viernes, 27 de marzo de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL MAESTRO BETO

Querida Mariana: acá está el maestro Alberto Gómez con su familia. El arquitecto José Alberto Gómez Conde, su nieto, me envió esta fotografía maravillosa. El maestro Beto fue mi maestro en tercer grado de primaria, en la Escuela Fray Matías de Córdova. Fue hijo del famoso boticario, Don Conrado Gómez. El maestro Beto, además, fue amigo de mi papá. Ya te conté que en ocasiones llegaba a casa o mi papá iba a la suya y echaban sus tragos. El maestro fue un gran bohemio, fino ejecutante de piano. Tal vez por esto, mi papá decidió que yo recibiera clases de piano con él. Así que una tarde me envió con un lápiz y un cuaderno pautado, que era el material que el maestro había solicitado. Llegué a su casa, toqué la puerta y me recibió. Entré a la sala donde había un piano vertical, maravilloso. Me senté en el piso ante la mesa de centro y el maestro me puso una plana con símbolos, corcheas, fusas y demás arañas. ¡Ah, me decepcioné! Sobre todo cuando entró Lupita, su hija menor, y con ambas manos levantó la tapa, dejó visibles las teclas blancas y negras y se puso a hacer una serie de ejercicios musicales. ¡Yo quería eso! ¡Tocar el piano! ¿Qué no eso era lo que mi papá me había dicho? Llevarás clases de piano. ¿Por qué entonces, mi maestro me ponía a pintar puntitos y rayitas en un cuaderno? Bastaron dos sesiones para que hiciera mi berrinche y le dijera a mi papá que no quería aprender piano. Mi papá, quien quería que su hijo tocara algún instrumento musical, compró una marimbita, muy bella, y contrató al maestro Cruz, marimbista excelente, para que me enseñara a tocar la marimba. Como ya tenía el instrumento en casa, entonces el maestro llegaba en las tardes a darme clases. Pucha, me sentía como un príncipe en su castillo, esperando a que llegara el tutor a enseñarme. Mi papá usaba una frase que Doña Lolita Albores popularizó: “Puro fracaso ‘tamos mirando”. Así que yo seguí fiel a mi berrinche y dos o tres clases después le dije a mi papá que no me gustaba tocar marimba. Mi papá nada dijo, me quedó viendo y yo interpreté su silencio: “piano no, porque hacías planas de símbolos, y ahora ¿qué? Acá sí estás tocando el instrumento”. Pues sí, pero no, no quiero, no quiero. Y se truncó el deseo de mi papá de que yo fuera como Roberto Martínez, como el maestro Beto o como el maestro Límbano Vidal. A edad temprana me despedí de las grandes salas del mundo, donde, tal vez, mi papá soñaba con verme. ¿Y yo? ¿Yo qué soñaba? La verdad, ¡nada! Nunca me vi en un escenario tocando piano, marimba o campanitas. Nunca soñé con ser seleccionado de México en fútbol, básquetbol o clavados (nunca aprendí a nadar). Mi gusto, lo sabés, era leer, tal vez por eso un día, el director de mi primaria, el maestro Víctor Manuel Aranda León, me honró al nombrarme el lector oficial en algún acto cívico en el parque central del pueblo. El 21 de marzo 2026 acudí al acto donde se recordó el nacimiento de Benito Juárez y un alumno de la escuela que lleva el nombre del héroe leyó una reseña biográfica y lo leyó muy bien, recordé cuando yo, casi a la misma edad representé a mi escuela Matías de Córdova. En prepa, sólo por el argüende me inscribí en el coro de la rondalla de la escuela y ahí volví a toparme con mi maestro Beto, porque él era el director de la rondalla. No tuve mucha relación con él, pero cuando me saludaba lo hacía con el afecto de siempre. Yo había crecido, mi sentimiento de gratitud y cariño hacia él seguía incólume (como hasta hoy), pero ya guardaba distancia ante los mayores, como muchos adolescentes desorientados me había vuelto un “mamila”. La fotografía que te comparto me la envió el arquitecto José Alberto, agradezco la gentileza de compartir una fotografía familiar que, entiendo, debe ser de los años sesenta, acá mi maestro está con su esposa, Doña Lucita Abarca, y sus tres hijos, dos niñas y un varón. El varón luego estudió Educación Física y se casó con la maestra Geny Conde. ¿Mirás? El árbol familiar siempre ha estado enredado en vainas educativas. Ahora, el arquitecto José Alberto imparte conferencias, acerca de su especialidad, en varios países del mundo. Posdata: ¿puedo seguir con la relación del arte? Sólo diré que Marianita, hija del arquitecto José Alberto, es escritora de ensayos y practicante de la acuarela. Ella es rama renovada de la ceiba que fue su bisabuelo, mi querido maestro de tercero de primaria. Honra y gloria por siempre para él. ¡Tzatz Comitán!