miércoles, 16 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE LA PLAZA PÚBLICA VUELVE A SU ESENCIA




Querida Mariana: Si te pregunto qué ves en esta fotografía, tal vez dirías que parece un set donde hay una entrevistadora con una niña y su madre que participan en un foro, y parte de la audiencia se ve en primer plano.
Pues no, querida niña, quien tiene un micrófono de diadema y viste un discreto traje en negro es la Presidente del DIF municipal de Comitán, licenciada Estefanía Zambrano Monzón, la niña se llama Jade Leylani Domínguez y quien está al lado es su mamá. Están en un escenario improvisado, debajo de una carpa (había tres carpas más, para la audiencia), preparado especialmente para el Primer Informe del DIF municipal 2019.
Sí, querida niña, la licenciada Zambrano dijo que deseó dar un “informe diferente” y lo logró.
El espacio destinado para la audiencia estuvo lleno, y todo mundo pendiente de lo que sucedía en el escenario, porque, como lo expresó la presidente del DIF municipal, quien tuvo la palabra fue la ciudadanía. Varios beneficiados pasaron a compartir sus experiencias y testimonios de vida.
¿Recordás que en la antigua Grecia el ágora era el espacio de la plaza pública donde se dirimían los asuntos? Bueno, pues durante la presente administración la plaza pública (el parque central de Comitán) se convirtió en el espacio donde la ciudadanía se reunió para escuchar sendos informes, tanto el del presidente municipal como el de su esposa.
Quienes pasaron a dar su testimonio, si bien fueron personas elegidas, hablaron desde su corazón. Quienes estuvieron en el parque como testigos presenciales dieron fe que este primer informe fue diferente y estuvo lleno de humanismo. Sin poses, la licenciada Zambrano (también desde su corazón) platicó con la ciudadanía, dio a conocer los avances logrados durante el año de su administración. Lo hizo sin un guion preestablecido, con una gran solvencia se auxilió de una serie de tarjetas con el orden del programa, pero todo lo que habló lo hizo de manera casual, muy cercana a la gente. Por eso, en esta fotografía parece experta conductora de un programa de televisión. La niña Jade, de igual manera, mostró una gran capacidad de expresión oral, contó cómo ella, una niña comiteca, logró un sueño, gracias al apoyo del DIF municipal; contó su experiencia al ser ganadora de la Red Nacional de Difusores de los Derechos de Las Niñas, Niños y Adolescentes.
Desde el inicio de la administración los comitecos conocieron cuál era el deseo de la licenciada Zambrano, el lema de la institución es: “Porque significas mucho para mí”; es decir, la misión está sustentada en el trabajo hacia una sociedad que no es un ente abstracto, sino un grupo de personas con necesidades y carencias, a las que hay que tender la mano, hasta donde los recursos lo permiten. Y esto quedó demostrado la mañana del quince de octubre, cuando varios beneficiados del programa pasaron a compartir sus testimonios. Dina (discapacitada de la audición) contó (lo hizo a través de señas que fueron traducidas a palabras por un traductor) cómo su vida se transformó desde el instante que el DIF municipal la contrató para enseñar a niños el lenguaje de señas; don José Melitón, papá con una niña con discapacidad, también narró cómo el DIF municipal interviene para que el problema sea menos drástico. Con buen humor y sencillez dijo que no lo acompañaba su esposa, “porque le ganan los nervios, y no quiero atender a otro enfermo en la tarde.”. ¿Mirás qué acto tan fuera de protocolo solemne? La audiencia rio, la audiencia se conmovió con los testimonios de gente necesitada que halló una brizna de consuelo; la audiencia reconoció el trabajo que realizan en el DIF. Labor titánica, porque no debemos olvidar que vivimos en el estado que ocupa el último lugar en desarrollo sostenible de la república. Vivimos con carencias, pero hay personas que cumplen más allá de su obligación.
El informe fue diferente, la plaza pública sirvió para que la ciudadanía se enterara de algo de lo mucho que se ha hecho y de lo mucho que falta por hacer, porque estas acciones deben ser respaldadas por toda la ciudadanía. Sólo es posible paliar tantas carencias con el apoyo decidido de todos, ¡todos!, gobernantes y sociedad civil.
Posdata: Digo que quienes estuvieron en el acto presenciaron un acto lleno de humanismo. No hubo protagonismo por parte de la licenciada Zambrano, hubo, sí, capacidad para conducir un acto lleno de sencillez, donde los que tuvieron la palabra fueron los ciudadanos, por esto, cuando la licenciada Estefanía escuchó testimonios de gratitud nacidas del corazón dijo: “Por historias como éstas vale la pena servir.”
Falta mucho por hacer. Chiapas es un estado con múltiples necesidades, pero el 15 de octubre, el pueblo de Comitán reconoció que hay mujeres y hombres comprometidos con su trabajo más allá de la mera responsabilidad. Que nadie regatee el aplauso cuando hay buenas intenciones respaldadas con acciones.

martes, 15 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, SIN CERTEZAS




Querida Mariana: Sí, yo también, igual que medio mundo adulto, fui a ver la película El Guasón. Al salir de la sala recordé que una tarde Manolo me dijo que, de los Superhéroes gringos, el que más le gustaba era Batman, porque no posee súper poderes fantásticos. Batman es un hombre de carne y hueso con capacidades extraordinarias. Es el superhéroe más cercano a los mortales. No vuela, ni tiene ultra visión, ni corre a mil kilómetros por segundo, ni… ¡nada!, Batman es un ser humano común no común, una especie de ser privilegiado.
Y cuando vi la cinta El guasón, también recordé que, de todos los personajes de la historieta, el que más me atrajo siempre no fue Batman ni El Guasón ni el Pingüino, sino El Acertijo, uno de los enemigos del hombre murciélago. De niño sentí una atracción especial por el personaje sin saber bien a bien por qué me atraía; ahora, ya viejo, entiendo cuál era la causa: El Acertijo jugaba con las palabras.
Cuando mis hijos eran pequeños les ponía un sobre con acertijos en el árbol de navidad. La nochebuena se convertía en un rally donde ellos debían descubrir el misterio que los llevaba a otra pista, al final había un sobre con dinero, que era el regalo de navidad, para que se compraran lo que quisieran, bueno, hasta donde les alcanzaba la paga.
¿En qué otra revista ilustrada había un personaje que embromara a un superhéroe con juegos de palabras?
Entiendo que llamó poderosamente mi atención el hecho de que en su traje llevara signos de interrogación. Ahora, viejo, sé que la interrogación es el mayor símbolo de la curiosidad. Cuando aparece una interrogación aparece un rayito oscuro que quiere hallar la hendija donde está la luz. Recuerdo que el Acertijo embromaba a Batman con sus acertijos. ¿A poco no es una genialidad que un villano le tome el pelo al superhéroe mediante palabras?
Hace muchos años vi una película de Batman donde el Acertijo le ponía trampas, al estilo: ¿Me querés atrapar? ¿Sí? ¡Ah, pues, resolvé este acertijo que te dejo y ahí estará una pista!
Dicen los que saben que el único afán de El Acertijo es demostrarle al señorito Batman que es más inteligente que él, así pues, todo se reduce a un duelo de inteligencias. Es como si el campo de batalla se trasladara a un tablero de ajedrez donde los peones y alfiles son palabras, palabras que enhebran acertijos. El Acertijo ponía a Batman a razonar, lo colocaba contra la pared, y era tal la fuerza de El Acertijo que Batman no podía ignorarlo; es decir, caía en el juego del otro. Con esto, El Acertijo demostraba que era, cuando menos al principio, más poderoso que el hombre murciélago, con esto queda demostrado que no hay cosa más importante que la palabra y la razón, incluso contra la violencia. El mundo sobrevive no gracias a la violencia sino por la razón ante la fuerza cobarde de la violencia.
Sin duda que este personaje posee una inteligencia superior y un conocimiento cultural también de excelencia, sólo así puede uno explicarse la variedad de pistas enigmáticas que deja y que son un reto permanente para el superhéroe.
Cuando era estudiante en la UNAM, una chica que me gustaba, como dicen los jóvenes actuales, me dio el avión, salía conmigo por dos cosas (tres), la primera: le disparaba la entrada al cine, palomitas y la cena; la segunda: fotocopiaba gratis los libros que ella me pedía, porque yo trabajaba en una oficina de gobierno federal y tenía acceso al departamento de fotocopiado; y la tercera, me tenía de su chofer particular, porque yo poseía un carrito y la llevaba a donde ella quería. Siempre que dudaba de su cariño, ella me aseguraba que no debía dudar, debía tener la certeza de que ella me quería. Yo, tonto, guardé en el closet mi traje de Acertijo y me vestí con el traje bobo que ella me enjaretó. Yo estaba enamorado; es decir, desarmado. Más tarde que pronto descubrí que ella salía con otro, una vez lo vi besándose con un tipo en Plaza Universidad. ¡Por Dios, ella nunca me había besado a mí! Supe que la clave del triunfador es la interrogante y no la certeza.
El Acertijo demostró que lo importante de la lucha es el juego, el juego de la palabra, de la inteligencia.
Posdata: Ayer se supo la noticia de la muerte de Harold Bloom, uno de los críticos literarios más importantes. Bloom dictó el canon literario; es decir, los nombres de los escritores importantes. Harold dio certezas, por eso muchos críticos del crítico no estuvieron de acuerdo con su relación de escritores, pero, después de todo, este lector inteligente no hizo más que jugar a ser El Acertijo, dejó pistas para hallar el canon, la certeza. Un día, Harold dijo que en la literatura de Bolaño había algo. Es cierto, en la literatura de Bolaño hay algo. Pobre de aquel que se crea todo a pie juntillas. Para jugar bien en la vida es necesario resolver acertijos, como si todo fuera un juego.
Sí, me gustó la cinta El guasón. Me planteó un enigma acerca de la personalidad del villano.

lunes, 14 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON LIBRO A LA VUELTA DE LA ESQUINA




Querida Mariana: Hace tres o cuatro años hice una promesa: publicar un libro cada año. Hasta el momento he cumplido. Dije que sería el Woody Allen de la literatura comiteca, porque Woody entrega una película por año a sus fans cinéfilos. El año pasado publiqué un librincillo de cuentos, con el título: “Un ángel llamado Pavitto”. Este año no será la excepción, pero este año no será una novelilla breve ni un libro de cuentos, este año será un libro de crónicas, la recopilación de crónicas que he escrito a partir del nombramiento que me concedió el Honorable Ayuntamiento Constitucional de Comitán de Domínguez. Lo haré para que quede constancia del trabajo realizado. Pronto estará a la venta, a un precio muy accesible: cien pesitos, para que lo adquieran todos los que deseen conservar un recuento mínimo de los tiempos vividos en nuestro pueblo. En el libro presento un texto introductorio que dice lo siguiente:
“En la contraportada del libro “Monumental Convento e Iglesia de Santo Domingo en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas”, de Fray Pablo Iribarren Pascal, O.P., se lee: “La expedición de frailes predicadores de España a Ciudad Real se encuentra bien documentada, dado que, el grupo que partió del Convento Dominicano de San Esteban en Salamanca, España, antes de ponerse en camino, nombró a fray Tomás de la Torre cronista del viaje.
“La importancia del cronista ha sido fundamental en todos los tiempos. El cronista da cuenta de los sucesos más importantes de una comunidad. El ciudadano del presente puede, a través de las crónicas, conocer sucesos pasados para modelar el futuro.
“El Honorable Ayuntamiento de Comitán de Domínguez me nombró Cronista Municipal, en noviembre de 2018. Tal nombramiento me honró en alto grado. Mi labor se agrega al trabajo de cronistas que han dado lustre a la crónica. Nombro a cuatro de ellos, como botón de muestra: el de doña Lolita Albores -primera mujer cronista de Chiapas-, el de Óscar Bonifaz, el de José Gustavo Trujillo Tovar, y el de María Trinidad Pulido Solís.
“En el siglo XXI, es imposible que una persona realice la labor de consignar los hechos más relevantes de una comunidad. Por esto, el actual ayuntamiento comiteco, a través de la dirección de cultura, conformó el Consejo Municipal de la Crónica, integrado por: Óscar Efraín Albores Cancino, Cuauhtémoc Leonel Alcázar Cancino, Alejandro Hiram Morales Torres, y Fabiola del Carmen Aguilar López, como vocales; y Óscar Bonifaz Caballero, como cronista vitalicio de la ciudad; y Alejandro Molinari, como cronista municipal. La labor de mis compañeros del Consejo se une al trabajo fecundo y responsable de muchos cronistas naturales que ejercen su labor con gran pasión. Todos escribimos la crónica de estos tiempos para gloria de nuestro pueblo mágico.
“Hoy, con satisfacción entrego al pueblo de Comitán el total de crónicas escritas en el periodo del 5 de diciembre de 2018 al 1 de septiembre de 2019. Cuentan que Georges-Louis Leclerc, Conde de Buffon, dijo que “El estilo es el hombre”. Acá está mi trabajo, con mi estilo, un estilo emparentado con la personalidad comiteca.
“Además de redactar crónicas, he consignado las principales efemérides de este lapso e impartido charlas en diversas escuelas del municipio. Gracias a la invitación de la dirección de educación, cientos de alumnos de diversos niveles educativos han tenido un acercamiento a la vida y obra de Rosario Castellanos. Asimismo, difundo videos con cápsulas culturales, en las redes sociales, acerca de la vida y obra de Rosario Castellanos. Mi labor honra la memoria de nuestra escritora, figura que está presente en el logotipo de la actual administración municipal.
“Muchas gracias. Muchas gracias al licenciado Emmanuel Cordero Sánchez, presidente municipal de Comitán, por su voto de confianza; muchas gracias a quien, en forma cariñosa, deslizó mi nombre para ocupar el cargo; y muchas gracias al pueblo comiteco, por su complicidad lectora y por su buena recepción a mi trabajo.”
Posdata: Hasta acá el texto introductorio. Mi deseo es contribuir al trabajo que, con amorosa entrega realizan mis compañeros cronistas; el deseo es que, dentro de varios años, el pueblo de Comitán reconozca que, durante la presente administración, el trabajo de la crónica tuvo la relevancia que está teniendo, porque la crónica comiteca nunca había tenido la trascendencia internacional que hoy ostenta. Desde siempre, la crónica comiteca ha sido apreciada en muchas partes de Chiapas, pero ahora, durante el presente año, el licenciado Efraín Albores Cancino, integrante del Consejo Municipal de la Crónica, la ha colocado a nivel superior, el licenciado Efraín llevó la representación de nuestro pueblo a dos encuentros de importancia internacional. Primero estuvo en Zacatecas, donde participó en el IV Coloquio Internacional de la Crónica, y, el pasado 26 de septiembre, estuvo en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, donde impartió la charla titulada “Comitán – 450 años”. ¿Mirás hasta dónde ha llegado el cronista Albores? ¿Mirás hasta dónde ha llegado la crónica comiteca? Nunca, la crónica comiteca había tenido tal trascendencia internacional. Y digo esto, porque en Bogotá, Colombia, en Asamblea General Ordinaria, nuestro cronista comiteco tomó protesta como el primer cronista chiapaneco integrante de la Red Latinoamericana de Cronistas. ¿Mirás? ¡Red Latinoamericana de Cronistas! ¡Triques y cohetes y una diana conchinchín con marimba para el licenciado Efraín Albores!

viernes, 11 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON PAUSA




Querida Mariana: Me detengo. Igual que este señor, me detengo ante algo sorprendente. Recuerdo una tarde en la Ciudad de México, una tarde que caminaba con mi mamá en la calle de Guatemala. Mi mamá me llevaba de la mano, de pronto me detuve. Ella quiso jalarme, pero yo me solté y puse mis manos en el cristal del aparador de un almacén.
Me detengo. Igual que este señor, me detengo cada vez que camino y veo algo infrecuente. Este señor se detuvo. Yo lo vi caminar por el parque central de Comitán, caminar de manera apresurada. Se dirigía a algún lugar. Había salido con el cometido de llegar hacia un punto de destino. Si en el camino no hubiera hallado un motivo para detenerse, el hombre habría caminado por el parque sin detenerse. Pero, se detuvo, porque el sonido de la orquesta sinfónica de Chiapas ató una cinta invisible a su apresuramiento y se quedó a escuchar algo que no es común en el pueblo. Acá, en el pueblo estamos acostumbrados a escuchar a grupos musicales que no rebasan el número de diez. Hay coros, hay marimbas orquestas, hay tecladistas, hay mariachis, hay tríos y cuartetos. La orquesta sinfónica tiene sesenta integrantes. La orquesta sinfónica tiene instrumentos que, también, no son frecuentes. Las tubas, por ejemplo, no son instrumentos cotidianos. Su sonido es un sonido bello, extraño. El señor del sombrero se detuvo porque encontró, a mitad de su camino, algo inusual, algo bello.
Igual que se detuvo el señor, yo también ¡me detengo! Me detengo, casi siempre, ante una imagen que me produce emoción afectuosa. No me detengo ante el accidente que derrama sangre en la calle, no me detengo ante el duelo estúpido de dos tipos que se golpean a la salida de la cantina, no me detengo ante el beso que dos mujeres se dan en la boca, no me detengo ante el acto común o el acto morboso. ¡No! Me detengo cuando algo bello se refleja en mi mirada. Me detengo cuando una niña corre tras una pompa de jabón, me detengo cuando un pájaro pía y yo debo descubrir cuál es el rincón del árbol donde está parado, me detengo cuando una chica bonita tiene un tatuaje misterioso en el nacimiento de sus pechos, me detengo cuando la brizna de una planta crece en la hendija del cemento, me detengo cuando, como esa tarde en la plaza principal de mi pueblo, una orquesta toca lo que me toca el espíritu.
El señor del sombrero se detuvo y escuchó la orquesta. Decenas de melómanos hacían lo mismo: escuchar sonidos espléndidos.
En Comitán estamos acostumbrados a escuchar sonidos interpretados por diez o doce ejecutantes. ¿Cómo le hacen sesenta músicos para “ir” tan acompasados, tan armoniosos? ¿Cómo le hacen para que todo suene “tan parejito”, tan lleno de gracia? El director de la orquesta, maestro Roberto Peña, logra tal encanto.
La mampara del fondo en el escenario decía lo siguiente: “Arranque de la iniciativa ¿Mirás, mi niña? En nuestro pueblo dio arranque esta iniciativa generosa: La orquesta sinfónica del estado de Chiapas acude a las escuelas para impartir conciertos didácticos, para que los niños y jóvenes del estado se acerquen a los sonidos maravillosos que bordan los ejecutantes de una orquesta.
Digo que no es cotidiano este acto, digo que no todos los días tenemos música sinfónica en el pueblo. Esa tarde sí la tuvimos y el señor del sombrero detuvo su marcha y escuchó. Él, igual que yo, igual que miles, que millones de personas en el mundo, se detuvo ante algo que era inusual.
Posdata: Me detengo. Siempre que camino hacia algún lado y ante mi vista ocurre algo sorprendente ¡me detengo! No importa la premura. Cuando ocurre algo extraordinario a mitad de mi paso me detengo, porque sé que lo importante en la vida es saber detenerse cuando ocurre algo que es como una flor que se abre al universo.
El señor del sombrero se detuvo. Intuyó que ahí, en ese instante, ocurría algo sorprendente. El poeta Fernando Trejo, impulsor de esta iniciativa, desde la Secretaría de Educación, explicó que el ayuntamiento comiteco, a través de la dirección de educación y de la dirección de turismo y economía, logró el prodigio que esta iniciativa comenzara en Comitán y se celebrara el nombramiento de pueblo mágico con un acto que motivó a este señor a detener su camino, para untar un poquito de luz a su espíritu.

jueves, 10 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON IMAGEN TOJOL-AB’AL




Querida Mariana: Ayer ocurrió el prodigio tojol-ab’al, en Comitán y en la Ciudad de México. En nuestro pueblo, antes del concierto de la Orquesta Sinfónica de Chiapas, para conmemorar el séptimo año de la distinción de pueblo mágico, un grupo de tojol-ab’ales tocó el tambor y el pito, y acá se ve en la fotografía a un grupo de estudiantes y docentes universitarios tocando el tambor y el pito. Este grupo está en el auditorio de la Escuela Nacional de Trabajo Social, de la Universidad Nacional Autónoma de México; están en el auditorio que lleva el nombre del Doctor Manuel Sánchez Rosado, quien fue el primer director de la ENTS y falleció en 2013. El doctor Sánchez Rosado fue muy estimado por la comunidad universitaria de la UNAM y en su memoria el auditorio de la escuela lleva su nombre. Como acá se advierte, el auditorio es un espacio muy digno y la mañana del 9 de octubre un grupo de estudiantes y maestros de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar llevó el sonido de los indígenas tojol-ab’ales, lo llevó como símbolo de fraternidad. En tiempos de globalización, la música auténtica sonó con emoción en dos lugares, distantes en espacio físico, pero cercanos en el espíritu.
La delegación de Comitán asiste al XXIII Encuentro Nacional y XIII Internacional de Investigación en Trabajo Social, con el tema: “La investigación social en torno a los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Metodologías y estrategias de intervención.”, que se celebra en la Escuela Nacional de Trabajo Social, del 9 al 11 de octubre de 2019.
Y esta delegación de 22 alumnos, 3 docentes (maestra Nina, maestra Yolanda y maestro Sergio) y el rector, maestro José Hugo Campos Guillén, llegó a dar y a recibir; llegó a aprender y a enseñar; llegó a tender lazos de amistad entre Comitán y la Ciudad de México; a estrechar vínculos entre la Escuela de Trabajo Social de la UNAM, y la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar.
Esta delegación de comitecos llegó a mostrar porqué Comitán fue honrado con el distintivo de pueblo mágico hace siete años; tal distinción no fue más que un acto cultural donde se refrendó que este pueblo es mágico desde su origen.
Los estudiantes, sin duda, recibirán un cúmulo de ideas y conocimientos y establecerán amistades con alumnos de toda la república que acuden al congreso.
La ENTS define al Trabajo Social como “La profesión de carácter humanista cuyo objetivo es el diseño y la aplicación de estrategias o modelos de intervención que promuevan la participación de individuos, grupos, comunidades y la sociedad en general, en acciones que prevengan, atiendan o den solución a las necesidades y problemas que presentan.”
¿Mirás, mi niña? La carrera de Trabajo Social es eminentemente humanista. La Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, sigue esa vocación luminosa. Los alumnos de la Ciudad de México no reciben algo que sí reciben los alumnos de la universidad comiteca: clases de tojol-ab’al. Este idioma es cercano a la identidad de nuestro pueblo mágico y es conocimiento fundamental para poder ser útil a las comunidades de la región. Por ello, en el acto inaugural del Congreso, los estudiantes y docentes comitecos ingresaron al auditorio y subieron al escenario con el ritual luminoso donde los indígenas abren los actos más importantes.
El 9 de octubre de 2019, en Comitán se celebró al pueblo mágico con el sonido de los tambores y del pito; y en la Ciudad de México, un grupo de comitecos llenó de sonidos maravillosos un espacio de la máxima casa de estudios del país. La Ciudad Universitaria recibió el sol tojol-ab’al, un sol que bendijo el camino de los mayas hace cientos de años.
Posdata: La Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar cumple con su vocación humanista. Vos sabés que, actualmente, se celebra, en las instalaciones de Los Sabinos, el Diplomado en Derechos Humanos, avalado por la Red Nacional de Escuelas de Trabajo Social; la Escuela Nacional de Trabajo Social, de la UNAM; y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Los comitecos se llenaron con la luz de la UNAM. En el territorio del grito “¡Goya, Goya, Goya!”, se escuchó el grito de fe: “Sursum corda”.

miércoles, 9 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON FESTEJO




Querida Mariana: El 9 de octubre de 2012, la ciudad de Comitán recibió el nombramiento de Pueblo Mágico. La secretaria de turismo, a nivel federal, dijo que el nombramiento se debía, sobre todo, a su gente, por preservar los valores de identidad de un pueblo maravilloso.
Muchas personas aseguran que Comitán fue mágico desde siempre. Por supuesto que sí. Las autoridades locales de aquel entonces integraron una carpeta con todos los elementos que justificaban la petición para que el pueblo obtuviera la distinción de Pueblo Mágico. Los funcionarios de la Secretaría de Turismo reconocieron esos valores y otorgaron la distinción (muchas personas intervinieron para tal logro, pero el contador José Antonio Aguilar Meza y el licenciado Segundo Guillén fueron unos de los más entusiastas para lograrlo). Muchos de esos valores de identidad tenían que ver con lo que las personas realizan de forma cotidiana.
La magia de los pueblos tiene íntima relación con lo que los seres realizan. El clima de Comitán es una bendición de la naturaleza, pero su conformación topográfica fue elegida. Los primeros pobladores decidieron que el pueblo estuviera lleno de pendientes, de subidas y bajadas, lo que le da un encanto especial. ¿Qué decir de su gastronomía? La riqueza de la comida tradicional comiteca pervive gracias a que las abuelas han trasmitido las recetas a las hijas y a las nietas y éstas han reconocido que el mejor modo de reconocer a sus ancestros es preservando ese conocimiento proverbial.
La magia de Comitán está en su gente. Los comitecos han tenido la capacidad de conservar mucho de sus tradiciones.
Hemos dicho en varias ocasiones, querida niña, que la mayoría de pobladores en el mundo ama y protege a sus ciudades, pero los comitecos se disputan el primer lugar en querencia. ¡Ah, cómo duele a los comitecos retirarse de su tierra! Quienes, por azares de la vida, deben radicar en otras ciudades de México o del mundo, viven contentos en aquellos lugares, pero hay instantes en que una cuerda ligerísima anuda sus cuellos y les inyecta una especie de nostalgia infinita. ¡Ah, el flato es congénito! Darían su reino por un pueblo llamado Comitán. Quienes realizan viajes esporádicos por situaciones especiales no miran la hora de regresar. Y la magia del pueblo alcanza no sólo a los naturales de esta tierra sino también se apropia de quienes llegan en calidad de visitantes o de moradores eventuales. Todo mundo de acá conoce historias de personas que llegaron a Comitán con el cometido de tardar uno o dos meses antes de volver a su tierra y tardan ¡toda la vida!, y no regresan más a sus lugares de origen, cuando uno pregunta el motivo, la respuesta es unánime: ¡Me enamoré de Comitán! Sí, Comitán es un pueblo que seduce a los espíritus exquisitos. En los años cincuenta, mi papá llegó a Comitán y no dejó de vivir en este pueblo hasta 1990, año de su muerte. Acá está enterrado. Vivió en el pueblo más de cuarenta años, más de la mitad de su vida física. Vivió tranquilo y trató de servir a la comunidad que lo acogió en forma amorosa. Como la historia de mi padre, hay miles de historias.
Comitán celebra siete años de recibir el nombramiento oficial de Pueblo Mágico, pero los comitecos conmemoramos cientos de años de su magia; cientos de años en que comitecos de bien han abonado para que este árbol sea un árbol único en todo el mundo, un árbol lleno de flores y de nidos.
A pesar de la globalización, Comitán (contra la marea) permanece auténtico, muchos comitecos abonan para que conserve su identidad, para que no se convierta en un pueblo más del mundo, para que no sea un pueblo plástico. Muchos jóvenes ya no hablan de vos, pero muchos otros sí lo hacen, estos últimos reconocen que ese voseo es parte de nuestro ser auténtico. Los que no hablan de vos renuncian a una parte importante de su identidad, de su ser.
Posdata: Por esto, da gusto que al maestro marimbista José Manuel Morales Silva le brinden un reconocimiento a su trayectoria artística en esta fecha. En el reconocimiento a su persona se reconoce la entrega amorosa de miles de comitecos que siguen aportando su creatividad y genio para preservar la identidad del pueblo. Lo dijo la secretaria de turismo de México, hace siete años, el distintivo de pueblo mágico fue un reconocimiento a los comitecos de todos los días, a todos los que han hecho de este pueblo un pueblo sensacional. Comitán es un pueblo bendito de origen, por ello es preciso salvaguardarlo por siempre, para siempre.

martes, 8 de octubre de 2019

DE ESPANTOS




Sara nos contaba cuentos de espantos. Ordenaba que nos sentáramos en el piso, reclinados contra los sofás; ordenaba que hiciéramos silencio y cuando el silencio era total, ella apagaba las luces. La sala quedaba apenas iluminada por la luz que se colaba en un ventanillo superior de la puerta. Veíamos su sombra, la veíamos sentarse en una mecedora, movía su cuerpo en vaivén y la mecedora hacía un ruido dramático que era el preludio de lo que estaba por llegar.
Nos contaba las historias que había recogido con los mayores de su pueblo. Ahí conocimos la leyenda del Sombrerón, la de la mujer que se aparecía en los chorros de La Pila, la del Cadejo y la del caballo que no tenía cabeza. Nosotros casi no respirábamos. Por momentos, en voz baja, manifestábamos nuestro temor con el amigo que teníamos al lado. Todos sentíamos miedo. Si un adulto hubiese entrado de improviso nos hubiese asustado, pero habríamos sentido alivio al constatar que el mundo de afuera seguía habitado por humanos que nada tenían que ver con los fantasmas y aparecidos que brotaban de los cuentos de Sara y que eran compañeros inseparables a la hora que apagábamos la luz en nuestros cuartos a la hora de dormir.
Después de cenar y despedirme de mis papás, me ponía el pijama en el cuarto, apagaba la luz y me tapaba la cara con las colchas. Rezaba. Pedía a todos los santos que esas imágenes fantasmales se evaporaran, pero el Sombrerón parecía tener dones especiales, porque se paraba frente a mis ojos, con su imponente caballo. Yo escuchaba el acecido del animal y la respiración del viejo con espuelas de plata.
Una mañana, mientras jugábamos carritos en el sitio, Samuel me dijo que le daban miedo las historias que contaba Sara y que no volvería a escucharlas. Ese era el impulso que necesitaba, yo también decidí no volver a escuchar las historias de Sara. Mi mamá dijo que estaba bien, pero que no debía tener miedo: “Son historias de fantasmas y de monstruos, hijo, los fantasmas y los monstruos no existen”. Al oír esto mi papá, dejó el periódico sobre la mesa del comedor y dijo: “Los monstruos existen, pero están acá en la vida real.”
No volví a escuchar los cuentos de Sara. Ella, a la hora que me servía el café y tostadas con nata me preguntaba por qué ya no iba a la Hora del Miedo. Y yo decía que mi mamá me había castigado, porque había reprobado en la escuela. Ella reía y, en voz baja, decía: “Mentirosillo, te dan miedo mis historias.”
Luego me convertí en lector y me apasioné por las historias de fantasmas y de monstruos. Por algún prodigio de la mente supe que lo que decía mi mamá era cierto: En cuanto cerraba el libro, los fantasmas se quedaban entre las páginas.
Hoy, ya viejo, sigo leyendo historias de fantasmas y cuentos de terror, donde aparecen monstruos. Sé que lo que decía mi papá era cierto: los monstruos están acá, en la vida real. Basta salir a la calle para toparse con ellos. Cada vez son más. El terror es real.
De niño fui incapaz de advertir lo que era el mundo real y el de la ficción; no advertí que las historias que contaba Sara estaban en el terreno de la ficción y que éste no tenía la posibilidad de volverse realidad.
¿De verdad? Entonces, ¿de dónde tanto monstruo que ahora camina por las calles? ¿De dónde la monstruosidad que, como lava hirviente, brota de la caldera y se desparrama por todas partes?
Ahora, viejo, sé que hay un hilo conductor entre lo que es la ficción y lo que es la realidad.
Ahora, de veras, quisiera que todo fuera como las historias que contaba Sara. Me perseguían a la hora de acostarme, pero llegaba el instante en que el sueño me vencía y, por un conjuro mágico, todo el miedo se diluía. Al día siguiente nada quedaba del sueño ni del espanto. Todo recuperaba la cara linda de lo cotidiano.
El otro día, después de muchos años, saludé a Samuel, en el parque central de Comitán. Él radica en la Ciudad de México. Desde la secundaria se fue con su familia a vivir allá. Mientras tomábamos una bebida en un café del portal, él una cerveza y yo un té de limón, me dijo que estaba muy a gusto en Comitán, pero que debía regresar en dos días a la Ciudad de México. “Hasta allá me mandó el destino.”, y como si adivinara mi pensamiento, dijo: “Extraño los viejos tiempos. Nunca imaginamos que los monstruos de Sara se volverían realidad. Sara era bruja. Dio vida a los fantasmas y ahora acá están entre nosotros.” Eran mis palabras.
Lo cotidiano de estos tiempos, muchas veces, no es más que una retahíla de historias de fantasmas y de monstruosidades.
Extraño a Sara, extraño sus historias ficcionales. Su mundo era más afectuoso que el mundo de todos los días. La realidad ha superado su talento narrativo y esta realidad no se evapora, no se va en la alcantarilla del sueño.

lunes, 7 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON VIENTOS




Querida Mariana: Fui, de entrada por salida, a la Feria Internacional del Libro UNACH 2019, que se celebró en Tuxtla Gutiérrez. Cicerón dice que en noviembre se realizará la Feria del Libro, organizada por la UNICAH. ¿Mirás cuánta actividad para fomento de la lectura, en Chiapas? Lo penoso, perdón, es que los índices de lectura no se modifican mucho.
Fui y visité los stands de la feria. La UNACH cumple con su misión de acercar el conocimiento a la juventud de México. No hallé la actividad que (me cuentan) se aprecia, por ejemplo, en la FIL, de Guadalajara. ¡Por supuesto que no! Recordá que la FIL de Guadalajara está considerada como la feria más importante de Latinoamérica. Las estadísticas de la FIL registran que, por ejemplo, en 2018, hubo una asistencia de más de ochocientos mil visitantes. ¿Mirás qué bonito? ¡Ochocientas mil personas! ¿Cuántos asistentes tuvo la FIL de la UNACH, este año? Las ferias de nuestro estado son más modestas en sus pretensiones y en sus logros, pero son un buen camino para que los potenciales lectores conozcan a autores importantes y conozcan algo de lo mucho que se publica en otros lugares y también se acerquen a la obra de nuestros autores locales, porque en Chiapas, como en cualquier lugar de México, también hace viento, y, a veces, son vientos buenos.
Y digo viento, porque hallé, en el stand del Fondo de Cultura Económica, ejemplares de la colección que inició con la presente administración, cuyo título es “Vientos del pueblo”. La serie está formada por cuadernillos, tamaño media carta, a precios muy accesibles. Compré el que mirás en la fotografía: “Un cuento de navidad”, del dramaturgo Emilio Carballido. ¿Cuánto me costó? Lo que dice la portada: 12 pesos.
Busqué el cuadernillo de la serie que contiene el cuento “Los convidados de agosto”, de Rosario Castellanos, pero la chica que me atendió dijo que sí, que había estado en venta, pero que ya se había agotado. Me dio gusto escuchar eso, pero a la vez me frustró; es decir, los paisanos se acercaron a comprar el cuentito de nuestra autora chiapaneca, pero los funcionarios del Fondo de Cultura Económica no previeron eso y no enviaron ejemplares suficientes. En esta ocasión la demanda superó a la oferta. La oferta estuvo limitadita. Ni modos.
En el stand de la Universidad Autónoma de Chiapas, institución anfitriona de la feria, hallé el otro librincillo que se ve en la fotografía: “La misión del intelectual”, de Rosario Castellanos, en la serie Cuadernos de la Universidad, que, en la introducción dice mi maestro Antonio Durán, es el discurso que nuestra paisana pronunció el 14 de mayo de 1957, con motivo de su ingreso al Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas. La edición de la UNACH es del mismo tamaño del libro del FCE. Éste está pegado, el de Vientos del pueblo está engrapado.
¿Cuánto pagué por el cuadernillo de Rosario? Veinte pesos; es decir, son cuadernillos accesibles a cualquier bolsillo. Sí, de cualquier bolsillo de un lector interesado que llegue al lugar donde estén a la venta. Los cuadernillos estuvieron a la venta en la Feria Internacional del Libro de la UNACH 2019, pero en ningún otro lugar se encuentran. En Comitán es imposible conseguirlos y lo mismo debe suceder en Huixtla, por ejemplo. Taibo, director del fondo dijo que su pretensión era hacer “folletos y pequeños libros de los que se harán grandes tirajes para llegar hasta la última ranchería”, por el momento, varios intelectuales han criticado el hecho de que la serie de cuadernillos responde a un gusto personal y a la tendencia izquierdista (a mí me llamó la atención el logotipo de la serie, la imagen corresponde a un diseño pasado de moda, que remite a la cultura china o a la cultura cubana, inmersas en el socialismo del caduco siglo XX. Lo bonito es que el título de la serie viene de un verso de un poema de Miguel Hernández: “Vientos del pueblo me llevan / vientos del pueblo me arrastran / me esparcen el corazón / y me aventan la garganta.”).
En julio de 2019, las estadísticas señalaban que los dos cuadernillos más vendidos, de la nueva serie del Fondo, eran el de Elena Poniatowska y, claro, el de Rosario Castellanos. El de la Pony estaba en primer lugar (es yegüita fina, morenista). Del tiraje completo de la serie, de más de seiscientos mil ejemplares, los lectores habían comprado más de trescientos mil; es decir, las ediciones van caminando. ¿Llegarán hasta la última ranchería? Difícil, casi imposible.
Posdata: El cuadernillo de Carballido es una edición del FCE, de mayo de 2019; el cuadernillo de la Castellanos es una edición de la UNACH, de diciembre de 2017. Los vientos del pueblo llevan tiempo levantando conciencias en Chiapas.

sábado, 5 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON UNA IMAGEN COTIDIANA




Querida Mariana: La imagen fue por una casualidad. No se ve todos los días. Pero es una imagen de estos tiempos. Digo que fue una casualidad que me topara con esta mujer (que vendía elotes y chayotes hervidos) al lado de la escultura “Día marcado”, de Luis Aguilar. Fue una bella casualidad. ¿A poco no? Una mujer de carne y hueso del siglo XXI al lado de una mujer de bronce que llevan un canasto sobre la cabeza y ofrecen sus productos.
Las mujeres de Luis Aguilar ofrecen aire, aire que juega en esos espacios vacíos. La mujer de este siglo ofrece, ya lo dije, elotes y chayotes hervidos, envueltos en una bolsa de plástico para que no se enfríen. Ambas mujeres, así lo dicta la tradición, llevan sobre la cabeza un yagual, que, según la definición que da José Luis González Córdova, en su libro “Glosario. Habla popular comiteca.” es una “rueda de trapo que las mujeres se ponen en la cabeza para sentar las cosas que cargan en ella.”
La representación escultórica de Luis alude a las mujeres que recorrían las calles de Comitán con un canasto sobre la cabeza, canasto que llevaba verduras cultivadas en los terrenos cercanos a la ciudad (sobre todo, de Los Riegos).
Los tiempos han cambiado y ahora es menos cotidiana la imagen de las canasteras. Es casi imposible que una canastera se pare frente a la puerta abierta y sus palabras vuelen a través del zaguán ofreciendo: “¿Merca’sté chayotíos?”, “¿Merca’sté ejotíos?”, “¿Merca’sté tomatíos?”, “¿Merca’sté manía?”
Los tiempos han cambiado, éstos son tiempos plásticos. Los tradicionales tamboreros de las entradas de flores ahora tienen tambores hechos con tubos de PVC; las mujeres que cargan el agua en sus comunidades ya no cargan cántaros de barro, usan ¡cántaros de plástico! Y, como mirás en esta fotografía, las canasteras ya no usan canastos de palma, usan ¡vasijas de plástico!
Los oficios son los mismos, pero los chunches para ejercerlos son diferentes. Los arquitectos, anteriormente hacían sus planos sobre papel albanene y usaban tinta china para los trazos, hoy utilizan programas de computadora. ¿Qué decir de los ilustradores y caricaturistas? Lo mismo. Los restiradores están en retirada. Hoy emplean mesas planas donde colocan las computadoras.
Antes, la comunicación telefónica era alámbrica. Tengo varias amigas que trabajaron en la central telefónica. Ahora recuerdo a Rosa Elena, a Lupita (quien actualmente radica en Canadá), y a una hija del maestro Güero. Ellas trabajaban frente a un inmenso tablero que permitía la comunicación a través de plugs. Doña Lolita contaba que cuando alguien en su casa levantaba el teléfono pedía la comunicación diciendo: “Enchúfeme’sté con mi comadre Elena.”, porque las telefonistas debían interconectar el número de quien llamaba con el de la persona requerida a través de un cable. Ahora, ¡por el amor de Dios!, la mayoría de personas se comunica a través de los teléfonos celulares y no fijos.
En mis tiempos de adolescencia, mis compas y yo, mientras tomábamos una cerveza en “La Jungla”, imaginábamos cómo iba a ser el futuro. Siempre decíamos que (ya en estos años del siglo XXI) habría autos voladores y las grandes capitales del mundo serían a semejanza de las ciudades que veíamos en la televisión en la serie de “Los Supersónicos”. El futuro nos quedó debiendo, porque ya estamos en pleno 2019 y esa imaginería sigue siendo una utopía. ¡No! En realidad, debo decir que nosotros, chavos comitecos, le quedamos debiendo al futuro, porque nuestra imaginación fue escasa y jamás advertimos que el celular sería la herramienta maravillosa de comunicación que es.
Ya te conté que en un tiempo colaboré con el semanario “Revista de Revistas”, publicación de Excélsior. En cuatro o cinco números vi publicadas caricaturas que dibujaba. Esto, por supuesto, se debió, más que a la calidad de mis trabajos, a la generosidad de Enrique Loubet Jr. Yo (en ese tiempo) me sentía chento porque mis cartones aparecían al lado de Eko, por ejemplo. En ese tiempo yo hacía el cartón con tinta china y lo coloreaba con plumines, lo metía en un sobre y lo llevaba a la oficina de correos, donde compraba sellos para el servicio de entrega inmediata. ¡Dios de todos los relojes de arena! El sobre tardaba más de una semana en llegar (por eso mis cartones eran de conceptos atemporales y no de sucesos de actualidad). ¿Sabés que hace ahora el caricaturista que está en Japón y publica a diario en los Estados Unidos de Norteamérica? ¡Claro! Da pena comentarlo. Hace el cartón en la computadora y de inmediato envía un correo electrónico y, con igual inmediatez, llega a la oficina del director. El envío no tarda más de medio minuto. ¿Menos?
Todo ha cambiado. Con el surgimiento de los increíbles chunches electrónicos el pensamiento de los seres humanos también sufrió transformaciones. Por esto, Amanda dice que sus nietos nacieron con los ojos abiertos; y no sólo los ojos, dice Valentín, también nacieron con la mente abierta, porque poseen una capacidad innata para manipular los chunches electrónicos. Son incapaces de hacer una sencilla operación matemática, pero son capaces de controlar aplicaciones complejísimas en los celulares. Romeo (quien siempre es un juguetón perverso) dice que su ex novia no sólo nació con los ojos abiertos y con la mente abierta, también nació con las piernas abiertas. Bueno, lo dice porque su ex le puso el cuerno.
Los tiempos cambiaron. El tiempo sosegado de antes se escabulló y el tiempo actual es un tiempo vertiginoso.
La pregunta ahora es: ¿Cómo imaginan ustedes, los jóvenes, que será el futuro? A los de mi generación nos alcanzó el futuro y éste, como ya dije, nos quedó a deber y nosotros le quedamos a deber. ¿Cómo será el futuro que vivirán ustedes?
Nosotros, jamás imaginamos que el clima de Comitán sufriría los estragos que ahora padecemos. En realidad, nosotros imaginamos guerras, pero jamás nos detuvimos a pensar en los estragos ambientales que nos deparaba el futuro. Íbamos a pasear a Los Lagos y los disfrutábamos, caminábamos por el Arco de Piedra y pensábamos que el mundo se mantendría siempre así: intocado. ¿Pensamos algún día que la caca iba a restarle color al prodigioso color de los Lagos? ¡Jamás!
El río grande, como dice Bonifaz, ni era grande ni era río, pero llevaba agua. Jamás imaginamos que una mañana se convertiría en un canal seco, apestoso. ¡Jamás! La educación ambiental era algo que estaba ajeno a los programas educativos. En el jardín de niños nos enseñaban a cultivar hortalizas (es un decir, lo más que hacíamos era echar agua con una regadera a las plantas que habían sembrado las maestras. Sí, usábamos el título de maestra para referirnos a quien hoy llaman miss). ¿Miss? Mis tumutes.
Nos sentíamos orgullosos y en todo mundo celebrábamos el clima templado de nuestro pueblo. Hoy ya no podemos hacerlo. ¿Cómo decir que Comitán es de clima templado cuando andamos sudando las temperaturas que rebasan los treinta grados?
Sí, niña bonita, los tiempos cambiaron, cambiaron, como dice mi madrina Irma, para bien y para mal. La vida siempre ha sido así.
En un capítulo de “Balún-Canán”, la niña protagonista dice que bajaban por la cuesta del mercado y se tropezaban con las mujeres tejedoras de pichulej; ahora esas tejedoras han desaparecido. ¿Para qué la palma si las canastas son de plástico?
Cambiamos lo natural por lo artificial. El otro día compré una mermelada de pera, hecha sin aditivos ni químicos. Se me hizo algo novedoso.
Es cierto, en la actualidad hay muchas personas que buscan un camino para regresar a lo natural. La semilla de este regreso está en las comunidades indígenas, en los territorios donde lo plástico aún no existe.
Posdata: Estoy seguro que has visto esas espantosas noticias donde toneladas de plástico van a dar al mar. ¿En qué momento el plástico se volvió parte de nuestra vida y de nuestra muerte?
Comitán todavía tiene una identidad natural, una forma de ser sencilla. ¿Tendremos la capacidad de vivir en una comunidad alejada de lo plástico? ¿Podremos ser una comunidad de personas naturales?

jueves, 3 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, DESDE UN RINCÓN




Querida Mariana: Todos tenemos un rincón favorito. Cuando fui niño mi rincón favorito era el lugar donde mi abuela bordaba. Mi abuela tenía una alucinante mezcla de aromas. Imaginá el aroma que brota del cuerpo de los viejos, las pomadas para remediar el dolor de rodilla y el olor del cigarro (mi abuela fue una gran fumadora). Me encantaba sentarme en el piso, a su lado y, desde ahí, observar el ir y venir de la sirvienta y de los muchachos que trabajaban en la venta de refrescos (mi papá era el distribuidor de la Coca Cola, en Comitán); me encantaba oler el aroma que brotaba de mi abuela.
Digo que cada ser humano tiene un rincón o varios rincones favoritos. Conforme avanza la edad uno cambia de rincones. Cuando tuve veintitantos años (ya había muerto mi abuela) mi rincón favorito fue el lado izquierdo de una muchacha que no fumaba, que era joven, que no se ponía pomadas para remediar la artritis; ella olía a hierbabuena machada en un molcajete hecho con piedras de sueño.
Acá te envío la fotografía donde aparece un grupo de chicos estudiantes, de la comunidad de Los Riegos, en Comitán. Ellos están arrinconados en un extremo del patio. Muchos otros muchachos también se arrinconaron en otros espacios. Lo hicieron para escuchar la presentación del libro “Perseo TS”, de Luis Antonio Rincón García.
Luis llegó a Comitán por invitación de la dirección de educación del Ayuntamiento Comiteco. Lo hizo como parte del programa de fomento a la lectura que estimula el gobierno de la localidad.
A mí no me extrañaría que algún lector juguetón, a la pregunta de ¿cuál es tu rincón favorito?, dijera: Luis Antonio. No me extrañaría porque el escritor es muy buen narrador. Hace años tuve la oportunidad de leer su libro “Las raíces de la ceiba” y lo disfruté mucho, en esa ocasión dije en público que Luis Antonio era una de las voces más importantes de la literatura chiapaneca. Hace ya varios años de aquella ocasión. En ese lapso, de vez en vez (con grata frecuencia), Luis Antonio ha merecido una serie de premios literarios importantes, premios que son reconocimiento a la calidad de su trabajo.
Y Luis Antonio vino a Comitán y sedujo a los muchachos. Cuando vi que a Luis Antonio lo sentaron en la mesa de honor en una lateral del patio, enorme, y vi a los estudiantes sentados por grupos, en rincones, distantes más de diez, quince metros, de donde estaba el escritor, pensé: ¿cómo le hará Luis para captar la atención de ese público joven, de por sí inquieto por su edad?
Luis Antonio abandonó el rincón que le habían asignado y dijo: “Voy a pararme” y se paró y, así, sin más protocolo, lanzó una invitación: “Quiero invitarlos a leer, quiero invitarlos a escribir, quiero invitarlos a crear.” ¿Mirás, niña, lo que dijo Luis Antonio? En un país de personas que leen poco, que escriben poco y que crean poco, Luis, así, sin mayor preámbulo lanzó esta invitación. Vi a los grupos diseminados y vi que comenzaban a sentirse seducidos por la palabra de Luis, porque, de manera sencilla, les platicó la historia del Pata Coja, personaje que conoció cuando era niño. El Pata Coja siempre andaba rodeado de perros y su horma aterrorizaba a los chicos, pero el Pata Coja preguntaba: “¿Por qué me tienen miedo, si soy un mago?”
El escritor dijo que el Pata Coja fue un estímulo para su acto creativo, dijo que pensó que, igual que el Pata Coja, de grande haría magia, pero él lo haría con las palabras.
Y Rincón cumplió su deseo: es un mago, uno de los mejores magos literarios de Chiapas. No sólo tiene la capacidad de escribir historias, también posee la capacidad de cautivar audiencias con la palabra oral.
Y como Luis inició su charla invitando a leer, a escribir y a crear, al final dio tips para lectores: “Empecé leyendo Kalimán, leí cómics”; dio tips para escritores: “Para hacer magia con las palabras es necesario practicar mucho”; y dio tips para creadores: “Hay que poner el alma en lo que uno hace”.
Posdata: Luis Antonio compartió su experiencia en el acto creativo con chicos de Los Riegos, pero sus conceptos están dedicados a todos los que deseen convertirse en escritores, en buenos escritores.
Yo sigo teniendo rincones favoritos. No me sorprendería que muchos lectores juguetones, a la pregunta de “¿Cuál es tu rincón favorito?”, respondieran: Luis Antonio. No me sorprendería, porque Luis Antonio es buen escritor. Él estuvo en Comitán, pueblo mágico que es el rincón favorito de cientos de miles de comitecos amorosos.

miércoles, 2 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, DONDE SE PREGUNTA: ¿Y LAS HISTORIETAS, PAPÁ?




Querida Mariana: ¿Quién es la argentina más conocida en Latinoamérica? Es una niña, se llama Mafalda. Ella, todo mundo lo sabe, es una caricatura, una niña de historieta. Sin embargo, es conocida y amada por millones de lectores. Hace dos o tres días, Mafalda cumplió 55 años. Como en un contrasentido fantástico, la niña eterna cumplió la edad de un adulto sin dejar de ser la niña bonita, la niña fastidiosa para los regímenes totalitarios y para el capitalismo, porque Mafalda siempre se ha atrevido a cuestionar las ideas solemnes, abusivas y tendenciosas con que los gobiernos manipulan a las sociedades. El dinero no es lo esencial, basta leer la tira cómica donde los amiguitos presumen del dinero que ganan sus papás y escuchar las palabras de Mafalda: “Comparado con lo que ganan Los Beatles”, para que las ínfulas capitalistas de sus amigos se hagan talco. Sí, hay millonarios pueblerinos que se pavonean por el dinero que tienen sin pensar que los verdaderos millonarios del mundo ni son pedantes ni son mamones.
Pero esta carta no va por el camino del dinero, va por el camino del cómic, de la historieta, de los llamados “cuentos” de los años sesenta. Y por esto debo decir que Mafalda, la pequeña niña de historieta, logró el prodigio de que muchos niños lectores se convirtieran, cuando crecieron, en grandes lectores, porque la historia de la lectura demuestra que millones de lectores amaron los libros gracias a la lectura de historietas con monitos.
Me he topado con muchos escritores y personajes relevantes de la intelectualidad que confiesan haber leído con avidez tiras cómicas en su infancia; es decir, el primer peldaño de la lectura fue leer revistas ilustradas. En Argentina medio mundo leyó a Mafalda, en Francia medio mundo leyó a Asterix y en México medio mundo leyó Kalimán, Los Supermachos, Memín Pinguín, Los Supersabios y demás revistas ilustradas. Pero, además (¡benditos los Dioses de la sabiduría!), la prensa publicaba suplementos dominicales con monitos. Mientras los papás leían la sección deportiva y las mamás leían la sección de sociales, miles de niños en toda la república leían la sección donde venían historietas ilustradas. Por ahí, medio mundo leyó las historias de El Príncipe Valiente, que eran historietas de la época del Rey Arturo. Esos miles de niños esperaban la llegada del domingo (y del periódico) para leer esa sección. Muchos de esos lectores se convirtieron en grandes lectores cuando entraron a la adolescencia y a la época adulta.
En estos tiempos, el gobierno ha lanzado una estrategia nacional para la lectura. ¡Muy bien! Pero, hasta el momento no hay una iniciativa que abone en el terreno de las historietas ilustradas. Y si esto no se contempla, casi casi están dejando sin primer escalón la escalera y esta ausencia es muy dañina para el fomento de la lectura.
La experiencia, insisto, demuestra que millones de grandes lectores comenzaron con ese primer escalón: la revista de monitos. Quien se aficiona a leer tiras cómicas luego le resulta muy natural dar el siguiente paso y así hasta el infinito.
En el país existen ilustradores geniales, sublimes. ¿Por qué no el escritor que acostumbra meterla doblada y que ahora es director del FCE, intenta un pase mágico, inteligente y promueve, junto con la SEP y la Comisión Nacional de Textos Gratuitos, ediciones de revistas ilustradas que se distribuyan en las escuelas de todo el país? Millones de niños agradecerían que, junto a los libros de texto, hubiese una serie de revistas con monitos, bien hechos, a todo color, con la calidad de los cómics que presenta Marvel y AC Comics.
Posdata: El otro día platiqué con el connotado periodista Rubén Arrés y me confió que él (quien es gran lector) empezó con revistas ilustradas. Dice que ahora tiene un archivo digital donde conserva decenas de números de la revista Kalimán.
Muchos de los adolescentes que leímos Kalimán nos convertimos en grandes lectores y no sólo eso, aprendimos que en la vida debemos tener serenidad y paciencia. Serenidad y paciencia porque a veces muchos programas bien intencionados no funcionan como debería ser. Pero tenemos fe en la humanidad, porque quien domina la mente domina todo.
Yo, lo sabés, querida mía, he sido lector gozoso durante más de cincuenta y dos años. He sido feliz. Conocí el camino de la felicidad con las revistas de monitos que vendía don Rami Ruiz, en la Proveedora Cultural. Para mí fue muy natural ascender al siguiente peldaño de la lectura: la gran literatura.
Necesitamos revistas de monitos para los niños de México. Juan Carlos Gómez Aranda sabe muy bien que los grandes lectores nacen con la lectura de monitos, por esto, de manera generosa e inteligente, escribió la historia de Comitán en un libro con dibujos, realizados por dibujantes de excelencia. En muchas bibliotecas escolares está su sueño. ¿Se lee? No lo sé. Tal vez, digo que tal vez, el proyecto hubiese sido más exitoso si, en lugar de libros, hubiesen editado revistas, miles y miles de revistas, distribuidas, en forma gratuita, desde las oficinas de la Secretaría de Educación de Chiapas en todas las aulas del estado.
Nos hacen falta los Supersabios; nos hace falta Kalimán; nos hace falta Memín. Nos hace falta el primer escalón, sin éste, pocos subirán por la escalera de la imaginación.

martes, 1 de octubre de 2019

CARTA A MARIANA, CON UNA FOTO DONDE ESTÁ JOSÉ JOSÉ




Querida Mariana: Sí, acá está José José, en una cama de hospital, en la ciudad de México. A su lado está nuestro paisano Óscar Bonifaz. Óscar abraza al Príncipe, que en ese tiempo aún no era de la nobleza.
¿Tenía alguna dolencia el cantante? No, ninguna. Se ve delgado, porque su complexión física de jovencito fue delgada, y tiene la bata que usan los enfermos, porque él está interpretando a un enfermo. ¿Interpretando? Sí. No vayás a pensar que José José sólo actuó en dos o tres películas, o, ya de grande, en la telenovela “La fea más bella”. ¡Qué título! No, José José también tuvo intermitencias en los escenarios teatrales, actividad en la que no descolló.
En esta fotografía donde aparece al lado de Óscar Bonifaz, José José interpreta el papel del muchacho “enfermo”.
En aquel tiempo, tiempo que fue compañero de clases actorales de Bonifaz, José José no era el famoso cantante en que se convirtió años después. Sus compañeros no sabían de sus dotes como cantante. Era un joven reservado, era un joven que soñaba con la posibilidad de estar en el escenario y tomó clases de actuación. ¿Sabés quién fue su maestro? Nada más y nada menos que Alejandro Jodorowsky (así lo cuenta Bonifaz).
Ahora que todo mundo escribe acerca de la vida y obra de José José, y que se rinde homenaje interpretando sus canciones, porque millones y millones de melómanos reconocen que en algún momento una canción del Príncipe los marcó para siempre, resulta histórica esta foto donde aparece el José José en su faceta de actor.
De las canciones que popularizó José José me gusta “El farolero”. Con esta canción bebí trago en la ciudad de México y chillé por el recuerdo de una muchacha comiteca. “Yo sería farolero, si tú te hicieras farola (…) yo sería barrendero si tú te hicieras escoba…” Pucha, qué canción. Lo bueno es que jamás le llevé serenata a la chica, la comiteca se hubiera enojado si le canto la canción que la termina comparando con una farola, con una escoba y con droga. Hay una estrofa que dice: Yo sería curandero, si tú te volvieras droga. La comiteca se habría ofendido. No habría reconocido el remate bien bonito: “Yo sería curandero si tú te volvieras droga, para curar este mal que al pensar en ti me ahoga.”
Óscar Bonifaz recuerda que él con su equipo debían montar una obra que tenía algo que ver con la envidia. José José no tenía equipo, porque, como era un poco tímido y tal vez llegaba desvelado, cuando llegaba al teatro se cubría la cara con un periódico y despertaba hasta que comenzaba la clase. Así pues, entre el grupo de sus compañeros fue conocido como “El dormilón de la derecha”, porque siempre se sentaba en la esquina de la derecha. Un día, José José se acercó a Bonifaz y le pidió que lo integrara al equipo de actuación. Bonifaz lo comentó con sus compañeros y los demás (¡envidiosos!) no quisieron aceptarlo, porque no lo consideraban un buen actor, pero ante la insistencia del actor (luego famoso cantante) lo aceptaron y le dieron el papel del enfermo, porque ese papel no exigía muchas dotes histriónicas. Así José José participó en el grupo de Bonifaz. Esta fotografía, asegura el escritor comiteco, fue tomada en uno de los ensayos de la obra.
Bonifaz cuenta que una noche celebraron el cumpleaños de la maestra Conchita, asesora en el grupo de teatro, y cuando la bohemia apareció, el tímido actor se paró y comenzó a cantar. Todo mundo se sorprendió ante la grata sorpresa. “Agarrá tu mudo”, dice Bonifaz que dijeron.
Pues sí, su vocación no estaba en la actuación, su futuro estaba signado en el mundo de la música, del canto. Años después de este instante fotográfico, José José se presentó en el Teatro Ferrocarrilero, de la Ciudad de México, y cantó El Triste, en el II Festival de la Canción Latina, y comenzó la historia que todo mundo conoce.
Posdata: Bonifaz, a la hora de la foto, abraza al Príncipe de la Canción. ¿Sabía que estaba al lado de uno de los cantantes más famosos del siglo XX? No, ni siquiera José José sabía que se volvería uno de los cantantes más famosos de Latinoamérica y vendería millones de discos y tendría millones de fans que cantarían sus canciones en muchas partes del mundo, ¡del mundo!
Acá interpretaba el sencillo papel de “El enfermo”. “El dormilón” despertó un día y cautivó a millones de personas. Por desgracia, en los últimos años se enfermó, y como no era actuación, la muerte apagó los reflectores para siempre.