lunes, 20 de agosto de 2012

CUANDO VISTO MINIFALDA


Con un respetuoso abrazo a mis primos y sobrinos
por la ausencia física de mi querida tía Betty Córdova de González.



“Ya estás igual que Óscar Bonifaz y Cothy Soto, sólo se dedican a promocionarse”, dijo mi amiga. Ella estaba detrás del escritorio de su oficina y yo de este lado, del lado de los simples mortales. Lo dijo con tono de sacerdote en confesionario para que me sintiera niño culpable, ¡pecador!
Como ella tenía que salir no pude decirle que eso no me hace candidato para las llamas del infierno. ¿Me promociono? ¡Claro que sí! No promociono mi persona, promociono mi obra, mi creación. ¿Y luego, qué esperaba? Ante la apatía de las instituciones oficiales que no cumplen con su mandato de difundir la creación de los autores chiapanecos, no me queda de otra que promocionarme.
¿Incurre en pecado aquél que hace sillas y promociona sus productos? ¿Comete “pocamadrés” aquél que va de puerta en puerta ofreciendo los pastelitos que hace? Entonces, ¿por qué un creador no puede ir de puerta en puerta, con las manos abiertas, ofreciendo su corazón?
Mi amiga también es creadora. Ella sabe todo el esfuerzo que significa el acto de creación. ¡Horas y horas destinadas en el taller o en el estudio! Por esto me sorprendió su comentario. Una novelita significa como la factura de mil sillas; un libro de cuentos como la factura de diez mil pastelitos de manjar. Las Arenillas que escribo consumen buena parte de mi tiempo. Todos los días me levanto a las cuatro y media de la mañana, prendo la computadora y (como si fuese El Canelo) me pongo a hacer rounds de sombra (que en este caso son rounds de luz). Por publicar estas Arenillas no recibo un solo centavo partido a la mitad. ¡Es mi gusto compartir con mis lectores! ¡Es mi placer enviar estos puentes de comunicación! No obstante esto, mi amiga dice que soy un “saberque” porque me auto promociono.
Según yo, soy una persona alejada de arguendes y de reflectores. Mis amigos saben que soy escaso. A partir de las siete y media de la mañana estoy en mi chamba, salgo a las dos y, en la tarde, me quedo en casa y pinto, leo, dibujo o escribo. Por el momento escribo una novelilla y un librincillo de cuentos. Tengo muy pocos afectos y a éstos los veo muy de vez en vez. Me duermo a las ocho y media de la noche. Así pues, según yo, tengo muy poco tiempo para andar gritando las bondades de mi acto creativo. Mis colaboraciones (las que publica El Heraldo de Chiapas y El Diario de Comitán) las subo al facebook y a mi blog para compartir con amigos y extraños que luego se convierten en mis amigos virtuales.
Acudo muy poco a actos sociales; voy por compromiso a presentaciones de libros (si me dan a elegir prefiero comprar el libro y leerlo en mi casa); a veces, también por compromiso, acepto ser presentador de libros. Me gusta ir a mercados, sentarme en las bancas de los parques, caminar por las calles de mi pueblo. No voy a cafés y, de veras, procuro no hablar mucho de mi obra. ¿Entonces?
A veces, mis lectores lo saben, exijo a las autoridades oficiales del llamado sector cultura que cumplan con su trabajo y difundan la obra de los creadores chiapanecos; a veces, exijo mi derecho como creador y pido que publiquen mis librincillos, pero, la verdad, no me muero si no cumplen con su compromiso ético, no lo hago porque, con la mano en la cintura, publico mis propios librincillos. Cuando viví en Puebla creé una Serie de libros y ahí “me publiqué” siete u ocho librincillos con mi obra. Es decir, mientras no ofenda a terceros (mi amiga incluida) puedo hacer con mi vida lo que desee. ¿Eso es un pecado? ¿Es malo que una muchacha bonita se ponga minifalda para mostrar sus chamorros? ¿Ofende? ¿Es malo agradecer los dones de Dios y vanagloriarse por ello?
No sé que hacen Óscar Bonifaz y Cothy Soto para entrar en ese renglón prohibido de auto promoción, pero por lo que a mi respecta estoy tranquilo, casi siempre estoy en mi casa y no salgo y permanezco lejos de reflectores que en nada ayudan a mi proceso creativo. Cuando concluyo una novelilla cacaraqueo el huevo. ¿A poco no cualquier rayo celebra con truenos y destellos su advenimiento? ¿Entonces, qué mal hago? ¿En qué ofendo a mi amiga?