lunes, 26 de septiembre de 2011

DESDE LA VENTANA




A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que son como las bolsas del mandado, y mujeres que son como la caja fuerte de un viejo avaro.
La mujer mandado soporta todo. Está hecha de plástico o de costal. Es modesta a decir ¡ya basta! Su rutina se concentra en la línea que va de la cocina al súper o al mercado. Sirve para personaje de telenovela barata; de nube de guión donde “la chacha” conoce al “joven” multimillonario y éste, renunciando a su sangre azul, quiere mezclarse con los colores tierra.
Después de una jornada intensa, se recuesta en un catre, abre las piernas como si jugara los juegos que juegan los amantes de las películas ¡y sueña! ¡El sueño es su premisa! Sueña que, en una torre de cajas de cartón, ella es la caja de arriba, la que está a punto del vuelo (aunque ya sabemos en qué termina la historia: el destino tira la torre y ella, ¡ella!, es la primera que cae y se da un somatón de canción de Los Tigres del Norte).
Pega, en las paredes de su cuarto, con diurex, carteles de sus artistas favoritos: Arjona y Julión Álvarez. ¡Sueña! Sueña en la toalla con que el cantante se limpia el sudor; sueña en el peluche que los amantes regalan el día del amor; sueña en el corazón de los pasos no contados; sueña en la luz que sale de una lámpara de neón; sueña en los audífonos del niño que toca la guitarra eléctrica.
Sale, los domingos, por la tarde, con sus amigas, a dar vueltas en el parque. ¡Sueña! Sueña con el equilibrio de los pájaros que se paran en los cables de luz; sueña en las botas de los que caminan sobre pisos regados con el matiz del invierno; sueña con palabras que huelen a luna o a foco de vestidor; sueña con el cuello de los avestruces; sueña con el rímel de las mesas donde hay frutos.
Se pinta los labios con rojo achiote y se pone polvo rojo talco en sus mejillas. ¡Sueña! Sueña con las plumas que rellenan las almohadas de las cabras y de los cabrones; sueña con la mirada de una cadena de oro; sueña con los señalamientos de la carretera del sueño; sueña en todas las interrogantes enredadas en las manos de los indignados; sueña con la sombra de quienes soportan la luz de las doce; con el color trigo que crece en el cabello de las que se despiertan a las doce del día.
Juega con la tierra, con el polvo, con un pedazo de jerga (dije ¡jerga!). ¡Sueña! Sueña con los hilos de luz que se reflejan en el agua; sueña con los residuos de vida que dejan olvidados los pepenadores; sueña con el reloj que nunca marca las horas, con la distancia que existe entre la ausencia y el olvido.
La mujer mandado se mira al espejo, se sienta en el borde de la cama, se pone las medias y, con un diurex, trata de enmendar los hoyos. Es que las medias “se corren”, de la misma manera que la vida “corre” de las manos de la mujer mandado. Todo se le diluye entre los dedos, el amanecer, la tempestad y el destino. ¡Sueña! Sueña con la nada, con el vacío. Y, a veces, sólo a veces, logra llenar sus vacíos con un sueño donde sueña que sueña otro sueño lleno de sueños.
A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que son como una farmacia, y mujeres que son como una droguería.