martes, 6 de enero de 2026
CARTA A MARIANA, CON CANASTOS DE PLÁSTICO
Querida Mariana: esta es una manera de preservar la identidad. Vos sabés que en el Comitán de los años cincuenta del siglo XX fueron famosas las canasteras, las mujeres que venían de comunidades rurales y vendían lo que producían en sus terrenos, estas mujeres llevaban sus productos sobre la cabeza, sobre un yagual, en canastos tejidos con palma. Por eso el nombre de las canasteras. La escultura de Luis Aguilar, que está en el parque, tiene como uno de los personajes principales a una mujer que lleva un canasto en la cabeza.
En el mercado de El Cedro, que fue construido en el periodo presidencial del presidente Fox, dejaron un espacio reservado para las Canasteras. La mayoría de personas (se cuela uno o dos hombres entre el total de mujeres) son originarias de Yalumá, que viajan diariamente desde esa hermosa comunidad cercana al pueblo (por eso se les dice que son Yalumaeras). Claro, como me dijo una de las mujeres que venden tortillas hechas a mano, pitaules, pepita molida (para hacer el riquísimo tzaquil), “ahora ya traemos todo en cubetas y en vasijas de plástico”. Claro, en las comunidades ya no cargan el agua de los pozos con ollas de barro, sino con ollas de plástico que están hechas en Guatemala.
A mí me encanta ir a los mercados. Cada uno de ellos tiene su personalidad. Me gusta ir al mercado de El Cedro, porque permanece más o menos limpio (incluso en los sanitarios, que en el mercado Primero de mayo son un poco asquerosines). En el mercado de El Cedro hay un lugar especial para las canasteras, ah, es una gran fiesta caminar por ese pequeño espacio donde ofertan decenas de productos: chinculguajes, frijol de enredo, plantitas, huevos de rancho, doblador, maíz molido para comida de pollos, ocote, chayotes, limas, tostadas, cañas (para el ponche y para las piñatas decembrinas), limas, nopales, masa, pozol (blanco y negro), jocotes, albahaca, té de limón, naranja agria (pucha, no en todas partes se encuentra ya la naranja agria. Te conté que en la casa de mi papá y de mi mamá -cerca de la escuela Matías de Córdova- en uno de los dos sitios, mi papá mandó a construir una rotonda y en medio sembró un árbol de naranja agria, ah, con eso marinaban la carne, agarraba un sabor exquisito). Ninguna de las mujeres supo decirme qué significa Yalumá, pero una de ellas dijo que le quedaba de tarea y que le preguntara el siguiente domingo. Tal vez preguntará con uno de los mayores, que son quienes preservan la identidad, como se conservan las piedritas del río.
Una niña atendía dos puestos, en compañía de una prima. La niña, de nombre Noeli, estudiante de primero de secundaria, corría de un puesto a otro. Me contó que uno de los puestos (el que ofrecía hierbitas) era el de su abuelita, por eso separaba el dinero de la venta, a cada rato le decía a su prima que esas monedas y billetes eran para la abuelita. Su abuela es una mujer que tiene noventa y cinco años, ya no va al mercado, pero está listita, camina bien, va a su terreno y corta la albahaca, el té de limón, el cilantro, el perejil, y la nieta se encarga (los domingos) de venderlos en el mercado. Noeli coloca todo en plásticos sobre el piso y se apura a atender a los clientes con una gran sonrisa. A ella le compré unas tostadas (a mí me gustan las tostadas con manteca, pero ahí no venden).
Muchos escritores de la región, muchos artistas plásticos, han honrado a las canasteras (Rosario Castellanos las menciona en su narrativa). El presidente Fox las honró dedicando un sitio especial en el mercado de El Cedro. En el mercado Primero de mayo, las canasteras se colocan en los pasillos donde transita la gente. Ah, también están diseminadas en la banqueta exterior, donde venden calabacitas, fruta y cacahuates (pelados o con cáscara). Me gusta comer manías comitecas, son riquísimas. Acá Míster Mafer nos pela el cacahuate al derecho y al revés, sin provocarnos algún estrés.
Posdata: algo extraviamos en el camino, en el andar del siglo XX al XXI. Digo que en el espacio de las canasteras ya no hay canastos, ahora son vasijas de plástico. Extraviamos la actividad del corte de la palma, del secado al aire libre, colgadas hacia abajo; asimismo, extraviamos la habilidad del trenzado, de la forma para hacer la vasijita, la que permitía a las canasteras llevar los tzolitos, el frijol, cueza, chayote, orquídeas. Se nos extravió el maravilloso cantadito de las canasteras que se paraban frente al portón (siempre abierto) y decían: “¿Va’sté a mercar chayotíos?”
¡Tzatz Comitán!
