miércoles, 25 de febrero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UN GRUPO DEL COLEGIO MARIANO N. RUIZ

Querida Mariana: la fotografía debe ser de los años sesenta. Fue tomada en el patio central de la primaria del Colegio Mariano N. Ruiz. Al centro están cuatro grandes maestros, de izquierda a derecha están el maestro Alfredo Álvarez Figueroa, el padre Carlos J. Mandujano (fundador de la institución educativa en 1950), el maestro Jorge Gordillo Mandujano (quien llegó a ser el director general y representante legal de la Asociación) y el maestro Artemio Torres Figueroa. Cuatro personajes ilustres de la historia de la educación en Comitán. En 2026, por fortuna, todavía vive el maestro Artemio, los tres restantes ya fallecieron. Ellos fueron grandes impulsores de la educación y cimientos fundamentales del colegio. Sorprende la armonía lograda en la imagen. Son cuatro filas de niños colocados en forma simétrica, los niños de la fila de adelante están sentados en el piso en posición de media flor de loto; los de la segunda fila están hincados; los de la tercera fila permanecen de pie y los de la última fila están parados sobre sillas. De esta forma se logró una imagen casi perfecta. Los maestros tienen las manos sobre las piernas, al frente. Al padre Carlos le gustaba colocar las palmas de sus manos sobre sus muslos, el maestro Jorge lo aprendió y en muchas fotografías aparecen en dicha posición, porque, se sabe, los seres humanos dudamos dónde colocar las manos cuando estamos en un acto público. He visto a mucha gente confundirse a la hora de estar parados, la pregunta que nadie se hace, pero que todo mundo advierte es: ¿dónde colocar las manos? La gente cruza los brazos o coloca los brazos como si fuera un soldadito o une las manos al frente o, en el colmo, lleva las manos hacia atrás. Se aprecia en esta fotografía que en las junturas entre bloques de cemento del piso crecía la hierba, pero crecía en forma tan coqueta que le daba un buen toque estético, como si fueran pequeños montoncitos de gnomos dispuestos a jugar con los alumnos a la hora del recreo. El fútbol y el básquetbol se practicaban en la cancha que estaba en la parte posterior. No lo sé, pero tal vez acá en el patio central jugaban chinchinagua, que era un juego divertido, pero riesgoso o jugaban canicas que era también un juego divertido y sin mayor riesgo. ¿Jugaban a la timbirimba? ¿Jugaban al trompo? ¿Al yoyo? Mientras el padre Carlos no inició las clases para educación secundaria, el Colegio Mariano N. Ruiz fue un colegio para varoncitos, así que acá no se jugó a las comiditas. Estos niños no tuvieron compañeras, sólo compañeros. Algo les faltó. ¿O no? Los niños que estudiamos en la primaria Fray Matías de Córdova sí tuvimos compañeras, no en los mismos salones, pero a la hora de la entrada o de la salida o en los actos cívicos o en el recreo, sobre todo en el recreo, ellas nos veían y nosotros las veíamos a ellas, en actos de fin de cursos, en el Cine Comitán, participábamos en bailables donde bailábamos con ellas. ¿Cómo eran los actos de fin de curso del Colegio Mariano N. Ruiz? El programa debería estar lleno de números donde participaban sólo varones. Posdata: no sé si a vos te sucede lo mismo que a mí, cuando veo una fotografía como esta, algo me remite a mis años de estudiante, nunca alcanzo a tener un panorama completo de esa edad, sólo aparecen retazos, las caras de algunos compañeros, algunos nombres, detalles incompletos de instantes en aula. No alcanzo a pepenar más, todo es fragmentario. Pienso que cualquier día estuve en un salón de ocho de la mañana a dos de la tarde, ¿mirás? ¡seis horas!, y en mi recuerdo apenas logro completar algunos minutos de toda la educación primaria. Dios mío, ¿cómo es posible que seis años se reduzcan a pocos minutos? Tal vez los niños de hoy, con sus recursos tecnológicos, con celulares donde toman fotografías, videos y conversaciones, puedan tener en el futuro un retrato más fidedigno de su estancia escolar. Acá, por fortuna, contamos con esta fotografía, quienes acá aparecen pueden tener un asidero para la memoria. Digo que esta fotografía es de los años sesenta, los niños que acá están tienen ahora más de setenta años de edad, algunos ya fallecieron (en todas las fotografías de generaciones siempre, qué pena, hay fallecidos). De los maestros sólo el maestro Temo Torres Figueroa sigue en la vida, por fortuna, como es un hombre muy disciplinado se encuentra muy bien, física y mentalmente, hace poco, el año pasado viajó a Sudamérica con su hija Julia y con Richard. Todas las mañanas realiza meditación y yoga. Es un gran maestro. Que el universo le dé mucha vida y mucha salud. ¡Tzatz Comitán!