sábado, 31 de enero de 2026
CARTA A MARIANA, CON EXVOTOS
Querida Mariana: ¿recordás el libro que tenía Lucía? ¿El de Exvotos? Ahí, hasta donde recuerdo, nos enteramos que fue con Hernán Cortés que llegó a México la tradición del exvoto; es decir, el exvoto nos llegó junto con la Conquista Española, en la misma maleta donde los misioneros traían el crucifijo. Se entiende que los misioneros hicieron su chamba dando a conocer los milagros que Dios o las vírgenes y los santos hacían a los fieles que tenían fe, así que era de gente agradecida entregar una muestra de gratitud a través de esas pequeñas laminitas pintadas, donde el pintor recreaba una imagen del santo o de la virgen (sobre todo vírgenes) con un texto que contaba el milagro recibido. Los exvotos se llevan a los templos y se cuelgan en las paredes como testimonio de la ayuda recibida. ¿Qué es un exvoto? Es una lámina pequeña pintada, donde un creyente católico agradece a un santo o a una virgen un favor recibido. Alguien lo ha definido como “el arte de agradecer un favor recibido”. ¿Mirás? ¡Un arte!
Te he contado que cuando viví en Puebla y vendí mis cajitas pintadas en el bazar de Los Sapos tuve compañeros que se dedicaban a vender exvotos. Esos compas eran expertos en hacer pasar obras recién hechas como antigüedades. Ellos pintaban los exvotos y, mediante un proceso de envejecimiento falso, los mostraban como si fueran imágenes del siglo XVIII. Los turistas extranjeros se sorprendían ante esas laminitas simpáticas y bellas y las adquirían. Mis compas hacían buen negocio. No ofendían. Ahí estaba el talento de artistas contemporáneos. Los mexicanos sabíamos que no eran originales, pero los visitantes quedaban deslumbrados ante esa muestra de nuestra cultura. Tal vez, no lo sé, en toda América existe la costumbre de pintar exvotos que, como ya dije, son ofrendas que los fieles entregan como testimonio de agradecimiento por un favor recibido.
Claro, las ofrendas son variadas, no sólo son laminitas pintadas, pero éstas son las más reconocidas, por el arte que conllevan. Vemos en los templos que mucha gente entrega pequeños chunches de metal (corazones, llavecitas, imágenes de personas hincadas, piernitas o bracitos), relacionados con el favor recibido. En Comitán es frecuente hallar al lado de esos objetos fotografías de los beneficiados. Nada causa tanto asombro como los exvotos pintados, porque la gente se entretiene enterándose de muchas historias íntimas. La mayoría se refiere a algún milagro por cuestiones de salud, se cuenta cómo la virgen o el santo intervinieron para que sanara la persona, aunque los motivos de agradecimiento son infinitos, con lo que se reconoce que la presencia divina está en cada instante de vida, en lo laboral, estudiantil, amoroso, social. No es infrecuente hallar testimonios donde fulana da gracias a Dios porque cuando llegó el esposo, Sancho había salido dos minutos antes, se había subido a la bicicleta y escapado por detrás de la casa (porque ese día no llegó en auto para no despertar sospechas). “Gracias, virgencita, por el favor recibido. Te ofrezco que ya nunca más veré a mi querido. Ya no lo veré en casa, mejor iremos a moteles”. A partir de estas historias que contienen mensajes simpáticos pensé pintar una serie de exvotos que llamé “Exvotos de fin de milenio”, porque el siglo XX estaba por terminar. Esta serie la pinté en Puebla. Una tarde, la directora de la Galería de Arte Síntesis se enteró de mi proyecto y me dijo que, como una mera casualidad, tenía una fecha libre, en la agenda repleta de compromisos de la galería. ¿Quería exponer ahí mi obra? Por supuesto que acepté. Me puse a escribir las historias y a pintar como poseído, no por el demonio, sino por los hados de la creatividad. Era el caricaturista político del periódico Síntesis, así que muchos lectores conocían mi propuesta. Invité al secretario de cultura de esos años a que inaugurara la exposición, el secretario era el reconocido escritor Pedro Ángel Palou. Cuando Pedro Ángel vio mi propuesta aceptó de inmediato y escribió un texto generoso, donde privilegiaba el sentido lúdico del proyecto, porque cada texto era picaresco, juguetón. Hice una muestra respetuosa, pero jugando con el sentido de agradecer momentos chuscos. La foto que anexo, querida mía, es de uno de los cuadros expuestos. Este exvoto estaba dedicado a la Virgen de Guadalupe y el texto alude a un momento donde la persona que hace la ofrenda le agradece su divina intervención para solucionar un conflicto. Al final, me llamó la secretaria del secretario para decirme que Pedro Ángel no asistiría porque ese día, a esa hora, tenía reunión con el gobernador, pero que acudiría el director de determinada área en su representación; la secretaria del susodicho director me llamó para decirme que también tenía una reunión que no podía cancelar, así que iría… Llegó una funcionaria de tercer nivel, pero todo fue glorioso porque leyó el texto del famoso Palou. Hubo una buena concurrencia, ofrecí vino de honor y mi mamacita preparó butifarras y canapés que, como se estila decir, fueron del gusto de la amable concurrencia.
A esa serie de exvotos de fin de milenio le siguieron otras series, una dedicada a Santa Frida Kahlo, una más dedicada a San Julio Cortázar y una reciente (del 2025, que no ha sido expuesta) dedicada a Santa Rosario Castellanos. Las series de Frida y de Julio fueron realizadas con tinta china sobre papel y la de Rosario la hice con plumones acrílicos sobre papel. La exposición en la Galería Síntesis, en Puebla, constó de una serie de cuadros de más de un metro por lado, de óleos sobre tela.
El texto de Palou privilegiaba el juego del texto. Pienso lo mismo, las series son sencillas, pero tienen la gracia de unir textos juguetones con la idea del exvoto. El mundo debe ser agradecido por tantas bendiciones de la naturaleza que se dan día con día. En las últimas series he canonizado a artistas y escritores que han hecho objetos sublimes. El concepto ha ido más allá de lo sagrado, porque me atreví a canonizar a la comunista y atea Frida, porque sus cuadros también forman parte de un cielo eterno.
Posdata: en el Museo de la Basílica de Guadalupe existe una gran colección de exvotos originales, son pequeñas piezas que fieles han ofrendado a la morenita porque les hizo algún favor divino. Visitar esa colección es entrar a un terreno misterioso. Son pequeñas manifestaciones artísticas, realizadas por pintores anónimos, cuyo trabajo es precisamente especializarse en hacer los exvotos. ¿Mirás lo que significa cada exvoto? Cada uno está ubicado en el terreno del milagro y del agradecimiento. Con ello no se juega, es algo muy respetable. Lo que hago es algo juguetón. Le quito el rostro divino y canonizo, incluso, a la Frida Kahlo, al Julito Cortázar y a la pichita amada Rosario Castellanos, porque ellos, en su genio creativo, también fueron ángeles en la Tierra, con alas y con cola o sin cola, ángeles humanos.
¡Tzatz Comitán!
