domingo, 29 de marzo de 2026
CARTA A MARIANA, CON PRESENTACIÓN DE LIBRO
Querida Mariana: el sábado 28 de marzo 2026, Dora Patricia Espinosa y yo fuimos presentadores del libro “Mi deuda con Franco”, en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. La directora del recinto, licenciada Margarita Cancino Crocker, dio la bienvenida y luego hice el papel de moderador, cedí el uso de la palabra a Dora Patricia, dio su mensaje; luego leí el textito que escribí para el acto; y el autor, Javier Trujillo López, muy en confianza, platicó acerca del origen del texto. Al final hubo preguntas y comentarios. Así se llevó a cabo un acto histórico más en este pueblo. Te paso copia del textillo que leí:
Tomen el libro de Javier, ábranlo en cualquier lugar, a manera de juego, busquen el inicio de un capítulo y léanlo. Estoy seguro que no quedarán indemnes, algo habrá sucedido. El juego les permitirá lo que todo buen juego propicia: alegría; nostalgia; lágrimas gozosas y llenas del misterio universal. La lectura les dirá algo al oído del corazón. Esto es lo que logra el libro de Javier, toca al lector. Toca al lector porque el autor cubre una deuda pendiente. Todos aquellos que tienen alguna deuda saben que cuando se paga aparece una nube tranquila, una que llueve armonía.
Después del juego, así como sugería el gran escritor Julio Cortázar, con su novela “Rayuela”, lean el libro de Javier siguiendo el orden numérico, de la página cinco a la ciento noventa y seis, donde, sin decirlo aparece la palabra Fin, que es como decir: ¡deuda cubierta!, cubierta con creces, con intereses generosos.
Javier ha escrito un libro amoroso, lleno de vida, de sustancias con las que está hecho el día a día. Pienso que no existe un escritor comiteco que haya abierto el árbol de su intimidad con tal largueza, con tal honestidad. Javier ha hecho un gran homenaje a su padre, acá entrega la flor con que el hijo agradecido habla de un padre difunto. Franco no debió morir tan joven, había regresado a su pueblo: Comitán, acá jugaba el deporte de su preferencia: el básquetbol, había vuelto a reunirse con sus amigos de siempre, estaba al lado de su familia, tenía trabajos que le compensaban con monedas y con emociones. De pronto algo comenzó a cambiar en su organismo y la vida agarró otro rumbo. Su esposa y amigos se preocuparon, el hijo, Javier, lo tomó de la mano y, sin saberlo bien a bien, ese contacto fue el inicio de una historia plena de vida, en medio del sufrimiento. Esta historia es lo que hoy entrega a todos los lectores.
En un país donde el Día de la Madre es glorificado y el Día del Padre es apenas un curita en un dedo torcido, Javier ha escrito una obra dedicada a la figura del padre, donde él demuestra que la presencia del padre es fundamental, porque un cristal está completo cuando la esencia (la madre) se alía con los reflejos (el padre). Cuando un hijo ve que el río del padre se seca, se pregunta cómo regará las orillas del espíritu. ¿Cómo hacerle? En el libro “Mi deuda con Franco”, Javier brinda una respuesta, nos cuenta qué hizo, cómo acompañó a su padre.
Los críticos literarios han dicho que este país, sin gritarlo, es un país donde Pedro Páramo está presente. Todos, de una o de otra manera, llegamos a Comala, porque nos dijeron que ahí vivía un tal Pedro Páramo, el padre ausente. Muchas familias se quedan sin padre, porque éstos huyen, abandonan a sus familias, por mil causas. Javier se quedó sin padre, porque éste enfermó y falleció. Javier rescata al padre que se despidió del mundo sin quererlo. En este libro Javier comprueba el milagro que Jesús hizo con Lázaro. Gracias a su talento narrativo nos regresa a su padre, lo vuelve humano, le rinde el mejor homenaje que hijo alguno pudo hacer.
Ya Dora Patricia habló de creadores que han abordado en la literatura mexicana la imagen del padre. El gran escritor mexicano Juan Villoro escribió el libro: “La figura del mundo”, donde, igual que nuestro autor comiteco, plantea un acercamiento con su padre, también ya fallecido.
Franco trabajó en la Facultad de Ciencias Administrativas de la hoy Benemérita UNACH y su universidad le rinde un homenaje permanente al bautizar con su nombre el auditorio anexo al patio central. Eso fue muy emotivo; hoy, el papá de Javier recibe el mayor homenaje que jamás tuvo: su hijo le dice al mundo que él lo amó, con tal intensidad que su cariño lo ha volcado en un libro. Las palabras le han servido a Javier para entonar un canto de gratitud, lleno de hojas de vida. Acá está el renuevo, la planta que brota con hojas verdes, emocionadas.
Y nosotros, los lectores, agradecemos a Javier su entrega, ha escrito un libro lleno de destellos luminosos. Lo que un día fue sombra ahora es como un paraguas donde la vida se resguarda. El hijo le ha cumplido al padre. La deuda ya no existe, se ha cubierto en forma maravillosa. El lector o lectora que lea “Mi deuda con Franco” sentirá el aire fresco de un viento grácil, reirá, soñará, reflexionará, llorará, sentirá cómo su alma recibe una cubetada de vida, vida que creó el talento narrativo de Javier. Nuestro autor, con su primera novela, se coloca en el sitio más alto de los creadores literarios de Comitán y de Chiapas. Estoy seguro que su libro tendrá una gran recepción, que el libro hallará lectores inteligentes y sensibles que lo recomendarán con medio mundo. Mi deseo es que el libro de Javier llegue a muchas manos y a muchas mentes. Lo merece el autor y lo merece el mundo. Javier ha escrito una bella obra. Aplausos para el autor: Javier Trujillo López.
Posdata: postrecito y café acompañaron a la audiencia que se reunió en un corredor de la casa museo para la convivencia después del acto protocolario. La casa es bella, a pesar de la remodelación que le restó la identidad al patio central. Siempre estoy pendiente de la llegada de los colibríes, vuelan con gran amplitud en el generoso patio.
En la foto aparecemos: la directora, Dora Patricia, Javier y yo.
¡Tzatz Comitán!
