martes, 21 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON MÁS ORGULLOS COMITECOS
Querida Mariana: Jesús Alfredo fue alumno del Colegio Mariano N. Ruiz, hoy es un orgullo de Comitán. Vos sabés que sólo los académicos reputados publican en la Editorial Porrúa. Jesús Alfredo tiene varios libros publicados en dicha editorial.
Conocí a Jesús Alfredo en la secundaria del colegio. Él subía todas las mañanas desde su barrio, el tradicional barrio de Yalchivol. Su papá atendía un puesto de venta de ropa en el mercado de Jesusito.
El otro día, Dora Patricia Espinosa y yo fuimos a saludar a Octavio, hermano de Jesús Alfredo, otro orgullo de nuestro pueblo. En la plática con el ingeniero Octavio salió a relucir el nombre de su hermano. De inmediato, Octavio se paró, fue al librero que tiene en su oficina, buscó entre los ejemplares y me entregó dos libros, editados en Porrúa. Te los regalo, dijo. Leticia Bonifaz Alfonzo, orgullo de Comitán, es otra académica que tiene libros publicados en Editorial Porrúa.
Al llegar a casa vi los títulos de los libros y les di una vueltita, así como para romper el hielo. Mirá los títulos: “Constitucionalismo chiapaneco. Estudios en homenaje al ministro de la SCJN Sergio A. Valls Hernández” y “La protección no jurisdiccional de los Derechos Humanos en México” (este último libro se lo pasaré a Fer, estudiante de la licenciatura en Derechos Humanos, de la Benemérita UNACH).
Jesús Alfredo fue alumno del Colegio Mariano N. Ruiz, mirá qué dice la ficha que aparece en los libros: “Jesús Alfredo Galindo Albores. Abogado, servidor público, académico e investigador chiapaneco. Doctor en derecho público, graduado con mención honorífica por el Instituto Nacional de Estudios Fiscales. Profesor e investigador de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Chiapas, en la que imparte cátedra en los programas de maestría y licenciatura en derechos humanos. Profesor del doctorado en derecho público de la Facultad Libre de Derecho de Chiapas”
Nadita, ¿verdad? Qué feliz coincidencia se dio la mañana que platicamos con el ingeniero Octavio, en la oficina de su empresa GaloAgro. La plática, como es usual, fue de un tema a otro. Octavio nos platicó de su pasión por el fútbol soccer, constatamos el gran conocimiento que tiene ya del Mundial que pronto sucederá en este país (apenas trece de más de cien, USA será el gran anfitrión); luego platicamos acerca del templo de la Virgen del Rosario, en Yalchivol, que tiene el atrio más generoso de todos los templos de Comitán y que ahora acusa serios problemas en su techumbre, por lo que los encargados ahora solicitan ayuda económica de toda la sociedad comiteca para la reparación del techo; y luego nos platicó de su hermano, su mirada se llenó de aire limpio al sintetizar todas las virtudes de su hermano Jesús Alfredo.
Vos sabés que cuando alguien llega a ser exitoso, por diversas circunstancias, los maestros que le dieron clases en edad temprana, siempre hablan maravillas: “sí, desde niño se veía que sería un gran personaje”. Pues cuando Octavio platicaba los dones de su hermano Jesús Alfredo, como un relámpago me llegaron imágenes de ellos: la familia Galindo Albores, niñas y varones, porque todos, ¡todos!, fueron alumnos de excelencia. Si ahora son exitosos es porque fueron colocando ladrillo tras ladrillo en su edificio moral y espiritual (ladrillo del mero barrio de Yalchivol).
Octavio narró con orgullo el trabajo que desarrolla su hermano y Dora Patricia y yo nos sentimos también orgullosos. Octavio tiene una gran capacidad para relatar hechos, recuerdos, testimonios. Vos sabés que él nos envía sus colaboraciones, narraciones breves, para que se publiquen en nuestra revista impresa Arenilla. Y ya conté el otro día que tiene una gran facilidad para desarrollar un tema, como si jugara canicas o echara a volar un trompo. Toma un bolígrafo y una hoja tamaño carta y desarrolla la idea con gran fluidez, no para hasta que para.
Posdata: me provoca orgullo conocer las historias de vida de muchos paisanos exitosos. Muchos fueron a estudiar a otras ciudades y volvieron, otros se quedaron por allá. Octavio fue y volvió, Jesús Alfredo desarrolla y comparte su talento en la capital del estado de Chiapas. Ambos son exitosos, personas que dan brillo a nuestro pueblo.
¡Tzatz Comitán!
