viernes, 11 de septiembre de 2015

EN TIEMPO DE PAZ




Iban en un camino de terracería. Martha sacaba la cabeza por la ventanilla y el aire movía sus cabellos. Pepe, en la parte trasera, jugaba un juego en su teléfono portátil; mientras Margot jugaba a encontrarle formas a las nubes. “¡Un armadillo!”, gritó la tía Elena y Margot buscó en el cielo, pero ya el tío Armando frenaba de golpe, todos se iban hacia adelante y, con las manos, impedían chocar contra el cristal o contra los asientos delanteros. ¡Un armadillo!, repitió la tía y señaló hacia la derecha del camino. Más allá del límite cercado con alambre de púas ¡estaba un armadillo, pequeño!
La tía chasqueó los dedos y pidió la cámara. ¡Apúrense, se va! Pero el armadillo avanzaba lento, como si fuese un panzer francés en territorio ruso. Martha sacó más la cabeza y, emocionada, dijo que jamás había visto un animal así. El armadillo ya subía por una pequeña colina y mostraba su caparazón brillante.
Margot colocó sus manitas sobre el cristal trasero y vio cómo el armadillo, como si fuese un tanque de la segunda guerra mundial, ya corría por la segunda sección del terreno. Estaba claro que su objetivo era alcanzar la cima de la colina, donde se alcanzaba a ver un sembradío de plantas de maíz. Su visión era nítida, a pesar de que ya el animal ponía distancia. Margot daba pequeños brinquitos sobre el asiento, estaba emocionada. Ella, igual que Martha, jamás había visto un armadillo, ni siquiera en los zoológicos. Los zoológicos del mundo, por lo regular, tienen preferencia por animales exóticos enormes, como elefantes, jirafas, tigres, leones, osos y panteras; o por animales simpáticos como changos, pingüinos, koalas y venados.
De pronto, Margot vio lo que ya todos habían visto: los alambres de púas, los vio tendidos de manera horizontal, detenidos por postes que se asfixiaban con los amarres. Preguntó si el animal se había lastimado al pasar. No, dijo, Martha, cómo crees, el animalito pasó por debajo, pero por la perspectiva, la niña vio que el animal rozaba el alambre, sí, ahora mismo estaba rozando su caparazón con la tira de púas, escuchó el rechinido del alambre contra el caparazón y un lamento, muy similar a cuando su perro fue atropellado. Margot dijo que salvaran al animal, soltó el cristal, abrió la puerta, bajó y corrió hacia el territorio donde el armadillo avanzaba. Martha gritó, el tío bajó apresuradamente y corrió hacia donde, ya pecho a tierra, Margot también avanzaba.
El armadillo ya estaba a punto de alcanzar la cima, Pepe pensó que al llegar a la cumbre, el panzer podría camuflarse en medio de la milpa. Ahí no podría verlo el enemigo. El tío cogió de un pie a Margot y le gritó que se detuviera, que no se pusiera de pie, porque encima de ella estaban los alambres de púas. Margot se detuvo, pero, casi llorando, pidió al tío que salvara al armadillo. Así, repegada al suelo levantó su cara y vio que el armadillo ya estaba en la cima de la loma y vio que ya había librado la alambrada, ¡estaba salvado! Pepe pensó lo mismo, ahora, el panzer sólo tenía que avanzar por en medio de la milpa y el enemigo no podría descubrirlo, pero justo cuando la sonrisa aparecía en el rostro de Pepe y en el rostro de Margot y también en el del tío, que ya jalaba a la niña hacia este lado, se escuchó un disparo, un disparo que salió de detrás de la milpa. ¡El enemigo!, pensó Pepe y cerró los ojos. El tío se paralizó un segundo, pero al siguiente jaló a la niña sin importar que su caparazoncito se lastimara leve con el alambre. Se paró, abrazó a la niña y corrió hacia la camioneta, a unos cuantos pasos gritó que se subieran todos, que cerraran las puertas, que subieran las ventanas, que se tiraran al piso. Dio vuelta a la camioneta, subió de prisa, casi tiró a Margot sobre el asiento delantero, ahí donde Martha se cubría la cabeza con las dos manos, encendió el motor, metió primera y avanzó. Otro disparo se escuchó. Pepe supo que el enemigo también los había descubierto a ellos y sintió miedo y gritó para que el tío imprimiera más velocidad, pero ya escuchaba un tercer disparo y la camioneta parecía avanzar de manera muy lenta, como si fuese un panzer francés en medio de la estepa rusa.