jueves, 30 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON CASAS
Querida Mariana: vos vivís en la casa de tus papás, has vivido ahí los treinta y tantos años de tu vida.
¿Recordás lo que sostiene Amanda, que somos lo que habitamos? Somos las casas donde hemos vivido.
Yo, por circunstancias de la vida, he vivido en varias casas. La foto que te comparto es la casa de mi infancia. Esa casa era de una señora de apellido Esponda, gente de paga del pueblo. Ella se la alquiló a mi papá, quien tuvo ahí la distribución de la Coca Cola, de la cerveza Carta Blanca y la Corresponsalía del Banco Nacional de México, al final de los cincuenta y principios de los sesenta.
En esta casa crecí. Pienso que, más o menos, a la edad de ocho o nueve años nos fuimos a vivir a la casa propia, la que estaba a cuadra y media de la Escuela Fray Matías de Córdova.
¿Viste que hablé en pasado? Lo hago así porque las dos casas ya cambiaron su vocación, ya no existen como tal. ¿Cómo ha impactado en mi personalidad dichas modificaciones? ¿Cómo cambiamos cuando nos damos cuenta que lo que fue nuestro ya no existe? En ambas casas viví con mi mamá y con mi papá y hoy ellos ya no están conmigo.
Esta casa de infancia ya no es. Cuando nos fuimos a vivir a la casa propia, la nueva, la señora Esponda puso en venta su casa, la ofreció a mi papá, pero éste le dijo que no tenía paga, toda la había utilizado en la construcción de la casa cerca de La Matías. Don Juanito Torres la adquirió y ahí vivió su familia durante muchos años, ahí recibieron el siglo XXI, pero hace poco, muy poco, los herederos de Don Juanito vendieron la propiedad y el nuevo propietario, en cosa de días, de días, cerró la casa y contrató a todo un equipo de obreros que sin decir nada demolieron la casa en su totalidad, cuando vinimos a ver sólo permanecía en pie la fachada y todo era un erial, que ahora es un patio encementado que sirve como estacionamiento público. Rodolfo, hijo de Don Juanito, fue quien dictó la vocación de la casa, porque aprovechó el sitio y acondicionó un estacionamiento de tierra y con árboles en la esquina. Esto permitió que de vez en vez yo visitara la casa y recorriera los espacios donde viví toda mi infancia. Ahora sigo yendo y añoro la casa, pero veo el cielo en forma diferente, las bardas limítrofes enmarcan el espacio. Por fortuna, Dora Patricia Espinosa hizo un video donde hago un recorrido por toda la casa y menciono mis recuerdos de los diferentes espacios; por ejemplo, el oratorio estaba hacia donde mi dirijo, en esta foto.
Así como derribaron esta casa de mi infancia, la casa de mi adolescencia y donde vivieron mis hijos de pequeños también fue demolida. Vendimos la casa en el 2000 y ahora hay un hotel, de la familia Bermúdez.
Las dos casas de mi vida, donde viví más de cuarenta años ya no existen. Tere Macal dice que cuando camina por el parque actual recuerda con nostalgia el local donde su papá tuvo la Relojería Macal, en la Manzana de La Discordia, espacio residencial y comercial que ya no existe. Lo mismo me sucede a mí cuando paso por las dos casas que habité. ¿Cambiamos en el momento en que desaparecen las casas que habitamos? ¿Qué tanto siguen ellas habitando en nosotros? La casa donde nació Rosario Castellanos en la Ciudad de México fue derribada hace muchos años; luego, la casa de Constituyentes, frente al Bosque de Chapultepec, que fue la casa donde vivió tantos años, también ya es materia muerta, porque Gabriel la vendió y los nuevos propietarios construyeron un gran edificio. Por esto, los comitecos debemos sentirnos orgullosos, porque, con modificaciones y todo, las dos casas donde ella habitó de niña y adolescente en nuestra ciudad siguen paraditas.
La casa de mi infancia tenía cuatro corredores, era una residencia de gente de paga, a media cuadra del parque central. Muchos de mis mejores recuerdos fueron sembrados ahí. Ahora, cuando dejo mi tsurito en el estacionamiento, cuando no hay más carros estacionados doy una vueltita completa por toda la plancha, como si fuera el niño que pedaleaba el carro plateado que me regaló el Viejito de La Nochebuena, haciendo el circuito completo en los cuatro corredores. Cuando mis papás mandaron a construir la nueva casa, mi papá determinó que tuviera tres corredores y un patio central, no se pudo hacer la casa con cuatro corredores, porque era necesario una entrada de camiones hacia la bodega que era como la aduana para pasar al sitio, enorme, generoso, lleno de árboles y de plantas. Era tan generoso el patio que había un árbol de naranja agria, que es escaso ya en estos tiempos. La naranja agria la usan para marinar las carnes, éstas toman un sabor exquisito.
Posdata: ¿qué tanto perdemos al perder nuestras casas? Mi casa de infancia ahora es una plancha de cemento que recibe decenas de autos todos los días, la gente entra y sale. Mi casa, la nuestra, ya propia y no rentada, modificó su vocación, se volvió hotel. ¿Y yo, qué me volví? ¿Por qué insisto en entrar a esos espacios que me correspondieron y que ahora no conservan nada de lo que fueron? ¿En dónde quedaron los oratorios? ¿Dónde las imágenes religiosas? ¿Dónde las velas y los incensarios? ¿En dónde se fueron todos los padres nuestros que pronunciamos? ¿En dónde está el niño y el joven que fui?
¡Tzatz Comitán!
