sábado, 3 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON COMITECADAS

Querida Mariana: ya sabés: 2026 es año de Jaime Sabines a nivel estado. En Comitán, el 2026 es, también, año de Armando Alfonzo Alfonzo. Acá celebraremos no sólo el centenario del nacimiento del poeta mayor de Chiapas, Jaime Sabines, también celebraremos a nuestro gran comiteco Armando Alfonzo Alfonzo, el autor de “Sólo para comitecos” y de “Comitán 1940”, entre otros libros. Ayer salí de casa y dije: “Voy al OXXO” y pensé en Armando Alfonzo Alfonzo, pensé cuánto ha cambiado nuestro Comitán, el de 1940 que él vivió y el de 1960 y 1970 que viví. Cerca de casa tengo dos OXXO, ¡dos! Pucha. Uno está a dos cuadras (pero debo cruzar el bulevar), el otro está a cinco cuadras, pero no cruzo el bulevar. Siempre prefiero ir a este último. Todavía no soy tan flojo, para preferir el más cercano. El OXXO al que voy está muy cerca del Hotel Los Lagos. Caminé e hice un ejercicio comparativo y terminé con el lugar común: “Cómo ha cambiado nuestro Comitán”. Es normal, pero cuando lo advertís en apenas tres cuadras el impacto es brutal. Tres cuadras son las que caminé al lado del bulevar, iniciando desde el banco BBVA. Para que me entendás (o tal vez para que yo lo entienda) haré una breve relación de cambios: - ¿El bulevar? Era la carretera panamericana, de voy y vengo, sin camellones ni banquetas, con pocas construcciones, era la orillada, del otro lado había grandes terrenos, magueyales, de donde sacaban el aguamiel para elaborar el trago llamado Comiteco. - Hablando de bebidas, en la esquina me topé con un teporocho, gorro en la cabeza y botella de “Charrito” en la bolsa de un saco descolorido, que le quedaba grande. ¿”Charrito”? Mis bolos de entonces bebían “Chucho con rabia”, que compraban en algunas tienditas clandestinas. - YUNGLA PIZZA, negocio que está en PLAZA BULEVAR. En mis tiempos no había más que pan compuesto y salvadillo con temperante. La primera pizzería que recuerdo fue la que abrió Luis Romeo Muñoz en la casa donde ahora está la FM. - SORIANA. Jamás de los jamases. Los grandes supermercados estaban en otras ciudades. Acá comprábamos en los primeros supermercados modestos: el de Doña Angelina, que estaba en la llamada Manzana de la Discordia, a media cuadra de la Prepa del Estado; y, ya en los años setenta, en el Súper de Don Agustín, papá de mi amigo Víctor González, que estuvo en un edificio de la química Ruth, donde ahora está una mensajería. - FARMACIAS SIMILARES. Ni éstas ni las del Ahorro, ni las de Guadalajara. Nosotros íbamos a la Farmacia de Cirito, de Cirito Mentol, le decíamos, porque el mentol era un medicamento conocido. Hay varias leyendas urbanas de la farmacia de Cirito. Te cuento que en esos años, en el edificio de la presidencia municipal, colocaban una tabla con el nombre de la farmacia que estaba de turno. Cuentan que una noche, a Cirito le tocó estar de guardia. Llegó un compa a comprar una medicina, Cirito sacó la mano para pedir la paga en una ventanilla que tenía la cortina y el individuo le atrapó el brazo, lo ató con una cadena y ésta la amarró a un poste cercano. Así, atrapado, estuvo Cirito durante un buen tiempo, hasta que un alma piadosa lo vio y fue por una segueta para cortar el candado. La otra anécdota cuenta que Cirito era muy visitado por los frecuentadores de Tía Mati y Tía Lola (los dos lupanares de esa época) para que les curara alguna enfermedad venérea contraída. Ya quisiera ver que ahora fueran a la Guadalajara o con el Doctor Simi. Ya veo al gordito manipulando pomadas y chunches similares. - GASOLINERA GRUMO. No. En mis tiempos recuerdo, sobre todo, a Don Ulises, con su gasolinera a tres cuadras del parque central. Por ahí se puede ver incluso el gran anuncio de Pemex, un anuncio que da constancia histórica de lo que cuento. Ahora esto es inconcebible, porque no hay gasolineras en el centro histórico, todas están fuera de esa zona. La mayoría está sobre el bulevar, en las orillas de las carreteras. - PELTRES JARAMILLO. Ah, cuántas vueltas da la vida. Ahora venden trastos de peltre, donde en aquellos años Don Roberto Pulido vendía refacciones para autos y para camiones. - LOGÍSTICA GRIJALVA. Me dio gusto hallar este letrero, pintado en la parte superior de un gran portón. Grijalva, sí, era la empresa (también de la familia Pulido) encargada de llevar y traer objetos de la gran Ciudad de México y de otras partes. Por ahí el escultor Luis Aguilar Castañeda cuenta algo acerca del traslado de una de sus piezas artísticas, historia que está relacionada con esta empresa. No sé si ya entré al terreno de la invención. A lo lejos recuerdo que los Transportes Grijalva intervinieron para que una obra en bronce llegara a Comitán. - Pasé por el SÚPER EL VECINO y recordé que ahí estaba la casa de la mamá y del papá de mi compa Memo Del Castillo. Al lado estaba el taller mecánico de su papá, Don Memo. Ahí inició la empresa de grúas que hoy es una empresa exitosa. Ya te conté que ahí llegábamos a jugar, que Memo nos recibía con una mesa donde había salvadillos y agua de temperante. No era gratis, si querías comer o beber algo debías sacar tu moneda. Lo mismo sucedía con una hermosa autopista eléctrica que tenía. Todos los juegos eran gratis, de compas, pero si querías jugar la autopista tenías que “caerte cadáver”. Mi compa Memo fue un hombre que nació para el negocio, lo traía en la sangre, en el alma. Claro, también fue generoso. Hace años mi tsurito ya no avanzó, quedé parado en una calle que está entre dos moteles (en el libramiento), le hablé a mi compa, de inmediato me envió una de sus grúas. Al día siguiente fui a la oficina para pedir que llevaran mi carrito al taller. “Ah, usted es el del motel”, dijo el chofer de la grúa. Sólo me reí. Mi compa no me cobró ninguno de los servicios. Posdata: el pueblo ha cambiado. Hoy, dicen, Comitán tiene una población superior a los ciento veinte mil habitantes. El Comitán de 1940, de 1950, era un pueblo pequeño, afectuoso. Hemos cambiado. Este fenómeno sucede en todo el mundo. ¿De verdad? No. Hay pueblos que han cambiado poco. Un valor que cada vez es más aquilatado es la identidad. Comitán, ¡qué pena!, ha perdido valores esenciales. Nadie puede impedir la transformación. El cambio, dicen los sabios, es lo único permanente. Lo que sí podemos hacer es resguardar los signos que nos otorgan identidad, que nos hacen ser auténticos, que evitan que seamos una mala copia de otras ciudades. ¡Tzatz Comitán!