domingo, 26 de julio de 2026

CARTA A MARIANA, DONDE SE PREGUNTA POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS

Querida Mariana: Octavio Paz, en “El laberinto de la soledad” nos dio un gran acercamiento de la personalidad de los mexicanos. Ayer, en Comitán, en una combi de transporte público, leí una frase que ve todo mundo: “Date tu chingado gusto”, el letrero estaba escrito en grande, en un lateral exterior. Pensé que las combis públicas son un gran escaparate para anuncios publicitarios. Esto no era un anuncio, más bien era como una recomendación de libro de motivación. Imaginá que todo mundo le hiciera caso a la frase, pensalo tantito: “date tu chingado gusto”. Si se razona tantito, uno no puede hacer lo que la frase pregona, pero pensé que medio mundo sí le hace caso a tal recomendación, somos pues mexicanos, un país donde “la vida no vale nada”, donde gritamos a cada rato que “para morir nacimos” y sentenciamos que “sólo una vez se vive”. La frase es temeraria, porque hay de gusto a gustos. Llama la atención la construcción de la frase, es un derroche de síntesis, porque dice lo que debe decir en sólo cuatro palabras, una de ellas muy mexicana, muy de nosotros. Date, así comienza la frase; es decir; concedete el privilegio de hacerte tu gusto, porque el gusto es tuyo y nadie más debe gobernar sobre tus decisiones. Digo que hay muchos gustos, tantos como seres humanos existimos en el mundo. Pensá en varios ejemplos donde el gusto está por encima de todo, pensá en la persona que padece azúcar y tiene gusto por probar un pastelillo. La razón exigiría pensarlo más de diez veces, pero la frase motivadora de vida diría: “date tu chingado gusto”. Digo que son cuatro palabras, no más, la segunda es muy explícita, se trata de ti, de tu persona, de tu vida, de nadie más, así que si dedicís darte tu chingado gusto está bien, porque está dictado por vos, vos sos quien decide cómo vivir su vida. La tercera palabra, chingado, es una palabra que deriva de la chingada, ya Octavio Paz nos dijo que ésta refiere a la madre violada (vituperada, agredida) y tiene su inicio con el conflicto de los conquistadores españoles y los conquistados aztecas. Por eso, cuando decimos que algo está de la chingada pensamos en lo peor, el acto nos refriega nuevamente esa tragedia suscitada hace cinco siglos, ¡cinco siglos!, ay, qué ganas de seguir sufriendo. Para trascender este complejo sería necesario que la palabra chingada desapareciera del diccionario y del habla diaria, pero sólo de pensar en dicha cancelación decimos que sería tanto como volvernos mudos, porque la chingada con sus demás hijitos es parte intrínseca de nuestra cultura, por eso, el filósofo chofer de la combi comiteca la usó en una de sus dos acepciones, porque chingado se usa para hablar de un mal (me ha chingado) o para denotar contentura (estuvo de poca, chingado). El chingado gusto es el gusto mayor, el que hace el ser humano porque así se le da la gana, el cantante Antonio Aguilar, hace años, ya sentenció que “hay que darle gusto al gusto”, que ningún deseo se quede sin cumplir en la vida. A las personas que no son disciplinadas, que, por el contrario, son displicentes y el sentido de culpa lo botan en el basurero, les cae como anillo al dedo la frase de la combi: “date tu chingado gusto”. A final de cuentas, como también dice una frase muy mexicana: cada quien puede hacer lo que se le dé la chingada gana. Pero, como dije antes, hay millones de gustos, todos variados. Si el compa hace lo que quiera ¡no hay problema!, es muy su gusto, muy su gana, muy su cuerpo; el problema aparece cuando el gusto de una persona pasa a joder al semejante. Hay mil historias de personas que desearon algo intensamente y pasaron a joder vidas ajenas. ¿Ya pensaste en algunos ejemplos? Mil ejemplos, ¿verdad? ¡Cómo me gusta ese reloj! La mamá diría: ese reloj tiene dueño, pero el diablito jodón diría: date tu chingado gusto, y te tomaría de la mano para que la estiraras y te adueñaras de algo que no era tuyo. Como este ejemplo, ¡hay mil más! Mil más relacionados con el hurto, va desde el objeto mínimo hasta cosas grandes, ya ni pongo ejemplos, porque en México tenemos muchos que son conocidos por todos, sólo ignorados por lo que el amigo llama “señor justicia”. Y los ejemplos dados tienen que ver sólo con robos, pero vos sabés que hay mil temáticas donde darse el gusto pasa a joder vidas ajenas, el deseo es vecino de la envidia y la envidia es pariente cercana de la violencia. Posdata: leí la frase simpática: “date tu chingado gusto”, ahí va el mensaje por las calles comitecas y los lectores sonríen y siguen su camino. No sé qué tanto se queda dicho mensaje subliminal en las mentes, no lo sé. ¡Tzatz Comitán!