jueves, 28 de mayo de 2026

CARTA A MARIANA, CON GENIALIDADES

Querida Mariana: somos producto del lenguaje, el lenguaje nos nombra, el lenguaje nos define. Usamos las palabras para comunicarnos, para pedir café, para decir gracias o para expresar vituperios; pero, ¡oh, bendición!, usamos las palabras no sólo para lo cotidiano, para lo del día a día, sino para convertirlo en literatura. Los poetas, los verdaderos, emplean las mismas palabras que usa la gente común, las que están contenidas en los diccionarios, pero hacen el acomodo de tal manera que suenan prodigiosas, como si fueran renuevos, como mariposas libando flores. Por eso, mi amado Gutmita, dice que después de los santos ¡los poetas! Probablemente la santidad aparece cuando asoma la poesía, cuando el acomodo de palabras se convierte en una oración infinita. Me encanta tomar libros y ver el acomodo de las palabras, no están puestas al “ahí se va”, están colocadas al “ahí se ve”, se ve digno, maravilloso. Hoy tomaré un sencillo ejemplo de lo que digo, de lo que es obvio, de lo que la humanidad ha reconocido desde que el mundo literario hizo su aparición. El escritor Élmer Mendoza escribió un recuerdo, dijo que una tarde el otro enormísimo escritor Fernando Del Paso le dijo que “hay que tomar el toro por los croissants”. ¿Mirás? Un ligero cambio de palabra hace el prodigio de iluminar una frase común. Un croissant es lo que en México llamamos cuerno. Así que acá hay un mestizaje lingüístico, una mezcla que deslumbra, que hace más brillante el horizonte. Si en este país hubiera más lectores, el mundo sería diferente, porque los miles y miles de esposos a quienes sus mujeres les ponen el cuerno, no se sentirían tan ofendidos al saber que no les ponen el cuerno sino que les ponen el croissant. Les daría hambre, en lugar de coraje. Y ya que hablo de Fernando Del Paso, copiaré, al azar, una línea de su excepcional novela “Noticias del Imperio”. Del Paso escribió lo siguiente: “Yo que recuerdo al coronel López Bello como un ángel de la luz que cabalgaba a mi lado en el camino a Córdoba y me ofrecía ramos de orquídeas”. Del Paso fue un narrador sensacional que siempre lindó en el terreno poético, porque su literatura es maravillosa. ¿Viste cómo comparó al coronel López Bello? Lo comparó con un ángel de luz. Todo mundo sabe que en narrativa la comparación es un recurso muy empleado. Los críticos literarios llaman Símil a la comparación. Los escritores, los buenos, hallan comparaciones brillantes, alejadas del lugar común. Esto es lo que hace que el lenguaje literario sea diferente al de todos los días. Pero debo recular en lo dicho, porque en las comunidades indígenas hay gente que habla en forma literaria. Acá, muy cerca del pueblo, he escuchado algunas expresiones que son bellísimas, que hablan de un conocimiento ancestral. ¿Cómo una persona indígena, hablante de tzeltal o de tojolabal habla en castellano y dice expresiones tan bellas? Puede decirse que son grandes traductores de su propio pensamiento. ¿Recordás la oración que dice la nana de la niña en la novela “Balún Canán”, de Rosario Castellanos? La mujer indígena lleva a la niña ante el altar y se la encarga a Dios, porque la niña, su niña, viajará con su papá y su mamá a la hacienda familiar. La oración es bella, muy literaria. La autora logra transmitir la emoción de la nana. Mirá está línea: “Apiádate de su lengua. Que no suelte amenazas como suelta chispas el cuchillo cuando su filo choca contra otro filo”. Acá habla de la capacidad del lenguaje y advierte que éste sirve para lo que siempre ha servido: como ungüento y como baba de rabia. Acá le pide a Dios que retenga la carrera de la palabra, que no se desboque en amenazas y utiliza un símil con las chispas que suelta el cuchillo cuando su filo choca contra otro filo. Y sabemos que la gente molesta, la que usa la palabra como elemento para infundir miedo “saca chispas”, a la hora que grita. En el poema “Yo no lo sé de cierto”, de Sabines (a quien festejamos el centenario de su nacimiento en este año), leemos lo siguiente: “Todo se hace en silencio. Como / se hace la luz dentro del ojo”. ¿Mirás qué perfección, qué hondura de reflexión? No hay una sola palabra que no empleemos en forma común los que no somos poetas. Jaime logró una imagen maravillosa, con pocas palabras, con palabras de todos los días. “Todo se hace en silencio”, dice, pero suelta la comparación que engrandece el verso: “Como se hace la luz dentro del ojo”. Mi amado Gutmita dice un dicho fregón: “Prometer hasta meter; una vez metido retirar lo prometido”. Posdata: es fascinante la capacidad de la palabra en boca de un poeta, en boca de un escritor que, como si escogiera granos de maíz, elige las más luminosas, las más frescas, las que producen la misma sensación que alcanza el sediento al beber un vaso de agua. ¡Tzatz Comitán!