lunes, 27 de julio de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL LIBRO DE LAS EDADES

Querida Mariana: por la película se puso de moda el libro. He leído comentarios de lectores y cinéfilos, todos coinciden en decir que el libro es superior. Hablo de La Odisea. No he visto la película, esperaré que llegue a las plataformas, ahora sólo se puede ver en las salas cinematográficas. Hace años que no voy a las salas. Nunca sucedió esto en mi juventud. De niño y adolescente iba casi a diario al Cine Montebello o al Cine Comitán, ahí disfrutaba los panes compuestos y las órdenes de tacos dorados, que eran riquísimos. No he visto la película y sólo recuerdo algunos pasajes del libro, porque lo leí hace muchos años. En su momento, la lectura me deslumbró. Ah, la historia del compa que vuelve a su tierra Ítaca, uno de los pasajes más memorables es cuando se ata al mástil para no caer seducido ante el canto de las sirenas. En lo que llevo escrito me doy cuenta que el tiempo ha pasado, no me refiero sólo al tiempo de mi escritura, sino al tiempo al que aludo: desde los tiempos de la Grecia Clásica hasta mis tiempos de cinéfilo en los cines de mi pueblo. Ahora busco el dato y encuentro que La Odisea fue escrita muchos años antes de Cristo y dicen que su autor fue Homero, quien, según muchos críticos literarios, fue ciego. Por esto último, muchas personas dicen que el poema La Odisea fue escrita en forma coral, por una serie de rapsodas. Es impresionante cómo podemos eslabonar tiempos en el recuerdo, cosa que jamás puede hacerse en la realidad. El tiempo es como la escritura, tiene una secuencia y en esa secuencia se diluye el tiempo. A veces, una persona saluda a un amigo y le dice: “Bárbaro, el tiempo no pasa por vos”, lo dice como un elogio y la otra persona bromea: “No, no pasa, se queda en mí”. He dicho en varias ocasiones que descreo un poco de que la vejez es mental, ¡no!, la vejez es un proceso natural que, poco a poco, mina fortalezas del cuerpo. Un viejo con buena salud, buenos hábitos, deportista, sin vicios, no puede compararse con un joven que tiene la misma disciplina. Algo ha sucedido en el cuerpo del viejo, para decirlo pronto: el cuerpo ha envejecido. Claro, el ser humano que se cuida llegará a tener una vejez digna, cosa que no logrará la persona que le dio gusto al cuerpo y llegó a excesos. Quien se cuida tiene un desarrollo físico menos agresivo, pero, como dice el dicho: “el cuero se arruga”. El otro día me apareció en redes sociales el canta autor Joan Manuel Serrat, era un video más o menos reciente, en el video Joan Manuel decía: “Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil, por eso me revelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación. Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos”. ¿Sabés cuántos años tiene Serrat? Tiene ochenta y dos. Como decimos en Comitán “está andando en los ochenta y tres”. Anda bien, pleno de vida. Se mantiene muy bien, física y mentalmente, pero su rostro ya tiene algunas arrugas y su cabello no es el mismo que tenía en su juventud. Es un hombre que transita por la vida con dignidad, porque, ¡eso sí!, la vejez no significa que ande uno arrastrándose por los caminos de la vida. Al contrario, si bien el tiempo ha colocado algunos achaques al cuerpo, ha quitado cabellos a la cabeza y pintado de blanco lo que antes fue colorida melena, también ha sembrado experiencia, conocimiento. El mismo Joan Manuel Serrat, hace muchos años, cuando tuvo una dolencia severa dijo, más o menos, que lo importante no era lo que nos sucedía sino la manera que teníamos de encararlo. Él lo encaró bien y sigue brindando su talento a la sociedad, nos sigue regalando reflexiones. Yo estoy andando en los setenta, el otro día hallé a un compañero de generación de secundaria, nos saludamos en el parque central, mi parque, le pregunté cómo estaba y me dijo: “Estamos caminando”, le dije que se veía muy bien, pero él me sorprendió con la frase: “No creás, estoy como el salvadillo, bofo por dentro”. Posdata: él camina todos los días, pero me dijo que ahora camina menos. Me sorprendió la frase, lo dijo con humor, casi riéndose. Supe que sólo en Comitán alguien diría esta frase, porque no en todo mundo hay salvadillo. En cuanto llegué a la casa abrí un salvadillo y vi que, en efecto, no tiene la consistencia de un pedazo de rosca. Bofo es la definición perfecta para un salvadillo. Él comparó a su cuerpo con un salvadillo, se ve lustroso, lindo por fuera, pero por dentro ya no está la fortaleza de un joven de veinte. La vejez ¿es algo mental? No, es algo físico. Claro, si me cuido podré ser un viejo con una edad digna, que el tiempo no haga destrozos que sí hace en otros cuerpos descuidados. Tal vez ahora sea bueno decir las palabras de una canción de Serrat: “todo pasa y todo queda”. Pasa el tiempo, se queda el tiempo. Pasa la vida, se queda la vida. ¡Tzatz Comitán!