domingo, 18 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA IRREVERENCIA

Querida Mariana: ¿una irreverencia? ¿Una más? ¿Y por qué no? Bueno, en realidad no es tanto. Quiero decir que no acostumbro hacerlo, es más ¡nunca lo había hecho! ¿Cómo escribir acerca de un libro que no he leído? Entre paréntesis, ahora leo un librincillo que Dora Patricia Espinosa y yo compramos en la Porrúa, en Comitán: “El loco de Dios en el fin del mundo”, de Javier Cercas, que es un librazo. Sugiero que no dejés que se vaya más allá el año 2026 para que le entrés. Es maravilloso ver cómo un ateo se acerca al papa Francisco y le pregunta dos temas escabrosos: qué onda con la vida eterna y qué con la resurrección de la carne. Digo pues que como ya avancé en la lectura del libro de Cercas puedo hablar un poquito acerca de la obra, pero qué decir de un libro que no sé ni de qué se trata. Bueno, mentira, hablaré acerca del título y a partir de ahí, como si fuera Marco Polo, iré recorriendo una ruta imaginaria, que no otra cosa es el camino de la literatura. A ver, primero digo que mirés con atención la foto que te anexo y que robé de la página de la Benemérita UNACH. Conozco a todos los que ahí están, de lejitos, pero los conozco, bueno a unos los conozco más que a otros. Ahí está Verónica Ordaz, amiga de hace dos o tres hectáreas; luego está el autor del libro: Florentino Pérez; en medio el rector de mi universidad, el Doctor Oswaldo Chacón Rojas; luego aparece Sarelly Martínez; y al final el querido y admirado Carlos Román, quien viene de vez en vez a Comitán y lo disfruta. Puro conocido, pura crema y nata de la intelectualidad, puro chipocludo. Bueno, ya es un atrevimiento de mi parte, pero debo decir que conozco a las dos personas que están en primera fila: al amigo del solideo natural, Juan Carlos Gómez Aranda y a la persona de la cabellera generosa, Doctora Mary Carmen Vázquez Velasco. Vos sabés que he dicho que soy el Woody Allen de la literatura comiteca, pues tengo el propósito de publicar un libro cada año, así como Woody presenta una cinta cada año, Carlos Román me dijo que Florentino Pérez me gana, pues publica libro y medio cada año, libro y medio. Qué simpático. Conozco a Florentino, más allá de sus jugadas administrativas, por esa disciplina creativa. Ahora, hace días (acá está el testimonio gráfico), presentó su libro más reciente. ¿El que corresponde a 2026? ¿Ya no habrá más durante el año? Espero que se cumpla la sentencia de Carlos y que pasando los meses Florentino presente el otro medio. Digo pues que hablaré de un libro que no he leído. Pero me atreveré a hablar acerca del título. ¿Ya viste cómo se llama su libro más reciente? “Andar por la vida, ciudades y paisajes”. A mí no me cuesta imaginar por dónde caminó Florentino. Todo está dicho. Estoy viendo al libro, desde acá, desde mi ventana, con viñetas, pasajes de paisajes y de ciudades. El libro, no puede ser otra cosa, es un gran viaje, el mundo visto a través de una mirada acuciosa, nerviosa, inquisitiva, curiosa. ¿Voy bien o me regreso? Mi maestro de cuento, el famoso Rayo Macoy, decía que el título debería sintetizar el contenido, decir en pocas palabras todo el universo aprehendido. Pienso que Florentino logró dar en el clavo: a través de su título ya me dio una buena descripción de lo presentado. “Andar por la vida”, qué bonito. Hay, vos lo sabés, muchos compas que no andan en la vida, compas a los que la vida les anda, bien por arriba o por debajo. ¿Qué hace Florentino? Ponernos al frente la necesidad de caminar por la vida, caminarla, con desparpajo, con sentido de placidez, reconociendo que no hay de otra sopa: o vivís la vida o ésta te pasa encima como tren, como jauría desbocada. Y en este caminar de Florentino, que comparte con sus lectores, se ha topado (no hay de otra) con ciudades y paisajes, que parecería un pleonasmo, porque lo segundo contiene siempre a lo primero. Me encantó saber que un compañero arquitecto de la UVM, en la Ciudad de México, se especializó en Arquitectura del Paisaje. ¿Mirás? Tal vez, digo sólo que tal vez, Florentino pertenece a una serie de escritores que puede llamarse del paisaje, del pasaje, del que no sólo deja que la vida pase encima de él, sino del que pasa a través de la vida, como la sangre pasa por la aorta para inflamar el corazón. Posdata: así que, por primera vez, me atreví a hacer un comentario acerca de un libro que no he leído. Ya estuvo, ya pasó. Recorrí sólo el título, no siempre un título es tan decidor. ¿Por qué se llama “El loco de Dios en el fin del mundo” la novela de Cercas? Porque Francisco, el papa, loco de Dios, viajó a Mongolia, esto lo narra un loco sin Dios, el tal Javier Cercas. No dejés de leer a Cercas, no dejemos de leer a Florentino. ¡Tzatz Comitán!