domingo, 9 de noviembre de 2025

CARTA A MARIANA, CON EL GATO Y LA LIEBRE

Querida Mariana: los gatos y las liebres son animalitos famosos en fábulas, en cuentos infantiles. En nuestro medio es más famoso el gato que la liebre, de hecho, el nombre de liebre no es tan común, es como un término medio alzadito, medio pedante, y no es tan común en la región porque acá el animal más conocido es el primo hermano, el conejo. No obstante, en el país se usa a cada rato el término de que nos dan gato por liebre, que da a entender que nos engañaron, que nos dieron otra cosa de lo esperado. El otro día te platiqué que fui a ver la exposición de objetos y fotografías que estuvo en San Ildefonso, en la Ciudad de México, y que ahora está en el Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos y hallé que la máquina mecánica presentada no es la que poseyó Rosario en Israel, acá aparece una máquina toda sholca, que andá a saber si perteneció a la escritora comiteca; es decir, nos dieron gato por liebre, ¡no fue lo esperado! Pero, cuando volví al museo a terminar el recorrido encontré otro dato falso. Lo lamento, porque siempre pienso que la gente merece, hasta donde es posible, hallar los datos verdaderos de las figuras importantes, son tiempos tan convulsos y de tanta incertidumbre, que sería bueno recibir, cuando menos, la liebre y no un gato no esperado. Aunque ahora que escribí esto tal vez hay personas que se encantarían con recibir gatos y no liebres, porque hay gente que ama a los gatitos. Por eso digo que acá hay más conocimiento de gatos que de liebres. ¿Hay liebres en la zona o sólo conejos? Te conté que en mi casa de infancia, en el sitio, mis papás tenían una conejera y a mí me gustaba ir a verlos, con sus largas orejas, los ojos siempre admirados y con su permanente movimiento de trompita. No, no, querida mía, nunca vi lo que es conseja popular, que los conejos siempre andan trepados en el chulul, porque se reproducen con intensidad. Decía que en el recorrido hallé un dato falso, que se reproduce con frecuencia. Hemos comentado hasta la saciedad que ella le contó a su novio Ricardo que hizo el primer grado de secundaria en un colegio en la Ciudad de México (Distrito Federal, en ese tiempo); el segundo grado en la Secundaria del Estado, de Comitán (donde fue compañera, entre otros y otras, de Armando Alfonzo Alfonzo); y el tercer grado en la Ciudad de México, en el colegio Luis G. León. Esto fue lo que ella platicó, esto fue lo que sucedió. En San Ildefonso acudieron cientos de personas y encontraron la siguiente información: “Al término de su instrucción primaria, ingresó a la Escuela Secundaria de Comitán (…) en 1939 (…) se trasladó a la Ciudad de México. A su llegada, Rosario se incorporó al tercer año de secundaria en la escuela inglesa Helena Herlihy Hall…” Pues con la pena, también allá dieron gato por liebre. Los datos correctos son lo que la propia escritora contó. El primer grado de secundaria lo estudió en el HHH (huarache, como cotorreaban las estudiantes de dicho colegio). Uno debería exigir que al pedir gato el veterinario dé gato, y al pedir liebre dé liebre. Ah, México, lindo y querido. Acá uno va a la taquería de la esquina, pide dos de adobada (pensando que es carne de cordero) y resulta que el taquero da gato por liebre, luego nos enteramos en las redes sociales que la carne era de chuchitos. Dios nos libre. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, un poco como si se dijera: no deis gatos por liebres. Posdata: murió mi mamacita, la noche del 8 de noviembre 2025. Ahora lamento su ausencia pero doy gracias a Dios por su presencia. Una presencia infinita, porque fue una gran mujer. Soy hijo de dos grandes personas: Augusto Molinari Bermúdez e Hilda Cecilia Torres Córdova. Mi amado Gutmita dice que soy español, italiano, comiteco, mi mamá es comiteca, huixtleca. Sé, porque así lo dictó el destino y el corazón, que ahora más gente lamentará su ausencia en Comitán que en Huixtla, porque acá se entregó, acá sembró gajos de luz. En mi proceso de duelo me salté el primer paso, dicen los expertos que es el de la negación, estoy en el siguiente paso, el de la aceptación; es más, ando en otra nube, estoy en el peldaño del agradecimiento, vivió más de noventa y cinco años, con sus altas y sus bajas, pero murió como lo pedí a Dios: en su casa, rodeada de sus más íntimos, sí, la palabra es precisa: en la intimidad. Nada de tragedias lejanas, el último día de su vida, sonrió, Fer la llevó en la silla de ruedas y Paty y yo hicimos sonido de trenecito, ella sonrió. Delante de la comitiva, la Pigo, nuestra perrita; el gatito, recostado en la silla, nos veía desde su placidez. Mi mamacita murió en casa, apapachada, cuidada. Tres días antes dijo que ya no podía ver bien sus oraciones (y eso que se ayudaba con una lupa), leí en voz alta y ella repitió, cuando tocó el padre nuestro y demás oraciones, ah, su mente, dictó en forma puntual el texto, su mente estuvo brillante hasta el final, brillante, porque eso fue mi mamacita, una mujer con brillo, una joya sublime. Me brinqué lo de la negación, ahora estoy en etapa de agradecimiento por acompañar a su pichito malcriado por tantos años. Ahora ya no estará para darme la paga (como lo hizo desde siempre) para comprar mis libros, pero siempre estará en mi memoria, en el centro de mi corazón. ¡Tzatz Comitán! ¡Tzatz Molinarito! ¡Gracias Dios mío por la bendición de la compañía de mi mamacita, gracias, Señor!