miércoles, 26 de enero de 2011

UN BRINDIS POR EL ENIGMA




Rosario Castellanos dice que, en los años cincuentas, a Comitán llegaba el periódico con retraso de diez o quince días. ¡Los lectores comitecos leían historia! A Comitán todo llegaba tarde. Parece que, a pesar de los chunches cibernéticos, yo sigo instalado en tiempos prehistóricos.
Apenas hace dos o tres días me enteré que Dámaris Disner ya no es la responsable de esta sección de Cultura. Dámaris, ahora, es Directora de Difusión Cultural del Ayuntamiento de Tuxtla. ¡Pucha, nadita es!
Cuando Valeria Valencia Salinas, primera responsable de la sección de Cultura de El Heraldo de Chiapas, dejó el puesto, envió un correo, un día después, a todos sus amigos, colaboradores y periodistas, para notificar que Dámaris tomaba la estafeta. Y entonces, los colaboradores le escribimos a Dámaris.
Ahora, diez o doce días después, me entero del cambio y no sé, de veras no sé, quién se encarga ahora de la sección. Por lo pronto, ya un lunes me hicieron una travesura: una entrevistilla salió sin la foto del entrevistado. Pepe López Arévalo diría “¡Idiay!”.
“Si yo fuera taquero, ¡me pagarías!”, dice el Alex Lora, en un comercial de televisión, en una campaña pro reconocimiento de los derechos de autor de los músicos. Algún día en Chiapas, los escritores tendremos que realizar una campaña para dar prestigio a nuestro oficio.
¡Tiene razón el Lora! Si yo fuera constructor ¡me pagarían! ¿Por qué entonces no me pagan un solo centavo por escribir? Conozco cientos de compas que no reciben un céntimo por sus textos. Pregunto, a guisa de ejemplo, los textos que aparecen en la revista que edita el Coneculta-Chiapas ¿son publicados previo pago a los autores o resulta que dicha Institución hace “el favor de darles difusión”? Si yo fuera constructor me pagarían. No hay un solo constructor que haga un puente y no reciba una jugosa remuneración. ¿Por qué entonces no recibo paga por los puentes que construyo día a día? Los demás, los que tienen el poder, no saben que los escritores hacen los puentes más sólidos. He visto muchos puentes y carreteras que se cuartean al menor movimiento de la tierra, no tanto por la fuerza del movimiento sino por la mala calidad de los materiales empleados. En cambio, señoras y señores, los puentes de la imaginación perduran a través de los siglos. Las carreteras y puentes me llevan de Comitán a Tuxtla, por ejemplo, pero no pueden ir más allá de la costa cuando se enfrentan ante el mar. ¡Los puentes de la imaginación no tienen límite! La materia del escritor es más perenne que la del cemento o la del hormigón.
Pero no contentos con no pagar algo a los escritores, los poderosos les hacen travesuras. Un día, el director de un periódico me dijo: “Alex, tú sabes, la cultura no paga”, y, bueno, con esto, me quiso decir que, en este país, en este estado, los escritores no deben comer. Los escritores son parte importante del discurso político. No hay un solo gobernante que, en momento de privilegio, no se llene la boca con los nombres de Carlos Fuentes, de Jaime Sabines o de Octavio Paz. ¡Qué pena, los escritores, en México, en Chiapas, sirven para llenar la boca de los otros, pero no pueden llenar su boca con un trozo de pan, como sí se la llenan los otros!
Así, deseo que a mi Dámaris querida le vaya muy bien en su encargo y que al anónimo responsable de esta sección también le vaya bien. Si éste último es escritor estoy seguro que respetará los textos de los colaboradores y, cuando menos, no eliminará las fotos de mis entrevistados. Digo, si yo fuera taquero, ¡me pagarían!