viernes, 8 de febrero de 2013


LECTURA DE UNA FOTOGRAFÍA DONDE SE VE CÓMO EL CIELO ES AZUL

Azul es el vestido de Angélica y azul la serie de focos que, como serpiente, se enreda en el tronco. Al lado, el busto de Josefina García da la espalda, un poco como para decir que sólo es mito. Y un mito no tiene nada qué hacer ante la realidad de la Historia. Y esta foto es la Historia. Por esto, porque todo acto de vida es un acto de fiesta, el camino de juncia da fe del camino de la Reina. La tradición indica que los barrios de todos los pueblos de México renuevan su pacto de nobleza en un acto de Real Nobleza. Por esto es azul el vestido de la Reina, porque por sus venas corre sangre azul, no literal, pero sí simbólica.
La mujer que aparece en un extremo se cubre con una bufanda (también azul), lo hace porque esa noche de festejo, de veinte de enero, fue una noche fría. Por esto, los hombres tienen las manos adentro de las chamaras o de las bolsas del pantalón. Sólo ella, la Reina, siente calor en su corazón. Su vestido le deja descubiertos los hombros, los brazos, las manos, parte del pecho, la espalda, el cuello y el rostro completo. Un rostro que sonríe, que es como la enunciación de una noche sublime.
Esta foto muestra el instante previo en que Angélica será coronada como Reina del barrio de San Sebastián 2013, de la ciudad de Comitán.
Una voz, sólo una, en el facebook se atrevió a cuestionar el método de elección de Angélica. La voz preguntó si ella era del barrio y cómo había resultado electa. La mayoría ignoró esta voz, porque todo mundo de acá sabe que Angélica es integrante de una familia de gran tradición en el barrio. ¿Qué reclamaba esa voz? Tal vez lo que llaman un método de elección popular, un método de elección democrática. Esa voz no comprendería que todo acto es un acto de decisión. Si un Comité de Feria se abroga el derecho de nombrar a alguien lo hace con el derecho que le otorga su condición. Las elecciones de reinas se hacen por dos o tres métodos conocidos. No hay más. Uno es la voluntad personal, otro es la voluntad popular y uno más la decisión de un jurado. En los tres casos existe el principio del acto de decisión. ¿Existe un método imparcial? ¡No! Perdón, pero ¡no! En el jardín de niños que estudié, la elección de Reina de la Primavera se hacía en base a votos comprados. La niña que llevaba más dinero ¡era electa! En caso de una elección democrática se nombra a un Jurado que es quien decide. ¿Quién mete la mano al fuego para asegurar que esa decisión es la correcta y que no algún jurado se inclina por alguien en especial? Quienes se rasgan las vestiduras exigiendo un método justo no saben que sólo Dios tiene esa potestad. Todo lo demás es falible.
¿Alguien se opone a que esta niña, bella, inteligente y orgullosa de su identidad represente a un barrio con gran tradición cultural? Angélica fue bendecida por muchos dones: es una alumna destacada, una gran declamadora y es una mujer guapa.
Los comitecos y los de fuera saben que en nuestro pueblo existen muchas niñas con dones similares. No es casualidad que los hombres digan que Comitán sigue siendo Comitán de las Flores por la belleza de sus mujeres. Por esto, Angélica no sólo es representante de su barrio, también es digna representante de un pueblo digno: Comitán.
Un reflector de atrás, por la magia de la lente, pareciera ser un lucero que dirige su luz directamente a Angélica. Ella, con humildad, pero en actitud segura, sonríe. Está acostumbrada a hacerlo, es una triunfadora.
Si pudiésemos leer su mente veríamos que es una mente clara. Los retorcidos son los árboles que parecen ceder ante el peso de las retorcidas ramas. El árbol de la serie de focos azules creció enhiesto, pero llegó un momento que cedió a la tentación y se abrió. Sólo ella está parada firme. Sonríe. Sonríe a la cámara que la retrata. Por esto, hoy, el de la cámara le sonríe.
Las miradas se reparten: algunas ven hacia el lugar de honor, otras ven las caras de las personas con quienes conversan y otras ven a Angélica. Sólo ella no mira a otra parte. Casi casi tiene la seguridad de que a la cámara que ve es la que le devolverá su imagen. No mira a nadie en especial, ve a la cámara porque ahora ve a todos los lectores y éstos la miran. No ve hacia el lugar de honor, porque sabe que, instantes después, será suyo. Tal vez así mira el mundo, segura de que el sitio de honor que le corresponde no será alcanzado por nadie más que por ella.
Todos se cubren con chamarras, ella no, en medio del frío, escucha un blues a lo lejos y es como si estuviese en medio de una plaza con temperatura de veintitrés grados. Es azul, la noche es azul, azul la serie de foquitos enredada en el árbol, azul su vestido, su horizonte es azul, azul cielo