jueves, 28 de agosto de 2025

CARTA A MARIANA, CON MASAS

Querida Mariana: se llama tribu o masa, son esos amontonamientos de gente donde lo individual queda relegado. ¿Has visto lo que sucede en un partido de fútbol? La mayoría de los asistentes acuden porque juega su equipo favorito, de uno y de otro lado. Hay una minoría ¡neutral! La mayoría se apasiona, porque desea ver triunfar a su equipo, lo que significa que desea ver al otro equipo tragar la deshonra de la derrota. Los aficionados de uno y de otro equipo se identifican con las playeras representativas (oficiales, carísimas, o chafas, muy baratas). A través de estos identificadores los aficionados se reconocen, el que lleva la misma playera que yo es mi compa, por el contrario, el que viste una playera diferente es mi rival. Un poco lo que sucede en las contiendas políticas, el que es de un partido es un acérrimo enemigo del que milita en otro partido; un poco lo que sucede en las guerras: debo aniquilar al soldado del otro lado. Estos conglomerados humanos abandonan su individualidad y se convierten en borregos que jalan hacia donde los lleva el llamado. Estas tribus generan energías positivas y negativas, son capaces de provocar actos solidarios (cuando, por ejemplo, unen fuerzas para apoyar a un ser en desgracia) o provocar actos violentos. Estas tribus las hemos conocido desde siempre. Cuando un individuo se vuelve parte de una masa pierde su identidad y se mezcla con el conglomerado, es capaz de convertirse parte de una horda miserable, capaz de hacer actos indignos, que jamás haría en lo individual. La masa adopta una fuerza difícil de explicar con razonamientos, se convierte en un conglomerado irracional. En estos tiempos las masas son menos visibles, han pasado de ser presenciales a ser virtuales. Millones de personas somos cautivos de las grandes tribus de consumidores de redes sociales. Sólo los estudiosos y expertos del tema pueden hablar, no sin titubeos, de la fuerza que tiene esta masa virtual. El otro día (en una red social) leí que los grandes visionarios regalan libros a sus hijos, mientras que una mayoría ignorante regala tabletas a sus hijos, la etiqueta concluía que los poderosos siguen dando elementos pensantes a sus críos, mientras que los otros seguirán siendo unos adocenados. No sé vos, pero yo le entro por ratos al TikTok, te lo he contado. Cuando vengo a ver ya estuve adentro una hora o más. ¿Lo imaginás? ¡Una hora o más! El chunche es adictivo. Esto lo saben los creadores, quienes ahora son los poderosos formuladores de nuestro mundo. ¿A dónde nos quieren llevar? No lo sé, digo que sólo los expertos saben cuáles son los objetivos de estas mentes, que no llamaré perversas, pero que sí les aplicaré la palabra de alevosos. Los genios de la electrónica y de la mercadotecnia, en forma casi velada, nos han metido en una autopista donde comenzamos a correr como si poseyéramos autos de fórmula 1, aunque si volvemos la vista hallemos que nuestro auto es como un vochito destartalado modelo 76. Cuando nos dijeron que ahora el mundo es globalizado no comprendimos bien a bien el concepto, pero poco a poco nos vamos dando cuenta que, en efecto, lo individual ha perdido preeminencia, ahora millones y millones de personas en el mundo hemos pasado a formar parte de ese conglomerado, hemos entrado al estadio, nos hemos sentado y disfrutamos el partido que se desarrolla en el césped; volvemos la mirada hacia la izquierda, derecha, abajo o arriba y encontramos aficionados que están viviendo la misma experiencia, con gran sorpresa vemos que todos vestimos la misma playera. No somos rivales, somos compas. Esto que dije nos hace ser parte de una gran comunidad, pero (es lo dramático) no sabemos bien a bien cuál es el objetivo fundamental de este encuentro. ¿Qué quieren de nosotros ahora que ya han logrado su deseo de tenernos dentro del estadio? Posdata: comencé siendo aficionado al equipo de fútbol “Maderas de Comitán”; luego, en la Ciudad de México disfruté partidos Chivas contra América (en el fondo quería que ganara el Guadalajara). Luego pensé que mi pasión no era el deporte sino la literatura y me volví parte de una cofradía especial: la de lectores. Ahora sigo leyendo, pero soy parte del equipo de los millones de TikTokeros. ¿Hacia dónde se dirige esta tribu? ¡Tzatz Comitán!