martes, 28 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON EL PADRE NATY Y COMPAÑÍA

Querida Mariana: en Comitán es conocido el dicho del padre Naty. El padre Natividad está enterrado en el templo de La Trinitaria. Fue sacerdote de ese lugar. En la región se volvió famoso por sus dichos, uno de los más conocidos y empleados es el de “A güevo, hija”, que fue la respuesta a la pregunta: ¿habrá misa, padrecito? Todavía, en Comitán y otros pueblos cercanos, brinca la respuesta: "Como dijo el padre Naty” y ya todo mundo entiende que la respuesta es: ¡A güevo!; es decir, que se cumplirá llueva o truene. El otro día, platiqué con mi amado Gutmita y salió el tema. Él recordó que su cuñado Absalón Pulido Gordillo, de feliz memoria en el pueblo, a una pregunta de Abraham Gutman le respondía: “A güevayork, cuñadito”. ¿Mirás? Era ingenioso, porque bastó cambiar una letra en el nombre de la ciudad estadounidense: Nueva York, para hacer un juego lingüístico simpático. Don Absalón nos legó esta palabra para decir que sí, que se cumplirá ¡a güevo! ¡A güevayork, cuñadito! No sé de dónde salió que para decir que sí, medio mundo dice: ¡a güevo! Como siempre resulta en nuestro lenguaje, es más enfático decir ¡a güevo! que decir ¡sí! Los exquisitos no usan esa forma plebeya, porque es término populachero. Pero, gracias a ese uso del lenguaje, el padre Naty sigue siendo recordado. Cualquiera diría que es triste que se le recuerde por una leperada y no por sus actos religiosos, pero esto da una idea de que el pueblo elige lo que está cerca de su identidad. Muchas personas también dicen: “Como dijo Juan Gabriel, pero ¡qué necesidad!”, porque, todo mundo lo sabe, el Divo de Juárez compuso una canción pegajosa, como todas las suyas, que tiene el estribillo: “pero, qué necesidad”. “Como dijo”, esto lo usa la gente para recordar algo memorable, bien sea una cita culterana o una cita pueblerina. Como dijo Shakespeare, dice la gente: “ser o no ser”, aunque no hallan leído Hamlet. Son dichos que pasan a formar parte del llamado dominio público. No sabemos de dónde proceden, pero los repetimos, porque son ingeniosos. He escuchado más de dos veces, en voz de jóvenes, el siguiente dicho: “No importa el cuarto poder, sino poder en el cuarto”, versos ingeniosos y lúbricos del poeta Efraín Huerta. Tal vez los chicos no saben la procedencia de lo que dicen, ni saben que el cuarto poder se refiere a los periódicos, que así eran conocidos en los años sesenta y setenta del siglo XX, pero les llama la atención el final: “poder en el cuarto”, les llama la atención el juego de palabras. El Gutmita es un gran jugador con las palabras. El mismo día que me contó lo de su cuñado, me dijo más dichos, que, insisto, son del dominio público y encierran grandes enseñanzas. Me contó que un amigo Rafael Tinajero decía: “Ya picado el hígado, que chingue su madre el corazón y ya lleno el camión, que chingue su madre el pasaje” y terminaba con lo siguiente: “lo bueno, que estamos abajo del camión, compadre”. Llamó mi atención lo del hígado y el corazón, si mirás bien verás que tiene una gran verdad. Está mal tu hígado, en cualquier rato se desvanecerá el corazón. Mi amado Gutmita tiene un libro inédito con cientos de dichos. Su libro valdrá la pena si tiene más de diez dichos ingeniosos, como el que le decía su cuñado. Por ahora, concentra toda su atención en redactar un libro que habla de su padre: “El hombre que vino de Polonia”, que en Comitán fue conocido como “El Ruso”, qué va de Polonia a Rusia, pero, bueno, así somos en Comitán, rayito de sol. El otro día, con la directora del Coneculta, comentamos el libro “Rosario Castellanos. Nací de mi sueño. Iconografía”, que se presentará en Comitán el día del cumpleaños 101 de la pichita amada: veinticinco de mayo de 2026, a las cinco de la tarde, en el Centro Cultural que lleva su nombre. Leímos un fragmento de la carta que Rosario envió a Efrén Hernández, desde Comitán, y la escritora consentida dijo del pueblo: “Comitán de Las Flores, de Domínguez, de los pianos”. ¿Mirás? Retomó el nombre más afectuoso, el de Comitán de Las Flores y lo conjuntó con el oficial de Comitán de Domínguez, pero le agregó un elemento cultural que definía la pasión musical que hubo en este pueblo en los años cuarenta: el piano. Qué bella descripción, que se agrega a la de Doña Lolita Albores, pícara por excelencia, que dijo que Comitán también era Comitán de los tomates, porque “tomate una, tomate dos”. Posdata: los dichos sintetizan la esencia del lenguaje, son retruécanos, animalitos retorcidos que otorgan brillantez al habla. ¿A poco no? ¡A güevayork, cuñadito! ¡Tzatz Comitán!