miércoles, 7 de enero de 2026

CARTA A MARIANA, CON UNA IMAGEN DE ZAPALUTA

Querida Mariana: no sé si ya te compartí esta fotografía. La hallé recientemente. En el anverso tiene la siguiente nota: “Recuerdo del parque de Zapaluta” (la zeta está encaramada sobre una ese. No sabía bien a bien cómo se escribía, porque la letra es mía, manuscrita, clara. Tiene la fecha: 1965). Yo tomé la fotografía, casi puedo ver el momento en que mi papá llegó a la terminal donde estaba con mi mamá. Esperábamos la salida del autobús para la ahora llamada Trinitaria. Llegó mi papá, con su chaleco, subidas las mangas de camisa, me dio una caja donde venía una cámara Kodak, de esas sencillas de los años sesenta, con un rollo de doce exposiciones, en blanco y negro. Fue un regalo, un regalo inesperado, un bellísimo regalo. Mi papá siempre me sorprendía con detalles hermosos. Ese fue un buen momento. Nos despedimos, mi mamá y yo subimos al camión. Mi papá se quedó en el pueblo (tomamos el autobús en lo que hoy es el Centro Cultural Rosario Castellanos, no sé si ahí era su terminal. En los años sesenta, los autobuses se estacionaban en las calles. La Cristóbal Colón se estacionaba frente al Hotel Delfín, porque Doña Chelo Delfín era la encargada de esa línea en Comitán; en San Cristóbal de Las Casas, mi tía Lolita Molinari Ruiz, sobrina de Mariano N. Ruiz, era la encargada). Mi mamá, te he contado, siempre fue adoradora de la Santísima Trinidad, así que tenía la costumbre de ir a Zapaluta (hoy, el pueblo ya no se llama así. Extravió el nombre original, el auténtico). Pero, dejá que te cuente que en el Comitán de 2025, de vez en vez me topaba con un autobús que lleva el letrero “Zapaluta”. Siempre pensé que era un letrero antiguo que había quedado en el tiempo. Algo así como recuperar el pasado. ¡No! El otro día saludé a Guillermo Pérez Pinto, quien me explicó que por El Sabinalito existe todavía una comunidad que sigue llevando el nombre de Zapaluta, es una comunidad pequeña, el autobús hace el recorrido una vez al día, de Comitán a Zapaluta. Me dio mucho gusto saber que hay un lugar que conserva el nombre original de la cabecera municipal. Un día investigaré dónde está la terminal de este único autobús y te diré. La mañana de 1965 llegamos a la antigua Zapaluta y, de inmediato, mi mamá me llevó al templo. En el trayecto abrí la caja, saqué la camarita, y le coloqué el rollo (era una labor muy sencilla, bastaba abrir el compartimento y ensamblar el rollo), le di vueltas a la perilla que corría la película y cuando el contabilizador señaló el número 1 supe que estaba lista para la primera toma que fue, precisamente, ésta. Mi mamacita vio que estaba emocionado con el regalo de mi papá, que ya quería estrenarla, así que nos detuvimos, oprimí el botón y ¡listo! El milagro de la imagen se había realizado, tenía capturado el espíritu del parque central, capturado ¡para siempre! Tiempo después llevé el rollo a revelar, con Don Polo Torres, en Joyería Tocris. El milagro tenía constancia, estaba en un pequeño papel, en blanco y negro. Sesenta años después ¡acá está! Nada de esto existe ya. Te he contado que el edificio que se ve era una biblioteca pública. No sé en cuántos pueblos del mundo existió una biblioteca tan a mano de lectores, tan en el centro del poblado, tan cerca del corazón. En la antigua Zapaluta existió una biblioteca, tal vez por esto, este pueblo sigue siendo un pueblo culto, un pueblo sosegado, un pueblo que (sobre todo en los últimos tiempos) crece en el progreso y en el desarrollo sin olvidar sus rasgos más íntimos. Una vez estrenada mi cámara, mi mamá y yo fuimos al templo. Mi mamá se hincó, yo me senté en una banca, ella rezó, yo me dediqué a ver todas las imágenes y a maravillarme con la altura de la nave. Ya no recuerdo qué más hicimos. No sé si entramos a alguna tienda a comprar caramelitos de miel, siempre ricos, conservando la tradición. Las dos mujeres que acá se ven llevan rebozos, de color oscuro. Las bancas (de cemento o de granito) tienen un lindo respaldo, no sé si era cómodo para la espalda de quien se sentaba, pero el diseño era muy coqueto, muy bello. Posdata: esta imagen es del año 1965, yo tenía ocho años de edad, estudiaba el segundo grado de primaria, en la escuela Fray Matías de Córdova, que viene resultando mi sexto tío abuelo. Preparo el árbol genealógico de mi mamá, para que mirés por dónde está la relación con el libertador de Chiapas y de Centroamérica. ¡Tzatz Comitán!