jueves, 9 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON CERCAS
Querida Mariana: compré otro libro de Javier Cercas. Te conté que leí un gran libro de él: “El loco de Dios en el fin del mundo”. ¡Un librazo! De lo mejor del 2025. Ahora tengo “Independencia” en la lista de espera. Y está en espera porque ahora leo a Xavier Velasco, el irreverente, locochón y buen narrador Xaviercito Velasco. De Xavier leo: “Mala espina”. Esta novela comienza con un cuerpo humano que cae de un edificio de siete pisos y se despanzurra. ¿Es un suicidio? Pero alguien nota que los pies del tipo están amarrados y se pregunta: ¿quién se amarra los pies antes de aventarse al abismo? Ahí comienza la novelita, bien narrada, picazón. Nada del otro mundo, pero disfrutable.
Xavier va con equis y Cercas se escribe así. Digo esto, porque abundan los Javier con jota, acá tenemos al buen Xavier González, quien fue Xavier desde mucho antes que el Velasco, porque el escritor nació en 1964 y nuestro Xavier nació en los años cincuenta. Cuando Xavier González llegó a Comitán sorprendió al mundo, porque acá los Javier eran con jota y no con equis. Sucedía lo contrario que con la palabra México, que ya muy pocos la escribían con jota. Claro, los nativos de este país pronunciamos Méjico, sólo los extranjeros le dan ese acento de equis arrastrada: Méssico. Lo mismo sucede con Xavier, lo pronunciamos con jota, pero, lo que sea de cada quien, se ve más nice Xavier que Javier, tal vez porque es menos común.
¿Y qué vainas con Cercas? Es el apellido de Javier, con jota, pero debo decir que yo crecí en Comitán escuchando la palabra cercas. El maestro Beto me enseñó en el salón de clases que la palabra cerca se usaba para designar algo que estaba a corta distancia. Por ejemplo, el templo de El Calvario está cerca del parque central de Comitán (el llamado Benito Juárez, que en realidad, vos lo sabés, es mío, recordá que la piazza e mía). Pero resulta que, fuera del aula, medio mundo no pronunciaba cerca sino cercas. ¡Qué simpático, qué desorientador! Así, el fulano de tal decía: el templo del Calvario está “cercas” del parque central de Comitán.
No sé el porqué, pero hay una propensión a agregarle una ese al final a ciertas palabras. ¿Lo “vistes”? ¿Lo “entendistes”? Ay, Señor, qué costumbre tan jodida. Lo mismo sucede con la palabra cerca, claro, la palabra cercas no se escucha tan mal como los dos ejemplos anteriores. Pero, ¿por qué la gente le agregaba la letra ese final a la palabra cerca? Es un poco como no tener idea de la precisión de las palabras, porque todo mundo sabe, ¡lo sabe!, que la palabra cercas se emplea para designar una división territorial. Cercar un terreno es ponerle cercas.
¿De dónde entonces decir “cercas” para señalar algo cercano? ¿Será porque el antónimo de cerca es lejos y como ésta tiene ese al final? No, no, ya estoy derrapando en el terreno de lo estúpido.
Lo cierto es que el apellido del gran escritor español lo escuché desde niño. En ese tiempo, Javier Cercas tampoco era el gran escritor, ni había nacido, igual que Xavier Velasco nació en los sesenta. Xavier y yo somos de los cincuenta, acá hablo de Xavier González.
En los años sesenta yo era ya un buen lector. Leí a varios escritores españoles, a los famosillos, al poeta Machado, y a los narradores Ana María Matute, a Cervantes, a Unamuno y también a Pío Baroja, a Pérez Galdós y a Camilo José Cela. De todos los nombrados, buenos escritores, sólo el Cela fue Premio Nobel de Literatura, era mal hablado, era fregón. ¿Y Cercas? Cercas era un niño lector, igual que yo, se cultivaba, ahora es un talentosísimo escritor, a veces es nombrado como posible ganador del Nobel de Literatura, no va lejos. En Comitán dirían: Cercas está cercas de ganar el Nobel. ¡Padre bendito!
Posdata: ¿qué tanto nos definen los nombres? Imaginá, como mero juego, que yo no fuera Alejandro sino Alexandro o Halejandro o, como me dice un amigo: Alexandros, así, con la ese final. ¿Sería otro? ¿Qué tanto cambiamos cuando aceptamos el sobrenombre que nos dicen otros? Tengo un amigo que ahora se bautizó como Tezcatlipoca, cuando su nombre original es un nombre babilónico. ¿En dónde quedan todos los años en que fuimos lo que quisieron que fuéramos?
No sé de dónde la costumbre comiteca de decir “cercas” en lugar del castellano cerca. Lo que no está lejos, en Comitán, está cercas. Ahora estoy muy cerca de Cercas, su narrativa es apasionante, es un gran escritor, digo pues que él está cerca de obtener, algún año del Señor, el Premio Nobel de Literatura, si llego vivo a ese momento lo disfrutaré, saldré al pequeño patio de la casa y diré que todo mundo siempre está cerca de alcanzar sus sueños, siempre y cuando abone el terreno; siempre y cuando coloque cada día un ladrillito. ¿Sueña Cercas con la obtención del premio Nobel? Pienso que eso no le quita el sueño. Hay tanto escritor glorioso que no ha necesitado tal reconocimiento para saber que su obra está muy cerca del Olimpo, “cercas”.
¡Tzatz Comitán!
