lunes, 13 de julio de 2026
CARTA A MARIANA, CON ESCENAS DE VIDA
Querida Mariana: todo al mismo tiempo. La chica no se dio cuenta que le tomé una foto, ella tomaba fotos a corredores. Yo lo hice sólo para compartir con vos la simultaneidad de actos. Mientras los corredores bajaban por la pendiente de Guadalupe, donde está el restaurante de Doña Chelo y María Siliceo Repostería, ella les tomaba fotografías. Algunos se daban cuenta de la cámara de la chica y saludaban, otros iban concentrados, escuché que un niño le dijo a su mamá: “no puedo parar”, la inercia de la bajada apresuró sus zancadas, lo dijo riendo, divertido.
¿Ya viste la posición de la chica fotógrafa? Displicente, con la mano izquierda en la bolsa del pantalón, colocó el tripié a una altura donde ella se inclina tantito, para aguzar mejor la mirada. Ella es profesional de la fotografía deportiva, por eso eligió la bajada, porque los corredores están en lo alto, sus cuerpos tienen como fondo el cielo, por supuesto que la visión de ella es privilegiada, no lograría el mismo efecto en un plano, además (eso lo presencié) los rostros agotados, después de kilómetros de carrera, cambian cuando ven una bajada, donde las piernas no hacen el esfuerzo que sí tuvieron que hacer a la hora de acercarse a la meta, porque había una subida, la de la Veterinaria Kánter, la de mi casa de infancia. Ella colocó su tripié respetando el letrero que está pintado en el portón negro: “Por favor, no estacionarse. Entrada y salida”. Mi fotografía fue casual, tomé el celular, busqué el ícono de la cámara, enfoqué y oprimí. Pero, ahora que la veo con mayor atención, advierto que también hay un juego simultáneo de tiempos: muy cerca de la chica hay una puerta de madera, el portón es de metal, hay un techo con tejas y la otra casa tiene una losa y, en forma coqueta, en la orilla una orla de tejas. ¿Ya viste el remate de los arcos? También son muy coquetos, cuando estudié arquitectura vi el arco ojival, que es el que termina en punta, acá termina en punta, pero tiene arabescos simpáticos, forma que recuerda a la arquitectura árabe, ya sabés que nuestra ciudad es un tachilgüil arquitectónico. Hubo un tiempo (te llamabas) que tuvo una armonía con identidad, pero poco a poco se fue transformando, alguien del pueblo viajaba a otras ciudades, veía un estilo arquitectónico y al regresar le decía al maestro albañil que le hiciera algo semejante. Bueno, vos sabés que la forma del templo de San José fue también realizada con tal sistema. Ahora, dicho templo es uno de los orgullos del pueblo.
Hablé de la simultaneidad de tiempos. Tomé la foto a la hora que la fotógrafa hacía lo mismo, a la hora que los corredores bajaban por la calle. La licenciada Rubí participaba en la carrera, cuando me vio en la banqueta me saludó, hice lo mismo. La fotógrafa también respondía al saludo de quienes alzaban las manos, todo al mismo tiempo. Estuvimos en un mismo espacio, pensé en un avión que sobrevolara Comitán, pensé en los pasajeros, todo al mismo tiempo, al mismo tiempo en que un pajarito se acercaba al balcón de la oficina. Y ya no te digo más, porque pensé en los millones de actos mínimos que se desarrollaban al mismo tiempo en múltiples lugares de la Tierra. Pensé en una calle de París (que era de tarde), con parejas al lado del Sena, con muchos visitantes sentados en las gradas del Sagrado Corazón, o en los que estaban descansando en los prados cercanos a la Torre Eiffel; pensé en el Ganges, mi pensamiento me llevó a un túmulo al lado de la orilla donde incineraban un cuerpo. Y pensé que así es la vida, coincidencia de millones de historias en un instante, historias que contienen de todo lo que está formado el día a día de los seres humanos, porque también pensé que a la hora que las personas que corrían estaban llenas de sudor, a esa misma hora en muchos moteles del mundo también sudaban parejas, de todos los sexos, de todos.
Esto que digo acá, querida mía, es como la síntesis de la vida, nada extraordinario digo, sólo que, a veces, no caemos en la cuenta de los hechos, de los prodigios. Y en ese instante una pareja se comprometía y otra se separaba y una tenía un hijo y otra enterraba a una criatura; alguien mataba un venado, otra persona tomaba fotografías de un pajarito y así, alguien estudiaba para un examen y otro se daba por vencido y renunciaba a la escuela; alguien era despedido de su trabajo y otro alcanzaba su sueño de ser aceptado como actor en una película, mientras una chica subía a un parapente.
Posdata: todo al mismo tiempo. La chica fotógrafa estuvo muy atenta en su labor, estaba contenta cumpliendo con una vocación. Ahora yo, muchos días después, traigo a mi memoria esa mañana y lo que pensé. Todo lo que dije ya se diluyó en el tiempo, ahora es otro tiempo, otro instante, otra suma de historias. Comitán sigue en su rutina diaria, lo mismo París, lo mismo Londres, lo mismo en el rancho de tío Efraín.
¡Tzatz Comitán!
