lunes, 1 de junio de 2015

CARTA A MARIANA, DONDE ASOMA UNA PREGUNTA O DOS





Querida Mariana: ¿cuántas ciudades y pueblos existen en el mundo? Deben ser millones de ciudades y de pueblos. Me gusta pensar que cada pueblo tiene su nombre propio. Aunque debe haber nombres repetidos. Ahora mismo recuerdo una ciudad llamada Guadalajara, una en México y otra en España.
¿Cuál es el origen de los nombres de los pueblos? Morelia se llama así como homenaje a Morelos, el héroe mexicano. Antes tuvo otro nombre, nombre que ya se extravió. Es una pena. Acá, cerca de nuestro pueblo, hay poblados que perdieron sus nombres originales. Hay una ranchería que se llama Abelardo L. Rodríguez y que antes, hace poco, se llamó San Francisco. Alguna determinación oficial hizo que el santo católico perdiera el lance ante un presidente de la república. Los católicos, por supuesto, creen que el nombre del santo era más prestigioso, como que los ayudaba más para estar bien con las potestades del cielo. ¿Abelardo L. Rodríguez?, saber quién fue, dicen algunos. Y ni modos de pegar un cartel con su foto en el altar, prender una veladora y pedir que llueva (ni siquiera fue Secretario de Agricultura).
Vos y yo vivimos en un pueblo hermoso. Ahora se llama Comitán de Domínguez, pero tuvo otros nombres. El otro día, un grupo de entusiastas, que promueve la dignificación de la marimba, me dijo el nombre de su asociación. Dicho nombre contiene dos palabras, una de las cuales es Chonab (antiguo nombre de este pueblo). Según don Carlos Lenkersdorf, quien ya pasó a mejor vida y que vivió algún tiempo en Comitán, Chonab significa “lugar donde se vende, donde se realiza el trueque”. Los nombres que tuvo nuestro pueblo dependieron del contexto histórico. Al mismo ritmo que caminó la sociedad caminaron los nombres, desde los prehispánicos (sonoros como sonido de caracol de mar) hasta los que la Colonia, la Reforma y etapas contemporáneas endilgó. Ahora, dicen los que saben, el nombre de nuestra ciudad viene de Comitlán, nombre que, según la historiadora María Trinidad Pulido, le dieron los mexicas. ¡Uf, qué revoltijo! Y ahora venimos a saber que un comiteco travieso le cambia el nombre a nuestro pueblo. Siguiendo la tradición de modificar algunas letras: de Comitlán a Comitán, este simpático paisano ya lo denominó como “Cotzmitán” y que, de acuerdo a los lingüistas más expertos significa: “Lugar donde echan cotz” (algunos le agregan: “cotz, lindo y jacarandoso”). Mi niña, para los que desconocen nuestras raíces, habría que decir que cotz es una voz tojolabal que significa guajolote, pero que, desde hace tiempo, se aplica como sinónimo de “hacer travesuras en la cama”.
¿Cuántos pueblos y ciudades existen en el mundo? ¡Millones! En todos y cada uno de ellos sus hombres y mujeres hacen el amor, pero, ¡por el amor de Dios!, ninguna de esas ciudades anda vanagloriándose de tal acto en su nombre propio, con la excepción de este pueblo de Dios.
El nombre oficial de Comitán es Comitán de Domínguez, en honor al prócer Belisario Domínguez; pero en confianza, en plebe, muchos ya le dicen “Cotzmitán”, el lugar donde los hombres y mujeres disfrutan echar cotz.
A vos, ¿cuál nombre te gusta más? Ah, pues, sé discreta. Pregunté sólo la eufonía, no me referí al concepto. A final de cuentas, todos los pueblos del mundo buscan nombres llenos de aire, llenos de sol, plenos de libertad. Todo refiere al ideal de vida.
Los millones y millones de seres humanos que pueblan las ciudades se enorgullecen de sus lugares de origen y de los nombres que los identifican.
El otro día, un amigo que vive en Xalapa, Veracruz, me escribió y me dijo: “querido cotzitía”. ¿Mirás cómo nos identifican en otros lugares? Para quienes viven en otras ciudades habría que decirles que a los comitecos nos dicen “cositías”, por nuestra costumbre a usar el diminutivo y otorgar un trato afectuoso. Ahora resulta que el mundo nos conoce como cotzitías; es decir, practicantes afectuosos del cotz.
Va pues. Somos lo que somos, amantes irredentos de la vida.