otras aguas. ¿Son sus cielos? ¿Sus subidas y bajadas? ¿Sus balcones desparramados como bugambilias sobre las paredes? Sé que ahora medio mundo coincidirá conmigo en decir que la magia de este pueblo está dada por cada uno de sus elementos. El prodigio de este pueblo es su singular amalgama. Cada uno de sus elementos y cada uno de sus hijos forman el milagro que inspira. La gracia de este pueblo, por ejemplo, está en su lengua, en el cantadito, en el afectuoso voseo.

Para hallar la piedra luminosa de Comitán no basta elevar la mirada y mirar sus cielos, a veces es preciso bajar la vista, como si uno buscara una moneda, como si tuviera el convencimiento de que las huellas también se esconden en sus suelos. Comitán también es sus pisos. Esos pisos que están lejos de las inmaculadas lozetas que anuncia esa muchacha bonita que se llama Christian Bach. Todavía en muchas casas comitecas hay pisos de ladrillo, pisos con mosaicos gruesos de las fábricas de don Juan Cancino o del maestro Paquito García o de don Augusto Caralampio García. El prodigio de Comitán está en sus cielos, en sus paredes, en sus suelos, en sus techos, en sus balcones, en sus patios, en sus corredores y en sus sitios. En suma, el espíritu de Comitán está desparramado en sus casas, en sus calles y en sus plazas. De ahí los comitecos bebemos nuestra esencia, nuestro jocoatol de cada madrugada. En la medida que estos elementos desaparezcan ¡desapareceremos nosotros!, desaparecerá Comitán. El día que todas nuestras huellas queden impresas en pisos interceramic, ese día ya no seremos más. Ese día una estrella habrá desaparecido en el universo. Ya nunca más se oirá el canto de este cenzontle que canta de vos y que convirtió en agudos todos los sueños de nuestro mundo. Porque Dios un día, un día que estuvo de buenas, inauguró el universo y le dijo al hombre: Andá a Comitán y mirá, bebé, tomá, viví. Y el hombre le hizo caso y vivió cada día sólo para agradecer la bendición de beber estas nubes y estos cielos comitecos.

Tal vez no nos hemos dado cuenta, Comitán no es de las flores, Comitán no es de Domínguez, ¡Comitán es de Dios! Por eso seduce a propios y extraños. Gracias por su complicidad, gracias querido Maestro Óscar. Buenas noches.