sábado, 4 de abril de 2026

CARTA A MARIANA, CON EXCESOS

Querida Mariana: el mundo sosegado advierte que nada debe hacerse con excesos, que todo exceso es malo. Ah, qué mentes tan disciplinadas, pero tan alejadas de la realidad. Todo mundo advierte que el exceso es malo, las empresas cerveceras recomiendan “Nada con exceso, todo con medida”. Terreno para que el mexicano bromee con una regla midiendo el vaso de cerveza. En realidad, todas las empresas andan por el mundo con su cara de santas, pero en el fondo (en el Fondo Monetario Internacional) lo que más promueven es el exceso, porque la profusión de anuncios va dirigido al consumo desmedido, porque cada cerveza de más significa dinero para sus bolsillos. ¿Y qué sucede con el arte? Parece que también es producto del exceso, las más excelsas obras pictóricas, literarias, cinematográficas fueron dictadas en el terreno del exceso, porque no se puede hacer una gran obra en la burbuja de la moderación. ¿Has pensado que el universo, como tal, también es obra del exceso? El universo es inconmensurable, inalcanzable. Ahora el mundo se sorprende porque un grupo de astronautas norteamericanos fueron a darse una vueltita por la luna. Por el amor de Dios, la luna está a la vuelta de la esquina. El universo, casi puede decirse, que es infinito. Las medidas del universo son excesivas. A veces leemos que tal galaxia está a millones de años luz. Pucha. El tiempo con que se mide el universo es un exceso. Todo en la vida es un exceso, incluso lo más pequeño. ¿Cuántas células en nuestro cuerpo? ¿Cuántas hormigas en un sencillo hormiguero? Basta ver el trenecito de hormigas llevando sus hojas verdes para darse cuenta que todo es vasto. La vastedad es prima hermana del exceso. Basta pararse frente al mar para entender el concepto. Nada en la vida es moderado. Los amigos que se reúnen a disfrutar una copa se ríen en exceso. Hay personas que sostienen que es malo reírse mucho. ¿Mirás? Hasta en la risa existe la recomendación de no excederse y esto es como si alguien pusiera diques a la vida. “Nada con exceso, todo con medida”. Decile esto al niño que no quiere dejar el videojuego, al que no quiere entrar a casa porque juega fútbol soccer con su plebe; decile esto a la chica que no quiere abandonar la plática con el novio. ¿Cuántos besos son los justos para que no se entienda como un exceso en la pareja? El tío Eugenio decía que el exceso es la medida exacta del deseo. ¿Exceso? ¡Los voladores de Papantla que se descuelgan al vacío sólo detenidos de una cuerda atada a los pies! ¡La tía Petra que se despierta todas las mañanas, a las cuatro de la madrugada, para regar las plantas del patio! ¿Exceso? La mesa del tío Armando, llena de platitos con tostadas, chorizos, longanizas, chicharrón de hebra, salpicón, chile güero y decenas de cervezas de bote, bien helodias. En el Polo Norte hay exceso de hielo; en la selva exceso de verdes alborotados; en el trópico exceso de biquinis. El exceso está presente en todas las lianas de la vida. La sentencia responsable dice: “nada con exceso, todo con medida”. La regla de tío Cheno habría servido para los apasionados, porque él construyó con madera una regla de un metro de dos metros. Ahora que mencioné la palabra metro recordé que un ejemplo de exceso es el Metro de la Ciudad de México a las horas pico en una estación de trasbordo, hacé de cuenta la estación Pino Suárez. Los médicos y el sentido común dictan que el exceso en los alimentos es causa de muerte. La gordura es muestra palpable de un exceso en la ingesta. Pero, en este país pocos son los que comen porciones modestas, nos encantan los platos “copeteados”, llenos de grasa. Mi mamá fue ejemplo de mesura, ella siempre fue una mujer alejada de excesos, comía de todo, pero en porciones moderadas, nunca fue lo que se dice una “atacada”, ella siempre se comportó como lo que fue: la princesa huixtleca de Comitán. Ella nunca se excedió en nada. Bueno, tal vez en las oraciones se pasó tantito, porque rezaba todas las tardes, pero el exceso, tal vez, estaba en que pedía por la bendición de todo el mundo. ¿También por aquéllos? También. ¿Qué hacer ante la palabra próvida que recomienda mesura? Medio mundo es chucho para comer, para beber y para todo lo que termina en la sílaba er. Parece que el exceso fuera la medida. Posdata: ¿y por qué toda esta monserga? Porque ayer descubrí que el universo existe, no por el exceso, sino por lo próvido. Salí al patio en la noche (casi no lo hago, salí porque activé la bomba para subir agua), vi el cielo y descubrí, tal vez por primera vez que allá arriba las estrellas tienen un orden donde no se arraciman como uvas, hay mucho espacio entre cada una de ellas, lo que permite jugar a descubrirlas y nombrarlas. Me quedé un ratito viendo el cielo, pensé que el exceso haría que el cielo perdiera su encanto. ¡Tzatz Comitán!