martes, 28 de julio de 2026

CARTA A MARIANA, CON PICHULEJ O PECHULEJ

Querida Mariana: la foto es de privilegio, pero te cuento: el 25 de julio de 2026, Dora Patricia y yo fuimos a la Independencia. Fuimos a dos actos importantes, uno fue la visita de Doña Sofi Espinoza donde entregó apoyos de movilidad y medicamentos especializados; y el otro acto fue el inicio del mercado agroecológico que se llama Semilla de La Independencia. Antes pasamos al mercado y luego fuimos a esperar la llegada de Doña Sofi. El mercado se realizó en el Parque Recreativo, que es un espacio arbolado, maravilloso, a la entrada de la población; el acto del DIF estatal se efectuó en el domo del parque central, que a las once de la mañana ya estaba lleno de personas oriundas de la cabecera y de otros lugares del municipio. El mercado agroecológico reunió a una serie de productores con diversas propuestas, ahí saludamos al ingeniero Sebastián López, al ingeniero Jorge Castellanos y al poeta Arbey Rivera; visitamos los diferentes stands con variadas propuestas, todas muy interesantes, con venta de huevos, de conejos, de verduras orgánicas, antojitos y diversos productos artesanales. En un corredor hallamos a la señora Flor Figueroa, originaria de La Independencia. Ella es hija de Doña Consuelo Figueroa, quien durante muchos años se dedicó a la actividad que ahora su hija realiza. ¿Ya viste de qué se trata, ya viste qué tengo en la mano izquierda? Es un rollo de pichulej (en algunas partes también lo mencionan como pechulej, pero la señora Flor me dijo que el término que ellas usan es ¡pichulej!). En la novela “Balún Canán”, de nuestra escritora comiteca Rosario Castellanos, hay mención del pichulej, que, como ves, es una cinta hecha con palma, con ella hacen sombreritos o canastos. Doña Flor me sorprendió con unos tortilleros bien coquetos y con unos servilleteros (todos los restaurantes de la región deberían usarlos, porque es un detalle genial, que fortalece la identidad de nuestros pueblos). Dora Patricia tuvo el privilegio de filmar el proceso del tejido, trenzado, de la palma, Doña Flor con una gran habilidad cortó cuatro “hilos” de una palma y comenzó a entretejerlos, con ello nos demostró el trabajo que realizan para hacer el “carrete” que se usa para confeccionar las artesanías. Mi mamá me contaba que cuando yo era un niño, muchas mujeres llegaban a la casa y se ponían a trenzar las palmas, entregaban los rollos que luego mi papá utilizaba para confeccionar sombreros, el gran sueño de mi papá era exportar esos sombreros a USA, nunca consiguió su deseo, alguna piedra se le atravesó en el camino. Doña Flor nos platicó que, antes, cuando las mujeres de La Independencia iban hacia Comitán (lo hacían caminando), mientras platicaban y medían sus pasos, evitando las piedras, ellas iban muy hacendosas con las manos, trenzando la palmita, para completar el rollo (olvidé preguntar la cantidad de metros que tiene cada rollo). Dora Patricia compró un rollo, dijo que lo llevaría a su abuela, porque Mamati alegraría su recuerdo al tener entre sus manos el pichulej. También de esto estamos hechos los comitecos y la gente de nuestra región. Acá me ves con una cachucha que me regaló mi compa Quique, que tiene bordado al frente la palabra Japón (el presidente Sebastián me preguntó si en realidad era yo japonés o sólo era una palabra en la gorra. Dora Patricia asegura que cuando saludé al presidente no me reconoció con la gorra. Cuando me preguntó, yo, en plan de broma, hice una reverencia ante él, como es costumbre de los japoneses. ¡Menos me reconoció! ¿Tendré cara de japonés, seré medio pariente de Akira Kurosawa o de Murakami?). Cuando fui niño, recuerdo que mi mamá me ponía un sombrerito de palma, de los que hacían en casa. Con algún método de tinte lograban pintar algunas cintas de pichulej y le daban colores vistosos al sombrerito que, como comprenderás, en su mayor parte tenía el color maravilloso natural. Posdata: felicité a Doña Flor por continuar con la tradición maravillosa. ¡Pichulej!, qué bonita palabra. Rosario Castellanos la escuchó siendo niña, tal vez ella también tuvo un sombrerito hecho de palma, hecho por las maravillosas manos de artesanas de la región. ¡Tzatz Comitán!