jueves, 16 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON VERDADES DE A KILO
Querida Mariana: hay conceptos que no están sujetos a discusión. La escritora Margaret Atwood, autora de la famosa novela “El cuento de la criada” y del maravilloso libro “Nueve cuentos malvados”, dice que el novelista Robertson Davies comentó en alguna ocasión una verdad lapidaria: “La gente… muere”. Así lo dijo, abarcó al género humano, hizo una pausa y dijo: muere. ¡Verdad incontrovertible! Ya te comenté que a mis sesenta y ocho años de edad (ahora tengo sesenta y nueve) descubrí ese principio universal: la gente muere. Todos vamos a morir. No hay vuelta de hoja. En la ficción hay textos que hablan acerca de la búsqueda de la Eterna juventud; es decir, el proceso mediante el cual el ser humano no envejecería. Falsa ilusión, inalcanzable, imposible. Acá en el pueblo saludo seguido al maestro Temo Alcázar, a quien el pueblo ha nombrado como El eterno joven de Comitán, él goza, en efecto de muy buena salud, porque es un hombre metódico, que siempre ha hecho ejercicio, pero, la palabra eterno es un buen deseo, pero tampoco él lo alcanzará y digo esto porque el otro día, hace poco tiempo, la escritora Elena Poniatowska, La Pony, fue a palacio nacional y saludó a la presidenta Claudia (estuvieron acompañadas también por Jesusa Rodríguez). Ya sabrás, Claudia manifestó su cariño a La Pony y ésta hizo lo mismo, casi al principio de su plática, la escritora dijo: “Ya estoy viejita”. Otra verdad inobjetable. La gente envejece y luego muere. Uf. Parecería un tema difícil de digerir, sin embargo, he comentado que mientras yo no tuve conciencia de que todo mundo morirá viví como si estuviera en una banda de esas que hay en los aeropuertos, fui una maleta que se dejó desplazar en esa ruta de la inercia. Mi mamacita murió en 2025, a la edad de noventa y cinco años de edad, supe entonces que sí, que, como la Pony, la gente envejece y después muere. Lo primero no es una cuestión general, porque hay personas que mueren jóvenes, algunos muy jóvenes. No todo mundo llega a la edad de mi mamá, no todo mundo llega a la edad de la Poniatowska. La Pony nació dos años después que mi mamacita, ella nació en Francia, mi mamá nació en Huixtla en 1930. Pronto La Pony cumplirá la edad de mi mamá, pero el día que estuvo con la presidenta Claudia dijo: “ya estoy viejita”. La Pony es conocida como “la princesa roja”, mi mamá fue la princesa huixtleca de Comitán. Mi mamá envejeció, a sus noventa y cinco años estaba muy bien, física y mentalmente, pero dos meses antes de morir le brincó una enfermedad que la fue desgastando, nunca perdió el buen humor, su pasión por vivir (ella siempre dijo que le echaba ganas a la vejez; es decir, admitía que ya estaba viejita, pero yo la veía muy joven, muy dinámica, muy echada para adelante, pero la ley universal hizo que su cuerpo, siempre esbelto, se cansara y un día Dios la llevó, gracias a Él su muerte fue en casa, tranquila, un día antes todavía bromeó, al final ya tomó un poco de leche y no más, al día siguiente ya no se levantó, su cuerpecito entró al proceso de estertores, que le llaman estertores de muerte).
Todo mundo morirá. No todo mundo llega con plenitud a la edad que tiene el maestro Temo. Su gran amigo, el maestro Jorge Gordillo ya no llegó a los noventa, que cumpliría el próximo año. El maestro Jorge se murió. Te comenté que un día de agosto del 2025, en el plantel de la primaria, en una reunión donde se dio a conocer a la nueva directora del nivel, el maestro dijo a todos los integrantes de la mesa de honor que nos sentáramos y como yo estaba cerca de él lo vi apoyar sus manos sobre la mesa y vi que le temblaban, supe que algo estaba pasando en su cuerpo, algo que no era normal. Meses después falleció, por fortuna lo hizo en su casa, sin las grandes tragedias miserables de los hospitales. El maestro Jorge estaba muy fuerte, estaba entrando a la etapa de envejecimiento con gran dignidad, pero, igual que a mi mamá, una enfermedad le atravesó el pie, cayó y murió.
Posdata: acá está la fotografía de las manos de mi maestro Jorge en esa mañana que las vi temblar. Estaba comenzando a cansarse. Todos moriremos. No todos envejecen, no todos lo hacen en plenitud, hay gente que envejece con dolor, hay otros, en cambio, que lo hacen con gran entusiasmo, llenos de vitalidad. Davies dijo algo irrebatible: la gente… muere; la Pony le dijo a Claudia: ya estoy viejita. Todos vamos hacia la muerte. Mientras tanto, dicen los clásicos, los expertos, vivamos, vivamos a plenitud, echándole ganas a la vida, como decía mi mamá.
¡Tzatz Comitán!
