miércoles, 31 de marzo de 2010

CARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO LA LUZ JUEGA A LAS ESCONDIDAS




Querida Mariana, los estudiantes se detienen un instante y dejan una rosa sobre la banqueta. Lo hacen todas las mañanas, antes de tomar el autobús que los llevará a su escuela. Dejan la rosa sobre el lugar donde, según los enterados, una muchacha bonita se desintegró a la vista de medio mundo. Sí, leíste bien: ¡se desintegró! Los testigos presenciales dicen que la muchacha bonita vestía falda a cuadros rojos y azules, blusa blanca con el logotipo de su escuela sobre el pecho izquierdo, calcetas blancas; su cabello lo llevaba recogido, olía a hierbabuena. En cuanto ella llegó a la terminal dejó la mochila sobre la banca, buscó un libro y lo abrió. Investigaciones posteriores demostraron que el libro era un libro de cuentos de Julio Cortázar y que ella leía la página 84, línea 12, donde está el cuento: El Otro Cielo. La hora exacta de la desintegración fue la de las 7 de la mañana con 12 minutos y 14 segundos, en el instante que el autobús doblaba la esquina y se enfilaba a donde estaban los tres muchachos y los dos ancianos. Los otros dos jóvenes también iban a su colegio, un colegio diferente al de María Esperanza Chávez Conrado (nombre de la muchacha hija de la luz). Los ancianos eran marido y mujer e iban al hospital para una revisión de rutina (después se comprobó que no resultó tan de rutina porque ella murió. El testimonio del viejo no contó para las pesquisas pues padecía Alzheimer). El comandante de la policía (un tipo iletrado) tuvo el buen tino de solicitar la ayuda de dos alumnos destacados de la carrera de Letras de la UNACH y logró saber que María Esperanza leía la siguiente línea: “las cosas me sucedían cuando menos pensaba en ellas, empujando apenas con el hombro cualquier rincón del aire”. Los universitarios le explicaron que, tal vez, cuando llegó a las palabras rincón del aire ella tuvo una nostalgia de viento. Durante mucho tiempo el comandante sostuvo su teoría de que esas palabras parecían letra de alguna canción de José Alfredo Jiménez e incluso la cantaba en voz alta mientras iba de un lado para otro por en medio de los dos escritores de la húmeda oficina: “Empujando apenas con el hombro, cualquier rincón del aire”. “Sí -decía- es de José Alfredo, o, ya de jodida, del tal Joaquín Sabina”. Fue necesario que el Director de la Facultad de Humanidades certificara, de puño y letra, que el texto era de Julio Cortázar. Asimismo fue necesario explicar al comanche que el escritor estaba muerto y que el texto en cuestión nada tenía que ver con los mensajes que la delincuencia acostumbra dejar sobre los puentes peatonales (bueno, con decir que el tipo ya había comisionado a dos efectivos para que le trajeran “vivo o muerto” al tal Julio Cortázar, acusándolo de ser el autor intelectual).
María Esperanza se desintegró un minuto antes de que el camión llegara; en el instante que Mario alzó la mano para detener el camión; en el momento que don Eusebio tomó a su mujer del brazo y la ayudó a pararse; justo en el instante en que dos niños echaron a correr detrás del camión. Se desintegró como si una mano superior la tomara entre sus dedos y la deshiciera como hoja seca de abeto.
El comandante abrió un expediente y comisionó a dos efectivos para que resolvieran el caso, pero, Marianita, el caso no tiene solución, al menos en el plano de esta realidad. ¿Qué pasó? Tal vez los dos estudiantes universitarios son quienes están más cerca de una explicación natural dentro de lo sobrenatural: María Esperanza ¡tuvo nostalgia de viento!
Como siempre sucede en Comitán, la gente comenzó a inventar: que si pasó un ovni y la jaló; que si Dios la castigó porque un día antes había estado bebiendo cerveza en “La Granja” y había subido a una mesa a bailar a ritmo de reggae; que si dos hombres invisibles le hicieron “un levantón”; que si era parte de un grupo de investigación de la NASA y que transmutó en otra cosa. En fin, se dijeron muchas cosas, pero lo cierto es que la muchacha bonita no regresó a su casa hasta el día de hoy.
P.D. Otros dicen que todo fue un invento creado por los dos chavos para hacerse famosos. Que María Esperanza nunca estuvo ahí, que una noche antes se “fugó” con el novio y vive en París, tiene un hijo y trabaja en una librería de la Rue Dauphine.
Los chavos, en efecto, tuvieron sus cinco minutos de fama pues la noticia salió en el programa de televisión de Jaime Maussan, quien mostró el caso como una posible abducción.

martes, 30 de marzo de 2010

¿Y AHORA QUÉ?


¿Y ahora Carlos Slim qué piensa? Sé qué pensaba Carlos, mi compañero de primaria, que siempre era el primero del grupo, pero no sé qué pensará don Carlos. ¿Y ahora qué sigue? ¿Qué sigue cuando ya saliste en las listas de Forbes como el hombre más rico del mundo? Carlos, mi compañero, soñaba con ser el mejor estudiante de México (no sé si lo logró, porque un día desapareció de mi vista). ¿Pero don Carlos qué? ¡Ya está arriba de la montaña más alta! ¡No hay más! ¿Se tratará ahora de acumular más riquezas para llegar a ser el hombre más rico que jamás existió en toda la historia de la humanidad? ¿Se tratará ahora de pensar en la posibilidad de que en algún otro planeta existan seres como nosotros -digo, tontos materialistas- y don Carlos pretenda ser el número uno del universo en las listas de Forbes?
No sé qué pensará don Carlos. A la hora que se acuesta, ¿qué piensa? ¿Será que algo como un orgullo le recorre la piel y se infla como guajolote al pensar que no existe hombre en el mundo que tenga más paga que él?
¿Qué pensará a la hora que despierta y mira el Sol entrar por su ventana? ¿A la hora que camina por un parque y respira el aire y mira un árbol o una simple mariposa jugueteando por el viento? ¿Qué pensará -digo- cuando en la noche eleva la vista y mira el cielo y lo ve lleno de estrellas? Digo, no creo que piense: "Soy el hombre más rico del mundo". ¿Qué caso? Tal vez, pienso yo, hay momentos en que don Carlos piensa que ante la magnificencia del universo (frente a una simple hormiga que carga una hoja) su dinero no sirve de algo.
Porque, la verdad, eso de que es el hombre más rico del mundo no da envidia. ¡Quién sabe cómo llegó a serlo! Si ahora mismo hiciéramos una encuesta, la mayoría dijera que no quiere ser como don Carlos. La verdad: ¡pobre!, pero, bueno, así le tocó ser en la vida y no le queda más que disfrutar su primer lugar entre los ricos. Menos mal que el cielo no existe (me refiero al cielo donde se supone van a dar los que se portan bien en la vida) porque si no ¡qué friega! Don Carlos sería el último de la fila y no entraría porque ya lo dijo la Biblia: primero pasará un camello por el ojo de la aguja que un rico entre al reino de los cielos. ¡Chin! A don Carlos no le queda más que desquitarse en esta vida y comprar todos los chunches materiales que más pueda: carros, yates, campos de golf, cientos de edificios, los mejores vinos, los mejores relojes, haciendas. ¿Mujeres? No le queda más que volverse accionista del New York Times y de todo lo que se le ponga enfrente. Lo jodido de esto es que debe padecer el síndrome del cuate rico. Acá en Comitán tenemos un compa al que cada año nos preguntamos qué regalarle el día de su cumpleaños, porque como tiene su paguita (no, no, no crean que anda tras la lista de Forbes) pues tiene de todo. ¿Qué regalarle a don Carlos? No sé. No creo que sea buena idea regalarle un chunche. ¿Más pendejaditas? No, no, dirá, don Carlos, más basura ya no.
Tal vez él sueña en comprar un terreno en la luna o, como El Principito, comprar un asteroide donde pueda mirar a gusto una puesta de Sol.
Tal vez con Carlos lo que más disfruta es mirar una puesta de Sol. Y para esto, para esto, no se necesita tener toda la paga del mundo. Hoy mismo, si Dios lo permite, cada uno de mis lectores y yo podremos mirar este maravilloso espectáculo que no cuesta algo. Porque lo verdaderamente importante de la vida no vale algo. Digo, suena así como a moraleja medio mamila, pero es la realidad.
Cuando don Carlitos se rasura frente al espejo no es más que un hombre, igual que vos, igual que yo. "Espejito, espejito, ¿quién es el más riquito?". ¿Gana algo cuando el espejo responde: "Tú, Carlitos"?
¿Qué hará don Carlos cuando el pinche espejo -el próximo año- responda: "Hay otro más rico que tú"? ¿Nos pasará a joder con el cobro de sus servicios? ¿Inventará más cobros en los celulares, por ejemplo?

lunes, 29 de marzo de 2010

INSTRUCCIONES PARA LEER EN LA OSCURIDAD


Con un abrazo para la familia Delfín Cristiani,
por la ausencia física del Arq. Roberto Delfín Cristiani.



1.- Imaginar que la luz sale a comprar cigarros y no vuelve más a casa y uno se siente como huérfano.
2.- Probar si la luz ya está tibia. La mano debe colocarse como un cucharón e introducirla, poco a poco, en el río de luz.
3.- Escribir sobre la pared de viento los créditos de todos los artistas que participan en la puesta en escena de la vida.
4.- Jugar golf en el campo del universo. Debe tenerse la precaución de no hacer “hoyo en uno” pues cada uno de los 18 hoyos es un “hoyo negro”
5.- Aprender, al derecho y al revés, el lenguaje braille. Es conveniente practicar mucho en la piel del amado o de la amada.
6.- Diseñar una bandera del territorio de la imaginación. Cada mañana, a las seis de la mañana, izarla en el asta del techo de la casa. Se recomienda poner el disco de Los Reales Fuegos de Artificio, a todo volumen.
7.- Comprar muchos pares de lentes para ver de cerca, para evitar la resolana y para mirar de lejos. En caso de ser necesario se puede emplear lupas y telescopios (el del Monte Palomar no siempre está disponible).
8.- Durante la mañana salir a cobrar el dinero que nos deben los amigos y aceptar algunos abonos que cubran parte de la deuda. Por la noche debe hacerse un túmulo con los billetes para hacer una hoguera. Por lo regular una buena fogata con billetes de doscientos da luz por una o dos horas.
9.- Acostarse al lado del libro, colocar los brazos sobre el pecho (si uno está acompañado puede colocar sus manos sobre el pecho de su pareja), cerrar los ojos y escuchar cómo respira cada una de las hojas del libro.
10.- Conseguir una sierra caladora y un taladro. Con ambos objetos diseñar un cielo con las hojas centrales del libro.
11.- Imaginar que uno es un niño que dibuja a mano alzada, sólo que, en lugar de lápices de colores o crayolas, el objeto a utilizar es el eje donde rota la tierra.
12.- Señalar, con el dedo índice de la mano derecha, el lugar de la página donde uno cree que está escrita la palabra viento, o almohada, o buenaventura, o marimba, o, ya de perdida, la palabra azucena o la palabra betabel.
13.- Prender una vela y, en voz baja, cantar: “¡Que llueva, que llueva, la Virgen de La Cueva!”. En el instante que la lluvia comience a caminar sobre el techo, levantar la cara y olisquear el aroma de la “palabra mojada”.
14.- Jugar al instrumento musical; es decir, mandar a la pareja a otra habitación (puede ser la recámara o el baño o la cocina) y decirle que imite a una tuba, una trompeta, un tambor, un piano, un güiro o una campana.
15.- Prender un brasero en la mitad del patio, mientras el perro aúlla a la luna.
16.- Abrir un hoyo a mitad del patio (tiene que ser en un lugar distinto de donde arde el brasero), cavar dos hoyos y descubrir un tesoro enterrado o un yacimiento de petróleo o el cadáver de un rey maya.
17.- Avivar el fuego del espíritu con un soplador de palma.
18.- Recostado en el vientre de la pareja contar cuántas ambulancias pasan con sus gritos de perros lastimados.
19.- Invocar a Jesús y pedirle que, así como convirtió el agua en vino, convierta la oscuridad ¡en luz!, y
20.- Hacer un brindis con vino blanco por “el pez que nada contra corriente”.

domingo, 28 de marzo de 2010

sábado, 27 de marzo de 2010

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE POESÍA "UNA FLOR ESTALLA EN CADA MACETERO"



Mario Escobar Gálvez, autor del libro, me invitó a hacer un comentario el día de la presentación. Paso copia acá de lo que leí.

Buenas tardes:
¡Un poeta escribe un libro! Esto es como decir: ¡un pescador construye un barco! Nadie duda que el hombre empleará el barco para navegar en el río y pescar. Cuando el pescador regresa a la orilla regresa con la red llena de pescados y piensa que el barco que construyó es un objeto maravilloso. Ahora bien, ¿qué hace el poeta con un libro? ¿Qué hace una vez que lo tiene en sus manos, una vez que lo construyó? No lo puede depositar en la corriente de agua porque se hunde y se moja y, ya se sabe, las hojas de papel se deshacen con el agua. Los libros no sirven para cosas prácticas como pescar o como levantar cosechas de maíz o de chabacanos.
¿Para qué, entonces, los poetas escriben libros? ¿Para qué Mario Escobar nos convoca hoy para compartir su libro?
El objetivo es sencillo y se parece mucho al oficio de los comerciantes antiguos que se instalaban en los puestos del mercado de Tlaltelolco. Se trata de poner el libro sobre un mantel para que los demás lo vean, lo palpen, lo huelan y, ocasionalmente, lo lleven a casa. En el bullicio de la plaza prehispánica no todo mundo hacía el trueque de cacao por xoloitzcuintles, pero siempre hubo alguien que sí lo hizo. De igual manera, en todos los tiempos del mundo, hay gente que mira un libro de poesía y lo toma porque algo en su corazón le dice que en la vida no todo es un barco o un pescado.
Y es así porque tal vez a ustedes les ha pasado esa sensación absurda de comprar un objeto y una vez que lo tienen entre las manos preguntarse: “¿Esto es todo?”
Los libros, ¡los buenos libros!, injertan una sensación diferente que obliga al lector a afirmar: “Esto no es todo”.
Y hay una gran diferencia entre decir: ¡Esto es todo!, a decir: ¡Esto no es todo!
¡Siempre hay algo más! Los libros ayudan a ver que ¡hay algo más! Los libros tocan la esencia del espíritu, a pesar de que son los objetos más intangibles. Y esto es así porque la palabra es volátil como el ala de un ángel y frágil como el cristal del agua.
Mario me contó un día que, de niño, allá en Tapachula, lugar donde nació, su mamá lo llevaba a los rezos. Por lo regular, los niños odian ir a lugares donde los adultos están habla y habla y donde a cada rato les dicen que se callen, que dejen de jugar, como si no supieran que los niños juegan porque así descifran el mundo. Pero a Mario no le molestaba ir a los rezos, ¡al contrario! Se hincaba, al lado de su mamá, y, en medio de velas y aromas de flores, hacía silencio y escuchaba los rezos. “Santa María, Madre de Dios…”, oía cada palabra como si fuera agua de un río de fluir constante. De ahí, Mario aprendió que la palabra tiene un ritmo que se alía al ritmo del universo. Mario no estaba equivocado. Ya sabemos que Jaime Sabines, poeta de gran sonoridad, bebió constantemente de la palabra Bíblica.
Un día, quién sabe hace cuánto, Mario llegó a Comitán. Caminó sus calles, bebió sus balcones, sus barrios, sus estrellas y sus vientos. A la noche siguiente: ¡escribió! Escribió como si orara, como si la palabra húmeda de aquellos patios tapachultecos fuera la condición necesaria para redimirse de algo que nunca se sabe qué es, pero que está emparentado con el pecado original, con la oscuridad y el silencio que reinaban antes de la creación del universo.
El libro que Mario presenta hoy se llama “Una flor estalla en cada macetero”. Y la flor es el símbolo porque esto es precisamente lo que sucede en cada macetero, en cada corazón del hombre. A cada instante hay algo que estalla, algo como un ¡deslumbramiento! Mario nos dice en este libro que este pueblo también está hecho de esas flores que estallan como galaxias a cada rato en la infinitud del universo. Y como la creación es un asunto, no de iglesias, pero sí de religiones, su voz se emparenta con la de los grandes profetas.
Escuchen la voz de Mario (cito)
“Quiera el león de la Pila, quiera el tanque dar a los caballos, el agua del espíritu”
(termina cita)
La palabra de Mario proviene de la plegaria inicial, de la voz con que el hombre pide luz a los seres divinos. El libro de Mario comenzó a escribirse el primer día que su mamá lo tomó de la mano y lo llevó al rezo en el patio de una casa de Tapachula. Era una casa con techo de teja, con patio de tierra, con hamacas colgadas de los pilares de madera; era una casa con un perro dormitando en el zaguán, con una mujer sentada en la entrada abanicándose con un abanico de palma; era una casa con muros de adobe, con mosquiteros en la ventana; era una casa con un árbol plantado a mitad del patio; pero, sobre todo, era una casa mujer, una casa brasero; casa donde el fuego de la palabra es más afectuoso que el calor de treinta y nueve grados a la sombra de ese pueblo hirviente.
Por esto, la estructura de este libro de poesía tiene la traza de un cuarto o de un patio o de una casa o de una ciudad y viceversa. En la poesía de Mario reconocemos que la palabra es el cimiento de toda estructura mental y la poesía sirve como aire para que vuelen los papalotes y los sueños.
Mario nos enseña que con rezos se hacen las alianzas, no aquéllas infames de PAN y PRD, sino las alianzas del Arca de la Alianza, de la salud de los enfermos, del refugio de los pecadores, de la puerta del cielo y del trono de la sabiduría.
La mirada de Mario, así lo demuestra este libro de poesía, no es la mirada del extranjero o del viajero. Su mirada descubre deslumbres en cada macetero y cada macetero es cualquier balcón, cualquier puerta, cualquier ventana. La flor no dura para siempre, pero la mirada de Mario la conserva eterna y nos la entrega luminosa antes de que la novedad se consuma en la rutina.
Mario ha paseado su mirada por el cuerpo de una mujer que se llama ciudad o por esta ciudad que se llama mujer; la ha paseado con todo el tiempo del mundo y sus ojos han sido como una mecedora que ha bebido todas las tardes y todas las noches, sin prisa, sin reacomodos.
Escuchemos de nuevo la voz de Mario, sólo para reafirmar que su voz es como una flor que estalla en el corazón del hombre:
(Cito)
“No recuerdo desde cuando te quiero, ni de dónde me viene la memoria, tal vez de una casa de adobe y tejas”.
(termina cita)
De la casa de adobe y tejas viene el agua de este río. Su cauce es el mismo que sigue el sol cuando, abrumado por el calor de Tapachula, decide darse una pausa y mete sus manos de fuego al agua. De ahí viene el libro de Mario, de ahí su palabra.
Concluyo diciendo que me siento halagado de estar acá con ustedes, porque el concepto de universidad es, precisamente, el de universalidad. En este espacio cabe todo y, aunque este campus no tiene carreras propiamente humanistas, con este acto refrenda su compromiso con el hombre. Qué bueno que las autoridades de la Universidad Autónoma de Chiapas, mi universidad también porque estudié la carrera de lengua y literatura en la Facultad de Humanidades, promueva el vuelo del pensamiento y de la sensibilidad para sus jóvenes estudiantes. El libro de Mario, estoy seguro, puede tocar el corazón de cada uno de ustedes.
Los invito a leer este libro. Hallarán en él una nueva forma de mirar el mundo. Mario, no lo olviden, comenzó a escribirlo desde el primer momento en que su mamá lo tomó de la mano y le dijo: “Ven, hijo, caminemos, el camino comienza acá y no termina nunca”.
Muchas gracias.

viernes, 26 de marzo de 2010

MUJERES QUE FUNCIONAN CON ENERGÍA ELÉCTRICA



A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que son como papel mojado, y mujeres que son como un libro electrónico.
La mujer libro electrónico es conocida como la “ibuk” y tiene la ventaja de llevar en su corazón de plasma más de mil libros. Su antepasada del siglo XIX era una mujer llena de polvo con cientos de volúmenes con olor a viejo y a naftalina. Debido a que los hombres comenzaron a ignorarla, en la década de los noventas del siglo pasado, la mamá de la ibuk se volvió una mujer con la “estantería” abierta. Sus amados la gozaron como nunca pues ella estaba siempre dispuesta y cualquiera podía “meter” mano entre sus estantes. Pero, como sucede en la vida, pronto, sus amados la abandonaron porque la mujer videojuego apareció. Pero ella pensó: renovarse o morir en el abandono del amado y ¡ella se renovó!
Los hombres que gozan amar a una mujer envueltos en la flama de una vela no deben acercarse a una ibuk. Esta mujer es para los hombres que están acostumbrados a pasar el dedo sobre la pantalla con la misma facilidad con que lo pasan sobre los labios o sobre el cabello de las muchachas bonitas. Esta mujer es para los amados que disfrutan con el voyerismo, ya que ella está llena de imágenes digitales.
La gran ventaja es que ella tiene todo a la mano. Ya no hay necesidad de bajarse de la cama para ir por una cita bíblica o por un verso de Sabines o de Efraín Bartolomé.
La gran desventaja es que, durante todo el tiempo que dura el acto del amor, esta mujer no apaga su pantalla. Los amados que disfrutan la oscuridad total, los que juegan a ser ciegos y lamen cada tramo de piel como si estuvieran adentro de una gruta ¡no se sienten bien ante la ibuk!
Los lectores inteligentes ya apreciaron que esta mujer se convierte en algo menos que un mueble inútil cuando la luz se va.
Pedro me contó que, recientemente, estuvo con una ibuk, la conoció en uno de esos llamados Antros. La mujer era deslumbrante, como si estuviese llena de efectos especiales. Mi afecto se deslumbró, la sedujo y, por fin, la llevó a su departamento de soltero (bueno, así le llama él, pero en realidad es su departamento de la infidelidad ya que él es casado). Pedro estaba emocionadísimo ya que ella poseía casi todo el conocimiento amoroso del mundo. Cuando a Pedro se le agotó la imaginación, ella buscó en su pecho la posición ochenta y cuatro del kamasutra, la que apareció con “pelos” y señales en la pantalla de su corazón. Pero, ¡oh, qué lástima!, cuando más emocionados estaban dándole al juego del “pad”, ella cerró sus ojitos, bajó las manos, sus tetas se fueron hacia abajo como si fueran mangos marchitos e hincando su barbilla sobre su pecho dijo: “La batería se agotó”. Pedro dice que la dejó en su departamento y regresó a su casa donde su mujer siempre tiene prendida la vela.
A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que son como pizarrones blancos, y mujeres que son como botes de pintura acrílica.

miércoles, 24 de marzo de 2010

LO DE TODOS LOS DÍAS


A Dios, porque me da la bendición de que mi mamá cumpla 80 años, con salud y luz.


¿Novedad? ¡No hay! El mundo, de pronto, nos quiere sorprender con algo novedoso, pero, viéndolo bien, no hay tal.
El Internet, la tercera dimensión o los celulares de última generación parecieran ser chunches espectaculares, pero no lo son porque su novedad está instalada en la pura rutina.
Pongamos por ejemplo a los espejos. Un espejo, por más moderno que sea, no puede darnos ninguna sorpresa. Si a alguien se le ocurre inventar un espejo que no refleje imágenes sino que vomite elefantes, el espejo sigue siendo rutinario, precisamente, por lo del vómito y por lo de los elefantes. ¡Pura cosa común y corriente! Para que un espejo resultara realmente novedoso debería ser algo fuera de “este mundo” y las cosas fuera de este mundo también están instaladas en la cotidianidad.
Un espejo que sea como un fogón o que sea un pozo de la eterna juventud o que invente universos o que sea como una fuente de oro o… ¡pura cosa ya dada!
Los seres humanos estamos tan contagiados de la rutina terrestre que no podemos inventar cosas realmente novedosas; es decir, cosas no existentes.
Benditos tiempos aquéllos en que todo estaba por inventarse. Bendito instante aquél cuando Dios comenzó a crear.
Porque hubo un tiempo en que no existían los animales, ni las agujas, ni los zapatos, ni los pies, ni las azoteas, ni los calzones, ni el pijama, ni la pasión; hubo un tiempo en que no existía algo. En ese momento todo lo que fue apareciendo fue novedad. Cuando el primer animal voló sobre el cielo ¡la novedad apareció! Si alguien hubiese presenciado ese momento habría dicho: “¡Tiene alas!” y medio mundo habría abierto la boca y preguntado: “¿Qué son alas, para qué sirven?”, pero ahora, si a algún científico se le ocurriera inventar un animal alado cualquier hombre diría: “Ah, es un animal que vuela” y seguiría haciendo lo que hacía, sin el menor asombro (basta decir que nadie se sorprende porque existan los ángeles. ¿Quién puede sorprenderse ante un hombre que, como pájaro, tiene alas?)
De acá en adelante ya nada puede sorprendernos. Los inventos más increíbles siempre estarán sustentados en objetos y chunches ya existentes. ¿Un día el hombre podrá leer la mente? ¿En dónde está la novedad si ya advertimos el advenimiento de eso? ¿Qué de novedoso puede tener si desde hace miles de años el hombre lee y sabe qué cosa significa la palabra “mente”?
Benditos los tiempos en que ningún objeto tenía nombre porque aún no estaban inventadas las letras (no las palabras). Ahora es tan sencillo inventar palabras porque todas éstas están hechas de letras; es decir, ni siquiera en las palabras “novedosas” hay novedad. Otra cosa sería si no estuvieran inventadas las letras o no supiéramos qué cosa son los abecedarios.
¿Se dan cuenta? Por lo que resta de vida al universo ¡ya no habrá novedad en algo!
Dichosos los tiempos en que La Nada era Todo. Ahora que Todo existe ¡Todo es Nada!

martes, 23 de marzo de 2010

MY FIRST, MY LAST, MY EVERYTHING


Para los lectores jóvenes aclaro: Fui joven en los años setentas del siglo pasado. Un siglo que está a la vuelta de la esquina, pero que está en una calle empedrada. Y esta aclaración aparece porque en ese tiempo surgió un músico que aún se escucha: Barry White (un artista negro imponente como una ballena azul, pero negra).
Una tarde, o mañana, llegué a casa de Jorge y escuché la música del negro. Una de las hermanas de Jorge, tal vez Carmelita o Betty o Silvia o Gaby, había puesto el disco. Yo, que nunca aprendí inglés, oí algo que sonó como "iu ar mai first, mai last, mai everiting" y pensé que esa canción estaba "chida" (no usé la palabra chida, porque los jóvenes de ese tiempo no la usábamos, tal vez dije: "¡Está poca madre!", porque poca madre significaba: ¡a toda madre!).
La cosa es que, desde entonces, pensé que Don Barry era un fregón. Ahora que existe este chunche maravilloso, busco en el youtube y escucho música de Barry White o de Allan Parsons Project o de Phoenix (grupo que conocí hace cosa de dos semanas y que tiene un disco que se llama "Wolfang Amadeus Phoenix", algo que parece un exceso, pero el grupo francés bien vale una misa en París. ¿Quién lo diría? ¿Yo, escuchando un grupo de rock alternativo, underground?).
Y todo esto sale porque una vez que conocí a Barry y supe que "My first, my..." significaba lo que significa compré un disco de cuarenta y cinco revoluciones y, con la pena y toda mi timidez sobre la espalda y el corazón, lo regalé a la niña que, en ese tiempo, era my everything. ¡No lo entendió! Ahora digo que la niña bonita no lo entendió. Nunca supo que era ¡mi Todo! Al día siguiente me dio las gracias (yo quería que me diera otra cosa, apenas un beso en la mejilla hubiese bastado). Y dos días después supe que el pinche disco seguía intacto sobre la consola (me lo contó una amiga común). La niña bonita nunca lo escuchó, cuando menos en esos días en que yo quería que Barry White le transmitiera lo que era para mí. Yo sufrí. ¿Qué más puede hacer un muchacho que se da cuenta que su Todo lo considera su Nada? Otro compa gozó de la compañía de mi Todo, y se hizo novio de ella. Los vi de la mano, dando vueltas en el parque, como para decir a todo mundo que se amaban y que no admitían la presencia de extraños. A mí no me quedó más que tragarme mi timidez y mi tristeza (casi casi como si fuera yo letra de canción de José Alfredo).
Armando, que siempre tuvo la palabra exacta en el momento exacto, me dijo que había sido yo un pendejo: "¿No mirás que ella no sabe inglés?". Ah, la puta, pensé, ¡claro!. ¿Cómo ella iba a saber que era mi Todo si no sabía qué chingados significaba Everything? Le di las gracias a Armando y la vida regresó a mi vida. Desde entonces siempre regalé música en español y ya a ninguna muchacha bonita la consideré mi first, my last, my everything. ¡Duele mucho caminar sobre la arena de eso que llaman amor!

lunes, 22 de marzo de 2010

INSTRUCCIONES PARA DESECHAR IDEAS ERRÓNEAS HEREDADAS



1.- Dios no está en todas partes, sólo está en el corazón de quienes lo buscan.
2.- Las chimeneas son para dar calor en temporada de frío y no para que baje Santa Clós.
3.- La Torre de Pisa cree firmemente aquello de: torre que crece torcida jamás su vertical endereza.4.- Pilatos no se lavó las manos para desentenderse del caso de Jesús, se las lavó simplemente porque su mamá le enseñó buenos modales.
5.- El cable del aparato del teléfono al auricular no necesariamente tiene que ser enrollado como cabello de africano.
6.- Los negativos son importantes en la vida. ¿Cómo funcionaría una pila sin el polo negativo?
7.- Los peces sabios son aquellos que nadan a favor de la corriente, sin esfuerzo alcanzan el mar.
8.- Los colores del arco iris son tres mil ochocientos dos. Éstos, mezclados en la proporción correcta, forman siete colores visibles.
9.- El hombre que desea encontrar su verdadero rostro debe verse en la parte trasera de los espejos.
10.- Si Pedro Infante “está vivo en el corazón de todos los mexicanos”, cada que muere un mexicano algo de Pedro muere también.
11.- Para el año 2024 los científicos descubrirán un método que hará a los seres humanos nacer a la edad de ciento dos años, y la vida será una simple ruta en retroceso para alcanzar los cero días, instante de la muerte.
12.- La marimba es un piano que perdió la cola, al mismo tiempo que le crecieron las patas.
13.- Los hombres que “se hacen pato” son aquéllos que jamás “meten la pata”.
14.- Nunca hubo el tal “Big Bang”, ni el universo está en expansión. El universo no tuvo principio ni tendrá fin. ¡Es! Punto.
15.- ¿Por qué se llaman armas blancas si provocan rojos?
16.- La barra de los gimnastas tiene el mismo simbolismo que la barra de la cantina.
17.- En un principio los relojes no servían para marcar el tiempo, sino para dar paso a los peatones en calles congestionadas de autos.
18.- El “punto de fuga” se llama así porque el papá de todos fue un punto delincuente al que las autoridades no lograron detener jamás.
19.- En un principio, las hélices de los aviones se utilizaron para dar viento a las nubes acaloradas, y
20.- No existe el cielo, ni el infierno, ni esta tierra, ni algo. Somos la proyección virtual de un juego que se realizó hace millones de años luz.

domingo, 21 de marzo de 2010

sábado, 20 de marzo de 2010

POR LAS CALLES DE LA VIDA


Medio mundo grafitea las paredes; medio mundo se comporta como chucho, levanta la pata y orina para delimitar su territorio. Debe ser que medio mundo lo trae en la sangre. Dicen que en Altamira, España, existen grutas que conservan pintadas de hace mucho tiempo. En aquel tiempo las pintas tenían un carácter ritual, dicen los que saben. ¿Y ahora?
A mí me dan pena los grafitis. Los optimistas quieren ver en estas manchas un rastro de arte. Yo no veo más que suciedad y falta de respeto.
Una mañana se topa uno con que la pared de la casa ya está toda grafiteada. Algunos chavos pasaron por la noche, sacaron un bote de pintura en spray y "se dieron vuelo". ¿Esto es volar?
Estos son tiempos de confusión. Dijera Serrat que "todo es confuso, menos tu vientre". Ahora, el vientre del mundo también es confuso. Los jóvenes están empecinados en convertir en público lo que es privado. A mí me apena porque, en el futuro, no hallaremos huella de estos jóvenes. Será como si hubiesen pasado de noche por la vida.
En cuanto estos jóvenes crezcan tomarán sus brochas "gordas" y pintarán las fachadas de sus casas, en intento de borrar las huellas que ahora dejan.
Sus hijos les preguntarán: "¿Qué hicieron de jóvenes?" y los grafiteros sacarán las fotos de sus "obras" y los niños dirán, sorprendidos: "¡Ah, qué bonito!", saldrán a las calles y no hallarán ni un rastro. Bueno, esto en caso de que las paredes permanezcan en pie. Tal vez todo esté en ruinas, porque quien confunde los espacios les cambia su vocación.
Hubo un tiempo en que a la gente le gustó caminar por calles limpias y armoniosas. Hoy ya no es así. Qué pena.

viernes, 19 de marzo de 2010

INSTRUCCIONES PARA VER DE CERCA A LA GIOCONDA



1.- Nunca decirle “Gio”, porque no faltará el “siemprelisto” que la confunda con el jugador de fútbol.
2.- Ponerse una torreta sobre el hombro para abrirse paso entre la multitud que acude al Louvre a ver esa sonrisa.
3.- Adiestrar una paloma mensajera con una cámara digital de video en la pata izquierda.
4.- Colocarse un arete en el extremo izquierdo de la ceja y un piercing en el dedo gordo del pie derecho.
5.- Aprenderse de memoria el siguiente enunciado: “¡Oh, my god!”, para repetirlo al estar frente al cuadro (esto debe decirse llevando las manos al pecho en actitud de plegaria).
6.- Antes de entrar al museo comer un tamal de viento sin usar cubiertos.
7.- Acostarse a las siete de la noche y soñar que la torre Eiffel es un trampolín de diez metros (el agua de la alberca tendrá los colores azul, rojo y blanco Kieslowsky).
8.- Jugar “rayuela” sobre las nubes de las cinco de la tarde.
9.- Hacerse un peinado a la brocha gorda.
10.- Si después del viaje, algún pariente pregunta: “¿Viste la Monalisa?”, decirle que sí, pero que por el calentamiento global ya no está lisa sino morroñosa.
11.- Barrer la cancha de un estadio de fútbol para cien mil espectadores (sólo para ser humilde a la hora que se esté frente al cuadro).
12.- Pensar que la línea de los labios es la línea del horizonte y buscar el punto de fuga en medio de las manos.
13.- Desechar la idea de la silla de ruedas y de boletos de viaje redondo; pensar en ruedas ensilladas y en boletos “redondos” o triangulares.
14.- Colocar un pez adentro de una jaula y un canario adentro de una pecera.
15.- En lugar de ramos de rosas, obsequiar ramos de aves.
16.- Jamás volver a preguntar: “¿De qué se ríe este güey?”.
17.- Convertirse en miembro de las FARC (Frente Alterno de Reciclajes Cubistas).
18.- Poner talco en los pies de letras y en los pies de fotos.
19.- En una tetera poner a hervir cuatro colores tomados de frasquitos de pintura “Vinci”, y
20.- Frotarse en el corazón una serie de esos hilos que sirven para bordar telarañas y telahormigas.