miércoles, 31 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON DOS GRANDES
Querida Mariana: recibí el mensaje de mi amado Gutmita: “Se nos murió la Bardot”. Sí, como si esa fuese la conclusión del año 2025.
Lo leí y pensé en el plural: se nos murió. De igual manera pensé que en este año: “se nos murió la princesa huixtleca de Comitán, mi madre”. Así, en plural. Porque se murió mi mamacita, pero ella murió en muchas otras personas. Lo supe desde el instante que comencé a recibir muestras de pesadumbre por su ausencia física.
Se nos murió la Bardot, Gutmita; se nos murió mi mamacita, Gutmita. Se fueron dos mujeres grandes. Sé que para quien no conoció a mi mamá la inclusión de ella al lado de la Bardot puede resultarle exagerado, pero, como todo mundo sabe, para la mayoría de seres mortales la madre es lo más sublime. Mucha gente, muchísima, pondría a su mamá por encima de la Bardot y demás divas del cine mundial. Yo no. Yo las pongo al parejo, porque, igual que al Gutmita, igual que a millones de seres humanos en el mundo, la Bardot fue un personaje maravilloso que alentó sueños, pasiones, ella fue grande en la pantalla y en la vida real. Ahora que falleció apareció una frase que dijo en algún momento: “Ya entregué mi juventud y mi belleza a los hombres. Ahora, les entregaré mi sabiduría y mi experiencia a los animales”. Ah, qué ser humano tan excepcional. Se convirtió en una gran animalista, aprovechó su fama para pelear por los derechos de los animales, siempre estuvo en contra de esa práctica estúpida de matar a las focas para aprovechar sus pieles.
La Bardot dejó que la vejez llegara a su cuerpo, su rostro bellísimo se llenó de arrugas. ¿Mi mamá? Mi mamá, hasta la última tarde de su vida, conservó un cutis de jovencita. Todas sus amigas le preguntaban qué se hacía para tener ese rostro tan de colegiala. De verdad ¿qué se hacía? Ah, sí, se cuidaba, se consentía. Todas las mañanas dedicaba bastante tiempo para hidratar su carita. Muchas de sus amigas, en los desayunos quincenales (en Portobello o en Comitán lindo y qué rico o en El camino secreto), le decían que cuando fueran grandes pedían ser como ella. Mi mamá también fue animalista, defensora de su cachorro, por encima de todas las cosas.
Se nos murió la Bardot, Gutmita; se nos murió mi mamá, Gutmita. Se nos murieron, nos dejaron en la orfandad. Ya nunca estarán acá. ¿Qué estoy diciendo? Una estupidez. Ellas siguen, son como cometas que continúan su viaje en el universo, basta salir al patio en la noche, alzar la vista, para alcanzar a verlas. Ahí está la Bardot, en el cine, en decenas de películas, en cientos de fotografías; acá está mi mamá, bellísima, en el recuerdo de sus conversaciones, en sus mínimos trabajos, en el tejido de chalecos, de mañanitas. ¿Mirás lo que acabo de escribir? Mi mamacita tejía “mañanitas”. Ah, no cualquier persona logra esto en el mundo. Ella tejía las mañanitas para obsequiar a sus cercanas; ella tejía las mañanitas para abrazar a su amado hijo.
El 2025 se llevó a dos grandes mujeres, una famosísima, otra más modesta, pero igual de grande que aquella. Pongo a la Bardot y a mi mamá en el mismo plano donde tengo a todos mis afectos, los que han hecho mi vida más amable, menos lleno de mierda. La Bardot, con su belleza física, me permitió conocer algo que se llama amor platónico; mi mamá, con su belleza física (que nada le pedía a la Bardot) y con su enorme belleza espiritual, me permitió conocer algo que se llama amor real. Mi madre jamás estuvo en el cine, lo más que alcanzó fue trepar a un escenario en su Huixtla natal para interpretar papeles en obras de teatro, siempre alejada de reflectores abrió sus manos y repartió sus dones en forma generosa, dones mínimos pero sublimes. La princesa huixtleca de Comitán regó luz en muchas parcelas. Esto lo comprobé cuando el mundo de acá conoció su fallecimiento y comenzaron a llegar mensajes de reconocimiento y de cariño, por redes sociales y en mi celular. Ah, cuántas muchachas recordaron que ella les enseñó a tejer, cuántos recordaron que iban a comprar estambres en su tienda. Así como yo nunca dejé de ir a la universidad a leer en la Biblioteca Central Universitaria, de la UNAM; ella nunca dejó de ir a atender su negocio, negocio que le daba paguita que ella destinaba para la comida en casa y para mandarle a su crío, quien compraba libros o caguamas.
Posdata: se fueron dos grandes, pero no se fueron, acá siguen, acá estarán por los siglos de los siglos, por la eternidad. ¿Qué digo? Digo que doy gracias a Dios por su generosidad, por darme la oportunidad de conocer y querer a dos grandes mujeres, que tanto me dieron, que tantas buenas cosas me siguen dando. ¿Quién defenderá ahora a los animalitos? La energía sigue presente, acá está, en los árboles, en el pasto, en las nubes, en la lluvia, en el sol, en el abrazo de la naturaleza. En estos tiempos donde hay muchos ríos de mierda, mis pies entran a los ríos buenos y nobles de dos grandes: la Bardot y la princesa huixtleca de Comitán.
¡Tzatz Comitán!
martes, 30 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON SILENCIOS
Querida Mariana: hay gente que no soporta el silencio. He visto (escuchado) casas donde tienen la radio a todo volumen, el silencio los enerva. En Comitán hay un dicho que dice: “Sólo brava está contenta”, bueno, lo mismo puede aplicarse con el tema que abordo: “Sólo con bulla está contento”. Mucha gente protesta cada año en temporada navideña por la profusión de cuetes (los famosos “turrupes”, del maestro Bernardo, porque tienen tufo, son ruidosos y peligrosos), pero cada año hay más quema de cuetes. ¿Será que Comitán es un pueblo que no soporta el silencio? ¿Por qué queman cuetes en navidad? Los católicos, los que siguen el precepto, recuerdan el nacimiento de Cristo y uno piensa en la imagen bíblica: una humilde choza donde están María y José con su criaturita. ¿En dónde aparece la cohetería? Tal vez no fue silencioso, tal vez el niño Dios soltó su llanto, como cualquier mortal y José corrió para cortar el cordón umbilical, porque hijo de Dios y todo, pero debió nutrirse en el vientre de su madre a través del mushuc (ombligo). ¿Será que Comitán es simple y sencillamente un pueblo cohetero?
El silencio es una sustancia que no corresponde a las masas humanas, por lo regular las grandes concentraciones de personas están asociadas al ruido, al sonido estridente. La ciencia explica que el silencio le hace bien al ser humano, así recomiendan las caminatas en la naturaleza, donde el único sonido es el canto de las aves y el rumor de las hojas secas, lejos de las ambulancias y de los escapes abiertos de las motocicletas. Claro, nunca falta el pájaro carpintero que, por su oficio, taladra y taladra todo el árbol que se le pone enfrente.
Vos y yo amamos el silencio. Sabemos lo que eso significa en la vida del ser humano. Antes que el Verbo fue ¡el Silencio! Un poco como si dijéramos que el silencio fue la placenta de la palabra, del sonido. Por eso, cuando estoy en silencio siento algo como si estuviera en el principio de Todo. Es difícil en este siglo XXI alcanzar la plenitud del silencio, el mundo actual está lleno de ruidos por todos lados. No existe ya el silencio total, algo ruidoso se cuela por las hendijas del mundo. Tal vez la esencia del presente es alcanzar un buen porcentaje de silencio. Por esto, los que amamos esa plácida burbuja gozamos cuando hay un instante donde todo parece quedar en suspenso. Ahora que te escribo estoy en la oficina, escucho el sonido de mis dedos sobre el teclado, es un sonido armonioso; Dora Patricia diseña un video que compartirá en redes sociales, está absorta en su trabajo, con las piernas cruzadas sobre un sofá; Robertito también está frente a su escritorio, veo que edita un video, de vez en vez aparece un sonido. Casi casi estamos en silencio. En la calle caminan personas, no se escuchan sus pasos en la planta alta donde estamos, pero de vez en vez pasan autos y motocicletas, todos provocan sonidos, cuando pasan enfrente es como si un pez vela cruzara frente a la playa. No hay el silencio absoluto, pero hay instantes en que el mundo hace una ligera pausa y algo como un mar en cámara lenta absorbe todos los ruidos.
Antes, en mi infancia, Comitán era más silencioso. La gente que venía de fuera se aburría, ese manto silencioso los apabullaba, los asfixiaba, cuando mi tía Emelina llegaba de pronto (decía) despertaba porque el silencio la había despertado, añoraba los sonidos de la gran Ciudad de México, el paso de los aviones, los pregones, las ambulancias, los ocasionales disparos.
Comitán demuestra el paso del tiempo y la transformación en la cantidad de ruidos que ahora se escucha. Antes, en mi infancia, los ruidos eran otros, muchos ya desaparecieron, como el trote de los burritos, como el agua escanciada en las ollas, como el borbotar del café de olla en el fogón. Ahora hay sonidos que eran inexistentes. En casa escucho a mi Paty que dice: “Alexa, tal cosa” y la Alexa le responde, como si fuera un integrante más de la familia. Claro, por fortuna, existe la puerta que permite decir: “Alexa, apágate” y el chunche queda en pausa, pero hay sonidos que aparecen como gatos trepados en la ventana: el sonido del celular a la hora que llega un mensaje o los cuetes que rompen la tranquilidad de la noche, el aparato de sonido del vecino que suena a deshoras, que hace que media cuadra se recete la música guapachosa de Juan Gabriel (ah, nunca me ha tocado un vecino que escuche jazz o música clásica, todos han sido cumbieros, rockeros, salseros o ¡Dios mío! bélicos.
Posdata: como fui hijo único crecí en una casa silenciosa. A las seis de la tarde, el movimiento incesante de la mañana se suspendía y sólo aparecían los pasos de mi papá, de mi mamá, de Víctor y de Sara su mamá, quien era la sirvienta. La casa se ponía en modo “gato” y ronroneaba de vez en vez. El sonido de los pasos se amplificaba, pero llegaba un instante en que todos los sonidos eran atrapados en la red del silencio y los ruidos parecían hacer lo mismo que nosotros: dormían. Y nadie soñaba pesadillas, porque, en la inconsciencia, sabíamos que el mundo descansaba. El silencio es el mayor descanso para el espíritu.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 29 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON EL COMITÁN DEL 2025
Querida Mariana: fue domingo. Tomé una morraleta y caminé hacia el mercado. Siempre que camino Comitán digo que esto pedí y me fue concedido. Lo pedí muchas veces, así como lo piden los paisanos que viven lejos. Estaba lejos y añoraba mi querencia. Ah, cómo se extraña el pueblo cuando uno está lejos. En temporada de diciembre muchos amigos dan la vuelta por el pueblo, los veo emocionados, felices, luego les miro sus caras tristes porque deben despedirse de su familia, deben (de nuevo) alejarse de Comitán. ¿Esto es la vida? ¿Así tiene que ser? Parece que sí. Uno no se lo explica, pero así es la vida. Por esto, yo, que desde 2008 regresé al pueblo, porque así lo pedí (el maestro Jorge fue el canal que el destino utilizó para que volviera), no desperdicio momento alguno. No salgo del pueblo (bueno, a principios de diciembre eché un viajecito con los compañeros de Arenilla para ir a la FIL de Guadalajara y dar una vuelta por la CDMX, pero en cuanto regresamos volví a tener la certeza de que este pueblo, como dice mi amado Gutmita, es una de las más hermosas sucursales del Paraíso).
Así que caminé, la mañana estaba linda, limpia, luminosa. Bajé por la calle donde está el restaurante Doña Chelo (ya no está esa gran mujer), por donde están las tortas Micky (ya no está Don Walter), llegué al parque central y hallé un jolgorio, un racimo de corredores y corredoras que pasaban por un arco de plástico, alzaban los brazos y recibían su medalla por llegar a la meta, después de correr seis o doce kilómetros. ¡Pucha! Los vi llegar cansados, pero satisfechos, con la respiración subiendo y bajando los pechos como si fueran ollas exprés. Los vi sonreír, con esa cara que siempre tienen los que dicen: ¡lo logré!
Me acerqué con un chico que, con micrófono en mano, daba a conocer la llegada de un nuevo corredor o corredora, le imprimía ambiente al guateque deportivo.
¿Cómo se llama esta carrera? “La última y nos vamos”, me dijo el chico, que luego me enteré se llama Paulo Guillén Herrera, estudia el primer semestre de la licenciatura en Comunicación, en Tuxtla, en la Benemérita UNACH y sueña con ser, algún día, comentarista deportivo en algún medio nacional o internacional, así como lo logró el paisano Luis Enrique Alfonzo, quien, gracias a su talento y a una escalera chiquita, ha llegado a grandes alturas, participando en diversas Copas del Mundo. Ah, no dudo que Paulo también llegue a lugares donde su pasión lo impulsa. Ya comenzó. En Comitán narra encuentros deportivos en diversas canchas de fútbol.
“La última y nos vamos”. Me encantó el nombre de la carrera. Diré, querida mía, que en los años sesenta no había este tipo de carreras en Comitán. El maestro Temo cuenta que él organizó la que ahora es una carrera muy famosa, la de “San Juan”. ¡Mentira!, dicen otros, y los otros aseguran que ellos fueron los iniciadores. Yo lo que digo es que en los primeros años de mi juventud no había este tipo de carreras pedestres. Yo, por supuesto, no hubiese participado, pero sí me hubiese gustado ir al argüende, tal como lo hice esta mañana de domingo (del día 28 de diciembre 2025). Sé que ahora estás pensando que te miento, que todo es por el Día de Los Inocentes, pero juro que no, estuve pajareando un rato, viendo cómo llegaban los competidores, porque, si bien todos los corredores reciben una medalla, hay una premiación especial para quienes ocupan los tres primeros lugares. Digo que me encantó el nombre de la carrera: “La última y nos vamos”, porque fue la última del año. En mi juventud, con la palomilla, decíamos la frase en la cantina, luego resultaba la gran mentira, porque nos picábamos y seguíamos bebiendo. Me encantó cómo le dieron la vuelta a este dicho. Ahora todo es deporte, todo es salud, salud de la buena, no de la otra, de la emboladora.
Me divertí viéndolos. A mí me tocó aplaudir la llegada de los últimos participantes, de quienes, desde el inicio, no van tras el honor de subir al podio. Llegaron contentos, haciendo su mejor esfuerzo, compitiendo contra ellos mismos, mejorando sus tiempos personales, divirtiéndose con la práctica de este maravilloso deporte, lleno de aire, aunque al final parece que les faltara.
Estuve como quince o veinte minutos viendo el movimiento de estos deportistas, platicando un rato con Paulo, quien me contó que el trayecto de carrera lo hacen en cuarenta minutos (más o menos) los competidores de los seis kilómetros y los de doce kilómetros tardan como una hora. ¡Pucha! Yo hice diez minutos de mi casa al parque, como diría la licenciada Frías, con un pasito tacuatzero.
Posdata: completé mi recorrido y fui al mercado Primero de mayo. Apenas entré escuché que un muchacho de una fonda ofreció: “…mondongo, asado, caldo de camarón…” y vi la fila de personas que esperaban el vaso de atol de granillo o de jocoatol. En el mercado se forman dos o tres filas, donde venden el chicharroncito caliente y donde está la señora que vende pollo (ahí compro milanesas de pollo). No resistí la tentación y compré un vaso de atol de granillo, lo tomé sentado en una banca del parque. Así lo pedí y me fue concedido. Ah, cómo disfruto mi pueblo, lo disfruto más cuando es temprano y hay un sol afectuoso, cuando puedo ver a los niños corriendo detrás del rebaño de palomas. ¡Rebaño! ¡Que ya!, que se enteraran las ovejas, me darían una buena trasquilada.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 28 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON WOODY WOODY
Querida Mariana: Quique me obsequia libros. A veces me manda un mensaje avisando que está en CDMX e irá a Gandhi. ¿Qué libros querés?, dice.
Cuando estudiamos en el entonces Distrito Federal, años 70, él y yo íbamos a ferias de libros. Comprábamos libros, nos los prestábamos. Vivíamos en el mismo departamento, así que los ejemplares, por así decirlo, eran comunitarios.
Cuando él quedó allá y yo regresé al pueblo, Quique me enviaba libros, con la siguiente dedicatoria: “Para que no te oxidés”. Tenía razón, siempre la ha tenido. La ausencia de lectura ¡oxida! Los grandes lectores necesitamos practicar la lectura todos los días, mejor si se puede a todas horas. Los deportistas practican el ejercicio todos los días, los lectores hacemos lo mismo con la lectura.
Hace dos o tres días me envió un mensaje: “Pasá por un libro y por una cachucha”. Pasé a su oficina. La cachucha fue una belleza que trajo de Japón (la ironía es que una etiqueta dice que fue hecha en China) y el libro tiene la siguiente dedicatoria: “Mi querido Molis, aquí tenés a tu cineasta escritor”. El libro es la primera novela que escribe Woody Allen “¿qué pasa con baum?” Al comenzar a leer me di cuenta que Baum debió escribirse con mayúscula en el título, porque es el apellido de Asher, el protagonista de la historia.
Entendí la dedicatoria. Woody es un cineasta escritor o viceversa. Siempre he dicho que yo soy el Woody Allen de la literatura comiteca, porque me he propuesto publicar un libro cada año, así como él presenta una película cada año. Ahora, Woody nos presenta su primera novela; el gran director y actor de cine le entró a la literatura. ¿Su primera novela? Woody ha escrito decenas de guiones para sus películas; no es un escritor novato; al contrario, es un escritor con gran experiencia. Ahora decidió imitar al Molinari y, en lugar de presentar una película, presentó una novela. ¿Publicará cada año una novela, al lado de una película? ¿Por qué decidió en lugar de volver película el guion publicarlo en forma de novela? Ah, misterio. Cuando conocí la noticia casi casi puse la cara que está en la portada de su libro, que no es otra cosa que la imagen del famoso cuadro “El grito”, de Edvard Munch. Yo buscaba en el Internet la noticia de su próxima película y, ¡oh, sorpresa!, el tal Woody apareció con un libro. Este libro formaba grandes montañas de ejemplares en la Feria Internacional del Libro 2025, en Guadalajara. Era una de las novedades y vi a muchas personas que tomaban un ejemplar, le daban una vuelta y hacían fila en las cajas para pagar y llevárselo a casa. Asimismo, cuando Dora Patricia Espinosa y yo estuvimos en la CDMX y entramos a la Gandhi nos topamos en la entrada con una montaña hecha con ejemplares de “¿qué pasa con baum?” Hubo suerte, acá encontré mi ejemplar, por cortesía de mi compa, que es un poco como Don Rami Ruiz, el de la “Proveedora Cultural”, Quique es el proveedor de librincillos del tal Molinari. ¡Bien! Que Dios le dé mucha paga y siga siendo generoso conmigo. Acepto libros y carros nuevos (no de juguete, autos para conducir por las calles de Comitán).
¿De qué va la novela de Woody? Cuenta la historia del tal Baum un escritor que no logra el éxito que espera y que tiene una peculiaridad: habla solo. Tiene unas conversaciones intensas con su otro yo. Él piensa que su otro yo es su mejor interlocutor. ¿Tiene razón? Se pregunta y se responde. Es un juego intenso, pero dramático, como si el otro fuera el “abogado del diablo”.
Posdata: sabés que a veces soy mamila, ahora lo comprobarás. En la torcedura final de la novela de Woody hallé que, hace años, escribí un cuento con la misma temática, algo que tiene que ver con el plagio. Bueno, ya lo dijeron los expertos, ya todo se dijo, la única diferencia es la forma como se cuenta. Me dio gusto ver que el gran Woody tomaba un tema que también yo había abordado. Acá no puede hablarse de plagio, porque mi cuento lo escribí antes que Woody escribiera su novela y tampoco lo contrario, porque Woody no sabe que existo. El inconsciente colectivo contiene todo: el pasado, el presente y el porvenir. Ahí está el magma creativo.
Disfruté la novelilla de Woody, su primera novelilla. El autor es el mismo creador de los guiones de sus películas, hay ironía, desviaciones donde todo parecía derecho.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 27 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON PLAZOS CUMPLIDOS Y LOS POR CUMPLIR
Querida Mariana: acabó el 2025, ya viene el 2026. Se terminó el año dedicado a celebrar el centenario del nacimiento de Rosario Castellanos, nuestra pichita amada; ahora inicia la celebración por el centenario del nacimiento del poeta Jaime Sabines.
Dije en el noticiario de Iván Ibáñez, maestro de la comunicación, que era relevante pensar que en Chiapas se festeja a dos poetas, dos grandes poetas, que han dado lustre a nuestra tierra. Hace tiempo, el escultor Luis Aguilar me comentó que Chiapas es, en el plano cultural, una esencia de primer mundo. Es cierto, en el plano cultural, Chiapas es riquísimo. Por esto duele que no tenga el desarrollo que se merece, que siempre esté en los primeros lugares de subdesarrollo en diversos rubros como educación, salud y bienestar social.
Chiapas por su tradición cultural merece más, debería estar a la altura de la grandeza que heredó. Aunque, ahora que lo digo pienso que, tal vez, nuestra herencia también trajo en el paquete las rémoras que seguimos cargando. Da pavor pensar que Chiapas es el estado del país que tiene más consumidores de Coca Cola. De poco sirvieron las campañas sanitarias que Rosario Castellanos y sus compañeros de trabajo realizaban en Los Altos, a través del títere Petul.
El hecho de que el 2026 sea Año Jaime Sabines permitirá (espero) que su obra sea leída y releída. Jaime es un poeta que aman los chicos y chicas desde siempre. ¿Recordás su participación en el Palacio de Bellas Artes, en la CDMX, en los años sesenta? La sala se abarrotó, el vestíbulo se abarrotó, fue necesario que pusieran pantallas gigantes para que la audiencia disfrutara el recital, al aire libre. Iván Ibáñez dice que es el único Rockstar de la poesía mexicana que conoce, alguien que arrastra multitudes con el influjo de su palabra. Uno entiende que dicho espacio cultural se abarrotara el día que se presentó el cantante Juan Gabriel, porque la música seduce a miles y millones de escuchas, pero fue inédito que un poeta lograra tal prodigio. Sabines lo logró, sigue cautivando a chicos y chicas que se acercan a sus poemas. Cuando un chavo abre un libro de sus poemas y se topa con el de “Los amorosos” algo encuentra en esos versos, el chico termina rendido ante su genio. Un genio (hay que decirlo) que no está dentro de la corrección sintáctica, un genio con una lámpara que nunca fue de salón exquisito. Hay muchos críticos que sostienen que la poesía de Sabines es coja, que tiene algunas piedras lingüísticas, pero esto le vale una pura y dos con sal al lector que se siente identificado con esos versos sencillos, con un ritmo de bachata sensacional.
El 2025 sirvió para recordar a Rosario Castellanos. Chiapas (también hay que decirlo) le quedó debiendo, asimismo, en su tierra, Comitán, no se le celebró como ella merecía. Si vamos a comparar debemos decir que en la UNAM tuvo más reconocimiento, uno a la altura de su genio. Basta mencionar que Gabriel Guerra Castellanos, el hijo de Rosario, permitió que especialistas entraran a su casa para abrir las cajas que estaban selladas desde la muerte de Chayito y mucho antes. Los especialistas encontraron hallazgos sorprendentes, entre papeles, objetos y fotografías. Con este material prepararon una magna exposición en el Colegio de San Ildefonso, de la CDMX, que estuvo expuesta del 24 de abril al 24 de agosto 2025, que fue visitadísima. En Comitán tuvimos una mediana réplica que no fue visitada. ¡Cómo no! La expo en San Ildefonso abrió con una de sus máquinas de escribir mecánica; es decir, con un objeto que le sirvió para escribir muchos textos. Una verdadera reliquia. ¿Sabés qué pusieron en Comitán? También una máquina, pero que no fue de ella. ¿Quién sabe en qué bodega la fueron a pepenar?, estaba sin algunas teclas, toda “sholca”. Qué pena. A mí ni me quedés viendo, porque Arenilla, en nombre de Comitán, sí le cumplió a Rosario. Durante todo el año, en transmisiones en vivo, Dora Patricia Espinosa y yo leímos el libro “Cartas a Ricardo”, para compartir con la audiencia de todo el mundo. Dijimos que lo hacíamos desde el plano modesto de sencillos lectores comitecos, porque no somos expertos en vida y obra de Rosario, pero dejamos de manifiesto que poseemos un mojol que no tienen los estudiosos del mundo: nosotros conocemos el entorno donde creció Rosario.
Ahora le toca el homenaje al tuxtleco Sabines. Estoy seguro que le ofrecerán homenajes en todo Chiapas y más allá, porque, insisto, es un poeta conocido, querido, respetado por miles y miles de lectores y de lectoras.
Ahora, digo yo, con mayor énfasis, corresponde a sus paisanos de Tuxtla rendir los mejores actos. Los que saben dicen que Jaimito (no el cartero, sino el poeta) no tiene museo en su ciudad natal. Rosario ya tiene su museo en Comitán. Bueno, parece que ahora, por el Centenario de su Nacimiento, la ciudad de Tuxtla Gutiérrez debería construir su museo. Una buena museografía, con la tecnología actual, puede hacer que su museo sea una joya. Imagino, sólo imagino, al poeta, en una imagen de holograma, diciendo alguno de sus poemas, con esa voz profunda, de eco de gruta.
¿Y en Comitán? Por supuesto que debe honrársele, sobre todo, como una muestra de agradecimiento permanente por habernos regalado un poema maravilloso. Digo que la música está por encima de la poesía. Por esto, más comitecos y comitecas cantan la canción “Comitán”, de Roberto Cordero Citalán y pocos paisanos dicen en voz alta el poema que escribió Sabines y que comienza así: “¿Cómo puede decirse un amanecer en Comitán, en mayo, en la quietud, en la frescura, en el aire?” Poema soberbio, grandioso. Siempre he pensado que Jaime inició este poema cuando caminaba por la bajada de Guadalupe, recibiendo la bofetada amorosa del viento que sube desde La Ciénega. No me hagás caso, es una chaqueta mental, pero cuando camino por ahí, siempre llega a mi mente el inicio del poema y lo digo en voz alta, aunque la gente que camina a mi lado piense que estoy desvariando. La poesía es un potente “desvariador”, maravilloso elíxir vital.
Posdata: se termina el 2025. ¿Decimos adiós a Rosario y le damos la bienvenida a Jaime? A nivel oficial así se advierte. En la papelería oficial desaparecerá la leyenda “Año de Rosario Castellanos Figueroa”, será sustituida por “Año de Jaime Sabines Gutiérrez”. El nombre y la obra de Sabines estará en muchos actos culturales.
En Arenilla supimos desde mucho antes que el año sería dedicado a él, para celebrar su cumpleaños número cien. Como Jaime es una figura reconocida a nivel nacional no nos preocupamos de más, lo celebraremos, pero nos ocuparemos de alguien más modesto, igual de grandioso: el comiteco Armando Alfonzo Alfonzo, quien también celebra su cumpleaños número cien. Por esto, porque Comitán debe rendir homenaje a sus cercanos, hemos decidido, con el apoyo generoso de las personas e instituciones que se unen, leer la obra de AAA durante todo el año, en transmisiones en vivo, todos los viernes del año, de cuatro a cinco de la tarde. Lo haremos porque, ya lo dijeron los expertos, la mejor manera de honrar a escritores es ¡leyendo su obra! AAA fue un comiteco que amó profundamente su tierra, quien, a través de sus libros, preservó el carácter de nuestro pueblo, simpático, irónico, jocoso, dicharachero, ingenioso. Que vivan Sabines y el triple A.
¡Tzatz Comitán!
viernes, 26 de diciembre de 2025
UNA CHICA, UNA PREGUNTA
Me sorprendió. Preguntó en qué año estábamos. Quise bromear y decirle: en el año del perro, pero pensé que esa chica, con rostro de espejo color mostaza, nada sabía del año chino. No sé, dije. Vi que su cara enmohecía, ella pensó que yo podía saciar su inquietud. Traté de darle vuelta al tiempo, de regresar el camino andado, de corregir mi yerro y dije: lo siento, me equivoqué, también me pregunto en qué año estamos. La vi sonreír, algo como un pájaro apareció en sus labios, un ave luminosa, como si pensara: ya somos dos los desorientados.
¿Cuántos hombres y mujeres pueden asegurar en qué año estamos? ¿En este tiempo ya no hay dinosaurios, porque se cansaron sin alcanzar la cima donde estamos? ¿De verdad estamos en la cima o vivimos en una burbuja en el vacío? A veces nos topamos con personas que cuentan hechos pasados, como si la vida fuese un simple carrusel. Vemos a chicas y chicos que hablan de sus abuelos del siglo XX y ellos aseguran vivir en el siglo XXI. ¿Saben que esta medida de tahúr tiene como égida el nacimiento de un chico llamado Jesús? ¿Cómo es posible que la vida de un ser humano sirva para determinar una rotunda línea del tiempo?
Duele decir que no somos del tiempo de Hércules o de Penélope. Estos nombres nos los heredó algún siglo pasado, torcido por las manecillas del calendario. ¿Qué nombres heredarán los que vivan en el siglo XXII? ¿Algún heterónimo de Hitler asomará su rostro en la ventana? ¿Qué beberán a la hora del desayuno los habitantes del futuro?
Medimos el tiempo, la huella de la historia, a través de siglos. Medimos los huertos con los juegos y los árboles. ¿Quién mide la vida en años luna?
La chica que preguntó en qué año estábamos se quedó parada en el andén donde esperábamos el autobús. No sé si ella volvió a darle vuelta al molino en su mente. Yo sí lo hice. Llamó mi atención la frase: ¿en qué año estamos?, como si el año fuera ese andén, sala de espera de un viaje.
Ella preguntó. No sé el porqué de mi respuesta. Yo sí sabía en qué año estábamos. Pero quise hacerme el gracioso, como si fuese un Chaplin del siglo XXI y esto desvió mi respuesta fresca. Ese desvío hizo que ahora titubee y no sepa bien a bien en qué año estamos; no sé si estamos en la realidad o sólo somos como un reflejo de lo que fuimos o seremos.
No somos del tiempo de Aristóteles, del tiempo de Casiopea. ¿Quiénes son los hombres y mujeres de este tiempo? ¿Por qué dudamos al nombrarlos? Decimos sus nombres con cierta aridez, como si su agua contenida no regara los yermos sembradíos.
Duele constatar que todo es un simple catálogo, un mero archivo de enunciados. Todo es una mera acumulación de entretenimientos, de hombros alzados, de pies que sueñan y olvidan estar en tierra.
Ahora veo que la chica se acomoda una mascada que llevaba en el bolso, el autobús ya entró al andén, algunos viajeros bajan, van al sanitario o a comprar una botella con agua. La chica, pienso, es de este tiempo, de mi tiempo, aunque no sepa, igual que ella, en qué año estamos. ¿Estamos? ¿Somos? ¿Y si Cristo decidiera volver a la tierra, cómo contabilizaríamos el tiempo, el siglo, el ciclo?
Iba a subir al autobús, pero decidí no hacerlo. Ella subió, quedé en el andén. ¿Esto cambió mi tiempo con respecto a su tiempo? ¿De verdad seguimos siendo habitantes de este mismo siglo el que vive en la montaña, en la gruta, en el penthouse?
El autobús ya dio vuelta en la esquina, desapareció de mi vista, la chica ya no está, sólo me quedó su pregunta, como un bolso olvidado.
jueves, 25 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN MARAVILLOSO GRUPO
Querida Mariana: llega el término de los estudios y con ello la certeza de que el grupo formado se desintegra. Cada integrante toma su propio camino. Acá, la maestra Lupita Nájera y yo estamos al lado de un maravilloso grupo, la generación 82 – 85 de secundaria del Colegio Mariano N. Ruiz. Alejandro Bermúdez me dijo: “somos tu primera generación”. Sí, tiene razón, entré a trabajar al colegio, mi colegio, en el 82, ellos cursaban el primer grado, así que esta generación fue mi primera, porque les impartí clases en los tres grados de su secundaria. Ni me preguntés qué clase impartí. Romeo Gordillo me dijo, al saludarnos: “a ver, decí mi nombre y número de lista”. En mi cabeza apareció la respuesta: “a ver, decí vos qué materia te di y a qué hora impartía la clase”, pero no la dije, porque sé que a veces mis bromas pasan al terreno de la piedra. Reí. Estuve contento, sólo estuve unos minutos con ellos, pero fueron un instante feliz, esos minutos sirvieron para abrazar a cada uno de ellos y para tomarnos la fotografía que acá mando (un hijo de Aarón Castellanos hizo favor de tomarnos la foto. Una de las chicas de generación -no digo su nombre- dijo que el chico Castellanos estaba muy guapo. Ella debió ser traviesilla en el salón cuando les di clases).
¿Qué decir del momento vivido en el salón del Club Campestre donde se reunieron la tarde del 22 de diciembre 2025? ¿Qué decir ante esta reunión de grupo, cuarenta años después que egresaron? ¿Cuarenta años después que el grupo se desintegró? Tal vez todo se resume en una frase que dijo la maestra Lupita Nájera a la hora que tomó el micrófono y, emocionada, dijo algunas palabras: “Gracias, por ser parte de mi vida”. Es cierto. Los maestros tuvimos el privilegio de estar con estos estudiantes en un momento de su existencia. Nos toleraron y nosotros hicimos lo mismo. Nosotros tratamos de darles un poco de conocimiento y ellos nos enseñaron la esencia de la vida, porque en ese tiempo, en la época de los ya lejanos ochenta, la vida era sencilla. Por esto nos da mucho gusto sabernos recordados, ellos saben que, como dijo la maestra Lupita: agradecemos que sean parte de nuestra vida. Las vidas imperfectas se subliman ante estos momentos, nos recuerdan que los momentos compartidos forman la esencia. No somos más que hojas de un mismo árbol y cuando este árbol se riega ¡da luz!
Estuve apenas unos minutos, pero sentí la buena vibra de ellos, después de cuarenta años que abandonaron el colegio y cada uno buscó su camino. Estos chicos vienen del siglo XX y acá están, en este siglo, con rutas por recorrer. Carolina Trujillo dijo que deberíamos reunirnos para que contaran cómo le hacían para irse de pinta. A mí me queda claro que ellos y ellas aguzaron su ingenio para “copiar” en los exámenes, para demostrar su ingenio (al final, estas capacidades son las que potencian el carácter). Ellos no tuvieron la Inteligencia Artificial como sí la tienen sus hijos e hijas. Esta generación, la famosa generación 82 – 85, tuvo inteligencia natural, la que han usado y les ha llevado al lugar que ahora tienen en la sociedad. Ah, cuánta vida, cuánto testimonio, cuántos kilómetros recorridos. Ellos son modelos ochenta; la maestra Lupita y yo somos modelos cincuenta. Acá seguimos, los motores están como nuevos, las carrocerías siguen sin muchas abolladuras. Así los vi, plenos, felices, viviendo el instante donde volvieron a reunirse, donde volvieron a ser grupo sin el agobio de las tareas ni de los encierros del aula. Ya no buscaron cómo irse de pinta, como sí lo hicimos los viejos maestros. Lupita habló emocionada, dijo que era muy chillona. La comprendí. Cómo no, los viejos damos gracias por su acompañamiento. ¿Qué les dimos? Poco. Siempre, siempre, los chicos y chicas nos dan más. Ahora ellos lo saben, porque (hice cuentas) ya están rebasando la línea de los cincuenta años. Sí, estos muchachos ya han vivido más de medio siglo y han pasado del XX al XXI sin problema, gracias a Dios. “Seguimos ruckeando”, ese fue el mensaje impreso en sus playeras.
A algunos los saludo con cierta frecuencia en la calle o en algún sitio especial (a Norma Díaz la saludé el día que llegó a casa para llevar el cuerpo de mi mamacita al velatorio y luego al crematorio. A Chely Aguilar la saludo muy seguido en su puesto de venta de pollo en el mercado Primero de mayo. Asimismo, a Anita Altuzar la veo a menudo, porque ella -¡ah, qué bendición!- ahora es catedrática del colegio Mariano N. Ruiz), pero hay otros a quienes tenía añísimos de no verlos, por ejemplo a Ramón Blanco, quien tiene más de treinta años de radicar en la CDMX; o a Jorge Solís; o a Luis Antonio León, quien también tiene años de no radicar en nuestro pueblo.
Posdata: ¿cómo resumir este momento? Con la frase de la maestra Lupita y con la actitud de cada uno en el instante de la fotografía, que se convierte en una imagen histórica. Ah, cuántas nubes en el río de la vida; cuánto tiempo vivido, cuánto por vivir.
Como si pasara lista, coloco acá los nombres de quienes aparecemos en la fotografía (Memo Castañeda hizo favor de pasarme copia de la foto y la relación de nombres. Si hay algún error es todo atribuible a él).
Alfredo Bermúdez, Rafa Álvarez, Aarón Castellanos, Alejandro Bermúdez, Romeo Gordillo, Claudia Gordillo, Ramón Blanco, Jorge Solís, Luis Antonio León, Chely Aguilar (está a mi lado), Lorena Tovar, Martita Álvarez, Rosy Carolina Trujillo, Betty Penagos, Norma Díaz, Anita Altuzar, Lupita Zúñiga, Alejandra Nápoles, Laura Román, Claudia Álvarez y Guillermo Castañeda (más la maestra Lupita y yo).
El grupo en el Colegio Mariano N. Ruiz, en los años ochenta, era de más de setenta muchachos y muchachas. Llegó un momento en que el padre Carlos (fundador del colegio) compró un aparato de sonido para que los catedráticos usáramos el micrófono porque era imposible que los de atrás escucharan nuestras voces. Más de setenta. Qué bendición. Los maestros decíamos: Dejad que los niños se acerquen a mí, pero de poco a poco, sin amontonamientos a la hora de calificar.
Dios bendiga por siempre a esta generación de chicas y chicos nobles. Dios bendiga a sus herederos. Dios bendiga al glorioso Colegio Mariano N. Ruiz. Todos somos Marianitos y Marianitas.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 24 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON AÑO 2026
Querida Mariana: Iván Ibáñez, maestro de la comunicación, me invitó al noticiario que dirige para hacer un comentario acerca del Año Jaime Sabines. Paso copia de lo que dije:
Buen día, maestro Iván, buen día a la audiencia. ¡Estaba cantado! Si el Congreso del estado nombró el 2025 como año de Rosario Castellanos para celebrar el Centenario de su Nacimiento; el año veinte veintiséis sería nombrado, como ya lo fue, año de Jaime Sabines, por el mismo motivo: el Centenario de su nacimiento.
En el año que ya está a la vuelta de la esquina, Chiapas y todo México celebrarán el Centenario del Natalicio de Jaime Sabines.
Hemos dicho que el poeta Jaime estuvo muy cerca de Comitán, seguido estaba en el pueblo, porque en la carretera que va hacia los Lagos de Montebello tuvo una casa de campo, que llamó Yuria; asimismo, con frecuencia estaba en la casa de su gran amigo Gustavo Armendáriz, donde platicaban y echaban sus alcoholes. Rosa Ana Armendáriz escribió un libro que se llama “Sabines en mí”, donde cuenta la relación que el poeta mantuvo con su familia. Pero, además, el papá de Jaime, Julio Sabines, el Mayor Sabines, trabajó como comandante de la policía en nuestro pueblo en 1933 y 1934, época donde se dio la quema de santos.
El gran poeta Jaime Sabines estuvo en relación permanente con Comitán, fue gran amigo de nuestra pichita amada Rosario Castellanos, por eso, cuando Rosario falleció le escribió el poema “Recado a Rosario”, pero no sólo le escribió a nuestra escritora, también escribió un bellísimo canto de amor a nuestro pueblo, cuando, en forma poética, se pregunta: “¿Cómo puede decirse un amanecer en Comitán?”
El nombramiento de “Año Jaime Sabines” al año 2026 ¡estaba cantado!, debía ser así. Es una decisión que respalda el cariño y admiración que le tienen miles de lectores y lectoras. Jaime Sabines fue un poeta cercano a la piel de los jóvenes, es uno de los poetas que más promovió la lectura, porque la lectura de sus poemas ha acercado a muchos a beber del gran árbol de la poesía, un género literario que no es muy visitado. La poesía de Sabines le quitó el rostro solemne al género y lo acercó como un vaso de agua fresca.
Pienso que todo Comitán debe celebrar este nombramiento del Congreso del estado de Chiapas. Jaime Sabines lo merece. Felicidades. Gracias, maestro Iván, por la oportunidad de saludarte y saludar a tu audiencia. Les deseo feliz navidad y un próspero año nuevo, año del poeta Jaime Sabines.
Posdata: he leído algunos comentarios en redes sociales donde dicen que hay más poetas para celebrar. Por supuesto que sí, pero acá hablamos del reconocimiento por el Centenario del Nacimiento de Jaime Sabines. A Iván le dije que llama la atención que, en Chiapas, durante dos años seguidos el Congreso del estado celebra a dos poetas, esto no sólo reafirma aquella leyenda de que Chiapas es tierra de poetas, que basta levantar una piedra para hallar a uno; reafirma, sobre todo la idea que renace de destacar a la intelectualidad. No hay joya más sublime que la creación artística. Ya el gobierno estatal puso la muestra al rescatar el Premio Chiapas en este 2025. Gobiernos anteriores ignoraron a los creadores y creadoras. Hoy corren nuevos vientos, más limpios. Ojalá que cuando sea el centenario del nacimiento de Quincho Vázquez, por ejemplo, el Congreso del estado dedique ese año al gran poeta de Cabeza del Toro y así por los siglos de los siglos.
¡Tzatz Comitán!
martes, 23 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON UNA MAÑANA FAMILIAR
Querida Mariana: mi hermana Esther Molinari, con hijos y nietas. No son todos, la familia es más grande, gracias a Dios. Todos maravillosos.
Ya te conté que mi hermana ha venido dos veces a Comitán, para saludar a su hermanito. Ahora que parte del equipo de Arenilla estuvo en la FIL de Guadalajara, dimos una vueltita por la CDMX y, lo digo con orgullo, alboroté el gallinero familiar, porque mi hermana quería verme, abrazarme. Claro que sí, dije, le hacemos un huequito al tiempo y nos vemos, y ¡nos vimos!, gracias a Dios.
Ellos, por un rato, dejaron sus actividades cotidianas para darnos el gusto de saludarnos.
Me citaron a las ocho y media de la mañana en el Restaurante Don Toribio, que está muy cerca del hotel donde nos hospedamos. Ese día, martes 9 de diciembre 2025, día glorioso, teníamos una cita en Casa Chiapas, así que Dora Patricia Espinosa y yo estuvimos con mi familia un rato, un buen rato, sólo un pequeño rato, para desayunar y para saludarnos. Mi querida sobrina Xiadani, quien siempre está muy pendiente de los deseos de su abuelita Esther, procuró que el encuentro fuera muy cerca del City Express Alameda, lo que nos permitió que Dora Patricia y yo camináramos. Llegamos a tiempo, tan a tiempo que los esperamos. Se entiende, mi hermana vive en el Estado de México, así que el trayecto no es tan sencillo como el que hicimos nosotros.
En la fotografía estamos Martín y su hija Pamela, quien, entiendo, ya se tituló; detrás está Alejandra, la nieta de mi papá que no ha venido a Comitán, ella vive en Tepotzotlán, Estado de México. Ale se dedica a organizar eventos como bodas, bautizos, bueno, cualquier celebración que merezca un guateque especialísimo. Me invitó para ir a verla en un próximo viaje, para que me lleve a conocer el Museo Nacional del Virreinato, dice que es prodigioso. No lo dudo. He visto algunas fotografías en Internet y se ve la magnificencia del espacio, como magnífico fue el espacio que reservó Xiadani para que nos reuniéramos. Estuvimos en el patio central de un edificio majestuoso. Vos sabés, la gran Ciudad de Los Palacios es única, maravillosa. El restaurante está en Simón Bolívar 31, en el Centro Histórico. El patio está circundado por gigantescas pilastras de piedra, como de cuello de jirafa. Llamó mi atención que Xiadani le pidió a un mesero que uniera dos mesas para que estuviéramos juntos y el mesero dijo que era imposible: las mesas están atornilladas al piso. Oh, qué desilusión, debimos desayunar en dos mesas. Así que estás avisada si vas a hacer una reunión con toda tu familia hacelo en un restaurante donde puedan unir las mesas.
Dora Patricia y yo pedimos un poco de fruta, un té de limón y unos molletes sin queso (el mesero, abusivito, dijo que molletes sin queso no son molletes, bueno, pues, dijimos, tráiganos dos mitades de pan con frijolito y pico de gallo). Desayunamos muy bien. Estuve muy contento, satisfecho, agradecido con Dios por la bendición de estar con la familia. Hicieron falta los demás integrantes. No llegaron porque tenían compromisos ineludibles. Nosotros también teníamos cosas por hacer.
Dije que en la foto estamos Martín, Pamela, Ale, Xiadani, mi hermana y yo.
Todos, ¡todos!, extrañaron a mi Paty. ¡Que venga!, pidió mi hermana, lo mismo los sobrinos. Todos, digo, son muy generosos. Dora Patricia me dijo que debíamos pagar nuestro consumo. No, le dije, no saqués paga, dejá que ellos me consientan, que ellos me reciban, porque cuando das ¡recibís! Yo les di mi cariño sin medida y recibí toneladas de bendiciones. Mi hermana, con ochenta años de vida, es una pichita hermosa. Me contó que el Centro Histórico de la gran CDMX no tiene secretos para ella, porque ella creció ahí, en una casa al lado de donde ahora está el gran Museo de la Ciudad de México, en José María Pino Suárez, así que ella conserva muchos secretos de ese espacio y ninguno de los misterios del Centro Histórico le son desconocidos.
Posdata: en 2025 nos vimos en un lugar que para ella no es ajeno, ella, de niña, recorrió todas estas calles, por supuesto que caminó la calle Simón Bolívar, tal vez nunca entró a esta fastuosa residencia. El acto estaba reservado para que ahí se reuniera con su hermanito, que la ama mucho, que la respeta, que le desea lo mejor del mundo, a ella y a toda la familia, porque todos son personas buenas. Martín, que acá lo ves muy formalito, es un ejemplo de vida, ya te conté que se dedica a reparar chunches electrónicos y ya mayor decidió que estudiaría el bachillerato, lo hizo y cuando llegó por su certificado y a dar las gracias, una mano generosa lo detuvo, la persona le dijo que adónde iba, él tenía pase automático a la profesional, en la UNAM. Debía aprovechar estudiar lo que él domina: la ingeniería electrónica. Lo pensó dos minutos y se inscribió. ¡Ya se tituló! Ah, qué maravillosa historia, conmovedora. ¿Y qué decir de Xiadani? Ella trabaja como diseñadora en uno de los periódicos más importantes del país. Es una niña linda. Dios bendiga a todos.
Nos despedimos, trepamos a un Uber y fuimos a Casa Chiapas, donde también fuimos muy bien recibidos.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 22 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON UN HECHO HISTÓRICO
Querida Mariana: mando una foto del campanario del templo de El Calvario. De la parte posterior. La tomé desde el patio donde ahora es un estacionamiento público. En dicho estacionamiento dejé mi tsurito para ir a la misa de celebración por los 60 años de vida sacerdotal del padre Joel Padrón González y el aniversario de la Misa de Juventud.
Rosario Castellanos Figueroa, la gran escritora, creció escuchando las campanas de este templo, porque las dos casas donde vivió (lo sabés) estuvieron (están) a media cuadra de El Calvario.
La foto la tomé el día 21 de diciembre 2025, fecha histórica donde se celebró la misa mencionada. Cuatro amigas fueron las encargadas de la organización: María de Lourdes Avendaño Guillén, Guadalupe Gómez Domínguez, Sonia Alicia Conde Durán y Julia Alicia Castellanos Macal. Todo resultó a pedir de boca, el acto fue un éxito.
Llegué al estacionamiento dos minutos antes de las once de la mañana, hora que anunciaba la invitación iniciaría la misa. ¿Por qué a esta hora? Ah, muy sencillo, porque las misas de juventud, en los años setenta, eran a esa hora. A esa hora, el campanero (acá muestro la imagen) tocó el tercer repique anunciando que ya comenzaba la misa. Bueno, eso fue lo que pensó el campanero. El padre Joel estaba en la entrada del templo recibiendo a los invitados, se ponía a platicar con ellos, así que el tiempo se fue alargando, no había prisa. Los que llegaron un poco tarde descansaron al ver que la misa aún no había iniciado; comenzó, más o menos, a las once con veinte y empezó con un recuerdo que hizo el padre y la participación de tres feligresas que coincidieron en dar gracias por su presencia en Comitán.
El templo estuvo lleno, muchos asistieron por saludar al famoso padre Joel, porque lo quieren y lo admiran; muchos otros llegaron convocados por la nostalgia, para recordar que hace más o menos cincuenta años, tal vez más, fueron de jóvenes a esas misas que, en su momento, fueron un trancazo para la sociedad comiteca conservadora. ¿Cómo era posible que en un recinto sagrado, un grupo de jóvenes melenudos (como si fuesen los Beatles o los Rolling Stones) tocaran rock a la hora de la misa? Esta convocatoria hecha por el padre Joel hizo el milagro de que la chaviza se acercara al templo, como dice Lulis, se acercara a Dios. Las otras misas eran medio aburridonas, las misas de juventud fueron un sabroso, rebelde, ejercicio sacramental; el templo, por primera vez se convirtió en un espacio de encuentro para los jóvenes. Los templos, por lo regular eran los lugares donde acudían las hijas de María y los hijos de José. En las misas de juventud, el templo se convirtió en el lugar donde acudieron los futuros hijos de Cristo, el redentor, sí, pero también el buena onda, como decía Polo Polo, el que convirtió el agua en vino para que el guateque continuara. Todo esto se debió a la iniciativa del padre Joel (el padre bueno, el que estuvo cerca de los chicos y de las chicas) y a la maravillosa respuesta del círculo más cercano, conformado por muchachos y muchachas de la secundaria y de la preparatoria de Comitán. La cercanía física del templo de Santo Domingo con el edificio donde estaba la escuela (espacio que hoy ocupa el Centro Cultural Rosario Castellanos) fue más allá, se convirtió en la cinta que unió destinos. ¿Quién sabe en que otra parte del mundo se dio un fenómeno similar? Tal vez sí ocurrió, pero en Comitán se dio en una forma sensacional, porque, como lo dijo el padre Joel la mañana del 21 de diciembre 2025, se volvió un espacio de libertad para la juventud comiteca. ¿Mirás lo que escribí? Lo dijo el padre Joel y lo atestiguamos quienes vivimos esa historia: ahí había un espacio de libertad, sin cortapisas. En el salón anexo, los chicos y chicas llegábamos a tomar una taza de café, a fumar un cigarrillo, a platicar acerca de temas existenciales. El grupo que tocaba en las misas (el grupo Santa Fe) honró su nombre, porque demostró que la música es un arte que llega a Dios, por supuesto que el rock dejó en claro que llegaba de inmediato, en entrega inmediata. En la misa del 21, el padre Joel recordó al baterista Penaguitos, a Roberto González y envió una oración en memoria de Fernando Escárcega.
Ah, la misa de celebración de los sesenta años de vida sacerdotal del padre Joel fue todo un guateque, íntimo, alegre, emotivo. Fue un hecho histórico para Comitán. El padre que jaló a la chaviza en los años setenta volvió a Comitán (el padre dijo que Comitán es inmensamente grande y reconoció que los años más felices de su apostolado los vivió acá). Comitán lo recibió. El punto de encuentro fue el templo donde se hicieron las famosas y maravillosas misas de juventud; el templo que estuvo más cerca de la vida de Rosario Castellanos, de su recuerdo.
Posdata: el padre Joel dijo que esa mañana del 21 de diciembre 2025 el corazón de todos no era el mismo de hace cincuenta o sesenta años, ¡no!, ya era un corazón con experiencia, mucho más sabio, lleno de generosidad.
Generoso fue el acto. Al final, Julia Alicia Castellanos y Paty Cancino sostuvieron la reja de papel de china y el pichito amado la cruzó, como demostración de renuevo del corazón y del compromiso con la sociedad.
¡Tzatz Comitán!
domingo, 21 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON JUVENILES OCHENTA AÑOS
Querida Mariana: lo de ochenta años es por la edad del IMSS. Digo esto porque mencionaré a mi amigo Marco Antonio Orozco Zuarth, pero él es mucho más joven. Marco y yo nos saludamos casi todos los días a través del WhatsApp, en vivo y en directo es más escaso el trato. No obstante, en los últimos tiempos tuve la fortuna de saludarlo en dos ocasiones, la más reciente en la FIL 2025, en Guadalajara; y antes en mi pueblo, Comitán, donde acompañó al grupo de finalistas del Concurso de Cuento que organizó el IMSS y fue dedicado a Rosario Castellanos. En Comitán tuve el gusto de recibir un ejemplar de “Memorias en instantes”, publicación que quiero compartir con vos.
Como ya viste en la portada que anexo es una edición donde intervinieron varias instituciones públicas: Gobierno de México, Secretaría de Cultura, INAH, Archivo General de la Nación y, por supuesto, el IMSS.
¿De qué trata la publicación? De algo muy interesante: contar la historia de ochenta años de vida del Instituto Mexicano del Seguro Social, a través de fotografías icónicas. Cada imagen, como dice el título, reaviva la memoria; el instante congelado permite que los lectores y lectoras de estos tiempos armemos el rompecabezas de una institución que ha sido fundamental en el desarrollo de nuestra sociedad. En esta publicación (muy bien presentada) está la prueba fidedigna del gran esfuerzo colectivo que significó la creación del IMSS y la forma como se ha ido consolidando, ahora bajo la dirección de nuestro paisano Zoé Robledo.
El otro día te comenté acerca del gusto que me dio hallar en la FIL al artista plástico Manuel Suasnávar, al final del acto donde presentó un libro, edición de lujo, con todos los murales que ha pintado en espacios públicos, edición, precisamente del IMSS y te dije que celebré la colaboración de amigos chiapanecos. En “Memorias en instantes” me sucedió lo mismo, hallé la participación de paisanos, por ejemplo: Marco Antonio Orozco Zuarth como colaborador especial y a Alejandro Ariel Silva Zamora, como compilador. Ariel es ex alumno del Colegio Mariano N. Ruiz. El talento puesto al servicio de un magnífico objeto cultural: una publicación impresa.
Se regodea la mirada y el espíritu al repasar las hojas de “Memorias en instantes”. Esta publicación fue como el colofón de las exposiciones que el IMSS programó para celebrar ochenta años de vida. Cada imagen es como una huella de los pasos emprendidos en esta patria para dotar de seguridad social a los trabajadores y trabajadoras.
Ah, qué labor tan de hormiguita acuciosa para elegir las ochenta fotografías que fueran la síntesis de este proceso. Al final, las ochenta imágenes estuvieron dispuestas para su exposición y posterior impresión. La presentación está dispuesta en cuatro secciones: “Antecedentes” (el IMSS se creó el 19 de enero de 1943); “Primeros pasos” (en 1945 se adquirió el terreno donde están las oficinas centrales, en Paseo de la Reforma 476, en la colonia Juárez. El primer afiliado fue Abel Morales, un compa que trabajaba en un billar de la colonia Morelos); “Consolidación” (el Centro Médico Nacional comenzó a dar servicio el 15 de mayo de 1961); y “Cultura” (en el Hospital Magdalena de Las Salinas hay un mural que pintó Manuel Suasnávar).
Posdata: no sé en qué año inició el IMSS en Comitán. Sólo sé que el papá de mis amigos Poo Ramírez, el doctor Poo, en los años sesenta, fue el director de dicha institución. Chema Moctezuma fue el chofer de la ambulancia durante muchos años. Recuerdo, a lo lejos, que el IMSS estuvo en un edificio que está en la mera esquina antes de bajar al estacionamiento Ulises, un edificio con paredes altísimas, con almenas, que actualmente sirve como estacionamiento particular. Hace falta consignar la historia del IMSS en Comitán.
Mientras tanto, disfruto “Memorias en instantes” que me obsequió mi amigo Marco Antonio Orozco Zuarth.
¡Tzatz Comitán!
sábado, 20 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON EL GUSTO DE ESTAR EN CASA CHIAPAS
Querida Mariana: sí, es foto de privilegio, pero merece un comentario. En nuestro viaje a la CDMX estuvimos en Casa Chiapas, fuimos recibidos por su directora y acompañados por dos chiapanecas talentosas: la diputada Carmelita Moreno y la licenciada Daniela Ramírez.
Todas fueron muy amables. Llevamos nuestra revista Arenilla, como si fuésemos embajadores de Comitán y de la región; y llevamos el saludo de todos los comitecos y de todas las comitecas.
El lema es “Casa Chiapas, la casa de todas y todos en la CDMX”. Lo comprobamos. La Maestra Kenia Muñiz es el alma de esta casa y su buena energía se transmite en cada detalle, en cada acto. Al recibirnos lo hizo con el afecto con el que se recibe a amigos y nos transmitió el mensaje de que, en efecto, Casa Chiapas es la casa de todos y todas en la CDMX.
¿Cómo llevar un poco del corazón de Chiapas a la gran ciudad? Gracias a la iniciativa del gobernador, nuestro paisano Eduardo Ramírez Aguilar, Chiapas recuperó ese espacio que ya es sitio de encuentro de todos los chiapanecos, de todas las chiapanecas, de todas las personas que desean hallar un cachito de la grandeza de nuestra tierra. La mañana que estuvimos (dejá que anote el día exacto, porque fue día histórico para nosotros, para el equipo de Arenilla: martes 9 de diciembre 2025, año donde celebramos el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, nuestra pichita amada; año donde presentamos nuestra revista en la enormísima Feria Internacional del Libro, de Guadalajara, que, a decir del rector de la Benemérita UNACH, ya se convirtió en la feria del libro más importante del mundo, ahí que lo perdonen los alemanes).
Esta casa en la colonia Juárez estuvo abandonada, el actual gobernador la recuperó para disfrute de todos y todas. El día de la inauguración dijo: “En este espacio emblemático convergen la rica historia, el arte, las artesanías, el talento y la deliciosa gastronomía que reflejan la multiculturalidad de un pueblo lleno de vida y tradición. Con "Casa Chiapas", un pedazo de nuestra tierra se queda en la capital del país, irradiando la fuerza cultural de nuestro pueblo”.
En efecto, la Maestra Kenia nos dijo que la Casa Chiapas es una ventana para los visitantes, para los paisanos y para quienes radican en la Ciudad de México, porque ahí encuentran la cultura de nuestro estado. La mañana que estuvimos ahí presenciamos la exposición “Sueños y visiones”, un proyecto realizado por NGOimpacto, en el que participaron cerca de 250 maestras artesanales tzeltales y tsotsiles de Los Altos de Chiapas. ¿Mirás? Es mágico ese puente, llegamos a la gran ciudad y hallamos una muestra de textiles de nuestra tierra, así como nosotros disfrutamos la muestra, así ocurre con todos los visitantes que se acercan a este espacio prodigioso. Bastó entrar para saber que, en efecto, estábamos en casa, porque caminamos por la Avenida Rosario Castellanos hasta llegar a la Calle Belisario Domínguez, donde hay un patio que es hogar de una ceiba que crece, la ceiba, vos lo sabés, es nuestro árbol tutelar, es el árbol sagrado de los mayas. Ah, qué espacio tan soberbio.
Posdata: puedo retomar el título de la exposición presentada esos días de diciembre 2025 y puedo decir que Casa Chiapas es producto de un sueño y de una visión, de un sueño que el gobernador hizo realidad. La casa estaba olvidada y el genio del ser humano le volvió a infundir vida, un poco como si dijera “Levántate y anda”, ahora está plena, gracias a la dirección de la Maestra Kenia, quien con pasión y amor se entrega a regar ese árbol, llamado ceiba.
Y hablando de noticias maravillosas, hace días me enteré que, de igual forma, el gobernador Eduardo Ramírez revivió el Premio Chiapas, el galardón donde nuestro estado reconoce a los hombres y mujeres que en ciencia y cultura colocan las nubes que dan luz a nuestro cielo. La casa en la colonia Juárez, así como el Premio Chiapas estaban enterrados, ahora vuelven a brillar. ¡Felicidades!
Fuimos muy bien recibidos. Gracias a quienes hicieron posible esta visita.
La Casa Chiapas está viva, tiene raíces bien profundas, comienza a crecer con la fuerza que se eleva la ceiba que está en el patio posterior. Ahí, en un pequeño círculo se expande, generosa, sublime. El gobernador de Chiapas abonó el suelo y sembró una casa en la colonia Juárez. ¿Ya viste la simbología de tal acto? En la colonia que lleva el nombre de uno de los presidentes de México que creció como árbol enormísimo. Nada es casual en la vida. Mirá lo que escribiré: el actual gobernador de Chiapas, en la colonia Juárez, sembró a Casa Chiapas, al amparo del árbol sagrado de los mayas. Ahí en la Calle Belisario Domínguez, que hace esquina con la Avenida Rosario Castellanos. El agua que riega esas frondas es la palabra, la palabra valiente de Belisario, la palabra inteligente e irónica de Rosario. La Casa Chiapas crece con el cuidado de Kenia y con el agua de la palabra sagrada de los hablantes de diversas lenguas del estado. En la Ciudad de México late un ventrículo de Chiapas, ahí está la esencia de nuestra personalidad. Paty y yo estuvimos en diciembre de 2025 en ese lugar, respiramos el aire que tiene un aroma diferente, afuera de Casa Chiapas hay un aroma de champurrado, adentro huele a pozol, a Chiapa de Corzo, al río Grijalva, a la selva lacandona; tiene los colores múltiples de los Lagos de Montebello y la fuerza de la cascada que se desparrama en El Chiflón.
En la foto estamos: Dora Patricia, Kenia, Carmelita, Dani y yo. ¡Qué privilegio!
¡Tzatz Comitán!
viernes, 19 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON GRANDES PERSONAJES
Querida Mariana: acá están Doña Lily y la Madre Sara (Dolores de La Barreda Guevara). En todos los colegios del mundo hay personas que se vuelven parte del espíritu de las instituciones. Doña Lily, quien gracias a Dios sigue viva; y la Madre Sara, quien falleció hace años, son dos personas queridas y reconocidas por la comunidad del Colegio Mariano N. Ruiz.
Doña Lily fue la contralora, durante muchos años, y la Madre Sara fue maestra de primaria. Hallé la fotografía en una carpeta recuperada. La encontré en diciembre de 2025, cuando todas las escuelas del país estaban a punto de iniciar un periodo vacacional para regresar a clases en enero de 2026. Recordé que la Madre Sara era tan obsesiva con su apostolado que abandonaba el aula contra su voluntad. No le gustaban los días de asueto, por ella hubiese dado clases sábados y domingos. Sé que en la actualidad hay maestras y maestros comprometidos, que realizan una loable labor a favor de la educación de las criaturas, pero jamás he hallado alguien como la Madre Sara. No recuerdo el horario de entrada en la sección de primaria del colegio, pero ella (en el sexto grado) comenzaba a laborar una hora antes que los demás grupos. Se trataba de ganarle tiempo al tiempo, de aprovecharlo al máximo. No sé cómo recibía tal protocolo el grueso de sus alumnos, que debían levantarse más temprano de lunes a viernes.
Recordé que en esta temporada sí aprovechaba el periodo vacacional, llegaba a mi oficina, se despedía y me recordaba que iría a Puebla a ver a su hermano Pepito. Entiendo que Pepito era mayor que ella, pero lo mencionaba como si fuese su hermanito. Ella era muy cariñosa con medio mundo. Basta verle su carita en esta fotografía para advertir su bonhomía.
Ella era parte de la comunidad de religiosas del Niñito Fundador, así que de su hogar a su sitio de trabajo no tenía más que caminar algunos pasos porque le quedaba enfrente el edificio del colegio. Acá están en el patio central, donde todavía está la primaria del Colegio Mariano N. Ruiz. Tal vez la fotografía es de los años ochenta. En ese tiempo no sólo preescolar y primaria recibían clases en este edificio, también los chicos y chicas de secundaria asistían. Los salones de secundaria estaban en la parte posterior.
La fotografía que te anexo corresponde a una mañana donde los estudiantes de secundaria tuvieron un desayuno con motivo de fin de cursos. Los muchachos y muchachas de tercero de secundaria se despedían de su colegio y los directivos les ofrecían un desayuno con fruta, tamales, pastelitos de manjar y chocolate.
Muchos le decían Madrecita Sara, de cariño, reconociendo en ella a una maestra con vocación indeclinable. La leyenda cuenta que, como tenía problema de audición, cuando la bulla en el salón era mucha, ella le bajaba el volumen a su aparato y “salía del aire”; la misma leyenda cuenta que unos chicos se extrañaban cuando, como parte del aprendizaje, ella enseñaba a hombres y mujeres a bordar y a pegar botones. Nadie olvida el trazo elegante que tenía a la hora de escribir, en ese tiempo, ella, generosa, impartía clases de caligrafía (ahora sí que debe haber muy pocos maestros en activo que lo hagan, sobre todo porque el magisterio de este tiempo ya no aprendió a escribir con letra manuscrita. La Madre Sara poseía un conocimiento especial de letras góticas, tal vez algunos de sus alumnos lograron adquirir la destreza).
La paga (escasa) que recibía en el colegio la pasaba íntegra a la agrupación de hermanas religiosas. En periodo vacacional sí empleaba su salario para el viaje a Puebla. Cuando ella se enteró que yo iría a estudiar a la UNACH, en Tuxtla Gutiérrez, me llamó a su cuarto y me dio unos billetes enrolladitos, dijo que era para que me comprara un par de zapatos, porque en tiempo de lluvia era necesario tener otro par.
Posdata: tuve el privilegio de ser compañero de trabajo de esta maestra singular, bellísima. Ya te conté que cuando los maestros y maestras nos reuníamos en una comida, ella, a la hora de despedirse, en forma discreta, tomaba la botella de licor (por lo regular estaba a medio consumir) y la guardaba en el interior de su hábito; yo le decía que no lo hiciera, que eso obligaba a que pidiéramos otra botella, pero ella nunca me hizo caso. Nosotros nos reíamos y pedíamos otra botella. Ahora que lo escribo sólo consigno ese acto amoroso, ella nos retiraba del vicio, si nosotros deseábamos seguir en el camino de la perdición era nuestra decisión. Ah, cómo hace falta en la vida esas manos que hacen a un lado lo que no es sano para el cuerpo, para el alma. Que Dios tenga a su diestra a la Madrecita Sara; que Dios dé muchos años de vida plena a Doña Lily.
Hoy son otros maestros y maestras quienes continúan con la tradición de excelencia en el Colegio Mariano N. Ruiz que ya celebra setenta y seis años de su fundación.
¡Tzatz Comitán!
jueves, 18 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON PASOS LUMINOSOS
Querida Mariana: la directora de CONECULTA abrió una gran ventana. ¿Viste que en este 2025 apareció una palabra en el circuito de festivales de arte? La palabra, el concepto, fue: Pluricultural. Este fue el primer paso, digo yo, que reconoce en forma magna, por parte de la institución cultural más importante de nuestro estado, la diversidad que, en materia de arte, conforma una hermosa granada con mil granos llenos de savia.
Fue el primer paso de lo que se antoja como un tejido lleno de todas las bondades que conforman el chal de Chiapas. Es casi imposible dar cuenta de todas las riquezas que nuestro estado posee. Quienes saben dicen que Chiapas es un tapete multicolor de saberes y de profundos conocimientos ancestrales. Lo hemos dicho, querida mía, Chiapas posee una cultura milenaria. El Chiapas de hoy está conformado por la única y maravillosa mezcla de lo que nos “impusieron” los conquistadores y la raíz de lo nuestro, de lo que acá había antes de la llegada de los españoles. Conformamos un sincretismo único. Ahora, así se ve, el CONECULTA ha vuelto la mirada hacia las culturas originarias y las integró ya en los festivales de arte que se realizan cada año.
Fue ya un primer paso, sin duda que esto hará que el caminar sea pleno y que, poco a poco, se vaya constituyendo en una gran rama del árbol maravilloso. Digo que es imposible abarcar todo el mosaico que conforma nuestra cultura de Chiapas, pero una selección hará que en todo el estado se valore lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde podemos caminar. Ah, sin duda que los encargados de la cultura oficial ya están armando muestras gastronómicas de todas las regiones, exposiciones de tejidos, foros literarios donde podamos ver y escuchar las riquezas de los diversos idiomas; intercambios de danzas tradicionales, de música, de misticismos y de cosmogonías.
He dicho, vos lo sabés, que luego hay ciudades que pelean el podio para ser nombrados como Capital Cultural de Chiapas. Es un pleito inútil, porque cada región de Chiapas puede enorgullecerse de tal galardón si es que existiera o fuera necesario crearlo. La propuesta de volver Pluricultural a los diversos festivales da cuenta de eso, por eso celebro tal decisión. Chiapas no puede ser sin el reconocimiento de todos y todas. La riqueza cultural de nuestro maravilloso estado se debe, sin duda alguna, a la pluriculturalidad. Somos únicos en el mundo porque somos diversos, tan diversos como los colores que conforman el arcoíris. ¿Podés imaginar al arcoíris sin uno de sus colores? Estaría cojo, sería un espantoso blanco y negro, la riqueza de su cola de pavorreal radica, precisamente, en la variedad de sus tonos. Lo mismo sucede con nuestra belleza cultural, nada puede estar fuera. En este 2025, la directora de CONECULTA, nuestra paisana Angélica Altuzar Constantino, ya nos dio a entender que los esfuerzos de acá en adelante estarán encaminados a reunir todas las alas de esta exquisita ave, que no falte ningún color, ningún aroma, ninguna nube. Chiapas es todos sus ríos, todos sus valles, todas sus montañas, todos sus mares, todas y cada una de sus manifestaciones culturales, que ninguna quede fuera, que todas se integren para formar el más hermoso petate que nos identifica, que no haya huecos, que no haya vacíos. Es ya un gran paso.
Posdata: unir el concepto de Pluricultural en el circuito de los festivales de arte en el estado de Chiapas abrió una ventana, una ventana que permite el paso de aire limpio, que nos invita a sacar los papalotes para volarlos tal como lo hacía el hermanito de Rosario Castellanos en los llanitos de Nicalococ. Merecemos que esos papalotes surquen como aves grandiosas. Chiapas es un pueblo enorme, su grandeza le viene de las raíces de la ceiba, el árbol sagrado de los mayas.
¡Tzatz Comitán!
miércoles, 17 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON COMPORTAMIENTOS EXTRAÑOS
Querida Mariana: una amiga se quejó conmigo, preguntó si debía ir a Derechos Humanos. No supe qué responder.
La historia es simple, pero complicada. Mi amiga tiene veintiocho años de edad, el uno de enero del veinte veintiséis cumplirá los veintinueve. En casa de sus papás acostumbraban ponerle reja de papel de china el día de su cumpleaños, pero desde hace dos años se perdió la costumbre, porque su esposo y ella decidieron rentar un departamento, para estar más en la intimidad. Las parejas recientes van olvidando las tradiciones. Todo fue alegría, ella mantenía siempre limpio el departamento, le hacía el lunch al esposo para el trabajo, los fines de semana iban al cine y a cenar en restaurantes, pero desde hace dos días entró en una dinámica que, como magma de volcán, ha ido creciendo.
Sucede que mi amiga se llama Alexa, así como suena. A ella le encanta su nombre, bueno, le encantaba, porque digo que desde hace dos días todo se volvió un martirio. Ya podés imaginar por dónde va este circuito tormentoso. Una mañana de domingo, su esposo, con el tono que se le habla al chunche de moda, entró a la cocina y dijo: “Alexa, prepárame dos huevos fritos con tocino”. Mi amiga rio, le cayó bien el jueguito, le preparó el desayuno, con jugo de naranja y dos panes tostados con mantequilla y mermelada de fresa, fue al comedor donde estaba sentado su esposo, revisando su celular y le sirvió lo solicitado. El esposo vio el plato y dijo: “Alexa, apágate”, y siguió viendo su celular. Esto molestó tantito a mi amiga. El esposo se fue sin decir algo. Mi amiga lo olvidó, en la noche ella llegó tarde, porque fue a tomar un café con Elena, su amiga más cercana. Entró a la recámara en puntillas, porque el esposo ya dormía.
A la mañana siguiente, desde el baño, mientras se bañaba, el esposo gritó: “Alexa, prepárame unos huevos revueltos con jamón”, y no dijo más. Mi amiga comenzó a sulfurarse, pero como el ritual era el de todos los días fue a la cocina y preparó lo solicitado, un tanto molesta se apuró para dejar el plato en el antecomedor, antes que el esposo saliera del baño. Ella se metió al cuarto, prendió la televisión y vio el noticiario. Su esposo entró, se vistió, fue a la mesa, desayunó, entró a lavarse los dientes y antes de salir vio hacia el centro de la recámara, pero de forma aleatoria y dijo: “Alexa, apágate” y salió.
Mi amiga no pudo más, le llamó a Elena y le preguntó lo mismo que a mí, ¿debía ir a Derechos Humanos, a quejarse? Elena le dijo que no, que ella y su esposo se llevaban bien, que todo parecía un juego, lo más recomendable era que lo platicaran, que ella le dijera cuál era el motivo del jueguito que estaba haciendo. Mi amiga estuvo de acuerdo. ¡No funcionó!
El esposo, tomando un café en la sala del departamento, la escuchó, pero al final dijo: “Alexa, ponte en estado de hibernación”, tomó el control y prendió la televisión. Mi amiga respiró hondo, se levantó, dio un beso a su esposo en la frente y luego le soltó una cachetada. Él se puso la mano sobre la mejilla enrojecida y siguió viendo la televisión.
¡El colmo!, dijo mi amiga. ¡Basta!, pensó. Al día siguiente platicó conmigo y me preguntó si debía ir a quejarse a Derechos Humanos o comenzar a hacer el trámite de divorcio. El día que me lo dijo había comenzado a llevar cosas a casa de su mamá y de su papá, quienes la recibieron con los brazos abiertos. El papá sentenció: “Siempre te dijimos que acá estamos y acá estamos”.
¿Derechos Humanos? No supe qué decir. Mi amiga me quedó viendo y dijo: ¿Por qué juega así? Siempre fue muy amoroso y ahora se comporta frío, distante, como una bestia. ¿Tendrá otra mujer? ¿Quiere dejarme y no sabe cómo decírmelo?
Uf, eran muchas preguntas. Pero luego pensé que eso podía llevarle al camino adecuado para resolverlo. La solución más fácil, pero la más simple, era la separación sin más.
Antes que escalara más el asunto, un día después, el esposo llegó al departamento con dos compañeros de trabajo, botado de la risa, llamó a su esposa, quien estaba molesta, realmente molesta. Escuchó, con retortijones en el estómago. Todo había sido una apuesta, un juego nacido en la oficina, cuando alguien (el contador Pérez) se enteró que la esposa de Armando se llamaba Alexa. ¿Podía hacerle la broma? ¿Soportaría más de dos días? Armando dijo que sí. Llevó a cabo el juego, hicieron una apuesta gorda y él comenzó a grabar el comportamiento de su esposa, como evidencia. Armando había ganado la apuesta y recibió un sobre con el dinero ofrecido. Los dos compañeros, riendo, se despidieron. Alexa quedó digiriendo la broma. Era una estupidez, había sido usada, expuesta. Armando se hincó ante ella, le extendió el sobre y dijo: “Alexa, gástalo en lo que quieras”. El sobre contenía billetes con la cantidad de cien mil pesos, ¡cien mil pesos!
Posdata: Alexa volvió a preguntarme, no supe qué responder: ¿debía aceptar todo como un juego y gastar la paga? ¿O mandar a su esposo con los mil demonios? Alcancé a decirle que fuera a casa de sus papás. Ella preguntó: ¿para que me orienten acerca de tomar o dejar el dinero o para que me quede a vivir con ellos?
¡Tzatz Comitán!
martes, 16 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON HOGARES DE MUCHOS
Querida Mariana: estuvimos en varios momentos en el stand de la UNAM, en la FIL 2025. Ah, qué oferta editorial tan inteligente. Ya te conté que el primer libro que compramos fue “Este minuto único y eterno. El archivo privado de Rosario Castellanos”, edición de la UNAM; pero luego vimos ejemplares de revistas de la Universidad de México y adquirimos el correspondiente a noviembre 2025, que tiene como tema central Las bibliotecas.
Le conté a Dora Patricia Espinosa que yo adquiría dos publicaciones en mis tiempos de estudiante de la UNAM, una era gratuita y otra pagada, la primera era la Gaceta; y la segunda era la revista. La gaceta la encontraba en la planta baja de rectoría e iba cada semana por ella; la segunda la adquiría en la librería de CU.
Así que en cuanto vi ejemplares a la venta le dije a Paty que compráramos una, la que habla de bibliotecas, porque, de inmediato, el ojo se fue detrás de los nombres de dos grandes escritoras que participan en este número: Irene Vallejo (la famosa autora de “El infinito en un junco” que ya lleva chorrocientas ediciones, porque ha sido un éxito literario a nivel mundial; y Leila Guerriero, quien está considerada como una de las periodistas más influyentes.
Ya en el pueblo, con toda la calma del mundo comencé a darle una vueltita a la revista. Cumplió mis expectativas. Me fui de atrás para adelante, como si dejara al final el mejor platillo. Hallé una reseña de varias películas de Tarkovski (que conocí, precisamente, en una muestra de cine de arte en algún auditorio de la UNAM); luego un artículo que habla de la obra de la fotógrafa Graciela Iturbide (que te conté fuimos a ver una exposición de ella en el edificio de Banamex, en el andador Madero, del Centro Histórico); a continuación, la celebración de los ciento veinte años del poeta tlaxcalteca Miguel N. Lira, donde (¡oh, qué prodigio!) aparece un poema que le dedicó a Tapachula, que se llama “Corrido de amor a Tapachula”. Copio un cuarteto para que mirés la delicadeza de sus letras:
“¡Qué más da que el río Coatán
quiera atajarme la huida,
si al cabo te he de llevar
con mi vida confundida!”
Tal vez varios huacaleros conocen este poema que, en efecto, es un canto de amor a esa abrasante ciudad.
Y entrando en materia, un poema de Frank Báez que dice (copio un cachito)
“Duele mucho desarmar una biblioteca,
ser consciente de que estás destruyendo
lo que el amor, la paciencia y el rigor unió”.
Ah, las bibliotecas. En la casa de mi infancia no hubo bibliotecas. Poco a poco fui formando un pequeño librerito que, conforme pasó el tiempo, se volvió un maravilloso espacio como si fuera un invernadero con muchas flores. Luego, en las mudanzas se desarticuló (destruí “lo que el amor, la paciencia y el rigor unió”). Ahora tengo pocos libros, pero “bien peinados”.
Los editores convocaron a lectores a compartir testimonios y este número contiene lo que llamaron “un acercamiento polifónico” al tema de las bibliotecas.
Me gustó el artículo de Leila, quien habla de su biblioteca personal “más allá del placer que me proporciona, la hurgo, la exprimo, la utilizo como combustible”.
La mayoría de testimonios coincide en decir que ahora las bibliotecas ya no son tan visitadas como antes. La primera biblioteca formal que conocí fue una que, en los años setenta había en el edificio de la presidencia municipal, la recuerdo como un espacio en penumbra, con la clásica presencia de una mujer malhumorada, aburrida, que siempre tejía chambritas y suéteres. Desde el primer día que la vi supe que ella estaba en un lugar equivocado, debería estar en la tienda de estambres de mi mamá. ¿Una bibliotecaria que no leía sino que era tejedora? Bueno, así era en mi pequeña ciudad. Cuando fui a estudiar a la Ciudad de México me deslumbré con la Biblioteca Central Universitaria, supe que ahí estaba mi lugar, era mi Ítaca, el destino me regaló algo que no fue buscado, que fue como la isla que se interpone a mitad del trayecto, la isla del ensueño.
Posdata: he disfrutado este número de Revista de la Universidad de México, pienso que debo suscribirme para recibirla en casa cada edición. Luego te cuento si lo hago y si sí, te cuento el contenido de cada una de ellas. Cuando menos en este número, repito, hallé comentarios acerca de la obra del gran Tarkovski, que a vos te caería como anillo al dedo.
¡Tzatz Comitán!
lunes, 15 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON LA NANA Y LA CARGADORA
Querida Mariana: María Escandón es una figura relevante en la historia de nuestro pueblo. María fue la cargadora de Rosario Castellanos. Antes, la cargadora era una presencia normal en las casas comitecas de familias pudientes. En el hogar de la familia Castellanos Figueroa no podía faltar la persona que se hiciera cargo de la niña Chayito.
El verdadero nombre de María fue María Abarca Escandón. María le contó a Carter Wilson que llegó a casa de la mamá y del papá de Rosario, más o menos cuando tenía ocho años de edad (la mamá de María y su papá, Don Trinidad Abarca, quien era constructor de capillas en el panteón, dieron regalada a su hija). A partir de ese momento María se encargó del cuidado de la niña Rosario, quien tenía siete años, más o menos. ¿Mirás? La cargadora tenía apenas un año más que su “patroncita”.
María nació en Comitán, en 1924, más o menos. En realidad, María no fue en sentido estricto la cargadora de Chayito, más bien fue su cuidadora, la sirviente que le cumplía sus caprichos. Ambas eran unas niñas, claro, marcadas con el rango de que una era la hija del hacendado y la otra hija de una modesta lavandera.
La historia cuenta que María cuidó de la mamá de Rosario, en su enfermedad, fue una sirviente fiel, no obstante, cuando Rosario ya estaba casada la despidió, fue cuando María fue a trabajar con Gertrude Duby Blom, en San Cristóbal de Las Casas.
Rosario no sólo tuvo una cargadora, también tuvo una nana, que era una mujer indígena tzeltal (venida del rancho), que algunos biógrafos identifican con el nombre de Rufina. Esta mujer fue la que cuidó a Rosario, quien la protegió, quien le enseñó el misticismo de la cultura indígena.
En lo que hasta acá he dicho queda claro pues que la nana era una mujer mayor y la cargadora era una niña casi de la misma edad de Rosario, que la nana llegó a la casa desde la hacienda y era una indígena tzeltal; la cargadora era una niña mestiza (así se advierte en las fotografías que existen, cuando ya era mayor).
Digo esto, porque a los mejores cazadores se les va la liebre. Cercanos y estudiosos de la vida y obra de Rosario Castellanos tienen una ligera confusión respecto a las dos mujeres, al punto que puede decirse que han convertido a la cuidadora en la nana, algo que parecería inconcebible.
En un programa que puede verse en YouTube, Silvia Molina, gran escritora, en su participación en el “Homenaje a Rosario Castellanos, en el centenario de su nacimiento”, organizado por el Colegio Nacional, dijo: “sus padres murieron en 1948 y su nana se fue de su lado cuando Rosario se casó con el filósofo Ricardo Guerra”. ¡Falso!
Pero no sólo a Silvia se le fue la memoria al monte, también a Gabriel Guerra Castellanos, el hijo. Gabriel, en un programa (que también puede verse en YouTube) realizado por el Canal 22, intitulado “Álbum de familia. Rosario Castellanos”, conducido por Perla Velázquez, dijo: “Yo llegué a Comitán (…) a la edad de veintitantos, veinte y pocos, veintitrés años (…) llego un poco a encontrarme con una ciudad un poco todavía muy pequeña (…) también en San Cristóbal (…) un muy amigo de mi mamá, Óscar Bonifaz, que en paz descanse (…) me lleva a un centro de investigación, que todavía existe, se llama Na Bolom, en el que, yo no lo sabía, trabajaba ya como cocinera la que había sido la nana de mi mamá”. ¡Falso!
La memoria es traviesa, le encanta poner el pie para que trastabillemos. A Silvia y a Gabriel les hizo una travesura, encaramó el rostro de la nana en la carita de la cargadora. A tal grado que Gabriel, cuando vio a María la vio como una “indígena preciosa”. María Escandón era comiteca, era hija de una inmigrante guatemalteca, es cierto, pero ella no era indígena, como sí lo fue la mujer que fue nana de Rosario.
Posdata: he dicho, en múltiples ocasiones, que no tenemos una historia cercana a la verdadera biografía de Rosario. Hay una gran cantidad de vacíos. En el Centenario de su Nacimiento se hallaron muchas piezas para formar el rompecabezas más cercano. La exposición de fotografías en el Colegio de San Ildefonso, en la Ciudad de México, fue una gran ventana donde los historiadores y biógrafos pudieron acercarse a hurgar. Mientras tanto, las puntualizaciones no están de más.
¿Y qué pasó con la nana de Rosario? En la novela “Balún Canán” es un personaje importante. Recordemos que cuando la niña protagonista va a la hacienda, ella la despide con una oración imponente. Pero cuando la nana le dice a la madre que los brujos se están comiendo a su hijo y que éste morirá, la madre de la niña la corre de la casa, hay un pasaje posterior donde la niña camina por la calle y ve a una indígena, corre a abrazarla, porque cree que es su nana, pero pronto se da cuenta que no es ella y se consuela diciendo: “todos los indios tienen la misma cara”. ¿Algo de esto pasó por las mentes de Gabriel y de Silvia? ¿En qué momento la cargadora tomó la cara de la nana?
¡Tzatz Comitán!
domingo, 14 de diciembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON EL RECTOR DE LA BENEMÉRITA UNACH
Querida Mariana: la foto es de privilegio, por supuesto, pero merece un comentario. Vos sabés que fuimos parte de la Delegación de la Benemérita UNACH, en los actos de la FIL Guadalajara 2025. El equipo de Arenilla fue embajador de Comitán y de la región, el día 5 de diciembre, a las once de la mañana, presentamos el número 49 de nuestra revista impresa, en el Pabellón Chiapas, que estuvo muy bien presentado con fotografías monumentales de nuestra pichita amada Rosario Castellanos.
El día 3 viajamos al aeropuerto Ángel Albino Corzo para el vuelo a Guadalajara. Fuimos Sandra, el campeón, Roberto Carlos, Dora Patricia Espinosa y tu amigo. Llegamos a un estacionamiento cerca del aeropuerto, nos llevaron en una camioneta y ya en el aeropuerto hicimos lo que todo viajero: pasamos por el arco de revisión y luego nos sentamos en la sala a esperar las indicaciones para abordar el avión. Apenas nos habíamos sentado cuando vimos entrar a nuestro rector, el Doctor Oswaldo Chacón Rojas. Ah, ese fue un buen augurio. Nos paramos y fuimos a saludarlo. Nos presentamos, le entregamos un ejemplar de la revista y le dijimos que presentaríamos ese número en el pabellón. Él platicó un rato con nosotros, nos dijo que el día de nuestra presentación tenía un compromiso a las diez de la mañana en el Hotel Barceló (que está frente a la Expo Guadalajara), dijo que si le ajustaba el tiempo nos acompañaría, le dijimos que sería un honor, ya lo había sido al platicar con él y tomarnos la fotografía. Nos despedimos, él hizo fila porque ya llamaban a los pasajeros para el vuelo a la Ciudad de México, nosotros esperamos otro rato para abordar el avión que nos llevó directo a Guadalajara. Ya te conté que en cuanto llegamos al departamento del Airbnb (que está a pocos pasos de la Expo) dejamos las maletas y fuimos casi corriendo a conocer el enormísimo espacio y aprovechamos para visitar el Pabellón Chiapas, donde, ya lo dije, nos llevamos la grata sorpresa de hallar imágenes de Rosario Castellanos, en celebración de su Centenario de Nacimiento. Recordá que este pabellón alberga oferta literaria de cuatro instituciones chiapanecas: UNICACH, CONECULTA, Secretaría de Educación y, por supuesto, UNACH, mi Alma Mater.
El rector no pudo acompañarnos a nuestra presentación, pero nosotros sí lo acompañamos el día que fue presentador del libro “Radiografías. Universidad cuerpo adentro”, obra del Doctor Roberto Villers Aispuro. Además del rector, el acto contó con la participación del Doctor Carlos Iván Moreno, quien es director general de Educación Superior de la SEP (nadita), quien comentó que tiene vínculos con Chiapas, y luego, con buen humor, dijo: “sólo lamento una cosa, que estemos compitiendo en audiencia con Richard Gere, pero acá tenemos un lleno también…” (lo dijo porque a esa hora también se presentaba el actor norteamericano Richard Gere, que has de comprender jaló a multitudes, tal como fue en la presentación del cantante Joan Manuel Serrat).
Nuestro rector hizo una síntesis del libro del Doctor Villers y resaltó la importancia del mismo, al presentar la historia de nuestra universidad, para conocer la evolución que ha tenido la institución y comprender su presente y proyectar su futuro. Ni duda cabe, la presencia del Doctor Oswaldo Chacón Rojas marcará buenos derroteros para la Benemérita UNACH. Nosotros hemos sido testigos de su compromiso con la cultura, los comitecos fuimos beneficiados con la presencia maravillosa del gran escritor cubano Leonardo Padura, personaje relevante de la literatura mundial. Ya te comenté que después de su visita a Chiapas, propiciada por la UNACH, Padura estuvo en la FIL y allá recibió el Doctorado Honoris Causa que le entregó la Universidad de Guadalajara. En Comitán, el presidente Fox, en nombre de toda nuestra comunidad, le entregó un pergamino donde se le declaró Visitante Distinguido. Ah, qué actos tan gratificantes.
En la FIL, nuestro rector también presentó un libro de su autoría: “Democracia plebiscitaria y estado de derecho”, en el stand de Tirant Lo Blanch, fue acompañado por el Maestro Mauricio Merino, quien hizo comentarios a la obra.
Posdata: ya no volvimos a ver al rector Oswaldo, él tuvo muchas actividades. Lo saludamos en el aeropuerto de Tuxtla y luego la noche de la presentación del libro del Doctor Villers, ahí fui a darle la mano, apenas un instante porque platicaba con el Doctor Moreno.
Me despido, querida mía, con una frase que dijo la noche de la presentación: “Esta maravillosa feria que ya es, que me perdonen los alemanes, la más importante del mundo”. Ahí queda para la historia. Las estadísticas dijeron que este año, más de novecientas cincuenta mil personas acudieron a la gran feria del libro de Hispanoamérica, la gran feria del libro del mundo.
¡Tzatz Comitán!
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