viernes, 17 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN JUEGO
Querida Mariana: juego. Soy un juguetón. A nadie le hago daño. A veces pienso que hay gente que jugó con nosotros y dañó a la sociedad.
Digo que juego, mirá las dos imágenes que te comparto. La de la izquierda es una fotografía real, la de la derecha es de la IA.
Jugué. Pienso que esta banqueta, como muchas más, tiene una pendiente resbalosa. ¿Por qué? Porque es una pendiente y la laja hace que sea más resbalosa todavía.
Entré al Internet y busqué ciudades con pendientes en el mundo. ¡Son muchas! No pensés que sólo Comitán tiene subidas y bajadas. Fui a una ciudad en Portugal, con pendientes como las nuestras y hallé que en lugar de seguir con la vocación original de la pendiente ¡le cambiaron de vocación! ¿Sí lo ves? Lo que es una pendiente se volvió una escalera con espacios horizontales. Ah, qué bendición. ¿Quién resbala en la escalerita, sobre todo si tiene pasamanos?
Pensé (sólo como juego) y ¿si ahora que Comitán celebrará sus quinientos años comenzamos a cambiar las pendientes más pronunciadas y hacemos un ejercicio similar?
¿Se vale? Pues no sé qué digás vos. Ya, ya sé qué estás pensando. Este ejercicio no es incluyente, desplaza de entrada a las personas en silla de ruedas. Ah, pues, estamos chupando tranquilos. ¿Quién sube a alguien en silla de ruedas en estas banquetas enlajadas? He visto a una persona, en silla de ruedas, que la suben en esta calle. Lo hacen por el arroyo. Cuando los autos vienen lejos, la persona que empuja se atreve a trepar la pendiente. Los automovilistas se detienen y permiten que la operación se realice.
No sé qué digas vos. ¿No se te hace más segura la banqueta que diseñó la IA?
Fui al INAH en Comitán y me recibieron muy bien. Aclaré que era mero juego, pero me sorprendí al escuchar a la encargada decir que se veía más segura la banqueta de la IA. Yo digo que sí. Pienso que evitaría muchos desaguisados, torceduras, caídas, raspones o lesiones mayores. Digo que todos en Comitán conocemos a alguien que ha resbalado en las banquetas de laja.
Nos dijeron que así se ve muy bonito el pueblo. ¿De qué nos sirve la “belleza” si provoca tantos accidentes?
¿Autorizarían un cambio de banqueta?, pregunté. Sí, me dijeron, habría que ver con el ayuntamiento. Pensé entonces que tampoco habría oposición.
El problema fue el siguiente: se puede hacer esta modificación, siempre y cuando se siga usando el material permitido: la laja.
¡Qué! No, no puede ser. Sí, me explicó la funcionaria y me dijo algo que no sé si sea correcto. El pegado de la laja (en 1994) lo hicieron a lo mudo (ella no me dijo esto, esto es mi traducción), pero la laja es un material muy noble (esto sí me lo dijo así) y me enseñó en la pantalla de su computadora una serie de ejemplos recientes donde han colocado laja en banquetas y está bien pegado, sin las chibolas que encontramos en la mayoría de banquetas.
Acepté lo que ella me dijo, pero pensé que el material de la región no es el más adecuado para pavimentar espacios. Las lajas se quiebran, provocan huecos, estos huecos son antiestéticos y peligrosos. ¿Qué autoridad está pendiente del cuidado, del mantenimiento de banquetas?
¿Por qué no hacer uso de materiales que sean antiderrapantes?
No sé si es mi obsesión, pero pienso que la mayoría del pueblo está en contra del uso de la laja. Ya te conté el otro día que he visto en algunas banquetas muestras de rechazo, algunos particulares conscientes colocan de esas cintas antiderrapantes y mandan a hacer rayados a fin de que el zapato tenga algo de agarre y no resbale. ¿Imaginás esta acción que tiene signos de un movimiento de rebeldía ante algo que fue un juego malévolo?
El otro día un amigo me envió la lista de los integrantes del patronato que realizó el trabajo de remodelación de la ciudad; es decir, de quienes pusieron la laja en las banquetas, respetando los lineamientos de los pueblos mágicos. ¡Qué maldad! Nunca pensaron en hacer una ciudad digna, una ciudad segura, una ciudad disfrutable. Nos dejaron una ciudad “bonita”, pero peligrosa, atentatoria. Llevamos más de treinta años “soportando” estas banquetas, toboganes de la muerte.
Posdata: llegaremos a los quinientos años. ¿Seguiremos así? Yo juego. En el juego, auxiliado por la IA, encontré que es posible cambiar la vocación de tobogán infernal a una acera más segura. Pienso que si el pueblo votara a favor de este cambio lograríamos una ciudad más afectuosa, la que nos merecemos. No sé qué digás vos. ¿Qué decís?
¡Tzatz Comitán!
