lunes, 10 de noviembre de 2025
CARTA A MARIANA, CON VISLUMBRES
Querida Mariana: hay lugares plácidos, en todo el mundo, en Chiapas, cerca de Comitán. ¿Qué elementos posee la placidez? Son muchos, pero, a la vez, son mínimos; es decir, el minimalista puede hallar lugares de paz, así como la persona que le gusta el abigarramiento. A mí, lo sabés, me gusta lo sencillo, la belleza que puede hallarse en lo mínimo. El otro día abrí el Facebook y la primera fotografía que me apareció fue la de una chica que se paró a media carretera y pidió que le tomaran una imagen eterna, inmensa. Imagino que ella iba en un auto, con amigos o familiares y pidió que se detuvieran tantito, abrió la puerta, checó que no vinieran autos en ambos sentidos y se paró a mitad de la carretera (pantalón de mezclilla, playera sin mangas, tenis, lentes sobre la cabellera) y el fotógrafo o la fotógrafa le picó al botón de la cámara del celular e hizo el prodigio. La chica transmite armonía a través del cuerpo, de sus brazos que se abrieron como alas de libélula. No voló, estaba con los pies bien puestos sobre la tierra, pero parecía a punto de comenzar a levitar, porque en los espacios plácidos el misterio está a la vuelta, no de la esquina, sino de los árboles y de las nubes.
Como podés imaginar, la chica y sus acompañantes no estaban en una carretera de ocho carriles o de una autopista, ¡no!, era una carretera de voy y vengo, en una zona no muy transitada. Claro, la carretera estaba asfaltada, lo que otorga comodidad en estos tiempos de tanto apresuramiento. Los viajeros disfrutaban de la plática, de la música con sonido bajo, una música moderna, instrumental y de pronto, la chica de la foto sintió un impulso, pidió que el conductor (o conductora) se detuviera y ella hizo lo que ya he dicho: se paró en medio de la carretera, abrió los brazos como para beberse el instante, como para decir ¡acá estoy!, como si le hablara al sol, al viento, como si dijera que la plenitud está en la naturaleza, porque (no lo he dicho) los bordes de la carretera están llenos de árboles (tal vez son pinos) y por ende llenos de hojas, de verdes, de aire, de pájaros, de trinos, de gusanitos trepadores, de vida, ¡de vida! Por eso, ella abrió los brazos, porque es preciso hacer ese movimiento de bandera, de velas de barco, para abarcar todo, ¡todo!
Podría ser que la persona barroca, la que le gusta el entramado, dijera que el paisaje donde la chica se tomó la foto no es minimalista, ¿cómo puede ser minimalista un fondo pletórico de árboles? Tal vez tuviera razón, pero yo digo que la profusión de árboles sólo provoca una cortina armoniosa, como si fuera un chal.
Esta fotografía sólo pudo darse en espacios que son tranquilos, donde vuela el ave sencilla, la que no es como un pavo real, más bien la que es como un chupamirto, que aletea, como la chica abrió los brazos.
Acabo de escribir esto y pienso que el vuelo precisa de brazos abiertos, así son los drones (maravillosos chunches tecnológicos), no tienen las grandes turbinas, les basta un trébol de cuatro hojas para elevarse, para abandonar el piso y tomar vocación de nube.
La chica que vi en la fotografía semejaba un trébol de cuatro elementos, dos piernas y dos brazos, los cuatro elementos inmersos en el mar del aire, pero las piernas sostenidas en el suelo y los brazos para el vuelo.
Vi la fotografía y pensé en las cosas sencillas de la vida. En cuanto le dijeron que ya estaba lista la foto, ella subió de nuevo al auto, las risas, los abrazos, las felicitaciones, la charla, la música. Fue una pausa lo que ella hizo, una ligera pizca de sal en el condimento diario. Si ella no hubiera decidido detenerse tantito y hacer lo diferente, esta fotografía sublime no se hubiese dado. ¿Hay en este acto una enseñanza de vida?
Tal vez hay que reconocer lo maravilloso en lo cotidiano, lo sublime en lo mínimo; tal vez hay que conectar más con los espacios verdes, donde corre el aire sin muros que lo detengan.
Posdata: vi la foto y ella me trasmitió alegría, porque ahora el Facebook permite que los usuarios realicen el gran acto de compartir. Mucha gente transmite memes simpáticos, absurdos; otros comparten notas rojas, violentas; unos más se encargan de refritear actos políticos que demuestran la banalidad de la vida; pero, gracias a Dios, hay gente que comparte imágenes que son motivadoras, que son como una bocanada de aire limpio, que son como papalotes volando, líneas trasparentes que invitan al juego, como diría Sabines: para el hermoso juego de la vida.
Uso, ya lo viste, una ilustración realizada con Inteligencia Artificial. Lo que vi en las redes sociales era una maravillosa fotografía real. Me hubiese gustado compartírtela, pero ahora todo está sujeto a investigación y puedo ser acusado de “natural apropiación ilegal”.
¡Tzatz Comitán!
