lunes, 10 de diciembre de 2012


POLVO, PURO POLVO

Amín Guillén Flores me invitó a presentar la novela “En Tierra Ajena”, de Elsa de Solórzano. Paso copia del texto que leí.
La novela de Elsa de Solórzano se llama “En Tierra Ajena”. Tierra es un concepto femenino que alude al origen. Los hombres, pensamos, somos de la tierra.
La lectura de esta novela me provocó la siguiente reflexión: ¡todos vivimos en tierra ajena! Quienes vivimos en nuestro lugar de origen también lo hacemos en una tierra que, de origen, nos resulta ajena. Ajena en el tiempo y en la circunstancia. Meditemos en el acto que nos reúne esta noche en este espacio. Acá donde estamos fue el despacho del propietario anterior de esta casa. En este instante es un espacio nuestro, pero, en esencia, no nos corresponde, no nos corresponde porque desconocemos la historia, desconocemos las huellas de sus paredes y de su techo. Pero, igual forma, el propietario anterior nunca pudo advertir el futuro de este espacio. Espero que su espíritu esté en calma al saber que sirve como un espacio cultural. Yo, igual que ustedes, he conocido espacios que, con el tiempo, han cambiado su vocación. En Comitán, por ejemplo, donde estuvo el Cine Comitán ahora es una tienda de ropa. Cuando entro a la tienda trato de reconocer un espacio donde disfruté lo mejor del cine mexicano, pero no puedo aprehenderlo a cabalidad. Me siento, como el personaje principal de esta novela, en tierra ajena. Y esto que digo es sólo un ejemplo, si me siento y tomo una taza de té y reflexiono en ello y voy más allá caigo en la cuenta que todo espacio me resulta tierra ajena, a pesar de la cercanía, a pesar del afecto de mis afectos. No somos de esta tierra, tal vez somos, como aseguran muchos estudiosos: la nostalgia del polvo de las estrellas.
Pero no sólo se trata de los espacios exteriores. También vivimos en una tierra ajena en nuestro interior. No nos conocemos a profundidad. Los seres humanos no sabemos quiénes somos. Por esto, la vida es un constante tratar de conocernos. Y cuando la vida cesa, ¿quién lo sabe?, tal vez mudamos a tierra ajena o regresamos al lugar primigenio, el verdadero espacio nuestro.
La novela de Elsa alude a esta territorialidad que no nos corresponde. Los personajes femeninos de esta novela bullen en esa búsqueda. ¿Cómo apropiarse de un espacio desconocido? ¿Cómo entender que cada sector tiene sus propios códigos, impulsados a través del tiempo?
Cada personaje se mueve bajo paradigmas impuestos. Una mujer que nació en el Norte de la República tiene semejanzas con una mujer que nació y creció en el Sur de la Patria, pero, por encima de esas semejanzas, existe un muro difícil de escalar construido con ladrillos impecables que llamamos diferencias.
¿Qué papel juega una mujer indígena en el contexto de su territorio de origen, territorio que parece no corresponderle? La mujer indígena que vive en Chiapas, igual que la mujer nacida en Monterrey, también vive en tierra ajena. El desprecio del otro así lo demuestra. Los dueños originales han sido desplazados y, a pesar de vivir en territorios que le son conocidos y reconocidos, habitan como fantasmas confundidos en medio de la niebla.
La novela “En Tierra Ajena” es el reconocimiento de la otredad. Siempre somos otros y vivimos en espacios que nos son extraños.
Las historias que acá se desarrollan se mueven en territorios que nos son reconocidos, pero, a la vez, nos resultan ajenos. Ajenos porque la vida diaria nos pone un velo. ¿Quién está pendiente de la vida de la sirvienta, por ejemplo? ¿A quién le interesa saber qué historia existe detrás de ese aparente conformismo cotidiano?
¿La mujer tiene más conciencia de esa confusión? La aparente extraterritorialidad espiritual le es más cercana porque ella, la mujer de todos los tiempos, tiene la naturaleza de lo ajeno en su entraña. ¿Qué sucede cuando una mujer tiene un crío? ¿Qué sucede en su interior al saber que la carne de su carne se desprende para siempre de ella? Si la mujer tiene en sus hijos la conciencia de lo propio es apenas una utopía, porque nueve meses después todo vuelve a ser ajeno.
La novela de Elsa abre una ventana para esta reflexión, para este camino que no tiene un destino fijo. Es un poco como si el lector, desde el principio, supiera que no llegará a ninguna parte porque la literatura también es un territorio vedado para la certeza.