miércoles, 21 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON ESPACIOS DIGNOS

Querida Mariana: fui al Asilo de La Trinitaria. ¡No, no! ¡Ni vayás a comenzar a decir que fui a apartar mi lugar! ¡No! Soy un pichito de 6.8 que es feliz en su casita. Fui porque el otro día (lo recordarás) te conté de “El Janush”, un personaje inolvidable del pueblo. Mi mamá, mi niña linda, iba de vez en vez al Asilo de La Trinitaria a dejar despensas, en compañía de sus compañeras de la Cruz Roja, de Comitán. Una vez me contó que había visto, como huésped, al Janush. En la carta te dije que no sabía cuándo había muerto El Janush, pero un compa me dijo: no, el Janush sigue vivo, está en el Asilo de La Trinitaria. ¿De verdad? No puede ser. No lo creí, pero para comprobar el dicho del compa o para desmentirlo, Dora Patricia Espinosa y yo fuimos al asilo. Tenía añísimos de no ir, añísimos. Tantos que dudé al llegar. Pero recordaba el arco de entrada. Al entrar me encantó pensar que la institución que cuida a personas de la tercera edad estaba rejuvenecida. En efecto, la directora del asilo, la licenciada Érika González Fermán, me dijo que todo se está renovando, con una emoción desbordada contó que la esposa del gobernador y el gobernador Eduardo escucharon la solicitud de años y ahora se dignifica el espacio donde atienden a cuarenta y nueve personas de la tercera edad. Hasta apenas hace una semana eran cincuenta, pero una viejecita se agravó y dejó el espacio vacante. La directora nos llevó a conocer la capilla donde hay una imagen de la Santísima Trinidad, la representación divina que era la consentida de mi mamá, mi niña linda. Al lado de la capilla arreglan lo que será un jardín botánico. Ah, qué bonito. La licenciada Érika nos dijo que los huéspedes llegarán para estar en contacto con la naturaleza. Camino a la capilla pasamos al lado de una fuentecita. ¡Es nueva!, dijo la directora, quien lleva varios años trabajando ahí. Le dije que, sin duda, ha acumulado muchas historias, muchos testimonios de vida, de esa gente que encuentra el sucedáneo de un hogar en esa institución, casa donde terminan sus días, su vida. Algunas personas son visitadas por familiares, pero otras llegaron ahí porque ya no tenían a alguien para que los cuidara, para que los abrazara. Los empleados se convierten en sus aliados. La persona mayor tiene noventa y tantos años de edad. Ah, cuánta vida acumulada. ¿Sabés cuántos años tiene la persona más joven? Cuarenta y tantos años. ¡No debería estar ahí! Pero es un chico que tiene SD (síndrome de Down). Es un pichito inteligente. Ahí vive. Lo que digo, querida mía, ahí está un resumen de la vida. En cada testimonio hay un cachito de una historia mayor, la historia de la grandeza y de la miseria de la humanidad. Por fortuna, así lo vi, en este lugar de la prodigiosa Trinitaria, la gente encuentra un gajo de paz, de tranquilidad. El letrero que está pintado en la pared de un edificio no es gratuito, acá hay ¡humanismo! Los empleados cuidan y protegen a los viejitos y a las viejitas. Se acaba de ir una, pero quedan cuarenta y nueve personas más que requieren atención y cuidado. Quienes transitan con rumbo a los Lagos de Montebello y pasan frente al asilo no saben las historias que ahí se están tejiendo, con hilos que deben desenredarse. Mi mamá, niña linda, que falleció apenas a finales de 2025, iba a dejar despensas al asilo. Ella vio ahí al Janush. Ahora puedo asegurar que El Janush ya no vive ahí. La licenciada Érika me dijo que ella ya no lo conoció. ¿En dónde estará enterrado El Janush? ¿Lo enterrarían en el panteón de La Trinitaria?, panteón que, cuentan, tenía un letrero que decía: “Acá se entierran los muertos que viven en La Trinitaria”. Letrero genial. Cuando la directora del asilo me habló del Jardín Botánico, en automático pensé en un poemita de Benedetti, que no es gran poeta, pero tiene textos simpáticos, como el que se llama “A la izquierda del roble”: “No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes / pero el Jardín Botánico es un parque dormido / en el que uno puede sentirse árbol o prójimo / siempre y cuando se cumpla un requisito previo / que la ciudad exista tranquilamente lejos…” El asilo de La Trinitaria existe tranquilamente lejos, cerca de la carretera hacia Los Lagos, pero esto no interfiere en su armonía, ahora construyen la barda perimetral, que funcionará como contención para el ruido. El Jardín Botánico será un remanso de paz y los viejecitos y viejecitas vivirán con sosiego sus últimos años, sus últimos recuerdos. Posdata: no fui a apartar lugar. Cuando viejo y abatido tomaré una mochila y, apoyándome en un bordón, caminaré hacia la montaña, hacia el lugar donde viven los lobos y me quedaré a vivir con ellos, si me aceptan, si no me destrozan con sus bocas asquerosas de ovejas camufladas. Caminaré por en medio de árboles, de bosques, de jardines botánicos llenos de árboles de pichichej o de matasanos. Entregaré las cuentas y, al modo del poeta, diré: “vida, nada me debes, porque nunca te presté algo”. ¡Tzatz Comitán!