miércoles, 22 de abril de 2026
CARTA A MARIANA, CON UN CANTANTE CANADIENSE
Querida Mariana: te comparto una fotografía de 2023. Sí, es Dora Patricia Espinosa, está en la entrada de la Arena CDMX, espacio donde, vos sabés, se presentan grandes conciertos.
Resulta que Paty fue con su hermano Robertito a escuchar y a ver a, nada más y nada menos, que al cantante canadiense Michael Bublé. Paty es fanática de su música, sabe muchas canciones de memoria y las canta, porque no es desentonada. Como Bublé tiene una pronunciación impecable, los seguidores también cantan como si supieran hablar un inglés de excelencia.
Acá mirás la cara de satisfacción de Paty. Lo que dice el lema de la Arena es una certeza: “Nunca será lo mismo verlo que vivirlo”. Paty y Robertito fueron a vivir la experiencia.
El programa decía que abrirían las puertas a las siete y treinta de la noche y el concierto iniciaría a las nueve de la noche. Paty y Robertito llegaron a las siete y media y fueron de los primeros en ingresar. Paty tenía que vivir la experiencia al tope, ser testigo de cómo se fue llenando el recinto que, a las nueve ya estaba al tope.
Vos has estado también en conciertos de esa magnitud. Dichosa. ¿Yo? Ah, pues, estamos chupando tranquilos. Una vez estuve en un concierto de Nacha Guevara, con participación del escritor Mario Benedetti, en el Teatro de la Ciudad, en México; y ya te conté que en el auditorio de la facultad de ingeniería (el auditorio del anexo) estuve en un concierto que ofreció Óscar Chávez (el caifán mayor); es decir, audiencias menores. Lo de Bublé, me contó Paty, fue apoteósico. ¿Sabés cuántas personas caben en la Arena CDMX? Ahora busco el dato en Internet y me dice lo siguiente: 22,300 personas. ¡Gentío de gente! La noche que Robertito y Paty estuvieron en el concierto de Bublé la Arena no fue de desierto, sino arena de esos camiones que van al tope en la carretera de San José Obrero a Comitán.
Paty compró sus boletos en línea, lo hizo el mismo día que la venta inició. Decidió romper su cochinito para vivir la experiencia al máximo, así que adquirió boletos en las primeras filas.
En esta fotografía ya tiene puesta la cachucha emblemática (más paguita), la del recuerdo. Entraron al gran espacio, monumental, gigantesco, apabullante, buscaron sus lugares en la primera fila y ambos hicieron lecturas de cómo comenzó a llenarse el lugar. Todo mundo emocionado, todo mundo fanático del maravilloso cantante.
Ya te conté que, en un viaje que hicimos de México a Comitán, la pareja de Fito cambió el disco compacto y puso música de Bublé (nunca había escuchado nada de él) y en cuanto oí las primeras estrofas, pronunciadas con tal limpieza y con tal belleza, comenté, en una frase desafortunada y muy grotesca: “si fuera mujer me bajaba el calzón rápido”. Reímos. La pareja de Fito dijo que no estaba muy equivocado, porque muchos chicos gay aman a Michael. Su voz es seductora, canta como si fuera un ángel que bajó a la tierra, un ángel que abandonó las alas.
Conforme se acercó el momento, la expectación creció en la Arena CDMX. Paty contó que el espacio se llenó de murmullos, de gritos, de voces que rebotaban, alegres, en el techo y bajaban como felices usuarios de parapentes.
Te conté que la máxima experiencia de multitudes la viví una vez que fui al Estadio Azteca, con los amigos de la palomilla. Fue un partido de fútbol soccer de esos clásicos, tal vez América y Guadalajara. Fue en los años setenta, cuando Comitán era una ciudad con unos cincuenta mil habitantes. Entramos al estadio, rápido compramos las cervezas y cuando vine a ver el estadio era un inmenso panal, el rumor era una sábana pletórica, luminosa. Pensé, con la poca razón que la emoción me dejó, que estaba en un lugar donde había más del doble del total de los habitantes de Comitán. En el interior del estadio cupo el doble de habitantes que vivía en Comitán. Qué impacto. Gocé la experiencia sin saber el lema de la Arena CDMX: nunca es lo mismo verlo que vivirlo. Los partidos que veíamos en la tele en blanco y negro, del departamento de la Avenida Cuauhtémoc, nada tenía que ver con ese desborde de emociones. El grito de gol fue como una explosión donde los aficionados del equipo que anotó se abrieron en gritos de alegría y abrazos de oso; mientras los del otro equipo se lamentaban y se la mentaban a los contrarios. ¡Fue como si un volteo abriera su compuerta y soltara su carga contenida!
Posdata: Paty me mostró un video que le tomó Robertito, en el momento que Bublé apareció en el escenario, ella se unió a otras chicas que abandonaron sus asientos de primera fila y se colocaron, de pie, en la valla. A partir de ese momento, Paty, como si fuera una Trevi, para alcanzar la gloria se soltó el pelo, cantó y bailó en ese oleaje infinito de personas contagiadas con la emoción de estar frente al ídolo.
¡Tzatz Comitán!
