sábado, 8 de agosto de 2009

LA VENTANA DA A MACONDO


"El lunes amaneció tibio y sin lluvia". Así comienza un cuento de García Márquez. Mucho de Colombia nos llegó a través de este autor. La literatura del Gabo es una red llena de aromas colombianos. ¿Cómo es posible que esta red, incluso, nos haya traído agua de aquellas tierras? Su red, que más que red parece costal, nos trajo puntualmente las esencias colombianas: amaneceres; piedras como huevos prehistóricos; yuca; navajas filosas de peluquería; morteros y polvos de viejas farmacias; vestidos blanquísimos; sombreros, igualmente blanquísimos; cantinas con ventiladores al techo que remueven el calor, lentamente; camisas abiertas que muestran los pechos de hombres llenos de sudor; y mujeres que levitan como si fueran simples hojas movidas por el viento o por Dios.
En toda esta amalgama nos reconocemos. El Gabo nos ha hecho vecinos. Trasladó su Colombia y la colocó en medio de nuestros pueblos. Nos basta trepar sobre la barda para mirar lo que pasa en la casa vecina. Ese patio colombiano está lleno de sembradíos de café y de plátano. Apenas más allá se alcanzan a ver las montañas enormes con sus ríos que se desbocan alocadamente. A la derecha, en donde está ese promontorio de leña, se mira el hilo de humo que bordan los trenes que recorren ese mágico territorio.
Y ahora, en tres o cuatro días más, dará inicio la Feria del Libro de 2009. México, por segunda ocasión, es el país invitado. Muchos escritores mexicanos acudirán a Bogotá. Al igual que Gabo lo hizo un día, ahora los de este patio llevarán nubes de estos cielos. Porque el mundo, a pesar de la globalización y a pesar de las maravillas tecnológicas de comunicación, sigue siendo una parcela donde cada patio tiene sus propios modos de ser. En esta tierra de volcanes se da el maíz y los papalotes inundan nuestros cielos, y aunque, por desgracia, las mujeres no levitan sí son como los "lunes tibios y sin lluvia".

viernes, 7 de agosto de 2009

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO LOS GLOBOS TIENEN UN LÍMITE



Mariana, ¿qué sería el mundo sin las utopías? Sería ¡nada! Sería nada, porque el universo en sí mismo es una gran utopía. Tal vez esto que vivimos ahora es el sueño de “algo” que será en el futuro. ¿Quién te dice que no vivimos dentro del Big Bang que se ensanchará mañana? Y digo mañana por no decir dentro de mil millones de años luz, que para el universo es lo mismo. Tal vez el universo todavía no es y nosotros no somos más que parte de un sueño a realizarse.
Con tal creencia, don Antelmo sólo vende “utopías” en su cantina. Creo que vos no has entrado a ninguna cantina, pero cuando tengás tiempo y más edad, debés hacerlo. Debés hacerlo porque son microcosmos donde hallás el mundo como símil de un barco o mensaje adentro de una botella.
La cantina de don Antelmo es singular desde el nombre. ¿Sabés cómo se llama? “El Foco Fundido”. La cantina, al fondo del local, tiene una barra inmensa, de madera de cedro, tallada, con figuras tomadas del cine de Fellini. El local es amplio, en lugar de mesas y sillas tiene colchonetas y cojines donde se recuestan los parroquianos. Cuando entra un grupo de muchachos con muchachas eso parece un cuadro de Tiziano. El techo está pintado de color azul y de ese techo Van Gogh cuelgan unos racimos de nubes blancas. En la entrada de la cantina hay un letrero que dice: “Acá no vendemos tequila, ni mezcal, acá sólo servimos Martini, Fellini y utopías de sal”.
¿Por qué de sal?, le pregunté un día a don Ante. Él no dejó de dar brillo a la barra con un trapo rojo de seda y dijo: “Porque en El Paraíso hacemos las estatuas con sal”.
Y es que, en efecto, cuando entrás al Foco Fundido dejás atrás el mundo y más te vale no volver la vista. El horizonte es una pared cubierta de espejos que sirve como estante para todas las botellas, que tal como reza el anuncio de la entrada sólo son botellas antiguas de Martini. El color verduzco de las botellas contrasta con la luz ambarina que cae de las lámparas colgantes de las vigas de madera oscura.
La cantina no tiene rocola, en compensación, don Ante tiene un viejo fonógrafo de esos con una trompeta de enorme flor metálica y ahí coloca discos de tango argentino, de marimba chiapaneca o de acordeón francés. Cuando el viejo está de buenas pone la canción “Dios nunca muere” y sirve una ronda a cuenta de la casa.
“¿Cuál es tu utopía?”, grita don Ante cuando algún parroquiano entra a su cantina. Y ante la respuesta, el viejo abre una botella de Martini, sirve una onza en un vaso coctelero y luego mezcla otras sustancias, que varían dependiendo de la utopía del cliente. Con un exacto juego de mano, el viejo mezcla todos los líquidos y luego, con igual destreza, vacía el contenido en un vaso y luego llama a Panchito, el fiel Panchito, quien rengueando se apura a llevar la bebida hasta la colchoneta número 2 o 4.
Tal vez, querida Mariana, el chiste de este lugar está en el momento en que el parroquiano dice en voz alta su utopía; tal vez la gracia está en invocar los sueños. Nadie se preocupa porque, al final, la utopía no sea más que una simple bebida embriagante que, a veces, provoca una tremenda borrachera.
Cuando alguien va a pedir su bebida llama la atención de medio mundo y medio mundo hace un silencio absoluto. Todos los parroquianos saben que las utopías echan a caminar cuando alguien las pronuncia con certeza y sin ninguna traba.
Los científicos insisten en decirnos que el universo está en expansión, ¿no será que se expande para “explotar” una de estas tardes y nosotros estamos adentro de este huevo cósmico?
P.d. El único inconveniente de El Foco Fundido es la salida. A veces, ya medio bolo, cuesta caminar en medio de tanto parroquiano tirado sobre las colchonetas. Pero este inconveniente a veces se convierte en prodigio: La noche del 23 de agosto de 1998, Juan “tatarateó” al salir y cayó sobre la colchoneta 7 y al incorporarse para pedir disculpas vio a Martha. Fue lo que dicen amor a primera caída. Juan se quedó en esa colchoneta y se hizo novio de ella. A veces, las utopías están más cerca de lo que pensamos.

jueves, 6 de agosto de 2009

¡VAYA QUE SE ANTOJA IR! LA PRESENTACIÓN ES EN LA CIUDAD DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS.

NIEVE SOBRE OAXACA


"¿Ya te diste cuenta?", me dijo ayer, "No ha llovido como el año pasado". Sacó el pañuelo de su pantalón y se limpió la frente, como si estuviese sembrando maíz en el campo,a medio día. Estábamos en el café de La Casa de la Cultura, corría el viento suave de las seis de la tarde. Un rato antes leímos un cartel donde se anuncia la entrega del Premio de Novela Breve Rosario Castellanos. La entrega será mañana viernes (anuncian la presencia de doña Jane Guadalupe, la conecultera mayor. ¡Vaya, los coneculteros, cuando menos, tendrán este rasgo de atención para el galardonado!). Este año, Gerardo de La Torre recibirá el premio por la obra intitulada "Nieve sobre Oaxaca". En su físico le encuentro una cierta semejanza con el físico del gran Jorge Ibargüengoitia.
He leído algunos cuentos de Gerardo, leí por ejemplo un cuento que se llama, más o menos, "La casa del mono" (porque en la portada de la casa, sobre la puerta principal, existe un relieve en piedra con la forma de un mono). Es un cuento policiaco.
Yo pensaba que los escritores con cierto renombre no participaban en concursos donde corren el riesgo de quedar afuera de la selección (toda decisión de un jurado cae en el terreno de la subjetividad, de los gustos personales). Pensaba que cuidaban su "prestigio" y mandaban sus obras recientes directamente a la casa editorial que les publica. Sin embargo, parece que, como juego, o por los efectos de la recesión (que siempre está instalada en los bolsillos de los escritores), los "grandes" también le entran a los concursos. Y digo lo anterior, porque Gerardo de La Torre no es ningún principiante que somete su obra a concurso, con la esperanza de darse a conocer en el mundo literario. Ante esto, la pregunta es: ¿La obra de qué escritor famosillo fue desechada ahora en este concurso? ¿Cuántos escritores, con obra más o menos conocida, quedaron fuera del premio? En una ocasión Elva Macías, la esposa de Laco Zepeda, comentó, a propósito del Premio de Poesía Jaime Sabines, que "se da el caso de que buenos trabajos los desechan en la primera ronda de lectura". Ella había sido jurado ese año y, tal vez, tal vez, esperaba que entre los diez trabajos finalistas apareciera el trabajo de alguna conocida.
"Sí, ahora ha llovido menos", respondí. Todo mundo dice que el mundo está "alrevesado". Es el calentamiento global, dicen unos; es el niño o la niña, dicen otros. Y los que somos inexpertos no sabemos bien a bien a qué niño o niña se refieren. Uno sabe que los niños son tremendos pero no imagina uno tan travieso para que influya en el clima. "Ya no llueve como antes". Nos miramos y sabemos con certeza quién tiene la culpa. Él toma un sorbo de café, yo abro la botella de agua y la llevo a mi boca. En la calle pasa un grupo de muchachitas bonitas, el grupo aprovecha la tarde. Es una tarde suprema, el sol se tiende sin regateos, los niños corren y un perrito los sigue sin desmayo.
Mi afecto se despide, toma el paraguas (que, al menos esta tarde, sólo fue un estorbo) y se despide: "Nos vemos el viernes, para la entrega del premio". Le digo que sí, que Dios mediante, que si no llueve recio porque no soporto mojarme, ni siquiera por Gerardo de La Torre, ni siquiera por la Rosario Castellanos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

HOMBRE DE HOJALATA



Acabábamos de llegar a la ciudad de México. Jorge estudiaba Arquitectura y yo estudiaba Ingeniería. En ese tiempo pensábamos que habíamos definido nuestro destino: él soñaría espacios y yo construiría los sueños.
Jorge vivía en la casa de sus abuelos, en la avenida Cuauhtémoc, de la colonia Narvarte. Era una casa sobria, elegante. Desde su recámara -segundo piso- mirábamos una calle con camellón lleno de palmeras. El Comitán que habíamos dejado no tenía ninguna avenida con esa generosidad. La ciudad de México nos deslumbraba. Todo era diferente.
Eran los años setentas. Mientras escuchábamos Tin man, en el tocadiscos portátil, yo ayudaba a Jorge a cortar unas hojas para la tarea de Diseño I. Yo estaba seguro que en Comitán nadie estaba escuchando lo que oíamos nosotros. ¡Por el amor de Dios, en Comitán la gente estaría oyendo la XEUI con sus cantantes viejos de siempre: Pedro Infante y Jorge Negrete! Pobres de nuestros ex compañeros que se habían quedado allá. Nosotros escuchábamos al grupo América. ¡Nadita!
Por la tarde, después que Jorge me invitaba a comer, yo regresaba a la casa de huéspedes donde vivía. Entraba a mi cuarto, prendía la lámpara de la mesa y hacía lo mismo con un pequeño radio. Escuchaba “La Pantera” y por ahí, de vez en vez, se colaba la de Tin man, que en casa de Jorge oíamos todas las mañanas, una y otra vez.
El tocadiscos de Jorge era de color rojo. Era un pequeño maletín que se abría para colocar los discos de 45 revoluciones. Al abrirlo, en la parte interna de la tapa aparecía el enrejado plástico de la bocina y en la base la tornamesa. Con los dedos índice y pulgar movíamos el brazo de la aguja.
Fue en ese tiempo de Tin man cuando mi primer sueño se materializó.
Sucede que una noche me acosté y llevé el radio hasta el buró (el radio de pilas que tenía también era de color rojo y cabía en mi mano). Puse La Pantera, cerré los ojos y comencé a pensar en Comitán (me deslumbraba la ciudad de México, pero en el momento que estaba solo en mi cuarto regresaba el amor por mi pueblo con una intensidad de rayo a mitad de la noche). Ya estaba medio dormido cuando escuché al locutor decir que la siguiente canción era del grupo Led Zeppelin. El grupo de rock comenzó a tocar y yo quedé dormido. Soñé con el mar, caminaba por una playa, hacía viento, la hierba que crecía al final de la playa se movía intensamente. Un cangrejo pasó y yo lo tomé con mi mano derecha. A la hora de agarrarlo, una de sus patas se desmembró, el animal cayó sobre la arena y huyó rengueando. Desperté. En la radio seguía sonando la canción “Stairway to Heaven”. Mi mano derecha estaba sobre el buró, cerca del radio, y tenía presionado algo. Abrí mi mano y la hallé sucia, como si tuviera una arena roja, como polvo de brazo de cangrejo.
Jorge no me creyó cuando se lo conté al día siguiente. Me pasó una tijera y me dijo que lo ayudara a cortar papel. Él, ayudado con una plantilla, pintaba un pliego de cartulina ilustración con pintura en spray de color azul. Cuando terminó se paró y quitó el disco de Bob Dylan, dijo que era hora de escuchar Tin man y colocó el brazo del aparato sobre el disco que, alrededor del centro, tenía una etiqueta con un paisaje de palmeras y, en letras pequeñas, el título de la canción y el nombre del grupo.
Aquel sueño fue el primero de una sucesión interminable. De vez en vez, sin que yo lo programe, al despertar tengo entre mis manos polvo del objeto soñado. Por ejemplo, la vez más reciente soñé que estaba en un cuarto oscuro y un hombre de hojalata, en la esquina, componía el mecanismo de un reloj. Movió sus manos y, tal vez por la incomodidad de sus dedos de hojalata, un engrane pequeñísimo se le cayó. Quise levantarlo, pero el hombre, con su voz metálica, me gritó: “No te atrevas”. En ese momento desperté. Miré mi mano y descubrí un polvo fino, como esa viruta que cae cuando troquelan una pieza metálica.
Sé que esto que me sucede es real. Lo único que no he logrado descubrir es qué me quiere decir el universo con estos residuos oníricos. Por si las dudas, guardo en botellitas los restos de estos naufragios.
El tiempo pasó y en el siglo XXI Jorge y yo advertimos que nos equivocamos en nuestras vocaciones, porque ahora él construye y yo sueño. Nunca terminé la carrera de ingeniería y él tampoco concluyó la de arquitectura.
Me convertí en un soñador, en un creador de espacios improbables. ¿De veras es así?
Ayer entré a youtube y escuché Tin man. Por fortuna ahora lo hice en mi amado pueblo y no en aquella ciudad insoportable que un día nos soportó y destrozó nuestros sueños improbables.

martes, 4 de agosto de 2009

PRESENTACIÓN DEL LIBRO MÁS RECIENTE DE FERNANDO TREJO, EN TUXTLA GUTIÉRREZ, CHIAPAS.

INVITACIÓN DEL CENTRO CULTURAL ROSARIO CASTELLANOS, DE LA CIUDAD DE COMITÁN DE DOMÍNGUEZ.

COTHY SOTO Y MARKXO - ACTUACIÓN EN EL TEATRO DEL PUEBLO - EXPO FERIA COMITÁN 2009 - 31 de julio.

LORCA QUE TE QUIERO LORCA


Óscar Bonifaz siempre me sorprende. Anoche, al término de la presentación del libro de Luis Armando Armendáriz Ruiz, me dijo que tenía algo para mí. Subimos a su oficina. El teatro (anoche lo dijeron) fue cine en un tiempo. Tal vez donde hoy está la oficina fue parte de la cabina de proyección; es decir, la vocación de ese espacio es proyectar sueños y Bonifaz sigue el script al pie de la letra.
Ya se sabe que, a veces, la vida no está en la butaquería sino en la "parte de arriba"(también hubo un tiempo en que la cabina de proyección fue lugar de encuentro para los compas bolencones. Por esto el grito de "¡Cácaro, deja la botella!" era frecuente).
A propósito del "Verde que te quiero verde" de Lorca, Bonifaz me entregó una relación de "verdes" con nombre propio.
Bonifaz encontró ayer, como si cosechara en el valle de Tzimol, un manojo de verdes. En carta dirigida a mí, escribió:
"Aquí una serie de verdes que, cuando fui capturándolos, me impresionó su variedad; aquí están:
Verde bandera,
Verde aceituna,
Verde musgo,
Verde esmeralda,
Verde Nilo,
Verde agua,
Verde limón,
Verde amarillento,
Verde pasto,
Verde oscuro,
Verde claro,
Verde militar,
Verde pistache,
Verde olivo,
Verde zacate,
Verde malva,
Verde subido,
Verde bajo,
Verde perico,
Verde curguatón,
Verde azul,
Verde botella,
Verde hoja,
Verde "fosforecente",
Verde brillante, y
Verde opaco".


Queda claro que dentro de esta gama, el verde curguatón es un obsequio de Comitán para el mundo; así como el verde bajo puede ser un albur que, generoso, entrega el barrio de Tepito.
Una "blogger", que firma como Negra Murguera, dice que hay verde viejo y que este tono es más agradable que los viejos verdes
Óscar Bonifaz termina diciendo que "también nuestras esperanzas las pintamos de verde".
Sí, mi querido maestro, la gracia de la vida, como siempre, es hallar el tono adecuado. Hay compas que la pintan de "verde botella"; hay mujeres confusas que la pintan de "verde azul"; y hay otras que terminaron casándose con hombres llamados Pacos porque, de jóvenes, se plantearon el futuro como un dilema simple: "Verde o Paco", y nada Lorquianas despreciaron el color que, desde siempre, "predispone a la tranquilidad".

P.d. El 12 juega México contra Estados Unidos. Medio mundo le irá a "la verde". ¿Esta tonalidad es lo que se dice "un verde de la patada"?

lunes, 3 de agosto de 2009

MUCHO MÁS QUE EL SOL



Quién sabe por qué en España le llaman Tebeo. Tal vez por la misma razón que en EEUU le llaman Comic y en Japón le dicen Manga.
En mis tiempos de niño, a las revistas con dibujos les decíamos Cuentos o Historietas o Monitos. Apartábamos algo del “domingo” que nos daban nuestros papás y, el lunes por la tarde, íbamos a La Proveedora Cultural, de don Ramiro Ruiz, a comprar el Memín Pinguín o Tawa o La Familia Burrón o Los Supersabios o Kalimán.
En temporada de la feria de Santo Domingo, un señor ponía un puesto con renta de revistas de monitos. Dos o tres viciosos llegábamos todos los días y nos sentábamos en unas sillas enanas o sobre las duelas de madera, y “devorábamos” los cuentos. Siempre he sostenido que esta afición me llevó a entrar a la biblioteca con toda la emoción del mundo. El niño que lee comics está en el umbral de la gran literatura.
En los años sesentas del siglo pasado todo transcurría en el centro de Comitán, al menos para mí. La casa donde vivía estaba a media cuadra del parque, el negocio de mi papá en la propia casa y el negocio de mi mamá a escasos pasos; La Proveedora a media cuadra del parque, y los juegos de la feria de Santo Domingo se instalaban en las calles que rodeaban el parque central. Bueno, con decir que hasta Santo Domingo construyó su templo en una calle paralela del parque. Así pues no fue raro que la primera niña de quien me enamoré hubiera estado sentada en una banca de granito de ese parque.
Los que nacimos en este maravilloso pueblo nos reconocemos como Comitecos, éste es (como dicen los que saben) nuestro gentilicio. Gente de otra parte nos dice “Cositías”, esto no nos molesta en lo más mínimo. ¡Los comitecos somos mucho viento para asustarnos con simples remolinos levanta polvo! Somos orgullosamente comitecos, así como las mujeres nacidas en esta bendita tierra son Comitecas, a mucha honra.
Pero ahora resulta, por estas ondas de la globalización, que la palabra Comiteca no sólo designa a la muchacha bonita de estas tierras, sino que sirve para designar a una colección de historietas. ¡Por el amor de Dios! Así como quien colecciona periódicos tiene una Hemeroteca, o el coleccionista de libros posee una Biblioteca, ahora el compa que tiene una colección de Cómics tiene una Comiteca en su casa.
No crean que es choro, ¡no! Muchos españoles han retomado el término Cómic y ahora dicen que tienen una Comiteca en su casa. ¡Pucha, brincos dieran por tener una flor tan pura en su jardín!
Digo, ¡qué poco respeto por el lenguaje, por la bendición de la palabra! Ahora resulta que a cualquier cama le llaman nube. ¡No, no, por favor más respeto!
Ojalá que el Comité de Cultura de Comitán exija la Denominación de Origen y, con documentos fehacientes, compruebe que la palabra Comiteca sólo debe ser aplicada para la muchacha bonita nacida en esta tierra. Esa muchacha que huele a juncia verde y que tiene en sus ojos el color de la hora de la bendición suprema. Habrá que exigir a la Real Academia de la Lengua Española que no se pase de lanza, que para lanzas ya tuvimos suficientes con las que quebró El Quijote en sus aventuras.
Brincos dieran. La comiteca es una bendición para el mundo entero, pero ella no se sube a cualquier tren desvalido. ¿Colección de revistas de historietas? ¡Qué bobos!

domingo, 2 de agosto de 2009

CADA QUIEN SU NUBE


¿Cómo se forman las ciudades? Es casi improbable que sea proyecto de un hombre solo. Por lo regular se forman a partir de comunidades de hombres.
Digo lo anterior porque Mariana quiere construir una ciudad de sueños. Ayer, muy segura, me dijo: "No necesito a nadie más".
Necesitarás nubes, le dije. Ella abrió las manos y me dijo: "¡Acá tengo miles!". Como vio mi cara de incrédulo tomó un cuaderno y un lápiz y pintó dos nubes. "¿Cuántas quieres?", me preguntó.
Es su proyecto. Es su sueño. No sé bien a bien cómo será, al final, la ciudad de Mariana, pero la imagino como la ciudad ideal.
Queramos o no, las ciudades reales donde habitamos se alejan mucho de nuestra ciudad ideal. Los hombres nunca estamos satisfechos con lo poseído, siempre deseamos más. No faltan quienes anhelan para Comitán un pico como el Everest. Tal vez en Suiza alguien sueña con una playa estilo Acapulco.
La ciudad de Mariana estará llena de nubes, pero no imagino el resto. No alcanzo a comprender cómo serán sus casas. La gente, ¿en dónde hará su pan? ¿En dónde sembrará su trigo?
Cuando Mariana me preguntó si me gustaba su proyecto, le dije ¡sí!, por supuesto. A Mariana le espera una labor ardua, por lo regular, las ciudades son proyectos de muchos hombres, de muchos sueños. No obstante es bueno que ella sueñe con ello. Si los hombres creyéramos en la posibilidad de nuestros sueños, tal vez, ya habríamos logrado la ciudad ideal.

sábado, 1 de agosto de 2009

FALTAN TANTOS DÍAS


Me atraen los anuncios futuristas. Una muchacha bonita aparece en la televisión y dice: "Faltan trescientos y tantos días para el Mundial de Fútbol de 2010". Lo dice con emoción, con certeza, como si fuera una sibila; como si nada pudiera ocurrir que evitara dicho acto.
Pasan los trescientos y tantos días y ¡el mundial inicia!
Se da por hecho que el mundo no dejará de funcionar.
Los enterados recomiendan vivir el presente, dicen que el ayer ya no tiene sustancia y el futuro es impredecible; y sin embargo el mundo parece moverse en dirección del futuro. Todo acto del presente se justifica en el porvenir: El estudio, el trabajo, las relaciones. Los padres de familia recomiendan: "Estudia para que el día de mañana seas una mujer de provecho"; los directivos motivan a sus jugadores diciéndoles: "¡Échenle ganas para que mañana ganemos al América!". Todo está diseñado para el día de mañana. Los propios niños de todo el mundo son "el futuro de las respectivas patrias".
Por esto me atraen esos anuncios que anuncian el futuro con tanta certeza.
Mi abuela Esperanza dudaba (a pesar de su nombre). Ella siempre anteponía a todo proyecto la frase de: "Si Dios lo permite".
Nunca he escuchado en la televisión que el conductor diga: "Los partidos de fútbol de la próxima semana serán, si Dios lo permite, tales y tales".
Los hombres somos arrogantes y a veces nos topamos con pared.
A veces imagino a la muchacha que, en medio de la plaza, en el año de 1913, anunció con certeza: "Faltan tantos días para el inicio de la Olimpiada de 1916". En 1914 comenzó la primera guerra mundial (que nadie anunció con certeza) y los juegos olímpicos se suspendieron.
Recientemente, la previsión sanitaria por la influenza enseñó al mundo que nada posee certeza, que todo puede irse al abismo, pero no aprendemos, porque no queremos reconocer nuestra fragilidad. ¿Qué sentido tendría la vida si no tuviésemos la "esperanza" del cumplimiento de nuestros deseos y anhelos? Vivimos porque pensamos que el mañana llegará. Nos casamos y anhelamos tener hijos y que estos, el día de mañana, sean felices. Quisiéramos ser como la muchacha bonita de la televisión para anunciar: "Faltan tantos días para que mi hijo se reciba de Médico Veterinario"; "Faltan tantos días para que yo sea abuelo de una niña preciosa"; "Faltan tantos días para que mi nieta preciosa se reciba de Licenciada en Ciencias de la Comunicación"; y así hasta el infinito. Sin embargo.
Tal vez mi abuela Esperanza era más sibila que nadie porque ella reconocía la única certeza: "Nada se mueve sin la voluntad de Dios".
No obstante, a mí me siguen atrayendo esos anuncios futuristas donde todo pareciera depender de la voluntad del hombre y donde la voluntad de Dios pareciera ser una simple variable.